26.05.04Democracia a medio camino en América Latina
Por Susan Kaufman Purcell
Un reciente estudio de las Naciones Unidas concluye que la democracia en América Latina está en problemas. Aunque ha habido importantes avances en materia democrática en los últimos 25 años, un gran número de latinoamericanos se siente frustrado por la incapacidad de la democracia de generar beneficios económicos, reducir la inequidad en el ingreso y la corrupción, consolidar el estado de derecho y, en general, su ineptitud para reflejar la voluntad de la mayoría de la población.
Sin embargo, estas conclusiones no son la parte más interesante del reporte: todo el mundo ya las conocía. Más importante es el acápite que describe la ausencia de un fuerte compromiso con la democracia como proceso e ideal. Lamentablemente, a muchos latinoamericanos no les importa si viven bajo una democracia o bajo un gobierno autoritario, siempre y cuando su situación económica mejore. Específicamente, el 54,7% de los encuestados dicen que apoyarían un gobierno autoritario por sobre uno democrático, si el primero pudiese resolver sus problemas económicos.
Parte de esta actitud a dar prioridad a la economía, es reflejo del tiempo en que fue hecho el estudio: un período caracterizado por una recesión económica global que hizo crecer el desempleo y la brecha entre ricos y pobres en América Latina. El estudio también coincidió con un período de gran decepción con las reformas económicas neoliberales de los 90, las que en muchos casos fallaron para producir el crecimiento que habían prometido. Además, una mayoría de latinoamericanos es aún muy joven como para haber experimentado la vida bajo un autoritarismo. Por tanto, probablemente están más dispuestos a darle el beneficio de la duda, comparado con el mal funcionamiento de las democracias que conocen bien.
El problema es que la democracia no podrá prosperar si la gente continúa pensando en abandonarla en vez de buscar mejorarla en tiempos de dificultades. Casi todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer. Básicamente, deben existir mejores mecanismos para que funcionarios de gobiernos y sus instituciones se hagan responsables de su acción, lo que en inglés se conoce como accountability (es sintomático que este concepto no tenga un simil en español). Lo que se ha perdido es un liderazgo político comprometido con trabajar dentro de las reglas democráticas para mejorar gradualmente su funcionamiento.
Un buen ejemplo del problema aparece en una entrevista que Andrés Oppenheimer del Miami Herald hizo con Dante Caputo, director del proyecto de la ONU. Caputo fue un parlamentario argentino por ocho años. Él admite que, al igual que sus compañeros congresistas, el no tenía contacto alguno con los electores de su distrito. Todo lo que se esperaba de él era respetar la disciplina del partido y votar según lo señalara la cúpula dirigente.
¿Y por qué Caputo y muchos otros parlamentarios latinoamericanos sólo hacen lo que se espera de ellos? ¿Por qué esperan por una carta para entrar en contacto con el electorado? ¿Por qué ha habido tan pocos líderes latinoamericanos a todo nivel de gobierno que piensen en qué es necesario hacer para mejorar la democracia y trabajar con otros que piensen lo mismo para aprobar las reformas requeridas?
La democracia estadounidense alguna vez se pareció a la actual democracia latinoamericana, mucho más de lo que se parece hoy. En su novela 1876, el escritor estadounidense Gore Vidal describe un sistema político caracterizado por la corrupción, por el malfuncionamiento de partidos políticos y cortes de justicia, y un surgimiento de tendencias autoritarias. Muchas décadas después, un grupo de reformadores dio a luz el movimiento Progressive y trabajaron duro, dentro del sistema, para hacer de la democracia estadounidense más responsable, limpia y justa.
¿Dónde está el movimiento Progressive latinoamericano? Desafortunadamente, los líderes de la región han estado enfocados en las reformas económicas y han hecho poco por pensar en las reformas políticas. Pero buenas reformas económicas no generarán resultados en democracias defectuosas. La transición latinoamericana a la democracia fue sólo el primer paso. Ahora es el momento de perfeccionar las instituciones democráticas y sus procesos, y permitir a los electores exigir mayor responsabilidad de sus gobiernos.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista América Economía www.americaeconomia.com
Un reciente estudio de las Naciones Unidas concluye que la democracia en América Latina está en problemas. Aunque ha habido importantes avances en materia democrática en los últimos 25 años, un gran número de latinoamericanos se siente frustrado por la incapacidad de la democracia de generar beneficios económicos, reducir la inequidad en el ingreso y la corrupción, consolidar el estado de derecho y, en general, su ineptitud para reflejar la voluntad de la mayoría de la población.
Sin embargo, estas conclusiones no son la parte más interesante del reporte: todo el mundo ya las conocía. Más importante es el acápite que describe la ausencia de un fuerte compromiso con la democracia como proceso e ideal. Lamentablemente, a muchos latinoamericanos no les importa si viven bajo una democracia o bajo un gobierno autoritario, siempre y cuando su situación económica mejore. Específicamente, el 54,7% de los encuestados dicen que apoyarían un gobierno autoritario por sobre uno democrático, si el primero pudiese resolver sus problemas económicos.
Parte de esta actitud a dar prioridad a la economía, es reflejo del tiempo en que fue hecho el estudio: un período caracterizado por una recesión económica global que hizo crecer el desempleo y la brecha entre ricos y pobres en América Latina. El estudio también coincidió con un período de gran decepción con las reformas económicas neoliberales de los 90, las que en muchos casos fallaron para producir el crecimiento que habían prometido. Además, una mayoría de latinoamericanos es aún muy joven como para haber experimentado la vida bajo un autoritarismo. Por tanto, probablemente están más dispuestos a darle el beneficio de la duda, comparado con el mal funcionamiento de las democracias que conocen bien.
El problema es que la democracia no podrá prosperar si la gente continúa pensando en abandonarla en vez de buscar mejorarla en tiempos de dificultades. Casi todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer. Básicamente, deben existir mejores mecanismos para que funcionarios de gobiernos y sus instituciones se hagan responsables de su acción, lo que en inglés se conoce como accountability (es sintomático que este concepto no tenga un simil en español). Lo que se ha perdido es un liderazgo político comprometido con trabajar dentro de las reglas democráticas para mejorar gradualmente su funcionamiento.
Un buen ejemplo del problema aparece en una entrevista que Andrés Oppenheimer del Miami Herald hizo con Dante Caputo, director del proyecto de la ONU. Caputo fue un parlamentario argentino por ocho años. Él admite que, al igual que sus compañeros congresistas, el no tenía contacto alguno con los electores de su distrito. Todo lo que se esperaba de él era respetar la disciplina del partido y votar según lo señalara la cúpula dirigente.
¿Y por qué Caputo y muchos otros parlamentarios latinoamericanos sólo hacen lo que se espera de ellos? ¿Por qué esperan por una carta para entrar en contacto con el electorado? ¿Por qué ha habido tan pocos líderes latinoamericanos a todo nivel de gobierno que piensen en qué es necesario hacer para mejorar la democracia y trabajar con otros que piensen lo mismo para aprobar las reformas requeridas?
La democracia estadounidense alguna vez se pareció a la actual democracia latinoamericana, mucho más de lo que se parece hoy. En su novela 1876, el escritor estadounidense Gore Vidal describe un sistema político caracterizado por la corrupción, por el malfuncionamiento de partidos políticos y cortes de justicia, y un surgimiento de tendencias autoritarias. Muchas décadas después, un grupo de reformadores dio a luz el movimiento Progressive y trabajaron duro, dentro del sistema, para hacer de la democracia estadounidense más responsable, limpia y justa.
¿Dónde está el movimiento Progressive latinoamericano? Desafortunadamente, los líderes de la región han estado enfocados en las reformas económicas y han hecho poco por pensar en las reformas políticas. Pero buenas reformas económicas no generarán resultados en democracias defectuosas. La transición latinoamericana a la democracia fue sólo el primer paso. Ahora es el momento de perfeccionar las instituciones democráticas y sus procesos, y permitir a los electores exigir mayor responsabilidad de sus gobiernos.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista América Economía www.americaeconomia.com
