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05.03.03

LAS TAREAS DEL NUEVO EQUIPO

Se ha anunciado que el Presidente de la República realizaría un cambio de su Gabinete de Ministros durante el mes de marzo. En un régimen de gobierno presidencial, como el que tenemos, ésta es una de las atribuciones claves de los presidentes
Por Cristián Larroulet
(Diario La Tercera) Se ha anunciado que el Presidente de la República realizaría un cambio de su Gabinete de Ministros durante el mes de marzo. En un régimen de gobierno presidencial, como el que tenemos, ésta es una de las atribuciones claves de los presidentes. En nuestro país el Poder Ejecutivo posee un sinnúmero de responsabilidades, decide y ejecuta recursos que representan alrededor del 20 por ciento del ingreso nacional, realiza un tercio de la inversión nacional, da empleo directo a través del Gobierno Central a 130.000 personas y posee iniciativa exclusiva para dictar todos los decretos y para proponer la gran mayoría de las leyes del país. Dado lo anterior, la reformulación del Gabinete resulta fundamental ya que es el equipo humano que hace funcionar a un gobierno. Un Presidente "no puede estar en todas" y por lo tanto si se quiere realizar de verdad una obra de gobierno, resulta clave el equipo ministerial. El símil es una empresa: para que ella funcione bien se requiere de gerentes capaces para llevar adelante los proyectos. Un gerente general muy capaz, pero sin buenos segundos no llega a ninguna parte.
Dada la importancia de la decisión para el país es necesario reflexionar sobre ella. En primer lugar cabe preguntarse: ¿Se justifica un cambio de Gabinete? El Gobierno inicia su segundo periodo de tres años, después del "shock de la Corrupción", necesita nuevos bríos y parece razonable iniciar este nuevo periodo con un impulso renovador. Especialmente cuando este es el último año sin elecciones políticas y por lo tanto el que posibilita con realismo continuar e iniciar reformas de beneficio racional, pero que producen reacciones en contra de grupos de interés relevantes en la sociedad. Las acciones realizadoras a largo plazo para el país tienen sus momentos propicios y el 2003 es uno de esos.
La segunda pregunta es ¿para qué se debe hacer el cambio? ¿Cuál debe ser su objetivo?: Si se analizan los compromisos programáticos del Presidente Lagos se puede decir que su gran déficit se concentra en el desarrollo económico y social. Logros como los acuerdos internacionales con Europa y EE.UU le dan un saldo favorable a su cuenta en materia de política exterior; haber impulsado proyectos emblemáticos como la reforma laboral y el seguro de cesantía, aún cuando han tenido un costo para el empleo y la situación de los más pobres, le satisfacen sus compromisos ideológicos y partidarios. En el campo cultural también el Gobierno ha logrado impulsar una agenda que prometió al comienzo de su gestión. El problema pendiente es no haber satisfecho sus compromisos de progreso económico y social. El balance de la primera mitad del periodo muestra un crecimiento promedio anual de menos de la mitad de lo que lograron los anteriores Gobiernos de la Concertación, una tasa de desempleo superior al 10 por ciento si incluimos a los programas extraordinarios de empleos y un estancamiento en la reducción de la pobreza. Resulta claro, que la modificación del gabinete debería tener como orientación prioritaria recuperar las bases para que el país vuelva a crecer. Para ello hay mucho por hacer. Al respecto existen los estudios que confirman que si se adoptan las políticas públicas para aumentar la cobertura y la calidad en salud y educación, para profundizar el mercado de capitales, para modernizar el Estado, para acentuar la disciplina fiscal, obtener mayor apertura comercial y poseer más infraestructura, el premio en materia de progreso es significativo. Debemos dejar de ser "autocomplacientes" y conformarnos con ser "los mejores de Latinoamérica" y pasar a compararnos con los países exitosos. Si hacemos eso y realizamos las reformas que nos permitan ser miembros del exclusivo Club de los países "Top Ten" para el crecimiento y la competitividad, el ingreso anual de nuestros habitantes podría crecer durante una década a tasas del 6 por ciento. Obtener ese extraordinario resultado depende principalmente de las reformas impulsadas por el Gobierno. Por ello, el desafío para conformar el nuevo equipo es mayor.
La tercera pregunta es: ¿Cómo debe ser ese nuevo equipo? La importancia de la tarea y el tiempo disponible obliga a que el diseño del nuevo gabinete acentúe la presencia en él de Ministros "pesos pesados". No sería adecuado un gabinete para un "Presidente - Ministro". En otras palabras, hay que acentuar la presencia de personas con autonomía, liderazgo propio, claridad y compromiso con las metas. Personas con una visión moderna de políticas públicas y alta capacidad de ejecución. Esto último requiere de una doble capacidad que resulta ser muy escasa: saber con claridad el objetivo final y poseer visión estratégica para realizar acuerdos que posibiliten avanzar sorteando los obstáculos políticos y de intereses corporativos. Al respecto, es necesario tener muy presente que en el país se ha instalado en el Parlamento una nueva realidad política. La Concertación ya no tiene mayoría real en la Cámara de Diputados. Eso es producto de su indisciplina y las réplicas políticas de los problemas de corrupción. A su vez, la Alianza por Chile tiene una creciente conciencia de lo anterior produciéndosele una enorme oportunidad a sus diputados para plantear y exigir su propia agenda en los proyectos de ley. Ahora se debe no sólo coincidir en el objetivo sino que también en los instrumentos más adecuados para alcanzarlo. Esa realidad facilita los acuerdos detrás de una agenda de reformas modernizadoras. Algo de ello ocurrió con la ley de pesca y con las iniciativas en materia de modernización del Estado. Hoy existen oportunidades para atacar los problemas de incentivos y gestión en salud y educación, para liberalizar el mercado de capitales, desregular y abrir oportunidades de inversión en infraestructura, etc. Es decir, en diferentes áreas se pueden impulsar "soluciones privadas a problemas públicos", que le posibiliten al país recuperar la dinámica de progreso que experimentó por casi dos décadas. Ojalá que el nuevo Gabinete encare esas tareas.

Cristián Larroulet es Director Ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo, en Santiago de Chile.