19.01.03MIOPÍA FISCAL
Cuando se establece un límite máximo de déficit fiscal que puede soportar el sistema económico, ello es tomado por algunos analistas económicos como una traba que estaría limitando las posibilidades del país para aumentar la tasa de crecimiento de la economía, mientras que cuando el gobierno eleva éste techo, sea por presiones o voluntad propia, ello es tomado como una posibilidad favorable, sin considerar los efectos negativos que puede tener tal decisión.Por Alejandro F. Mercado
Cuando se establece un límite máximo de déficit fiscal que puede soportar el sistema económico, ello es tomado por algunos analistas económicos como una traba que estaría limitando las posibilidades del país para aumentar la tasa de crecimiento de la economía, mientras que cuando el gobierno eleva éste techo, sea por presiones o voluntad propia, ello es tomado como una posibilidad favorable, sin considerar los efectos negativos que puede tener tal decisión. Lo que ocurre es que aquellos analistas que defienden los incrementos del gasto público al parecer están miopes o no llegaron a comprender la restricción presupuestaria intertemporal que enfrenta el sector público; así pues, cuando el gobierno propone elevar su gasto e incrementar el déficit fiscal, estos analistas sobrestiman los supuestos beneficios del incremento del gasto público y subestiman las futuras cargas tributarias y la caída en el crecimiento que serán las consecuencias de dicha política. Destaco el término “supuestos beneficios” en tanto la experiencia ha demostrado que el Producto Interno Bruto (PIB) no aumenta en el corto plazo como consecuencia de mayores niveles de déficit público, mientras que en el largo plazo la tasa de crecimiento del PIB se reduce.
El crecimiento de una economía no tiene nada de mágico ni es ningún secreto guardado en los claustros esotéricos de los economistas, el crecimiento de la economía se da cuando aumenta la inversión y ésta aumentará siempre y cuando existan recursos y la disponibilidad para hacerlo, es decir que exista ahorro y los inversionistas consideren rentable arriesgar su capital en nuevas inversiones. Ahora bien, el ahorro de un país está compuesto por el ahorro del sector público más el ahorro del sector privado, si el gobierno tiene un déficit fiscal ello significa que su ahorro es negativo y, por tanto, reduce el ahorro nacional a una cifra menor de aquella que los privados han logrado.
Por otra parte, el ahorro de un país es la suma de sus inversiones más el saldo de su balanza de pagos en cuenta corriente; entonces, si el gobierno aumenta sus gastos elevando el déficit fiscal, necesariamente uno o ambos componentes tienen que reducirse. Si el incremento del gasto de gobierno, como vimos hace caer el nivel de ahorro, entonces los saldos prestables para nuevas inversiones se verán disminuidos y, por tanto, la tasa de interés será presionada hacia arriba, lo cual se traducirá en una menor inversión por parte de los agentes privados. Cuando cae el nivel de la inversión la tasa de crecimiento del stock de capital se reduce y hace caer la capacidad productiva del aparato económico con la consecuente caída en la tasa de crecimiento. Si el efecto de un mayor déficit del sector público se refleja en una caída del superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos o, para acercarnos más a nuestra realidad, eleva el déficit, por contrapartida el país pasa a convertirse en un exportador neto de activos, es decir que la balanza de pagos en cuenta capital debe presentar superávit y la subida en los tipos de interés señalada podría generar, en el corto plazo, una apreciación de la moneda reduciendo la competitividad de nuestras exportaciones y debilitar aún más la balanza de pagos en cuenta corriente, lo que a la postre nos podría conducir a la necesidad de efectuar fuertes devaluaciones.
Dado que un incremento de gasto público y el consiguiente incremento del déficit fiscal se traducirá en una reducción del stock de capital, esto tendrá como resultado una caída de los salarios reales al tiempo que el rendimiento marginal del capital aumenta; en otras palabras, quienes en última instancia se verán mayormente castigados por el incremento de los gastos del sector público serán los trabajadores y quienes se verán favorecidos serán los propietarios del capital. Es decir que no solamente los efectos de un mayor gasto público son negativos en términos globales, llevando a la economía a niveles de crecimiento menores, sino que sus efectos redistributivos son generalmente perversos, ya que a quienes teóricamente se quiere beneficiar son, al final de cuentas, los más desfavorecidos. En suma, aunque todavía existen quienes atrapados en una ortodoxia intervencionista sostienen que un mayor gasto de gobierno es el único camino que nos conducirá a remontar la crisis, cabe destacar que los aumentos del gasto público son como las ciruelas, aunque en principio pueden parecer dulces al final son amargas.
Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Socio - Económicas de la
Universidad Católica Boliviana (IISEC - UCB)
Cuando se establece un límite máximo de déficit fiscal que puede soportar el sistema económico, ello es tomado por algunos analistas económicos como una traba que estaría limitando las posibilidades del país para aumentar la tasa de crecimiento de la economía, mientras que cuando el gobierno eleva éste techo, sea por presiones o voluntad propia, ello es tomado como una posibilidad favorable, sin considerar los efectos negativos que puede tener tal decisión. Lo que ocurre es que aquellos analistas que defienden los incrementos del gasto público al parecer están miopes o no llegaron a comprender la restricción presupuestaria intertemporal que enfrenta el sector público; así pues, cuando el gobierno propone elevar su gasto e incrementar el déficit fiscal, estos analistas sobrestiman los supuestos beneficios del incremento del gasto público y subestiman las futuras cargas tributarias y la caída en el crecimiento que serán las consecuencias de dicha política. Destaco el término “supuestos beneficios” en tanto la experiencia ha demostrado que el Producto Interno Bruto (PIB) no aumenta en el corto plazo como consecuencia de mayores niveles de déficit público, mientras que en el largo plazo la tasa de crecimiento del PIB se reduce.
El crecimiento de una economía no tiene nada de mágico ni es ningún secreto guardado en los claustros esotéricos de los economistas, el crecimiento de la economía se da cuando aumenta la inversión y ésta aumentará siempre y cuando existan recursos y la disponibilidad para hacerlo, es decir que exista ahorro y los inversionistas consideren rentable arriesgar su capital en nuevas inversiones. Ahora bien, el ahorro de un país está compuesto por el ahorro del sector público más el ahorro del sector privado, si el gobierno tiene un déficit fiscal ello significa que su ahorro es negativo y, por tanto, reduce el ahorro nacional a una cifra menor de aquella que los privados han logrado.
Por otra parte, el ahorro de un país es la suma de sus inversiones más el saldo de su balanza de pagos en cuenta corriente; entonces, si el gobierno aumenta sus gastos elevando el déficit fiscal, necesariamente uno o ambos componentes tienen que reducirse. Si el incremento del gasto de gobierno, como vimos hace caer el nivel de ahorro, entonces los saldos prestables para nuevas inversiones se verán disminuidos y, por tanto, la tasa de interés será presionada hacia arriba, lo cual se traducirá en una menor inversión por parte de los agentes privados. Cuando cae el nivel de la inversión la tasa de crecimiento del stock de capital se reduce y hace caer la capacidad productiva del aparato económico con la consecuente caída en la tasa de crecimiento. Si el efecto de un mayor déficit del sector público se refleja en una caída del superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos o, para acercarnos más a nuestra realidad, eleva el déficit, por contrapartida el país pasa a convertirse en un exportador neto de activos, es decir que la balanza de pagos en cuenta capital debe presentar superávit y la subida en los tipos de interés señalada podría generar, en el corto plazo, una apreciación de la moneda reduciendo la competitividad de nuestras exportaciones y debilitar aún más la balanza de pagos en cuenta corriente, lo que a la postre nos podría conducir a la necesidad de efectuar fuertes devaluaciones.
Dado que un incremento de gasto público y el consiguiente incremento del déficit fiscal se traducirá en una reducción del stock de capital, esto tendrá como resultado una caída de los salarios reales al tiempo que el rendimiento marginal del capital aumenta; en otras palabras, quienes en última instancia se verán mayormente castigados por el incremento de los gastos del sector público serán los trabajadores y quienes se verán favorecidos serán los propietarios del capital. Es decir que no solamente los efectos de un mayor gasto público son negativos en términos globales, llevando a la economía a niveles de crecimiento menores, sino que sus efectos redistributivos son generalmente perversos, ya que a quienes teóricamente se quiere beneficiar son, al final de cuentas, los más desfavorecidos. En suma, aunque todavía existen quienes atrapados en una ortodoxia intervencionista sostienen que un mayor gasto de gobierno es el único camino que nos conducirá a remontar la crisis, cabe destacar que los aumentos del gasto público son como las ciruelas, aunque en principio pueden parecer dulces al final son amargas.
Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Socio - Económicas de la
Universidad Católica Boliviana (IISEC - UCB)
