Artículos

13.05.05

NICARAGUA, LA OTRA DEMOCRACIA TAMBALEANTE

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Cuando la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, expresó su preocupación por el futuro de la democracia en Venezuela, Bolivia y Ecuador durante su gira por América latina la semana pasada, podría haber haber añadido un cuarto país a la lista: Nicaragua.

A juzgar por lo que me dijo el presidente nicaragüense Enrique Bolaños en una entrevista, Nicaragua ya ha sufrido un golpe de Estado, perpetrado por el Congreso.

Una coalición de la extrema izquierda y la extrema derecha, cuyos líderes tienen en común una larga historia de acusaciones de corrupción, ya controla el Congreso y la Suprema Corte de Justicia, ha arrebatado la mayoría de los poderes presidenciales y está a punto de tomar el control de la radio y la televisión.

"Tenemos dictadura legislativa bicéfala", me dijo Bolaños en una entrevista telefónica desde Managua, mientras un paro de transportes y violentas manifestaciones en las calles sacudían al país. "La encabezan Daniel Ortega y Arnoldo Alemán."

Ortega es el ex presidente izquierdista que tras la revolución sandinista de 1979 confiscó la mansión de un acaudalado empresario en nombre de la justicia social e inmediatamente la convirtió en su casa. Y Alemán es el ex presidente derechista que actualmente está con arresto domiciliario con la acusación de haber robado decenas de millones de dólares durante su período presidencial de 1997 al 2001.

Es un matrimonio de conveniencia: Ortega quiere acumular más poder y Alemán quiere un perdón presidencial. Y los dos quieren paralizar a un gobierno que ha logrado alcanzar una tasa de crecimiento económico del 5,1 por ciento el año pasado, la más alta en América Central, según afirmó Bolaños.

Recurrir a la OEA

Juntos, Ortega y Alemán han hecho que sus incondicionales en el Congreso aprobaran leyes que le quitan al presidente el poder de nombrar ministros, así como su manejo efectivo sobre la agencia de telecomunicaciones del país, que controla las cadenas de radio y televisión. Si la Asamblea Nacional toma el control de las telecomunicaciones, se acabó la libertad de prensa, aseguró.

La Corte Suprema, controlada por los sandinistas, ha ratificado estas leyes. Bolaños ha citado una sentencia de la Corte Centroamericana de Justicia para aferrarse a lo poco que le queda de sus poderes presidenciales.

"¿Qué hará?´´, le pregunté. Bolaños respondió que estaba considerando invocar la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos, por la cual se solicita una intervención diplomática regional cuando hay una interrupción de la democracia, aunque un acuerdo del gobierno con los estudiantes que protestaban en las calles logró levantar temporalmente las protestas el viernes.

Sorprendentemente, una de las pocas voces sensatas en Nicaragua es la del general Humberto Ortega, ex jefe de la ejército sandinista y hermano de Daniel Ortega.

Ahora, convertido en próspero empresario, Humberto Ortega acaba de escribir un libro sobre la revolución sandinista, "La epopeya de la insurrección", en la que reconoce abiertamente pecados de juventud y asegura que los partidos de oposición deben moverse hacia el centro y permitir que Bolaños termine su mandato.

"El frente sandinista y las fuerzas de derecha tienen que entender que no hay espacio para ningún tipo de revolución, para ningún tipo de cambio radical´´, me dijo Ortega en un diálogo telefónico. "Si no entendemos que aquí ya hubo una revolución y una contrarrevolución, y que ambas tuvieron una fuerte base popular, no vamos a llegar a ningún lado."

Lo que es más importante aún: Humberto Ortega añadió: "Hay un abuso en la forma en que se está usando el poder político por parte de los partidos en la Asamblea. Hay un excesivo uso de ese poder. Aquí todos tenemos que hacer concesiones para que este gobierno termine".

Mi conclusión: no podría estar más de acuerdo. Nicaragua ya es una democracia híbrida, con un presidente con las manos atadas. Y a menos que haya presión internacional para que los líderes de oposición actúen más responsablemente, puede que pronto ya no pueda ser considerada una democracia.
 
Fuente: Diario LA NACION (Buenos Aires)