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07.12.04

LA INSERCIÓN DE AMÉRICA LATINA EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS

En el marco de una reunión privada realizada en la sede de CADAL por esas fechas, Mark Falcoff abordó éste y otros temas críticos de la relación entre la región y la potencia.
Por Mark Falcoff

Tras las elecciones presidenciales realizadas en los Estados Unidos a comienzos de noviembre, los analistas de la región continuaban tratando de esclarecer qué lugar ocuparía América Latina en la agenda de la segunda administración Bush. En el marco de una reunión privada realizada en la sede de CADAL por esas fechas, Mark Falcoff abordó éste y otros temas críticos de la relación entre la región y la potencia.


Falcoff partió de un análisis de la situación doméstica y de la fortaleza con la que emergió Bush del proceso eleccionario. Contrariamente a la opinión comúnmente difundida, elecciones reñidas como las de noviembre de 2004 no son atípicas en la historia política de Estados Unidos; por lo cual esto no presenta un reto especialmente agudo para la administración. Sin embargo, sí existieron acontecimientos durante la campaña que introducen señales de alerta.

Entre éstos, Falcoff mencionó las 10 bancas que el partido Republicano ganó en ambas Cámaras a raíz de cambios demográficos; el nuevo y peligroso rol del dinero privado en las campañas a partir de la sanción de la ley McCain-Feingold; la mejora de los resultados de Bush en todos los condados y con todos los grupos étnicos; y las posiciones abiertamente parciales adoptadas por los principales medios de comunicación durante la campaña y el contrapeso ejercido por Internet y talk shows radiales como democratizadores del acceso a la información y bastiones de los grupos de tendencia conservadora. Finalmente, también hizo alusión a otro grupo de factores que contribuyen a definir al electorado norteamericano, como el rechazo a Kerry por su posición social, la indiferencia respecto al odio que despierta Bush en el resto del mundo, y la gran importancia que los votantes atribuyeron a las declaraciones de los candidatos respecto de sus planes para concluir la guerra en Irak.

Durante la campaña, el analista comentó que recibió muchas consultas de periodistas latinoamericanos preguntando cuál iba a ser la diferencia entre Kerry y Bush para América Latina. Su respuesta, invariablemente, era: ninguna.

En relación al libre comercio, un tema siempre delicado para los demócratas, Kerry había propuesto revisar los TLC y el ALCA, pero ni esto era factible ni él había recibido demasiado apoyo de los sindicatos como para estar presionado en este sentido. En este tema, una de las pocas diferencias que se percibían era el mayor compromiso (al menos retórico) de Bush con la promoción de acuerdos de libre comercio con diferentes países de la región, lo cual –claramente- no equivale a respaldar el proyecto ALCA. Falcoff considera que Bush encontrará una fuerte oposición para avanzar con la liberalización más allá de Centro América; y ésta oposición provendrá de sus propias filas. En concreto, se refirió a los nuevos senadores republicanos de los estados sureños de tradición proteccionista.

Un segundo tema clave para varios de los países de la región es el tratamiento de la inmigración. Desde ambos partidos, la clase política acepta las ventajas económicas que la inmigración latina ofrece a los Estados Unidos, sin embargo la ciudadanía no comparte esta opinión. De esta forma, los ofrecimientos de condiciones más flexibles hechos por ambos candidatos hubieran enfrentado una dura batalla en el Congreso, independientemente de quién hubiera ganado.

Con respecto a las situaciones de conflicto o inestabilidad en países particulares de la región (Cuba, Venezuela y Colombia por caso), las posiciones de ambos candidatos diferían en aspectos mínimos. Kerry se había mostrado un poco más flexible en el tema de viajes y remesas, pero no avanzó más allá de eso. Ambos, más allá del tono de sus declaraciones, no simpatizan con Chávez y han asistido por diversos medios a varios grupos opositores. La política de asistencia militar a Colombia, por otra parte, es una política de Estado apoyada por ambos partidos.

Como se desprende de lo anterior, y no resulta ninguna novedad en el medio, Falcoff afirmó que “América Latina no fue un gran tema de la campaña”, y las causas de esto determinarán la persistencia del rol secundario de la región en la agenda norteamericana. El analista hizo referencia a la falta de competencia externa en la región por parte de otra potencia o bloque; la omnipresencia de la crisis de Medio Oriente y la guerra contra el terrorismo; la completa despolitización de la relación con México que ya ni plantea un issue para Estados Unidos en términos de fortalecimiento de la democracia; entre otros.

Desde la óptica de Falcoff, América Latina parece estar avanzando por una senda autónoma de destino incierto. Un ejemplo de esto son los proyectos de integración regional, presentados por los dirigentes como una alternativa para superar las carencias que afectan a los países, pero que plantean grandes dudas sobre cómo contribuirán efectivamente a mejorar problemas como la pobreza o la corrupción si no contemplan reformas de fondo. La mera unidad, por si sola, no generará respuestas a estos problemas, afirma Falcoff.

Con todos estos elementos en consideración, el analista consideró que Estados Unidos mantiene una relación más madura e informada con América Latina, estableciendo distinciones por países o subregiones de acuerdo con las diferentes posibilidades de complementariedad o asistencia que encuentra en cada uno de ellos. En este sentido, las mejores relaciones son las que mantiene con Brasil y Chile, y seguirán siéndolo en el mediano plazo. Los lazos bilaterales con Argentina son menos intensos que en la década del ’90, pero más realistas en función de lo que el país tiene para ofrecer. Falcoff destaca que, pese a la imagen que transmiten los medios, “la relación siempre es mejor y más interesante que uno podría imaginar leyendo la prensa”.

A modo de cierre, Falcoff realizó una conclusión que cabe tomar como advertencia. En el mundo globalizado que nos toca vivir, reflexionó el analista, las relaciones entre países tienen tal nivel de complejidad y se mueven a tantos niveles y con tantos actores, que incluso con países muy pequeños resulta difícil formarse un panorama acabado. Desde esta óptica, las vinculaciones entre Estados Unidos y los países de la región no deben simplificarse ni tampoco quedarse en un análisis mediático. Por ello, a pesar del lugar aparentemente secundario de los problemas regionales en la agenda de la nueva administración norteamericana, no debe desconocérsela como un actor de peso para todos aquellos asuntos regionales que toquen, siquiera tangencialmente, sus intereses nacionales.