03.03.03EL FIN DE UNA EPOCA
La noticia nos llega por e-mail. No podía ser de otra manera, pues éste ha sido el medio de comunicación de Economía y Sociedad en su Cuarta Época. La noticia era, precisamente, que se cerraba esta etapa.
Las noticias que abundan en estos días no son del todo alentadoras
Por Alejandro San Francisco R y Angel Soto
La noticia nos llega por e-mail. No podía ser de otra manera, pues éste ha sido el medio de comunicación de Economía y Sociedad en su Cuarta Época. La noticia era, precisamente, que se cerraba esta etapa.
Las noticias que abundan en estos días no son del todo alentadoras. Chile, el ex tigre de América Latina, apenas creció un 1,9% durante el 2002, volviendo a los niveles históricos de los años ’60. La política, según muchos, está “judicializada”, producto de los escándalos de coimas y corrupción. El “Superman” Vargas se fue por la puerta de atrás de la Universidad de Chile, equipo al que contribuyó a darle varios títulos (el homenaje recibido de parte de algunos hinchas no logró llenar el vacío de afecto del ex líder azul). El Gato Alquinta se marchó con su voz y sus canciones, además del reconocimiento público por su obra artística. El desempleo, si bien algo más bajo que durante el año pasado, sigue en torno al 10%.
El continente anda por las mismas: Venezuela lleva semanas de paro general, se suspendieron la venta de divisas, carece de combustibles una de las potencias petroleras del mundo, las posibilidades de acuerdo entre el gobierno y la oposición son mínimas. En Argentina la crisis política y económica se mantiene, aunque la hambruna ya no es noticia (sigue siendo realidad, sin embargo). En Cuba los periodistas disidentes pasan perseguidos y presos y a nadie parece interesarle. En Bolivia los “cocaleros” llenan las calles de protestas y el gobierno envía tanques para dispersar a los campesinos. El terrorismo vigente por años en Colombia acaba de cobrar otras ocho víctimas, sumándose a las miles y miles que cada año ensangrientan al país de “la violencia”.
¿Es todo realmente tan malo? Muchos dicen que un vaso hasta la mitad puede verse de dos maneras sin faltar a la verdad: mitad lleno o mitad vacío. En los dos casos es el mismo vaso y las visiones son diferentes. Puede tener que ver con la primacía del optimismo sobre el pesimismo (o viceversa). Puede ser que el “piensa positivo” domine al “piensa negativo”. Pero también puede significar que uno de los dos analistas no quiera ver la otra mitad de la realidad. En nuestro caso, de Chile y América Latina, es exactamente lo mismo: los dramas cotidianamente acumulados coexisten con el mundo real de las posibilidades de un continente lleno de riquezas, que ha sido llamado “de la esperanza” y que experimenta uno de los momentos más “pacíficos” (sí, pacíficos) de su historia. Además, como nunca antes, hay un consenso – más o menos fuerte, según el caso – en torno a la democracia como el sistema político más adecuado y la economía libre como el modelo económico a seguir. Una gran noticia, que por ser hoy parte de la costumbre institucional genera discusiones, desilusiones y protestas. ¿Cuánto darían los cubanos por el derecho a discutir, a desilusionarse y a protestar en las calles, sin recibir la represión cotidiana del “Gran Hermano”?
Lo que ocurre es que quizá uno de los vacíos más notables del panorama político es la carencia de ideas. Hace algún tiempo Ascanio Cavallo declaraba que ese era el gran problema de la Concertación, su fatiga de ideas. Sólo unos días atrás Jorge Edwards nos recordaba que tenemos “una cultura política atrasada”. Quizá en parte eso sea consecuencia de la esquizofrenia nacional, de separar las cosas que perfectamente podrían ir unidas; de buscar la frase precisa aunque carezca de contenido; de evitar decir lo que pensamos, por indolencia, para no provocar debate o por temor a quién sabe qué cosa. Como si la lucha por el poder estuviera separada naturalmente del pensamiento lógico, como si los partidos fueran máquinas electorales más que promotores de causas en las que creer y por las cuales luchar.
Ese era el sentido de Economía y Sociedad, revista dirigida por José Piñera por casi 25 años (interrumpidos): provocar debate, como uno memorable entre Mario Góngora y Arturo Fontaine, en torno a la noción de estado en Chile, a propósito de un libro del historiador. Defender ideas, aunque fuera en medio de la adversidad y la incomprensión, como muchas veces la tuvo y la tiene la economía libre. Para rendir homenajes, como aquél a Jaime Guzmán tras su asesinato en 1991. Para promover el nombre de Pablo Neruda para el aeropuerto internacional de Pudahuel. Pero sobre todo, para poner una permanente nota de entusiasmo y de valoración de los ideales, aquellos que pueden mover montañas, países, convirtiendo las crisis en oportunidades. De hecho, uno de los números se refería a la juventud, para muchos un asunto de años. No es así, porque el paso de los años arruga la piel, pero la pérdida de ideales arruga el alma. Porque la juventud es un estado del espíritu, por ello esencial e “invisible para los ojos”, en la célebre fórmula de El Principito.
Economía y Sociedad, Cuarta Época, se acaba, pero para seguir cumpliendo en otras esferas la tarea irrenunciable de la difusión de las ideas de la libertad económica y política. Pueden oponerse muchos, bienvenidos sean, de eso se trata: de pensar, de debatir, de mirar las cosas con perspectivas diferentes, de ganarle terreno a la apatía. La razón de este inesperado fin es la necesidad de exportar el modelo chileno de pensiones y de economía libre a un conjunto de países que ven derrumbarse sus modelos por decisiones mal tomadas o postergadas. Particular interés existe en los países que fueron parte de la órbita comunista de la Unión Soviética.
De esta manera, podemos comprobar la sabiduría que existe en la doble mirada del vaso, mitad lleno, mitad vacío. Así es, Economía y Sociedad desaparece por un tiempo, hasta la Quinta Época. Mientras tanto, el vaso de muchos países comenzará a llenarse, con las ideas de la libertad que hacen prósperos a los pueblos. Una forma de exportar lo bueno que hay en Chile (más allá de los problemas puntuales y de la fascinación del pesimismo).
Los autores de este artículo son historiadores y profesores en las universidades Católica y de los Andes (Chile), respectivamente.
La noticia nos llega por e-mail. No podía ser de otra manera, pues éste ha sido el medio de comunicación de Economía y Sociedad en su Cuarta Época. La noticia era, precisamente, que se cerraba esta etapa.
Las noticias que abundan en estos días no son del todo alentadoras. Chile, el ex tigre de América Latina, apenas creció un 1,9% durante el 2002, volviendo a los niveles históricos de los años ’60. La política, según muchos, está “judicializada”, producto de los escándalos de coimas y corrupción. El “Superman” Vargas se fue por la puerta de atrás de la Universidad de Chile, equipo al que contribuyó a darle varios títulos (el homenaje recibido de parte de algunos hinchas no logró llenar el vacío de afecto del ex líder azul). El Gato Alquinta se marchó con su voz y sus canciones, además del reconocimiento público por su obra artística. El desempleo, si bien algo más bajo que durante el año pasado, sigue en torno al 10%.
El continente anda por las mismas: Venezuela lleva semanas de paro general, se suspendieron la venta de divisas, carece de combustibles una de las potencias petroleras del mundo, las posibilidades de acuerdo entre el gobierno y la oposición son mínimas. En Argentina la crisis política y económica se mantiene, aunque la hambruna ya no es noticia (sigue siendo realidad, sin embargo). En Cuba los periodistas disidentes pasan perseguidos y presos y a nadie parece interesarle. En Bolivia los “cocaleros” llenan las calles de protestas y el gobierno envía tanques para dispersar a los campesinos. El terrorismo vigente por años en Colombia acaba de cobrar otras ocho víctimas, sumándose a las miles y miles que cada año ensangrientan al país de “la violencia”.
¿Es todo realmente tan malo? Muchos dicen que un vaso hasta la mitad puede verse de dos maneras sin faltar a la verdad: mitad lleno o mitad vacío. En los dos casos es el mismo vaso y las visiones son diferentes. Puede tener que ver con la primacía del optimismo sobre el pesimismo (o viceversa). Puede ser que el “piensa positivo” domine al “piensa negativo”. Pero también puede significar que uno de los dos analistas no quiera ver la otra mitad de la realidad. En nuestro caso, de Chile y América Latina, es exactamente lo mismo: los dramas cotidianamente acumulados coexisten con el mundo real de las posibilidades de un continente lleno de riquezas, que ha sido llamado “de la esperanza” y que experimenta uno de los momentos más “pacíficos” (sí, pacíficos) de su historia. Además, como nunca antes, hay un consenso – más o menos fuerte, según el caso – en torno a la democracia como el sistema político más adecuado y la economía libre como el modelo económico a seguir. Una gran noticia, que por ser hoy parte de la costumbre institucional genera discusiones, desilusiones y protestas. ¿Cuánto darían los cubanos por el derecho a discutir, a desilusionarse y a protestar en las calles, sin recibir la represión cotidiana del “Gran Hermano”?
Lo que ocurre es que quizá uno de los vacíos más notables del panorama político es la carencia de ideas. Hace algún tiempo Ascanio Cavallo declaraba que ese era el gran problema de la Concertación, su fatiga de ideas. Sólo unos días atrás Jorge Edwards nos recordaba que tenemos “una cultura política atrasada”. Quizá en parte eso sea consecuencia de la esquizofrenia nacional, de separar las cosas que perfectamente podrían ir unidas; de buscar la frase precisa aunque carezca de contenido; de evitar decir lo que pensamos, por indolencia, para no provocar debate o por temor a quién sabe qué cosa. Como si la lucha por el poder estuviera separada naturalmente del pensamiento lógico, como si los partidos fueran máquinas electorales más que promotores de causas en las que creer y por las cuales luchar.
Ese era el sentido de Economía y Sociedad, revista dirigida por José Piñera por casi 25 años (interrumpidos): provocar debate, como uno memorable entre Mario Góngora y Arturo Fontaine, en torno a la noción de estado en Chile, a propósito de un libro del historiador. Defender ideas, aunque fuera en medio de la adversidad y la incomprensión, como muchas veces la tuvo y la tiene la economía libre. Para rendir homenajes, como aquél a Jaime Guzmán tras su asesinato en 1991. Para promover el nombre de Pablo Neruda para el aeropuerto internacional de Pudahuel. Pero sobre todo, para poner una permanente nota de entusiasmo y de valoración de los ideales, aquellos que pueden mover montañas, países, convirtiendo las crisis en oportunidades. De hecho, uno de los números se refería a la juventud, para muchos un asunto de años. No es así, porque el paso de los años arruga la piel, pero la pérdida de ideales arruga el alma. Porque la juventud es un estado del espíritu, por ello esencial e “invisible para los ojos”, en la célebre fórmula de El Principito.
Economía y Sociedad, Cuarta Época, se acaba, pero para seguir cumpliendo en otras esferas la tarea irrenunciable de la difusión de las ideas de la libertad económica y política. Pueden oponerse muchos, bienvenidos sean, de eso se trata: de pensar, de debatir, de mirar las cosas con perspectivas diferentes, de ganarle terreno a la apatía. La razón de este inesperado fin es la necesidad de exportar el modelo chileno de pensiones y de economía libre a un conjunto de países que ven derrumbarse sus modelos por decisiones mal tomadas o postergadas. Particular interés existe en los países que fueron parte de la órbita comunista de la Unión Soviética.
De esta manera, podemos comprobar la sabiduría que existe en la doble mirada del vaso, mitad lleno, mitad vacío. Así es, Economía y Sociedad desaparece por un tiempo, hasta la Quinta Época. Mientras tanto, el vaso de muchos países comenzará a llenarse, con las ideas de la libertad que hacen prósperos a los pueblos. Una forma de exportar lo bueno que hay en Chile (más allá de los problemas puntuales y de la fascinación del pesimismo).
Los autores de este artículo son historiadores y profesores en las universidades Católica y de los Andes (Chile), respectivamente.
