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19.01.03

2003: Año de nerviosismo y grandes expectativas en Colombia

En el año 2002, Colombia por fin asumió la dolorosa pero necesaria tarea de aceptar sus realidades económicas. Dicha tarea había sido ignorada por las dos últimas administraciones, las cuales, de haber cumplido con su deber de realismo, habrían encontrado unas situaciones mucho menos graves de las que hoy nos aquejan.
Por Andrés Mejía-Vergnaud

En el año 2002, Colombia por fin asumió la dolorosa pero necesaria tarea de aceptar sus realidades económicas. Dicha tarea había sido ignorada por las dos últimas administraciones, las cuales, de haber cumplido con su deber de realismo, habrían encontrado unas situaciones mucho menos graves de las que hoy nos aquejan.
Por supuesto, el mero diagnóstico no es suficiente. Una economía como la nuestra tiene que sacudirse y asumir el dolor del ajuste, pues de lo contrario, deberá asumir el dolor de la debacle, que es aun peor. Las reformas económicas aprobadas el año pasado bajo la iniciativa de la administración Uribe son ciertamente dolorosas, pero en general están bien enfocadas, y hay razones para pensar que producirán resultados positivos, especialmente en el mediano plazo. Para que tales resultados se prolonguen hasta el largo plazo, es necesario profundizar en estas reformas, tal como lo había recomendado antes INTELIGENCIA ECONÓMICA.

LA NECESIDAD DE REFORMAS MÁS PROFUNDAS
¿Qué queremos decir con profundizar en las reformas? Las iniciativas que fueron aprobadas por el Congreso a finales del año pasado tienen el poder de evitar que nuestra economía caiga por el abismo, pero ellas mismas no constituyen el tipo de reforma institucional profunda que requiere una economía para progresar. La Reforma Laboral es la que más se acerca a este ideal de cambio, pero aún se necesita más modernización para que nuestro mercado laboral esté en capacidad de brindar empleo a la gran mayoría de la población. Y como los analistas nacimos para decir cosas impopulares, no faltaremos aquí a ese mandato del destino: en Colombia el problema del empleo no se solucionará, de forma definitiva, hasta que sean eliminados los pagos parafiscales, que no son otra cosa que un impuesto a la generación de empleo. En teoría económica básica, se dice que si uno quiere desestimular una actividad, le debe poner un impuesto. Como en Colombia existe un impuesto al empleo, es de esperar que el mercado laboral no sea muy dinámico. Obviamente, la eliminación de los parafiscales plantearía problemas muy serios, como el de hallar fuentes de financiación para el SENA y del ICBF. Pero la resolución de estos dos problemas fiscales es una tarea que todos nuestros cerebros económicos deben asumir.
En segundo lugar, y siguiendo con el tono de lo impopular, Colombia debe pensar en acabar con el sistema pensional llamado “de prima media”, y sustituirlo de forma íntegra por un sistema de cuentas de ahorro individual. Estos sistemas no sólo garantizan la viabilidad de la estructura pensional y el pago de las pensiones a los retirados, sino que además tienen efectos interesantes en la inversión y los mercados de capitales (los fondos de pensiones suelen ser importantes inversionistas).
En materia tributaria, una reforma de fondo, orientada a estimular el crecimiento, tendrá que venir una vez se supere la crisis actual, que ha obligado a endurecer el sistema tributario. Una reforma tributaria de verdad debe dirigirse a la reducción de los impuestos directos sobre las ganancias (impuesto de renta), y orientarse más hacia impuestos indirectos. A diferencia de lo que muchos opositores de esta política dicen, los mayores favorecidos con ella no son los ricos, sino los pobres. Al aumentar la cantidad de ingresos netos de las personas y las empresas, aumentan igualmente la inversión y el consumo, dinamizando la economía en beneficio de todos.

PERSPECTIVAS PARA EL 2003
Hoy por hoy, al empezar el año 2003, lo que se puede respirar en nuestro entorno económico es una tensa sensación de expectativa. En primer lugar, hay expectativa sobre el impacto de las reformas económicas. En segundo lugar, y con mayor importancia, todos los ojos del país estarán puestos sobre el resultado del referendo, para el cual no se ha definido aún la fecha. No es exagerado decir que, de no prosperar esta iniciativa, la economía colombiana estará en un serio peligro.
Para INTELIGENCIA ECONÓMICA, el impacto de las reformas no será tan drástico como muchos analistas han señalado. Creemos, es cierto, que el nuevo paquete tributario tendrá unos efectos considerables de corte recesivo, estos serán contrarrestados por otros factores, que de cierto modo ayudarán a equilibrar las cargas. Para empezar, las reformas laboral y pensional tendrán un efecto dinamizador. Es más, creemos que, sin considerar sus efectos directos, el sólo hecho de haberlas aprobado tiene una influencia positiva en el aumento del dinamismo de nuestra economía. Lo mismo ocurre con las iniciativas de modernización del Estado y reducción del gasto público. Por otro lado, la creciente percepción de que la situación en materia de seguridad ha mejorado, o está camino de mejorar, tendrá también unas consecuencias positivas de alta importancia. De hecho, ya son visibles los efectos de las políticas de seguridad en el sector del turismo, el cual había vivido unos muy negros años. Igualmente, el sector exportador adquirirá más dinamismo gracias al ATPA y a las dinámicas de la tasa de cambio.
Ahora bien, los colombianos podemos esperar que, en las semanas previas a la realización del referendo, haya en los mercados una muy alta dosis de nerviosismo, lo cual es más que natural. El gobierno ya ha anunciado que hará campaña activamente a favor de la aprobación del referendo. Si el apoyo público a esta campaña es contundente y visible, el nerviosismo de los mercados podría ser atenuado levemente.
Actualmente hay un factor generador de incertidumbre en nuestra economía, y cuyas perspectivas de evolución son más bien oscuras. Se trata de la situación venezolana. Un agudizamiento de la crisis que termine con la caída de Chávez podría ser doloroso en el momento, pero es sin lugar a dudas lo que más conviene a nuestra economía. De persistir Chávez en el poder, la economía venezolana continuará en la senda descendente por la cual la han encarrilado el comandante y su camarilla. Para que el ritmo del comercio con Venezuela vuelva a ser favorable para nuestro país, es necesario que el régimen de ese exótico y desequilibrado personaje sea reemplazado por el de una persona seria, capaz de inspirar confianza, y sobre todo que sea respetuosa del Estado de Derecho y las libertades. Sin esas dos últimas condiciones, no hay economía que pueda progresar.

Andrés Mejía Vergnaud es Director de INTELIGENCIA ECONÓMICA, el servicio de información y análisis online de la FUNDACION DL, con sede en Cali, Colombia.