08.11.04La encrucijada de Tabaré
Por Rogelio Núñez
El espectacular triunfo de Tabaré Vázquez en las elecciones uruguayas celebradas refleja el giro hacia la izquierda que se está experimentando en América Latina. Desde mediados de los años noventa se ha podido ver el triunfo del PRD en el Distrito Federal de México (1997), de Hugo Chávez en Venezuela (1998), y sobre todo la llegada a la presidencia de Lula en Brasil, quien encarna mejor que nadie ese giro del subcontinente. Además es necesario incluir en esta lista el avance electoral del indigenismo en Ecuador, el resurgimiento del APRA en Perú, la transformación de Evo Morales en el referente de la izquierda boliviana, así como las veleidades "progresistas" de Néstor Kirchner en la Argentina (las cuales tienen mucho más de gestos que de contenido).
Pero qué tipo de izquierda representa el líder uruguayo. Cuando se habla de la izquierda latinoamericana no es lo mismo referirse al reformismo de Lula en Brasil o al socialista Ricardo Lagos que hacerlo de la revolución bolivariana que encabeza Chávez en Venezuela la cual ha provocado que el país se polarice y divida en dos facciones radicalmente enfrentadas e incapaces de tender puentes entre ellas.
Tabaré, al menos en el arranque de su gobierno, va a estar más cerca del modelo Lula que del modelo Chávez. El hecho de que haya anunciado que el máximo responsable de la economía del país va a ser Danilo Astori indica que su intención es caminar por la senda de la moderación. Astori, el dirigente más importante de los sectores moderados del Frente Amplio-Nueva Mayoría, ha construido muy buenos vínculos con los partidos tradicionales -Blancos y Colorados- y con los organismos internacionales. Por el contrario, tradicionalmente ha mantenido relaciones muy difíciles no sólo con los grupos más a la izquierda de la coalición -como el Movimiento de Participación Popular que agrupa a los antiguos guerrilleros tupamaros de los años 70- sino también con el propio Tabaré Vázquez.
¿Hasta cuándo podrá Tabaré sostener las políticas moderadas y ortodoxas de Astori y contener a los sectores más a la izquierda que no sólo han criticado acerbamente el modelo, sino que llevan mucho tiempo pidiendo reformas y cambios profundos? En esta pregunta se esconde el futuro del gobierno de izquierdas en el Uruguay. Como ha ocurrido en Brasil, la implementación de políticas ortodoxas va a provocar fuertes tensiones en la coalición izquierdista y va a obligar a que Tabaré tenga que utilizar más que nunca su capacidad de mediación. De hecho, los más importantes problemas para el próximo gobierno de izquierdas en Uruguay van a proceder no tanto de la oposición -muy golpeada por su derrota y que tendrá que reconvertirse pues en caso contrario acabará desapareciendo en su configuración actual- sino del seno de las fuerzas que apoyan a Tabaré.
Junto al propio Tabaré y a Astori habrá que tener muy en cuenta a otra figura ascendente en el panorama político como es José Mújica el líder del MPP y antiguo dirigente tupamaro. Su pragmatismo y su capacidad de arrastre popular se pondrán en juego cuando el gobierno que él respalda empiece a tomar medidas que no difieran mucho de lo realizado hasta el momento por los partidos tradicionales. Sin duda, Mújica apelará a la paciencia pero más temprano que tarde la tensión entre las peticiones de sus bases y las necesidades del gobierno le obligarán a tomar partido, y dado que su popularidad reside en su crítica al sistema imperante hasta el momento, difícilmente podrá seguir respaldando a un gabinete que siga el camino ortodoxo.
En ese momento, más que nunca, Tabaré tendrá ante sí dos caminos por los que transitar: seguir las enseñanzas de Lula en Brasil o las de Chávez en Venezuela. Dado el talante del propio Tabaré y la evidente influencia de Brasil en el Uruguay (y de Lula en la izquierda uruguaya), el nuevo presidente podría sentirse más inclinado a seguir la senda de la reforma que la del populismo.
Rogelio Núñez es periodista de Canal Plus, España.
El espectacular triunfo de Tabaré Vázquez en las elecciones uruguayas celebradas refleja el giro hacia la izquierda que se está experimentando en América Latina. Desde mediados de los años noventa se ha podido ver el triunfo del PRD en el Distrito Federal de México (1997), de Hugo Chávez en Venezuela (1998), y sobre todo la llegada a la presidencia de Lula en Brasil, quien encarna mejor que nadie ese giro del subcontinente. Además es necesario incluir en esta lista el avance electoral del indigenismo en Ecuador, el resurgimiento del APRA en Perú, la transformación de Evo Morales en el referente de la izquierda boliviana, así como las veleidades "progresistas" de Néstor Kirchner en la Argentina (las cuales tienen mucho más de gestos que de contenido).
Pero qué tipo de izquierda representa el líder uruguayo. Cuando se habla de la izquierda latinoamericana no es lo mismo referirse al reformismo de Lula en Brasil o al socialista Ricardo Lagos que hacerlo de la revolución bolivariana que encabeza Chávez en Venezuela la cual ha provocado que el país se polarice y divida en dos facciones radicalmente enfrentadas e incapaces de tender puentes entre ellas.
Tabaré, al menos en el arranque de su gobierno, va a estar más cerca del modelo Lula que del modelo Chávez. El hecho de que haya anunciado que el máximo responsable de la economía del país va a ser Danilo Astori indica que su intención es caminar por la senda de la moderación. Astori, el dirigente más importante de los sectores moderados del Frente Amplio-Nueva Mayoría, ha construido muy buenos vínculos con los partidos tradicionales -Blancos y Colorados- y con los organismos internacionales. Por el contrario, tradicionalmente ha mantenido relaciones muy difíciles no sólo con los grupos más a la izquierda de la coalición -como el Movimiento de Participación Popular que agrupa a los antiguos guerrilleros tupamaros de los años 70- sino también con el propio Tabaré Vázquez.
¿Hasta cuándo podrá Tabaré sostener las políticas moderadas y ortodoxas de Astori y contener a los sectores más a la izquierda que no sólo han criticado acerbamente el modelo, sino que llevan mucho tiempo pidiendo reformas y cambios profundos? En esta pregunta se esconde el futuro del gobierno de izquierdas en el Uruguay. Como ha ocurrido en Brasil, la implementación de políticas ortodoxas va a provocar fuertes tensiones en la coalición izquierdista y va a obligar a que Tabaré tenga que utilizar más que nunca su capacidad de mediación. De hecho, los más importantes problemas para el próximo gobierno de izquierdas en Uruguay van a proceder no tanto de la oposición -muy golpeada por su derrota y que tendrá que reconvertirse pues en caso contrario acabará desapareciendo en su configuración actual- sino del seno de las fuerzas que apoyan a Tabaré.
Junto al propio Tabaré y a Astori habrá que tener muy en cuenta a otra figura ascendente en el panorama político como es José Mújica el líder del MPP y antiguo dirigente tupamaro. Su pragmatismo y su capacidad de arrastre popular se pondrán en juego cuando el gobierno que él respalda empiece a tomar medidas que no difieran mucho de lo realizado hasta el momento por los partidos tradicionales. Sin duda, Mújica apelará a la paciencia pero más temprano que tarde la tensión entre las peticiones de sus bases y las necesidades del gobierno le obligarán a tomar partido, y dado que su popularidad reside en su crítica al sistema imperante hasta el momento, difícilmente podrá seguir respaldando a un gabinete que siga el camino ortodoxo.
En ese momento, más que nunca, Tabaré tendrá ante sí dos caminos por los que transitar: seguir las enseñanzas de Lula en Brasil o las de Chávez en Venezuela. Dado el talante del propio Tabaré y la evidente influencia de Brasil en el Uruguay (y de Lula en la izquierda uruguaya), el nuevo presidente podría sentirse más inclinado a seguir la senda de la reforma que la del populismo.
Rogelio Núñez es periodista de Canal Plus, España.
