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01.10.04

LOS LLAVEROS DE PRAGA

Por Marcos Aguinis

PRAGA | Vaclav Havel, ex presidente de Checoslovaquia y primer presidente de la República Checa, goza de un sólido prestigio moral dentro de su país y fuera de él. Subió al podio del Senado checo para clausurar la cumbre convocada por el Comité Internacional para la Democracia en Cuba, una entidad que él mismo constituyó, con personalidades de un amplio espectro político de todo el mundo.

Nos invitó en forma personal a cada uno de sus integrantes; fue asistido por la meritoria ONG People in Need y por el Parlamento checo. Como en todas sus apariciones anteriores, lo recibió una apasionada ovación.

Su rostro bondadoso mostraba una tierna y confiada sonrisa. Lo contemplábamos desde el salón, atestado de ex presidentes, ex primeros ministros, legisladores, diplomáticos, políticos, intelectuales y periodistas de América latina, Canadá, Estados Unidos y Europa. Conmovió con su discurso final -breve, pero restallante de significación-, porque evocó los históricos llaveros de Praga. La gente que había vivido aquella gesta extrajo, entonces, sus llaveros y los empezó a hacer sonar en el recinto. Así fue como comenzó la "revolución de terciopelo". Sin violencia, pero con tenacidad, esos llaveros terminaron por derrumbar la asfixiante tiranía comunista.

Resulta que en checo no se redondea una historia con el hispánico "colorín colorado, este cuento se ha terminado", sino con "suena la campana, este cuento se acaba". Como los disidentes no disponían de campanas, apelaron a los llaveros. Por toda Praga se elevó el retintín de las pequeñas piezas de metal, que creció como un alud y penetró, impetuoso, por las mágicas callejuelas y torreones, trepó a las escalinatas de los palacios, cruzó puentes de ensueño, se extendió a otras ciudades y expulsó en tropel a los asustados burócratas y represores que sujetaban con cadenas al sufrido pueblo checoslovaco. Ocurrió hace quince años, exactamente. Los llaveros, en el recinto, tras las palabras de Havel, proclamaban que ahora, de la misma forma, se acaba la fosilizada y mentirosa satrapía que oprime al pueblo de Cuba.

La cumbre, de cuatro jornadas intensas, tuvo lugar en el centro de Europa, primero en Praga, luego en Bratislava. Es una región que pasó por lo mismo que ahora padece Cuba. La propaganda del anquilosado régimen pretende convencer a sus víctimas de que nadie se interesa por ellas, como pasaba en los años de la Guerra Fría. Es terrible la convicción de que tanto sacrificio no tiene eco. Una pregunta recurrente, formulada a primeros ministros y políticos de Bulgaria y Estonia, de Eslovaquia y la República Checa, era cuánto había significado la solidaridad internacional durante los años del totalitarismo. Havel se ocupó de contestar sin rodeos: cuando uno está en la cárcel, importa saber que existe repercusión. "Importa que los 75 cubanos enterrados en las prisiones por pensar diferente sepan que en el mundo nos reunimos para ocuparnos de ellos. La sintonía que brota desde Europa con el pueblo cubano crece, pero aún debe crecer mucho más."

El recinto del Senado, en Praga, tiene arquitectura gótica y amoblamiento moderno. Su presidente, Petr Pithart, expresó que el pasado de su nación explica la intensidad con la que apoyan la democratización de Cuba. "Es fácil perder la democracia y muy difícil reconstruirla." El ministro de Relaciones Exteriores reconoció que el embargo norteamericano es funcional a la dictadura y dijo que, por lo tanto, es imprescindible otro camino: apoyar a la disidencia pacífica que se afana por instrumentar cambios en la isla sin violentar la constitución vigente. Afirmó que sobran las pruebas de las condiciones inhumanas que reinan en la cárceles cubanas y que las evidencias que logran obtenerse hielan la sangre.

Los ex presidentes Patricio Alwyn, de Chile, Luis Alberto Monge, de Costa Rica, y Luis Alberto Lacalle, de Uruguay, elogiaron la doble victoria del pueblo checo: contra el nazifascismo y contra el comunismo. "Es evidente que los pueblos de Europa central repudian la utopía cruel que durante décadas los hundió en el atraso, el terror y la desesperanza."

Varios participantes recordaron que Cuba fue un satélite soviético, como lo fueron los países de Europa oriental. Este sector del mundo consiguió liberarse, pero Cuba quedó como un segmento abierto de la herida. Es una dictadura hipócrita y anacrónica, sujeta a un programa fracasado, inmóvil, que sólo procura sobrevivir a cualquier precio. La Unión Europea, que siempre fue tolerante con Fidel Castro, ha dicho basta. Ahora demanda que se respeten los derechos humanos y que se emitan señales de apertura para volver a darle la ayuda que siempre le proporcionaron. Pero el patriarca otoñal insulta a Europa y prefiere agonizar sin reconocer su fracaso. Aspira, tercamente, a la inmortalidad de algo que ya está muerto.

En otra de sus reflexivas intervenciones, Havel pidió que se programe la inminente etapa poscomunista. Que se aprovechen las experiencias de Europa oriental y que no se repitan los errores generados por la improvisación. Si bien no se puede planificar la historia -como, ingenuamente, creían los marxistas-, ya que la vida siempre nos sorprende, existen fuertes expectativas tras la liberación. La dictadura hace soñar con el paraíso que sobrevendrá luego de su caída. La gente vive acostumbrada, en los Estados autoritarios, a que desde arriba se decida por ella. Es necesario, por ende, comenzar a redactar los borradores de una nueva constitución y pensar en diversas soluciones para diversas alternativas. El Estado de derecho no es cosa simple ni fácil.

Testigos que se tomaron el riesgo de recorrer los sectores de Cuba donde no penetra el turista brindaron informes escalofriantes, parecidos a los que venían de los negados gulags. Todavía se irrumpe a las tres de la madrugada para arrancar de la cama a un disidente. Todavía se impide que lleguen a los presos políticos comida y medicamentos. Todavía funciona la infiltración y la delación y ¡ay de quien cae en la redada! García Pérez Antúnez fue apresado a los 22 años por haberse solidarizado con Gorbachov y pedir que también en Cuba se introdujera la perestroika. Ya lleva 14 años de cárcel por semejante delito.

Carlos Alberto Montaner, con su proverbial seriedad y lucidez, advirtió que la desaparición de Fidel Castro no significará la automática democratización del país. El régimen puede evolucionar hacia una mayor represión y aislamiento, como Corea del Norte, a cambio de impedir la emigración masiva y dejar de operar como puente para el narcotráfico. Los que ahora gozan de privilegios, que forman la rica oligarquía gobernante, no van a querer perder beneficios. Pero también hay gente del partido y del gobierno que advierte la decadencia y que quisiera realizar cambios antes de que los sepulte la catástrofe. Muchos de ellos viven en Siboney, en mansiones fastuosas con sirvientes y choferes, mientras que a pocas cuadras hiede el miserable barrio Los Romeritos, vedado a los turistas, en el que agobian las peores calamidades.

Como argentino, sentí vergüenza cuando en Praga y Bratislava se me preguntó cómo era posible que en América latina, que ha pedido solidaridad cuando padecía dictaduras, haya tan mala memoria y tan poca solidaridad con los millones de cubanos que sufren opresión.

Por Marcos Aguinis
Para LA NACION