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21.01.03

BRASIL: EL DESAFIO DE LULA ES NO SER DE LA RUA

El nuevo Presidente de Brasil ha definido claramente su dirección: pretende ser un estadista realista al estilo de Felipe González y no un caudillo populista con la impronta de Chávez, pero la pregunta crucial es si podrá ser un Felipe González.
Por Rosendo Fraga

El nuevo Presidente de Brasil ha definido claramente su dirección: pretende ser un estadista realista al estilo de Felipe González y no un caudillo populista con la impronta de Chávez, pero la pregunta crucial es si podrá ser un Felipe González.
Desde esta perspectiva, conviene analizar algunas similitudes entre los desafíos que tiene Lula por delante y los que tuvo tres años atrás De la Rúa en la Argentina, para advertir los riesgos que enfrenta el primer presidente obrero de América Latina.
Ambos (Lula y De la Rúa) asumieron tras dos períodos de presidentes que, como Cardoso y Menem, habían gobernado logrando mantener la estabilidad económica a partir de derrotar la inflación. En los dos casos, los presidentes salientes dejaron una deuda externa importante cuya refinanciación era en el caso de Argentina y lo es en el de Brasil, un problema central de la economía. Además, tanto en el segundo mandato de Menem como en el de Cardoso la economía creció menos que en el primero.
En lo político, De la Rúa en 2000 y Cardoso en 2003 tenían en la oposición a la mayoría de los gobernadores, sin controlar ninguna de las dos cámaras. El sustento, en ambos casos, se trató de coaliciones heterogéneas y un vicepresidente proveniente de un partido ajeno al del propio presidente.
Tanto Menem en 1999 como Cardoso en 2002, condujeron transiciones políticas ordenadas transfiriendo el poder a la respectiva oposición sin crisis.
Así como la Alianza en la Argentina fue un giro hacia la izquierda respecto al menemismo, también lo es el PT en Brasil respecto a la coalición de Cardoso.
De la Rúa fracasó en el liderazgo de su coalición: antes de cumplir un año en el gobierno ya estaba en crisis política con la renuncia del vicepresidente y, al comenzar el segundo año, el cambio de ministro de hacienda precipitó una crisis de confianza económica. Al cumplir el segundo año, terminó con el colapso del sistema financiero y el mentado “corralito”, que aceleró una eclosión social que lo volteó del gobierno, en una situación en la cual gran parte de la oposición y sectores de su propio partido jugaron a su caída.
La falta de liderazgo político de De la Rúa le hizo perder la confianza en el esfuerzo para encauzar la economía y en particular para refinanciar la deuda. En ese contexto, la economía se estancó el primer año y se derrumbó el segundo.
Cabe recordar que De la Rúa inició su gobierno tres años atrás, con señales muy favorables de los mercados respecto a las designaciones en el primer gabinete y con buenas repercusiones respecto a sus primeras medidas económicas.
Argentina no es Brasil y Lula no es De la Rúa, y no puede matemáticamente proyectarse el futuro sobre la base de analogías o experiencias históricas.
Pero manejar la deuda heredada de la administración anterior es una desafío en el cual fracasó la Alianza en la Argentina y que será también el desafío central de Lula. A su vez, el fracaso de De la Rúa en lograr el crecimiento precipitó la falta de confianza en el manejo de la deuda y análoga situación se plantea ahora como riesgo para el nuevo Presidente del Brasil.
Desde la perspectiva de la nueva administración brasileña puede ser útil analizar cuales fueron las causas que precipitaron el fracaso de De la Rúa en la Argentina tras una década de Menem.
Lula ha decido ser un Felipe González y no un Chávez, pero para lograrlo debe evitar repetir los errores que cometió De la Rúa en la Argentina.

Rosendo Fraga es Director del Centro de Estudios Nueva Mayoría www.nuevamayoria.com