27.10.04POBRES Y ENREDADOS
Por América Economía
Dos recientes estudios publicados por organismos internacionales vienen a señalar, por enésima vez, la estrecha relación que existe entre un ambiente propicio para los negocios, crecimiento económico y disminución de la pobreza.
El informe "Haciendo negocios en 2005", del Banco Mundial, hace hincapié en el directo paralelismo entre exceso de burocracia y de regulaciones con la pobreza: en términos generales, señala el estudio, los países más pobres son los que tienen las regulaciones más complejas y restrictivas. En estos países, un negocio enfrenta tres veces mayores costos administrativos y el doble de trámites burocráticos que en lo países ricos y se requiere mucho más dinero tanto para formar una empresa como para cerrarla. Ejemplos al canto: en Brasil, iniciar un negocio toma 152 días e implica 17 pasos, mientras que en Tailandia toma 33 días y sólo ocho pasos. En Bolivia, en tanto, el costo de iniciar un negocio es equivalente a casi dos veces el ingreso promedio per cápita, mientras que en Malasia requiere sólo el 25%. Y está el tema de la seguridad jurídica: en Guatemala toma en promedio 1.459 días el forzar por la vía judicial el cobro de una deuda. En Holanda este mismo proceso toma 48 días. La supuesta protección a un hipotético abuso por parte de un acreedor que otorga el sistema guatemalteco termina siendo un costo para el resto de la sociedad, que tiene menos acceso al crédito y tiene que pagar más por él debido a la lentitud y complejidad del sistema, que además termina incentivando la morosidad.
Naciones Unidas, en tanto, publicó su informe anual sobre el avance hacia el cumplimiento de las llamadas Metas del Milenio, establecidas en 2000 para mejorar los niveles de bienestar en los países en vías de desarrollo, como reducir a la mitad para el año 2015 los niveles de pobreza y de hambre que existían en 1990, otorgar acceso universal a la educación primaria, reducir la mortalidad infantil en dos tercios, revertir el avance del sida y la malaria, y crear un medioambiente sustentable, entre otras.
América Latina no presenta un avance demasiado alentador en algunos de estos objetivos. Según el informe, mientras que el sudeste asiático, el Sur de Asia y el Norte de África están camino de cumplir las metas en lo que a reducción de pobreza se refiere, en África Subsahariana, América Latina y el Caribe y Asia Occidental, la pobreza se ha incrementado.
Ambos informes, aunque de naturaleza distinta, apuntan a que la mejor forma de combatir la pobreza no es mediante la asistencia y la filantropía -aunque son herramientas valiosas e importantes para paliar el sufrimiento-, sino a través del desarrollo de los negocios y de un sistema que facilite la inclusión de microempresarios y emprendedores de los estamentos más bajos de la pirámide socieconómica, condenados en la mayor parte de los casos a la informalidad. Los países de las regiones que han reformado en mayor profundidad sus sistemas burocráticos son los que han logrado mayores avances en sus indicadores de desarrollo humano.
Según el Banco Mundial, un mejoramiento hipotético de todos los aspectos de los indicadores incluidos en su estudio para alcanzar el nivel del cuarto superior de los 145 países considerados en la muestra permitirían un aumento de entre 1,4 y 2,2 puntos porcentuales en el crecimiento económico anual.
En América Latina los dos países que más destacan son Chile y Colombia. El primero por encabezar la lista de los mejores países para hacer negocios por parte del club latinoamericano, aunque no alcanza a ubicarse entre los primeros 20 del mundo. Y Colombia por ser el segundo país que más profundamente se reformó en 2003. No es de extrañar que, dejando de lado a las gigantescas economías de México y Brasil, sean estas dos naciones sudamericanas las que más interés están atrayendo entre los hombres de negocios encargados de América Latina.
El informe del Banco Mundial, en particular, debería ser libro de cabecera de quienes toman decisiones económicas y sociales en América Latina. Rompe varios mitos, muestra las experiencias que han funcionado y aquellas que no.
Muestra también que las regiones geográficas que más compiten con América Latina son las que más han avanzado en la eliminación de barreras burocráticas. Y que los países desarrollados, lejos de dormirse en sus laureles, también están preocupados de ir simplificando sus laberintos burocráticos para hacer más fáciles los negocios y reducir sus gastos. En Holanda, por ejemplo, la evaluación del impacto que tendría una ley en el total del sistema regulatorio antes de ser enviada al parlamento ha permitido un ahorro de unos US$ 2.000 millones desde que se anunció el programa de costos administrativos del gobierno en el año 2002. Es decir, la brecha con los países ricos se sigue ampliando y no por un maligno complot global sino porque éstos siguen buscando maneras de hacer más eficientes sus sistemas legales, económicos y sociales. Un lujo que nuestro países no se pueden permitir.
Dos recientes estudios publicados por organismos internacionales vienen a señalar, por enésima vez, la estrecha relación que existe entre un ambiente propicio para los negocios, crecimiento económico y disminución de la pobreza.
El informe "Haciendo negocios en 2005", del Banco Mundial, hace hincapié en el directo paralelismo entre exceso de burocracia y de regulaciones con la pobreza: en términos generales, señala el estudio, los países más pobres son los que tienen las regulaciones más complejas y restrictivas. En estos países, un negocio enfrenta tres veces mayores costos administrativos y el doble de trámites burocráticos que en lo países ricos y se requiere mucho más dinero tanto para formar una empresa como para cerrarla. Ejemplos al canto: en Brasil, iniciar un negocio toma 152 días e implica 17 pasos, mientras que en Tailandia toma 33 días y sólo ocho pasos. En Bolivia, en tanto, el costo de iniciar un negocio es equivalente a casi dos veces el ingreso promedio per cápita, mientras que en Malasia requiere sólo el 25%. Y está el tema de la seguridad jurídica: en Guatemala toma en promedio 1.459 días el forzar por la vía judicial el cobro de una deuda. En Holanda este mismo proceso toma 48 días. La supuesta protección a un hipotético abuso por parte de un acreedor que otorga el sistema guatemalteco termina siendo un costo para el resto de la sociedad, que tiene menos acceso al crédito y tiene que pagar más por él debido a la lentitud y complejidad del sistema, que además termina incentivando la morosidad.
Naciones Unidas, en tanto, publicó su informe anual sobre el avance hacia el cumplimiento de las llamadas Metas del Milenio, establecidas en 2000 para mejorar los niveles de bienestar en los países en vías de desarrollo, como reducir a la mitad para el año 2015 los niveles de pobreza y de hambre que existían en 1990, otorgar acceso universal a la educación primaria, reducir la mortalidad infantil en dos tercios, revertir el avance del sida y la malaria, y crear un medioambiente sustentable, entre otras.
América Latina no presenta un avance demasiado alentador en algunos de estos objetivos. Según el informe, mientras que el sudeste asiático, el Sur de Asia y el Norte de África están camino de cumplir las metas en lo que a reducción de pobreza se refiere, en África Subsahariana, América Latina y el Caribe y Asia Occidental, la pobreza se ha incrementado.
Ambos informes, aunque de naturaleza distinta, apuntan a que la mejor forma de combatir la pobreza no es mediante la asistencia y la filantropía -aunque son herramientas valiosas e importantes para paliar el sufrimiento-, sino a través del desarrollo de los negocios y de un sistema que facilite la inclusión de microempresarios y emprendedores de los estamentos más bajos de la pirámide socieconómica, condenados en la mayor parte de los casos a la informalidad. Los países de las regiones que han reformado en mayor profundidad sus sistemas burocráticos son los que han logrado mayores avances en sus indicadores de desarrollo humano.
Según el Banco Mundial, un mejoramiento hipotético de todos los aspectos de los indicadores incluidos en su estudio para alcanzar el nivel del cuarto superior de los 145 países considerados en la muestra permitirían un aumento de entre 1,4 y 2,2 puntos porcentuales en el crecimiento económico anual.
En América Latina los dos países que más destacan son Chile y Colombia. El primero por encabezar la lista de los mejores países para hacer negocios por parte del club latinoamericano, aunque no alcanza a ubicarse entre los primeros 20 del mundo. Y Colombia por ser el segundo país que más profundamente se reformó en 2003. No es de extrañar que, dejando de lado a las gigantescas economías de México y Brasil, sean estas dos naciones sudamericanas las que más interés están atrayendo entre los hombres de negocios encargados de América Latina.
El informe del Banco Mundial, en particular, debería ser libro de cabecera de quienes toman decisiones económicas y sociales en América Latina. Rompe varios mitos, muestra las experiencias que han funcionado y aquellas que no.
Muestra también que las regiones geográficas que más compiten con América Latina son las que más han avanzado en la eliminación de barreras burocráticas. Y que los países desarrollados, lejos de dormirse en sus laureles, también están preocupados de ir simplificando sus laberintos burocráticos para hacer más fáciles los negocios y reducir sus gastos. En Holanda, por ejemplo, la evaluación del impacto que tendría una ley en el total del sistema regulatorio antes de ser enviada al parlamento ha permitido un ahorro de unos US$ 2.000 millones desde que se anunció el programa de costos administrativos del gobierno en el año 2002. Es decir, la brecha con los países ricos se sigue ampliando y no por un maligno complot global sino porque éstos siguen buscando maneras de hacer más eficientes sus sistemas legales, económicos y sociales. Un lujo que nuestro países no se pueden permitir.
