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26.05.05

ARGENTINA Y CHILE: UNA HISTORIA COMÚN

Por Angel Soto

Dicen que los chilenos nos queremos ir de Latinoamérica y que el continente nos rechaza. Hace poco, un programa de televisión mostró un reportaje centrado en el supuesto "odio" mutuo con la Argentina. Quizás hay algo de cierto, pero la afirmación tiene mucho más de caricatura, ya que históricamente ha primado una relación de amistad con una dosis de legítima competencia.

Uno de los episodios que comprueba esta afirmación fueron las celebraciones del centenario argentino el 25 de mayo de 1910. Ese día fue decretado feriado en Chile y se destinó a estrechar lazos de hermandad, sirviendo de ejemplo para nuestras celebraciones patrias.

A Buenos Aires viajó una enorme comitiva. Acompañando al Presidente Montt y su señora, estuvieron algunos representantes de la Iglesia, Cancillería, Parlamento, Fuerzas Armadas y sectores acomodados, que viajaron en el ferrocarril trasandino para disfrutar de las fiestas.

La prensa argentina resaltó el aprecio al primer mandatario chileno. Se compuso un himno dedicado a Sara del Campo, esposa de Montt, y destacó la confraternidad argentino-chilena. "La Nación", de Buenos Aires, propuso levantar una estatua a Chile y se realizó un banquete de honor por cuenta del mandatario chileno, pese a que en el partido de fútbol, Argentina venció a Chile  3 a 1. Además se firmó un tratado de amistad y comercio entre ambos países y se realizó un gran desfile. En él  la delegación nacional marchó con 446 hombres, mientras los veteranos del 79 depositaron una placa conmemorativa. 

Por su parte, en Chile se organizó un desfile civil-militar, banquetes, un festival en la Plaza de Armas y una función de gala en el Teatro Municipal de Santiago. Incluso circularon estampillas en honor al centenario argentino.

Pero no todo fue hermandad. Las celebraciones de mayo fueron vistas como un desafío a imitar. Así quedó demostrado en las presiones que realizó el gobierno chileno para que España enviara una autoridad de similar importancia a la que asistió a Buenos Aires, a la conmemoración de nuestro centenario. La razón que daban era que los chilenos se creían más ligados por parentesco a la madre patria, mientras que Argentina resultaba mucho más cosmopolita. Se reconocía no tener la infraestructura hotelera trasandina, pero no faltaban "palacios lujosamente amueblados ni voluntad en sus dueños para cederlos", por lo que no se dificultaba el alojamiento de los parientes de la familia real. Pese a ello, España mandó a Chile al Embajador José Brunetti y Galloso, Duque de Arcos, Grande de España.

Sin embargo, la presencia en Santiago del presidente trasandino José Figueroa Alcorta, en septiembre de 1910, fue la más significativa, quien al igual que el chileno en Buenos Aires, fue objeto de manifestaciones de cariño.

Camino al Bicentenario hay que renovar estos lazos de amistad. En Mendoza se acaba de crear el Foro Argentino-Chileno sobre el Bicentenario, bajo la consigna "Colonia. Revolución. Independencia: nuevos paradigmas, nuevos significados", promovido por instituciones académicas de ambos lados de la cordillera que buscan pensar la identidad, los valores y los trayectos recorridos por los países latinoamericanos a lo largo de su historia republicana.

Un gran paso, en el camino para construir una historia y un futuro en común.

Ángel Soto es profesor en la Facultad de Comunicación Universidad de los Andes (Chile) e Investigador Asociado de CADAL.