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20.05.04

CARTA ABIERTA A RODRIGO RATO

Por Mario Tejeiro

¡Felicitaciones, Dr. Rato!, su nombramiento como Director Gerente del Fondo Monetario Internacional es un reconocimiento a su brillante carrera. Pero permítame desear que Ud. llegue al cargo con la visión correcta y mucha suerte, pues se hará cargo de una institución con problemas en tiempos difíciles. El Fondo Monetario es hoy una institución debilitada. Acarrea la culpa de un comportamiento cuestionado en los 90. La imagen del Fondo Monetario se ha deteriorado, algunas veces por argumentos equivocados, pero también por errores propios incuestionables. Entre estos últimos cabe destacar la ausencia de una correcta supervisión de la evolución económica mundial y su apoyo a países que persiguieron políticas de fuertes desequilibrios fiscales y endeudamiento imprudente.
Durante las últimas décadas el Fondo Monetario Internacional ha perdido credibilidad y liderazgo en temas económicos de relevancia mundial y se ha convertido en un foro donde los países miembros debaten y consensúan temas financieros globales. Aún más, ha perdido independencia incluso para negociar programas económicos con países altamente endeudados que son una amenaza de contagio sistémico. Por supuesto que esto no es culpa exclusiva de los anteriores directores gerentes ni del propio staff. Es también consecuencia de la decisión política de sus miembros principales de limitar su financiamiento  e inmiscuirse activamente en sus decisiones más importantes. Lejos han quedado los viejos sueños de convertir al Fondo Monetario en un Banco Central independiente para todo el planeta. También ha quedado de lado la iniciativa de convertir al Fondo en un foro judicial donde se resolviera el caso de países en default.
En este contexto, ¿cuál debería ser su tarea como Director Gerente? ¿Sería la de un Secretario de alto rango encargado de organizar la agenda del Comité Interino o de conducir reuniones del Directorio en donde se debatan y consensúen negociaciones específicas con Argentina, Brasil o Turquía? ¿Hay lugar para un liderazgo más independiente del Director Gerente? Yo creo que existe, pero es uno limitado y que sólo puede construirse gradualmente, basado en el prestigio personal y una visión acertada que se demuestre como válida con el correr del tiempo. Permítame ilustrar esta idea.
Su tarea más difícil será la negociación de programas económicos exitosos para los países altamente endeudados. Argentina, Brasil y Turquía le deben 60 billones de dólares al Fondo Monetario. Pero la solución de sus casos no será tarea fácil. Por de pronto, existe una gran contradicción entre la naturaleza de los problemas estructurales que enfrentan estos países y la idea prevaleciente en la membresía de la institución, esto es, que el papel de Fondo Monetario debería limitarse a atender crisis de liquidez con programas que tengan una condicionalidad limitada al objetivo de restaurar los equilibrios macroeconómicos de corto plazo. Este enfoque puede ser deseable para crisis futuras, pero no es consistente con los problemas estructurales de solvencia que hoy enfrentan los países más endeudados. Una visión apropiada con respecto a las políticas de crecimiento de largo plazo es necesaria para que estos países puedan superar su situación de endeudamiento crónico.
Pero cuáles son las políticas apropiadas para los países endeudados es materia de confusión entre los principales países industriales miembros del FMI. Oportunamente fue un paso positivo el cambio de política que reemplazó los salvatajes masivos del FMI a países con crisis profundas, por una política de mayor responsabilidad de los acreedores privados. Fue un reconocimiento implícito que el crecimiento sostenible en los países emergentes no podía basarse en un endeudamiento externo galopante, particularmente cuando ese endeudamiento era a altas tasas de interés y utilizado para financiar gasto público o inversiones domésticas que no crean capacidad de exportación. Pero esta convicción parece estar disipándose. Existen nuevas esperanzas en que Brasil puede sortear su crisis a pesar de una deuda altísima y de que Argentina puede acceder a un crecimiento alto y sostenible por el sólo hecho de acordar con los acreedores defaulteados.
Además la institución cree que una estrategia de crecimiento no debe ser parte esencial de los programas económicos. Las medidas estructurales son limitadas a aumentar la tasa de ahorro reduciendo el déficit público y promoviendo el desarrollo del sistema financiero local. Otras medidas estructurales son ocasionalmente incorporadas cuando algunos países miembros presionan por los intereses en juego de sus inversores. La mayoría de estas medidas son necesarias pero no suficientes para el crecimiento sostenido. Pero temas estratégicos, fundamentalmente el proteccionismo comercial y el nivel de gasto e intervención del Estado, no son una preocupación permanente. Se cree que los programas económicos deben ser iniciativa de los propios países para que tengan chances de ser implementados. Esto implica sacar de discusión medidas estructurales mas profundas que pueden considerarse intrusivas de la soberanía nacional. Pero sujetarse a los programas propuestos por los propios países en dificultades puede ser contradictorio con programas que garanticen un crecimiento sostenible. Imponer programas desde afuera es indeseable desde el punto de vista político, pero apoyar programas insuficientes es también dañino para todas las partes involucradas.
El crecimiento alto y sostenido es crítico para que los países altamente endeudados superen su situación. Sin embargo, ¿pueden estos países crecer sostenidamente gravando pesadamente su comercio exterior y consecuentemente, impidiendo el crecimiento de sus exportaciones a los mercados desarrollados? ¿Pueden ser económicamente eficientes enfrentando una presión impositiva creciente que incentiva que la mayoría de la actividad privada se torne informal y de baja productividad? Por supuesto que no pueden, y sin embargo, políticas que aumentan el proteccionismo e incrementan el gasto publico y los impuestos son fácilmente aceptadas por el FMI como si fueran decisiones políticas sin consecuencias económicas trascendentes.
Ud. puede argumentar que no hay margen político para un enfoque de esta naturaleza. Y puede que tenga razón en el corto plazo. Las ideas populistas e intervencionistas han regresado a los países altamente endeudados después del fracaso "neoliberal" en los 90. Además los países industriales generan el mal ejemplo. Ellos no tienen la autoridad moral para aconsejar en temas de libertad de comercio, intervención del Estado y déficit públicos. En este contexto Ud. puede encontrarse con que la única versión posible de medidas estructurales es la tradicional que ya fracasó: hacer lo posible para mejorar los flujos financieros hacia los países en desarrollo. Pero el endeudamiento externo a tasas bajas de interés puede ser un complemento pero nunca un sustituto del libre comercio y de gobiernos chicos y eficientes. Por el contrario, el endeudamiento externo a altas tasas de interés, acompañado de proteccionismo y un gasto público excesivo es una receta segura para el desastre (tal como quedó probado en el caso Argentino).
Por estas razones, mi consejo es el siguiente: conviértase en una voz calificada que llama la atención, tanto a países industriales como países endeudados, acerca de la eventual necesidad de asumir estrategias de crecimiento más consistentes para poder salir de la actual trampa del endeudamiento crónico. Adopte como modelo los casos de países que a través de la apertura comercial y un gobierno limitado y eficiente, han sido destacadamente exitosos en décadas recientes. No premie a ministros o presidentes que se destacan por endeudar irresponsablemente a sus países o los embarcan en el proteccionismo y en el distribucionismo a través de un Estado cada vez más grande. Con el tiempo su prédica probará ser la correcta y su capacidad de liderazgo aumentará. Más importante aún, habrá contribuido a que las ideas cambien en la dirección correcta.
Le deseo el mayor de los éxitos. 

Mario Teijeiro es Presidente del Centro de Estudios Públicos http://www.cep.org.ar