26.07.04CÓMO ENCERRAR A CHÁVEZ EN UNA URNA ELECTORAL
Por Carlos Alberto Montaner
La oposición venezolana debe ganar el referéndum revocatorio, pese a que Chávez intenta comprar una victoria volcando miles de millones de bolívares en los bolsillos de los electores. Eso es lo que se desprende de la mayor parte de las encuestas tres semanas antes de los comicios. Eso es también lo que señala el sentido común. Chávez lleva en el poder más de cinco años, período en el que ha dado muestras de ser un pintoresco charlatán con un ''basurero en la cabeza'', como dijo Carlos Fuentes. No obstante contar con el barril de petróleo a cuarenta dólares, ha logrado convertirse en el peor presidente venezolano desde el derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958.
La encuesta más interesante es la de Mercanálisis. Es extensa y examina una docena de aspectos, pero hay dos preguntas clave que apuntan a la destitución de Chávez: cuando se les pregunta a los venezolanos si perciben el futuro nacional de una manera negativa, el 54 por ciento asiente. Por la otra punta, los que creen que el futuro será positivo sólo alcanzan al 35 del censo de electores. Consecuentemente, cuando se les pide que predigan el resultado de la consulta, el 54 opina que será expulsado de la presidencia, mientras el 33 piensa que será ratificado.
La adhesión política tiene que ver con la percepción del destino personal. Una mayoría notable de venezolanos piensa que le irá peor si Chávez sigue en el poder. De esa masa, un porcentaje grande --el 41 por ciento-- opina que Chávez es comunista o fascista, pero el debate no es sólo de carácter ideológico. La mayor preocupación tiene que ver con el alto índice de desempleo, a lo que se agrega la melancólica convicción de que Chávez es incapaz de aliviarlo.
Naturalmente, derrotar a Chávez no es sólo cuestión de sacar más votos. Hay que sacar muchos más, porque el chavismo no es un partido político convencido de las virtudes de la democracia, sino una facción revolucionaria que acude a las urnas porque le falló la vía violenta para llegar o para sostenerse en el poder a punta de pistola. Si la victoria de la oposición no es muy holgada, el chavismo recurrirá a todo género de marrullerías y trampas para negarle la victoria, y para ello contará con la complicidad del Centro Nacional Electoral, que en la penúltima consulta ya tuvo la desfachatez de anular arbitrariamente cientos de miles de votos válidos.
¿Cómo puede lograr la oposición esa mayoría sustancial? Sin duda, consiguiendo que el porcentaje de participación se acerque al 80 por ciento de las personas inscritas, dado que la abstención favorece a Chávez. Una cifra alta de votantes, pero no imposible de lograr en una atmósfera política en que la inmensa mayoría de los venezolanos sabe que otra victoria del coronel sería interpretada por el poder como una señal para radicalizar totalmente lo que allá llaman, muy dentro de la retórica cubana, ``el proceso revolucionario''.
Mas a Chávez tendrán que derrotarlo dos veces. A los treinta días del referéndum revocatorio habrá que escoger un presidente para sustituirlo en el cargo y él volverá a presentar su candidatura. ¿Absurdo? Por supuesto, pero nadie nunca ha acusado a Chávez de ser un político cartesiano. Desde que le confesó al periodista Andrés Oppenheimer que en sus reuniones solía dejar una silla vacía para que la ocupara Bolívar, se sabe que el problema venezolano también tiene una honda dimensión siquiátrica.
En todo caso, Chávez cuenta con el apoyo ''duro'' de un 20 por ciento de los venezolanos y las simpatías desvitalizadas de otro 15, de manera que jugará a la división de sus opositores, fragmentados en media docena de partidos y sin una cabeza indiscutible, para regresar al poder por la puerta trasera, pero con un mensaje muy claro en la mano: ``soy la opción menos rechazada''.
No creo que lo logre. Los demócratas de la oposición, si no consiguen ponerse de acuerdo para seleccionar un candidato de consenso, parecen decididos a celebrar a toda prisa unas primarias para que sea el pueblo quien lo elija. No se trata de una solución ideal, pero puede ser la mejor. El objetivo es obvio: encerrar a Chávez en una urna electoral, como si fuera un genio maligno, y no dejarlo salir de ella durante un siglo. Ha hecho mucho daño.
Julio 25, 2004.`
La oposición venezolana debe ganar el referéndum revocatorio, pese a que Chávez intenta comprar una victoria volcando miles de millones de bolívares en los bolsillos de los electores. Eso es lo que se desprende de la mayor parte de las encuestas tres semanas antes de los comicios. Eso es también lo que señala el sentido común. Chávez lleva en el poder más de cinco años, período en el que ha dado muestras de ser un pintoresco charlatán con un ''basurero en la cabeza'', como dijo Carlos Fuentes. No obstante contar con el barril de petróleo a cuarenta dólares, ha logrado convertirse en el peor presidente venezolano desde el derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958.
La encuesta más interesante es la de Mercanálisis. Es extensa y examina una docena de aspectos, pero hay dos preguntas clave que apuntan a la destitución de Chávez: cuando se les pregunta a los venezolanos si perciben el futuro nacional de una manera negativa, el 54 por ciento asiente. Por la otra punta, los que creen que el futuro será positivo sólo alcanzan al 35 del censo de electores. Consecuentemente, cuando se les pide que predigan el resultado de la consulta, el 54 opina que será expulsado de la presidencia, mientras el 33 piensa que será ratificado.
La adhesión política tiene que ver con la percepción del destino personal. Una mayoría notable de venezolanos piensa que le irá peor si Chávez sigue en el poder. De esa masa, un porcentaje grande --el 41 por ciento-- opina que Chávez es comunista o fascista, pero el debate no es sólo de carácter ideológico. La mayor preocupación tiene que ver con el alto índice de desempleo, a lo que se agrega la melancólica convicción de que Chávez es incapaz de aliviarlo.
Naturalmente, derrotar a Chávez no es sólo cuestión de sacar más votos. Hay que sacar muchos más, porque el chavismo no es un partido político convencido de las virtudes de la democracia, sino una facción revolucionaria que acude a las urnas porque le falló la vía violenta para llegar o para sostenerse en el poder a punta de pistola. Si la victoria de la oposición no es muy holgada, el chavismo recurrirá a todo género de marrullerías y trampas para negarle la victoria, y para ello contará con la complicidad del Centro Nacional Electoral, que en la penúltima consulta ya tuvo la desfachatez de anular arbitrariamente cientos de miles de votos válidos.
¿Cómo puede lograr la oposición esa mayoría sustancial? Sin duda, consiguiendo que el porcentaje de participación se acerque al 80 por ciento de las personas inscritas, dado que la abstención favorece a Chávez. Una cifra alta de votantes, pero no imposible de lograr en una atmósfera política en que la inmensa mayoría de los venezolanos sabe que otra victoria del coronel sería interpretada por el poder como una señal para radicalizar totalmente lo que allá llaman, muy dentro de la retórica cubana, ``el proceso revolucionario''.
Mas a Chávez tendrán que derrotarlo dos veces. A los treinta días del referéndum revocatorio habrá que escoger un presidente para sustituirlo en el cargo y él volverá a presentar su candidatura. ¿Absurdo? Por supuesto, pero nadie nunca ha acusado a Chávez de ser un político cartesiano. Desde que le confesó al periodista Andrés Oppenheimer que en sus reuniones solía dejar una silla vacía para que la ocupara Bolívar, se sabe que el problema venezolano también tiene una honda dimensión siquiátrica.
En todo caso, Chávez cuenta con el apoyo ''duro'' de un 20 por ciento de los venezolanos y las simpatías desvitalizadas de otro 15, de manera que jugará a la división de sus opositores, fragmentados en media docena de partidos y sin una cabeza indiscutible, para regresar al poder por la puerta trasera, pero con un mensaje muy claro en la mano: ``soy la opción menos rechazada''.
No creo que lo logre. Los demócratas de la oposición, si no consiguen ponerse de acuerdo para seleccionar un candidato de consenso, parecen decididos a celebrar a toda prisa unas primarias para que sea el pueblo quien lo elija. No se trata de una solución ideal, pero puede ser la mejor. El objetivo es obvio: encerrar a Chávez en una urna electoral, como si fuera un genio maligno, y no dejarlo salir de ella durante un siglo. Ha hecho mucho daño.
Julio 25, 2004.`
