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18.02.03

QUÉ FALLA EN PARAGUAY

Al Paraguay no le falta nada para ser un país próspero y moderno. Tiene todo. En febrero de 1989, cuando la larga dictadura stronista fue derribada a cañonazos, luego de casi 35 años de opresión, todo parecía augurar un futuro de amplias libertades, democracia y prosperidad para el país
Por Porfirio Cristaldo Ayala

Al Paraguay no le falta nada para ser un país próspero y moderno. Tiene todo. En febrero de 1989, cuando la larga dictadura stronista fue derribada a cañonazos, luego de casi 35 años de opresión, todo parecía augurar un futuro de amplias libertades, democracia y prosperidad para el país. ¿Por qué entonces está hundido en la más profunda miseria, con su economía en ruinas, su gobierno en quiebra y la mitad de su población en la pobreza? ¿Qué le pasó al país?
El Paraguay se ha vuelto uno de los países de economías más estatizadas, o menos libres del continente, según el Índice de Libertad Económica 2003. Si bien las libertades políticas crecieron y se estableció la democracia, las libertades económicas se fueron deteriorando y hoy están más restringidas que durante la misma dictadura. A consecuencia de ello, el país se estancó y cayó el ingreso y nivel de vida de la gente, mientras ascendía rápidamente la corrupción, la ineficiencia y el despilfarro estatal.
La democracia trajo una década perdida al Paraguay. La población se empobreció a niveles nunca antes conocidos y los políticos corruptos saquean ferozmente las arcas del Estado.
¿Falló la democracia? No. La democracia no falló ni es culpable del fracaso. La experiencia de las últimas décadas en el mundo enseña que la democracia, si bien es una condición necesaria para el desarrollo, no es una condición suficiente. Para impulsar el progreso de los pueblos, las libertades económicas y, en especial, los derechos de propiedad privada, son mucho más importantes que las libertades políticas. Países como Chile y Taiwán crecieron y prosperaron en ausencia de un sistema democrático, mediante las libertades económicas.
El problema no es de la democracia, proceso que tuvo en el país una transición pacífica, sino de los políticos que no están dispuestos a establecer un sistema jurídico independiente, a liberalizar la economía, reformar el Estado, eliminar la corrupción y promover el desarrollo. Los políticos paraguayos son opuestos al capitalismo, la propiedad privada y la modernidad. Desean seguir con el estatismo e incursionar en utopías socialistas y nacionalistas como la reforma agraria y la “franja de seguridad” en las fronteras. Frenaron las privatizaciones, la desregulación y el achicamiento del Estado.
La clase política es la única responsable de la tragedia que vive el país.
En 1989, como hoy, no existía en el país una ideología de recambio para el estatismo arcaico que se arrastra desde 1940. El liberalismo clásico estaba ausente. Las soluciones liberales que se extendían con éxito en todas partes fueron dejadas de lado. La idea socialista era tan fuerte entre los políticos que, posiblemente, aún si el Muro de Berlín se les caía encima, no habrían notado el rotundo fracaso del socialestatismo y la victoria del capitalismo democrático en el mundo.
Los dirigentes políticos de izquierda y derecha son todos estatistas. El Partido Liberal de Eusebio Ayala ha dejado de existir. El Partido Colorado de José Segundo Decoud está en cenizas. Mientras en el mundo avanza el liberalismo clásico, en Paraguay la idea predominante entre intelectuales y políticos es aún el socialestatismo. Esta es la causa de la pobreza y corrupción.
Durante el prolongado autoritarismo stronista la gente se acostumbró a no pensar o tener iniciativa propia, y esperar todo de los gobernantes. Y hasta hoy muchos conservan la esperanza de que un caudillo honesto, generoso y fuerte los saque de la pobreza. Pocos se percatan que la prosperidad no es obra de los gobiernos, sino de la gente común, de las personas que trabajan, producen y crean riquezas. Y muchos menos entienden que cuanta mayor libertad tienen las personas de trabajar, producir y comerciar, mayor es el crecimiento de la economía.
Pero la gente no tiene la culpa. Las personas entienden que el socialestatismo no es la solución al atraso, el desempleo y la pobreza. La gente común sabe que los países que prosperan son todos capitalistas y celosos defensores de la propiedad privada. En cada una de las elecciones presidenciales desde 1989, la gente votó efectivamente a favor de las privatizaciones y la reforma del Estado. Nadie votó al socialismo, las invasiones de tierras, las expropiaciones arbitrarias, la franja de seguridad en fronteras y las leyes populistas. Pero los políticos que prometieron al país modernidad trajeron luego estatismo y atraso.