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24.10.04

VÁZQUEZ CERCA DE GANAR EN PRIMERA VUELTA

Sin duda que el resultado lo darán las urnas. Pero ciertos datos permiten anticiparse a lo que resultará de la actual campaña electoral y también a lo que vendrá en un próximo gobierno.
Por Nelson Fernández Salvidio

Hasta que en Uruguay no se abran las urnas y se computan los votos, incluso los observados, lo que hay sobre las elecciones son: a) las encuestas de opinión pública; b) la percepción personal en la calle; c) la imagen que dan los candidatos y los partidos políticos en su publicidad; d) las declaraciones a través de los medios de prensa...; y e) el olfato.


La verdad estará en las urnas. Pero todo lo demás permite anticiparse a lo que resultará de la actual campaña electoral y también a lo que vendrá en un próximo gobierno.


Las encuestas, mayoritariamente, son favorables a la izquierda, como para que el partido se defina en un solo tiempo (a inicios de octubre el porcentaje que dan las consultoras al Encuentro Popular-Frente Amplio, es: 46% Equipos Mori, 47,6% Interconsult, 48% Cifra, 50% Factum, 52% Radar y 55% Ipsos Mora y Araujo).


Con esos datos, y viento a favor, lo probable es una victoria de la izquierda en primera ronda (precisa 50% más uno de los votantes incluidos en blanco y nulos) o que quede tan cerca como para que precise poco esfuerzo para obtener el adicional en un balotage.


La percepción en la calle es de una ebullición frenteamplista que abruma en Montevideo y que sorprende en el interior por el crecimiento logrado. También se ve una presencia blanca que no existía desde 1989. Y también se nota una ausencia colorada (pese a actos barriales).


La publicidad blanca es intensa y de buena calidad, casi como en las internas de junio, pero se nota una sobreexposición del candidato. A éste le falta soltura para que las poses de actuación publicitaria se noten como naturales. La publicidad frentista evita el desgaste de Vázquez, porque además tiene otras figuras populares que usa alternativamente. Y el primer espacio gratuito de cinco minutos, que le ceden los canales de TV, fue muy bien aprovechado con un clip que contaba la vida de Vázquez, relatada por el propio candidato en off. En el segundo espacio, que fue para los blancos, Larrañaga habló frente a cámara los cinco minutos. Estaba acompañado por varios jóvenes, aunque no quedaba claro si eran militantes del partido o extras publicitarios.


En la prensa, Vázquez selecciona los medios a los que da entrevista (muy pocas) y prefiere salir con dos tipos de discursos: uno, sobre su programa de gobierno que va presentando por capítulos para tener más impacto; y otro de motivación a sus seguidores en los actos en los que camina micrófono en mano.
Larrañaga queda expuesto en múltiples ocasiones, pero no siempre tiene algo para anunciar. Así se le ha visto varias veces desafiar en notas de prensa a Vázquez para debatir. Se nota que no quiere desperdiciar espacios, pero a la vez se cuida del riesgo de caer en errores, por lo que aparece demasiado contenido. Eso ocurrió cuando salió a quejarse contra la campaña sobre supuesta violencia doméstica que largó una publicación de izquierda. Dijo que estaba “serenamente indignado”. No quiso aparecer como un hombre violento...pero cuesta imaginarse a alguien que se indigne en forma reiterada y mantenga un comportamiento sereno.


En las salidas en prensa, Larrañaga no ha logrado impactos fuertes. Vázquez tampoco. Pero al dosificar su exposición y elegir los medios Vázquez se ha cuidado de no caer en riesgos. Y eso, en una campaña, no es poca cosa.


El olfato depende de quién se hable. Los frentistas (o la amplia mayoría de éstos) sienten que ya ganaron. Los blancos sienten que tienen una chance, pero que no es fácil y lo comentan en reservado. Los colorados saben que no pueden zafar de la peor votación de su historia (el punto más bajo lo tuvieron en 1989 con 30,3% del total de votos y ahora darían lo que no tuvieran por acercarse a una cifra bastante menor a esa).


¿Qué pasó para que se llegara a este panorama?


Los resultados no son fruto de la casualidad. El Encuentro Progresista logró marcar el camino de la campaña electoral, lo que se conoce como “marcar la agenda”. Es decir, establecer cuáles deben ser los temas de discusión. Tuvo una ventaja: al no tener competencia interna en las elecciones de junio, su candidato estaba definido y pudo comenzar la carrera al otro día de esos comicios, mientras el Partido Nacional se reacomodaba tras la victoria de Larrañaga sobre el Herrerismo (Luis Lacalle).
Pero las ventajas hay que saber aprovecharlas. Y la izquierda –o mejor dicho el candidato Vázquez- supo hacerlo. Comenzó sus giras por el exterior y en el viaje de Europa a Estados Unidos, Vázquez acordó con Danilo Astori la participación de éste en un eventual gobierno de izquierda, como una pieza clave del mismo.


Eso espantó temores sobre qué tipo de cambio haría la izquierda, le quitó espacio del discurso de Larrañaga y como es clave tanto para un juego de ajedrez como para un partido de fútbol, le ganó los movimientos del medio de la cancha, del centro político en esta ocasión.


A partir de ahí, la izquierda fue anunciando por capítulos su programa de gobierno. En lugar de exponer todo el programa en un acto, se diseñó un cronograma de reuniones para exponer un grupo de páginas en forma periódica.


Nada de entrevistas periodísticas, nada de debates, nada de exponerse públicamente y asumir riesgos. Sólo conferencias para presentar programa (o parte del programa de gobierno), lo que le permite hacer anuncios sobre propuestas durante toda la campaña. Quedar en una postura positiva (y en todo caso quedar como receptor de críticas de sus adversarios políticos).


Otro punto estratégico fue el del manejo de figuras populares, lo que es un diferencial con su principal competidor. La izquierda tiene unas cinco figuras de alta popularidad que puede alternar para un barrido electoral por todos los gustos. Eso, además, le evita al candidato que se exponga en forma permanente.
Tabaré Vázquez es el dirigente que tiene mayor índice de popularidad. Danilo Astori se ganó el respeto fuera del Frente porque expuso puntos de vista similares a los de colorados y blancos sobre estabilidad económica y reformas del Estado con privatizaciones (aunque tibias, privatizaciones al fin). Y también ganó el respeto de los frentistas porque aún en discordia, acató como la mayoría e incluso cuando le pasaron con la aplanadora interna, se mantuvo fiel a la izquierda.


Mariano Arana es otra figura fuerte y no sólo en Montevideo. Y con la reinauguración del Teatro Solís (más allá de la demora de obras, del costo enorme que tuvo y de lo discriminatorio de sus invitaciones), Arana recobró fuerza, justo cerca de las elecciones.


José Mujica es el fenómeno político de los últimos tiempos. Dice malas palabras, tiene feo aspecto, se toma asuntos serios para la broma, insulta a adversarios y a periodistas, pero despierta pasiones no sólo en la izquierda. Y terminó siendo una puerta de entrada a la izquierda para votantes blancos o colorados (pese a ser un dirigente tupamaro, no un moderado de centro, como lo fueron la 99 en 1984, la Vertiente en 1989 o el grupo de Astori en 1994).


Mientras la izquierda juega con varias cartas, el partido adversario se juega todo a un solo naipe y ni mira que hay para levantar del mazo. La campaña gira en torno a la cara de Larrañaga. Eso es otro factor de desgaste para el candidato blanco.


El EP-FA encargó encuestas sobre cómo incidiría en la opinión pública la designación de ministros. Y en su gabinete se perfila Astori como ministro de Economía, Mujica al frente de un Ministerio de Producción (Industria y Energía, Ganadería, Agricultura y Pesca, Turismo) y Arana en un Ministerio del área social (Trabajo, Seguridad Social, Vivienda, por ejemplo). Y los sondeos le dieron respuestas alentadoras.
En un esquema de este tipo, y con un Senado en el que el MPP de Mujica tenga seis bancas contra dos de Astori y dos de Arana, ¿cuál será el peso de cada figura en la toma de decisiones? ¿Hasta dónde Vázquez delegará en Astori los asuntos económicos? Estas son preguntas que comenzarán a responderse si el 31 de octubre se confirma lo que hoy parece el camino más probable.