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13.05.04

¿TRES AÑOS DE RIESGO POLÍTICO?

Por Armando Jiménez San Vicente

Varias cintas de video han sacudido a México mostrando a funcionarios del gobierno de la capital recibiendo sobornos de empresarios. Los video-escándalos pusieron en el centro de la escena a varios colaboradores del jefe del gobierno de la capital mexicana, Andrés Manuel López Obrador. Esas cintas han sido la muestra más clara de la inauguración anticipada de la carrera por la sucesión presidencial en México. Pero muy a su pesar, y aun tras sus múltiples declaraciones de que "lo den por muerto" para la carrera, López Obrador sigue siendo el político más popular del país y encabeza las encuestas de preferencias electorales para 2006.
López Obrador contraatacó a sus críticos denunciando un "complot" para mermar su popularidad. Señaló entre los confabuladores al gobierno federal, el conservador Partido Acción Nacional y especuló sobre la posible participación del gobierno de Estados Unidos en la provisión a los medios mexicanos de un video de su ex secretario de finanzas gastando a manos llenas en un casino para millonarios en Las Vegas. Para mostrar su fuerza, presentó su defensa ante más de 100.000 seguidores en el Zócalo de Ciudad de México.
Pero, ¿quién es el hombre mejor pintado para suceder a Vicente Fox al frente de México? Calificado de "populista" por sus detractores, López Obrador ha logrado enorme popularidad con políticas públicas de izquierda. Redujo los sueldos a los funcionarios públicos, eliminó viajes al exterior y secretarios particulares y restituyó un subsidio para distribución de leche. A la clase media, agobiada por el insufrible tráfico citadino, le construye una red de avenidas en doble piso. Su medida más popular es una pensión universal para la tercera edad y los minusválidos. El alcalde presenta decisiones como éstas todos los días antes del amanecer en conferencias de prensa donde abunda una retórica nacionalista y anti-neoliberal.
Parte de su estrategia es mostrarse como un hombre de acción pero su mayor reto es convencer a los empresarios y a Estados Unidos de que es un hombre confiable. Ha dado algunas señales de aggiornamiento. Consolidó una alianza estratégica con el hombre más rico de América Latina, Carlos Slim, mecenas de un ambicioso proyecto de restauración del centro histórico de Ciudad de México. También se acercó al poderoso grupo de empresarios de Monterrey, los mismos que apoyaron financieramente a Fox cuando fue candidato. La señal internacional, en tanto, fue contratar a Rudolph Giulliani, el hombre probo de la derecha estadounidense, para diseñar una estrategia similar a la exitosa "Tolerancia Cero" neoyorquina en la capital mexicana.
Sin embargo, a la derecha gobernante en Estados Unidos le preocupa el discurso de López Obrador y ve con recelo la posible llegada de otro gobierno izquierdista a la convulsionada América Latina. Y nada menos que en su segundo socio comercial, su más estable proveedor de petróleo y su principal proveedor de mano de obra barata para el campo y servicios.  
López Obrador ha echado aire al fuego acusando la participación estadounidense en el supuesto complot en su contra. Pero quizá sea apresurado asegurar que lo seguirá haciendo a medida que se acerquen las elecciones. Pragmático, es posible que modere su discurso amparándose en una tónica más políticamente correcta, como la de Slim, quien reclama una vuelta a un remozado keynesianismo. Por ahora, Estados Unidos no le ha colocado en el mismo eje del presidente venezolano Hugo Chávez, ni en el del argentino Néstor Kirchner o el brasileño Luíz Inácio Lula da Silva, tres actores distintos de la izquierda nacionalista latinoamericana.
Enfrascado en un competido proceso electoral, si el gobierno de George W. Bush lo etiquetase ahora, alinearía a un número importante de votantes mexicano-americanos con quienes el PRD, el partido de López Obrador, mantiene una estrecha relación política. Pero una vez definida la elección presidencial, Estados Unidos reevaluará su perfil y no tardará en etiquetarlo. Eso pondrá en guardia a inversionistas y empresarios.
Por lo pronto, a México le esperan tres años de una sucesión presidencial adelantada con muchos golpes bajos y acusaciones mutuas. Esto pone al mandato de Fox en una anticipada situación de salida en la que no conseguirá avances para las reformas estructurales que necesita el país. El país seguirá envuelto en un ambiente de descomposición política y de desencanto de los electores con el gobierno y los partidos políticos tras los numerosos escándalos de corrupción que involucran a los funcionarios de López Obrador pero también, a nivel nacional, al PAN, al PRI y al propio gobierno federal. El asunto es la democracia en México no acabará de consolidarse si, como hoy, las viejas prácticas persisten. Con eso, existe el riesgo de una devolución democrática y el regreso al viejo orden autoritario. Mientras, un alcalde populista crece en la aceptación pública sin figuras de contrapeso ante sí.

Armando Jiménez San Vicente es Doctor en Economía Política por la London School of Economics y actualmente es profesor investigador invitado de la Universidad de Stanford.