¡DESTRUYAN EL BRAZALETE NEGRO!
Por Federico Pinedo
Mientras leamos esto, el doctor Luis Milán Fernández yacerá tumbado en la prisión de piedra de Canaleta, en Ciego de Avila, en la soleada isla caribeña de Cuba. La Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba, su ciudad natal, lo condenó a trece años de encierro por haber violado -a su criterio- la ley de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba.
Si al jefe del Poder Ejecutivo y militar de Cuba no se le ocurre liberarlo antes de sus cadenas por su propio arbitrio, saldrá de allí cuando cumpla los 46 años.
Para tener una idea acerca de la justicia de la condena de Milán Fernández hay que conocer los motivos de la sentencia. Ella dice que el condenado hizo algo tan horrendo como escribir una carta en la que se constata "su marcada intención de cambios constitucionales a favor de sus ideas, contrarias al gobierno de Cuba y al orden social vigente, al que critica desde una posición irrespetuosa y desafiante". Por si eso fuera poco, Milán Fernández poseía "variados libros, revistas y folletos que, examinados por un grupo de capacitados y prestigiosos expertos, señalaron su carácter subversivo y contrarrevolucionario".
A criterio del tribunal castrista, el carácter criminal de Milán Fernández habría quedado demostrado en el juicio oral y sumarísimo que se le siguió, pues su propia enfermera declaró que en una ocasión "se colocó por encima de su bata sanitaria de médico un brazalete negro, en señal de protesta". Además se tuvo en cuenta que dos vecinos del acusado reprodujeron sus "constantes frases contra el gobierno y sus dirigentes". De ello se siguió que su intención no era otra que tratar "de crear desconfianza e inseguridad hacia el sistema socialista cubano".
Otra circunstancia considerada agravante es que el encausado poseía una revista del Movimiento Cristiano de Liberación "en la que se culpa al gobierno cubano y a sus dirigentes por la situación económica de Cuba y explica como solución a la problemática el denominado proyecto Varela, para lo que incita al pueblo a una movilización opositora". La justicia del régimen revolucionario se incautó, en casa del condenado, de los instrumentos de lo que considera sus graves delitos: "Voluminosas cantidades de documentos manuscritos, una cámara fotográfica marca Polaroid con su estuche negro y un rollo, ocho cassettes de música, cuatro pomos plásticos vacíos color blanco y una radio portátil pequeña, de color gris", además de "un brazalete de color negro utilizado en tales acciones".
La sentencia manda destruir "los álbumes y los restantes documentos bibliográficos, consistentes en libros, revistas y folletos, al igual que el brazalete de color negro", aunque le reconoce al penado la libre disposición de todos sus otros bienes: "una billetera de tela, un llavero con tres llaves, un anillo de hombre, al parecer, de plata, un bolígrafo desechable, una pluma de escribir color rojo caoba, una fotografía femenina de tamaño pequeño y un reloj pulsera de uso, al parecer en buen estado técnico".
En estos días de votaciones en las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, y habiendo asumido el compromiso de apadrinar al preso cubano Luis Milán Fernández, cumplo con un deber de conciencia al poner en conocimiento de mi pueblo las causas de su condena. Con estos datos a la mano, todos podrán juzgar si nuestro gobierno debe apoyar en materia de derechos humanos a un gobierno que actúa de esa forma, si debe condenarlo o abstenerse. Por razones políticas, se puede tomar cualquier alternativa, pero si se adopta alguna de ellas no se puede, simultáneamente, decir que se defienden los derechos humanos.
El autor es diputado nacional por Compromiso para el Cambio.
Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires) - 15/04/2005 - Pag.21/Sección: Notas
Mientras leamos esto, el doctor Luis Milán Fernández yacerá tumbado en la prisión de piedra de Canaleta, en Ciego de Avila, en la soleada isla caribeña de Cuba. La Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Santiago de Cuba, su ciudad natal, lo condenó a trece años de encierro por haber violado -a su criterio- la ley de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba.
Si al jefe del Poder Ejecutivo y militar de Cuba no se le ocurre liberarlo antes de sus cadenas por su propio arbitrio, saldrá de allí cuando cumpla los 46 años.
Para tener una idea acerca de la justicia de la condena de Milán Fernández hay que conocer los motivos de la sentencia. Ella dice que el condenado hizo algo tan horrendo como escribir una carta en la que se constata "su marcada intención de cambios constitucionales a favor de sus ideas, contrarias al gobierno de Cuba y al orden social vigente, al que critica desde una posición irrespetuosa y desafiante". Por si eso fuera poco, Milán Fernández poseía "variados libros, revistas y folletos que, examinados por un grupo de capacitados y prestigiosos expertos, señalaron su carácter subversivo y contrarrevolucionario".
A criterio del tribunal castrista, el carácter criminal de Milán Fernández habría quedado demostrado en el juicio oral y sumarísimo que se le siguió, pues su propia enfermera declaró que en una ocasión "se colocó por encima de su bata sanitaria de médico un brazalete negro, en señal de protesta". Además se tuvo en cuenta que dos vecinos del acusado reprodujeron sus "constantes frases contra el gobierno y sus dirigentes". De ello se siguió que su intención no era otra que tratar "de crear desconfianza e inseguridad hacia el sistema socialista cubano".
Otra circunstancia considerada agravante es que el encausado poseía una revista del Movimiento Cristiano de Liberación "en la que se culpa al gobierno cubano y a sus dirigentes por la situación económica de Cuba y explica como solución a la problemática el denominado proyecto Varela, para lo que incita al pueblo a una movilización opositora". La justicia del régimen revolucionario se incautó, en casa del condenado, de los instrumentos de lo que considera sus graves delitos: "Voluminosas cantidades de documentos manuscritos, una cámara fotográfica marca Polaroid con su estuche negro y un rollo, ocho cassettes de música, cuatro pomos plásticos vacíos color blanco y una radio portátil pequeña, de color gris", además de "un brazalete de color negro utilizado en tales acciones".
La sentencia manda destruir "los álbumes y los restantes documentos bibliográficos, consistentes en libros, revistas y folletos, al igual que el brazalete de color negro", aunque le reconoce al penado la libre disposición de todos sus otros bienes: "una billetera de tela, un llavero con tres llaves, un anillo de hombre, al parecer, de plata, un bolígrafo desechable, una pluma de escribir color rojo caoba, una fotografía femenina de tamaño pequeño y un reloj pulsera de uso, al parecer en buen estado técnico".
En estos días de votaciones en las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, y habiendo asumido el compromiso de apadrinar al preso cubano Luis Milán Fernández, cumplo con un deber de conciencia al poner en conocimiento de mi pueblo las causas de su condena. Con estos datos a la mano, todos podrán juzgar si nuestro gobierno debe apoyar en materia de derechos humanos a un gobierno que actúa de esa forma, si debe condenarlo o abstenerse. Por razones políticas, se puede tomar cualquier alternativa, pero si se adopta alguna de ellas no se puede, simultáneamente, decir que se defienden los derechos humanos.
El autor es diputado nacional por Compromiso para el Cambio.
Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires) - 15/04/2005 - Pag.21/Sección: Notas
