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18.01.03

UNA REVOLUCION PETRIFICADA

Mañana, 1 de enero del 2003, tras varios intentos, el legendario líder sindical y político brasileño Luiz Inácio Lula da Silva asumirá la Presidencia de Brasil. El líder del Partido de los Trabajadores -a diferencia de sus pares venezolano y ecuatoriano
Por Alejandro San Francisco R y Angel Soto

Mañana, 1 de enero del 2003, tras varios intentos, el legendario líder sindical y político brasileño Luiz Inácio Lula da Silva asumirá la Presidencia de Brasil. El líder del Partido de los Trabajadores -a diferencia de sus pares venezolano y ecuatoriano- se ha ganado el puesto en las urnas, democráticamente, sin las asonadas golpistas previas, al estilo Chávez o Gutiérrez, lo que -con lágrimas de emoción- le permitió recibir el diploma que lo acreditó como Presidente de Brasil.
No obstante, es necesario ubicarlos a todos ellos en un espectro que podemos denominar el "nuevo populismo de la izquierda sudamericana". Una "nueva" corriente que encuentra su origen en otro 1° de enero, el de 1959, cuando Fidel Castro entró victorioso en la Habana trayendo consigo el triunfo de la Revolución Cubana, en medio de una profunda expectación mundial. Era la época de la Guerra Fría, que después de un corto período hizo que Fidel se alineara con la Unión Soviética, receloso del "imperialismo yankee". Al mismo tiempo, su imagen junto al "Che" Guevara comenzaron a cautivar a una generación en todo el continente, más allá de sus prácticas terroristas y guerrilleras. En alguna medida, representaban lo que Francois Furet llamaba "una ilusión": la idea comunista en el siglo XX.
Mirado desde una perspectiva histórica, el "modelo cubano" ha constituido un profundo y persistente fracaso. En materia política, aniquiló cualquier tipo de libre expresión bajo la imposición de un sistema de partido único, vigente en los estados de los socialismos reales. En lo económico, Castro rechazó el capitalismo para cuadrarse con la planificación central del socialismo. Sin embargo, la participación popular directa no ha reemplazado al modelo democrático liberal ni el crecimiento económico o el progreso social tienen a Cuba como potencia alejada de sus pares americanos. Por el contrario, la verdad es más triste y simple, pues el control del totalitarismo se ha impuesto sobre la vida cotidiana de los cubanos, mientras la capacidad económica de los habitantes de la isla es paupérrima, cualquiera sea el índice de medición que se utilice.
Pero hay algo todavía más profundo. En los años '60 Castro logró señalar en Cuba "la común bandera del hemisferio oscuro que esperaba por fin una victoria verdadera". Este verso de Pablo Neruda en su Canción de Gesta resume el liderazgo continental del dictador caribeño, capaz de encantar y comprometer a numerosos partidos políticos, grupos sociales o movimientos juveniles. Han pasado 44 años, Fidel se acerca al medio siglo en el poder, en un momento histórico en que "la tradición revolucionaria pareciera estar moribunda", frente a una tradición democrática que ha ganado la batalla, como ha resumido Alan Knight. Por eso, su sola presencia es ya sinónimo del pasado oscuro del siglo XX, sus largos discursos tienen el tono dominante de su propia voz gastada.
En Argentina las críticas son despiadadas a los manejos políticos; en Chile, el Congreso y el gobierno sufren una severa fiscalización, la mayoría de las veces por la prensa; en Brasil, Lula sucederá a quien años antes lo derrotó en las urnas; en Perú, Toledo sufre la multiplicación de las dificultades. En Venezuela, la oposición tiene una voz, más allá del "caudillo"; incluso el régimen de partido único, el PRI mexicano, dejó el poder al opositor Vicente Fox. Es otra América la que nos encontramos a comienzos del 2003. En el continente puede haber gobiernos buenos, regulares y malos, pero todos tienen oposiciones. Fidel representa lo contrario, en Cuba la mejor oposición es el silencio. País sin diferencias, país muerto.
En la última conferencia de los presidentes del continente en Monterrey -marzo de 2002-, uno de los asistentes señaló al finalizar su discurso: "De una vez por todas debiera decirse 'adiós a las armas'. ¡Algo tiene que hacerse para salvar la humanidad! ¡Un mundo mejor es posible!". Quien pronunció estas palabras era, paradójicamente, el propio Fidel Castro, gran exportador de armas, que podía decir, efectivamente, "un mundo mejor es posible", por supuesto, estaba fuera de Cuba.
El marxismo fue derrotado, dejando tristes recuerdos, en el plano ideológico y práctico. A comienzos de los años '90 una "tercera ola de democratización" recorrió el mundo. Sobre las ruinas del comunismo en Europa Oriental y Asia se edificaron democracias liberales. Paralelamente, esos países adoptaron sistemas económicos capitalistas, reuniendo así el link perdido entre libertad económica y libertad política. Lula, en alguna medida, representa el pasado, pero mirando al futuro, en medio del temblor de los mercados, la crisis económica del continente y las campañas del terror en Brasil. El nuevo Presidente, consciente de su posición excéntrica, busca dar confianza a los mercados. Sin embargo, hay quienes ya piensan en la dupla Lula-Chávez como las avanzadas anticapitalistas y antiglobalización. Detrás de ellos se levanta la figura mítica de Fidel Castro, que tras cuatro décadas en el poder sigue hablando del éxito de su revolución. Pero Cuba es una isla pequeña; Fidel, un dictador perpetuo, y su régimen, símbolo del pasado rojo. Lula, en contraste, es un presidente electo con mayoría de votos. ¿Tendrá futuro? ¿Buscará una revolución o primarán los acuerdos de la época de los consensos? ¿Será la cabeza anticapitalista del continente o sólo un volador de luces? ¿Terminará su período de gobierno o caerá antes de tiempo, como Allende en Chile o De la Rúa en Argentina?.
Brasil ha iniciado un camino de riesgos que será seguido atentamente por todo del mundo. La minoría antiglobalización ha dado un gran golpe con el triunfo de Lula, listo para asumir mañana 1 de enero del 2003, en un aniversario más de la Revolución Cubana.
Alejandro San Francisco R. y Angel Soto G. son historiadores y profesores en las universidades Católica y de los Andes, respectivamente.
Este artículo fue originalmente publicado el 31 de diciembre de 2002 en el diario La Tercera, de Chile.