04.03.04El oficialismo salvadoreño, ante el desafio de la permanencia
El paisaje salvadoreño convive por estos días de manera casi desmedida con los colores rojo, azul y blanco. Y no se trata de un dato menor. Cuando falta menos de un mes para los comicios presidenciales previstos para el 21 de marzo próximo, la propaganda electoral de los dos principales partidos políticos parece haber colonizado todos los rincones del país más pequeño de Centroamérica. La polarización entre el oficialista ARENA, con quince años y tres períodos ininterrumpidos de gobierno en su haber, y el opositor FMLN se ha intensificado en los últimos dos meses. La mayoría de las encuestas y proyecciones coinciden en la cada vez más firme probabilidad de una segunda vuelta electoral.
Por Andrea Kobilsky
El paisaje salvadoreño convive por estos días de manera casi desmedida con los colores rojo, azul y blanco. Y no se trata de un dato menor. Cuando falta menos de un mes para los comicios presidenciales previstos para el 21 de marzo próximo, la propaganda electoral de los dos principales partidos políticos parece haber colonizado todos los rincones del país más pequeño de Centroamérica. La polarización entre ARENA–el partido oficialista, con quince años y tres períodos ininterrumpidos de gobierno en su haber– y el FMLN–principal partido opositor– se ha intensificado en los últimos dos meses. La mayoría de las encuestas y proyecciones coinciden en la cada vez más firme probabilidad de una segunda vuelta electoral.
Elías Antonio Saca, el candidato arenero, lidera hoy todos los sondeos publicados con una intención de voto que fluctúa (desde arriba o desde abajo, según la medición) alrededor de la línea del cincuenta por ciento. Sin embargo, la tendencia a partir de enero refleja una leve disminución de la brecha entre ARENA y el FMLN. Los análisis señalan que Saca parecería haber llegado a su techo, mientras que Schafik Handal, el candidato efemelenista, todavía cuenta con un pequeño márgen ascendente, siempre que las terceras opciones y su propia disciplina no le jueguen en contra en la recta final.
Hace menos de un año atrás, pocos hubiesen arriesgado un escenario como el actual. El 16 de marzo de 2003, el FMLN se consagraba como el principal ganador de las elecciones legislativas y municipales de mitad de período. Con este triunfo, el partido de izquierda se posicionaba como la primera minoría en la Asamblea Legislativa, obteniendo 31 escaños sobre un total de 84, y ganaba también las elecciones locales en los principales municipios del país. San Salvador elegía por tercera vez consecutiva a un alcalde efemelenista, consolidándose la ciudad capital como el principal distrito opositor al partido de gobierno.
Los primeros sondeos realizados después de la elección registraban un temprano liderazgo del FMLN en la carrera presidencial. Claro que ARENA todavía no terminaba de procesar su reciente derrota en las urnas, los candidatos presidenciales de los dos principales partidos aún no habían sido elegidos, y el gobierno de Francisco Flores llevaba meses enfrentando una huelga sin precedentes por parte de los médicos y enfermeras del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, con enormes costos para los pacientes y usuarios del sistema de salud pública.
Ahora bien, el principal interrogante que surge al comparar los resultados de marzo del 2003 con las proyecciones previstas para marzo del 2004 es qué fue lo que efectivamente sucedió en estos meses para que la situación se revirtiera casi por completo y aproximadamente la mitad de los salvadoreños se inclinen hoy por un nuevo gobierno arenero. La respuesta es múltiple e involucra a más de un factor, así que vamos por partes.
EL BUEN MOMENTO DEL GOBIERNO
Las encuestas coinciden en que luego de enfrentar un año difícil, Francisco Flores culmina su mandato con un importante nivel de aprobación por parte de la opinión pública. La imagen del gobierno, que comenzó a transitar un camino ascendente luego de las elecciones legislativas y municipales, hoy plantea un dilema para la oposición, ya que el cambio ha dejado de ser prioridad para el electorado salvadoreño y el presidente parece estar transitando una segunda luna de miel mientras prepara la transición y la salida.
El primer respiro lo tuvo el ejecutivo a mediados de junio, con la finalización negociada del conflicto de salud. Después de casi nueve meses de huelga, el presidente Flores y los sindicatos del Seguro Social negociaron el levantamiento del paro y la consecuente normalización de los servicios en los hospitales. El segundo paso importante que dio Flores fue el lanzamiento de una agresiva y cuestionada campaña –conocida como el Plan Mano Dura– para combatir la delincuencia y las pandillas juveniles. Los salvadoreños opinan hoy que la inseguridad en el país ha disminuido, y la percepción que tienen es que el candidato de ARENA es el más capacitado para continuar la lucha iniciada por el actual presidente.
EL PROCESO INTERNO DE ARENA
Después del revés electoral de marzo pasado, el partido de derecha se tomó unos meses para procesar su duelo y reposicionarse de cara a los próximos comicios presidenciales. Tarea nada sencilla, considerando que ARENA enfrenta el desgaste lógico de un partido con una trayectoria de quince años sin alternancia en el poder. El electorado salvadoreño ha castigado a ARENA en las últimas tres elecciones municipales y legislativas –la clase media de la capital y de los principales centros urbanos ha resultado ser el segmento más crítico al proyecto arenero– pero el partido ha demostrado una envidiable habilidad para reponerse de los sucesivos traspiés electorales intermedios y rearmar su aceitada maquinaria al servicio de cada nueva elección.
En esta ocasión, el gran acierto de ARENA fue elegir a su candidato presidencial en primarias cerradas por primera vez en su historia. El partido demostró signos de madurez al abrir el proceso de selección interno a las bases en todo el país, y logró un arranque promisorio de Tony Saca, cuya indiscutida victoria rápidamente lo posicionó como el candidato legítimamente elegido por todos los areneros. “Ustedes han producido al primer candidato que nace de las bases de ARENA”, afirmaba Saca en su discurso de celebración la noche del 13 de julio.
La elección de Saca resultó ser un acierto en dos frentes: el interno y el externo. Las bases areneras se rearmaron entusiasmadas detrás de su candidato, mientras que los salvadoreños vieron con buenos ojos el perfil de hombre común del aspirante presidencial. Con treinta y nueve años recién cumplidos, a Tony Saca le gusta referirse a sí mismo como un ciudadano más, una persona luchadora que debió comenzar desde abajo. Periodista deportivo y más tarde empresario de medios, la popularidad de su figura descansa en el hecho de que es hoy un modelo a seguir para muchos salvadoreños. En un país cuyos habitantes se definen a sí mismos con orgullo como trabajadores, nada mejor que un candidato hecho a su imagen y semejanza.
EL CANDIDATO DEL FMLN
La nominación del candidato efemelenista ha sido para muchos el gran error del partido opositor. Jugada equivocada que hoy amenaza con costarle la elección presidencial. Schafik Handal es uno de los principales exponentes de la facción ortodoxa dentro del FMLN. Líder histórico y uno de los fundadores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, fue comandante general de la organización armada durante la guerra en El Salvador, y en 1992 participó del proceso que llevó a la firma de los acuerdos de paz y a la inclusión del FMLN en el sistema político electoral salvadoreño. Handal y los duros dentro del partido han venido sosteniendo un enfrentamiento interno con las líneas renovadoras a lo largo de los últimos años. La derrota electoral de Facundo Guardado –exponente de la renovación efemelenista– en las elecciones presidenciales pasadas, fortaleció a los ortodoxos al tiempo que inició el tránsito de los líderes descontentos hacia opciones que se definen de centro, y que hoy no logran quebrar la polarización entre los dos principales partidos.
Contra la mayoría de los pronósticos, Handal ha mantenido hasta ahora la disciplina estratégica que le recomiendan sus asesores con el objetivo de suavizar su imagen negativa y presentarse como un candidato que con los años se ha vuelto moderado. Pero la transformación no resulta fácil, y la campaña arenera ha sabido instalar con éxito la discusión ideológica en el centro del escenario. A más de doce años de firmada la paz, el miedo de los salvadoreños a volver al pasado ha vuelto a ser hoy un issue de campaña.
A pesar de las repetidas muestras de buena voluntad hacia los Estados Unidos, la afinidad del candidato de izquierda con el modelo cubano, su discurso encendido en contra de la política económica impulsada por ARENA, y algunas de sus declaraciones –“si gano la presidencia voy a restablecer lazos con Cuba, con Vietnam y con la China Popular”– no hacen más que sembrar dudas acerca de sus verdaderas intenciones. El descontento invade incluso a los grupos que tradicionalmente han apoyado a este partido, quienes argumentan con razón que entre el cambio y el candidato, el FMLN escogió el candidato.
CENTRO, ¿QUÉ CENTRO?
Héctor Silva, la tercera figura de peso en estos comicios, forma parte del grupo de emigrados políticos del FMLN. Silva fue dos veces alcalde de San Salvador, y el año pasado desistió de postularse por tercera vez a la contienda municipal para integrar la comisión mediadora en el conflicto de salud entre el gobierno y los trabajadores del Seguro Social. Se trata de una de las figuras políticas con mejor imagen entre los salvadoreños, y muchos coinciden en que otro hubiese sido el destino del FMLN con un candidato presidencial como Silva.
Después de varias idas y venidas, el ex alcalde de la capital decidió finalmente entrar a la carrera electoral como candidato de una coalición de partidos de centro. Si bien las expectativas generadas por su ingreso provocaron efectos inmediatos en su intención de voto, la dinámica polarizadora del proceso jugó luego en contra de su promisorio arranque. Héctor Silva llegó tarde y sin los recursos suficientes para hacerles frente a los dos grandes partidos. Pero todavía hay un elevado porcentaje de votantes que aún no han definido su voto, y que pueden ubicarlo a Silva en una posición interesante de cara a una eventual segunda vuelta.
En todo caso, el 21 de marzo próximo los salvadoreños deberán decidir si se entregan unas semanas más a los colores electorales, o si le otorgan a ARENA la cuarta victoria presidencial consecutiva. Triunfo que encaminaría al partido en el gobierno a un récord de veinte años de permanencia ininterrumpida en el poder.
El paisaje salvadoreño convive por estos días de manera casi desmedida con los colores rojo, azul y blanco. Y no se trata de un dato menor. Cuando falta menos de un mes para los comicios presidenciales previstos para el 21 de marzo próximo, la propaganda electoral de los dos principales partidos políticos parece haber colonizado todos los rincones del país más pequeño de Centroamérica. La polarización entre ARENA–el partido oficialista, con quince años y tres períodos ininterrumpidos de gobierno en su haber– y el FMLN–principal partido opositor– se ha intensificado en los últimos dos meses. La mayoría de las encuestas y proyecciones coinciden en la cada vez más firme probabilidad de una segunda vuelta electoral.
Elías Antonio Saca, el candidato arenero, lidera hoy todos los sondeos publicados con una intención de voto que fluctúa (desde arriba o desde abajo, según la medición) alrededor de la línea del cincuenta por ciento. Sin embargo, la tendencia a partir de enero refleja una leve disminución de la brecha entre ARENA y el FMLN. Los análisis señalan que Saca parecería haber llegado a su techo, mientras que Schafik Handal, el candidato efemelenista, todavía cuenta con un pequeño márgen ascendente, siempre que las terceras opciones y su propia disciplina no le jueguen en contra en la recta final.
Hace menos de un año atrás, pocos hubiesen arriesgado un escenario como el actual. El 16 de marzo de 2003, el FMLN se consagraba como el principal ganador de las elecciones legislativas y municipales de mitad de período. Con este triunfo, el partido de izquierda se posicionaba como la primera minoría en la Asamblea Legislativa, obteniendo 31 escaños sobre un total de 84, y ganaba también las elecciones locales en los principales municipios del país. San Salvador elegía por tercera vez consecutiva a un alcalde efemelenista, consolidándose la ciudad capital como el principal distrito opositor al partido de gobierno.
Los primeros sondeos realizados después de la elección registraban un temprano liderazgo del FMLN en la carrera presidencial. Claro que ARENA todavía no terminaba de procesar su reciente derrota en las urnas, los candidatos presidenciales de los dos principales partidos aún no habían sido elegidos, y el gobierno de Francisco Flores llevaba meses enfrentando una huelga sin precedentes por parte de los médicos y enfermeras del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, con enormes costos para los pacientes y usuarios del sistema de salud pública.
Ahora bien, el principal interrogante que surge al comparar los resultados de marzo del 2003 con las proyecciones previstas para marzo del 2004 es qué fue lo que efectivamente sucedió en estos meses para que la situación se revirtiera casi por completo y aproximadamente la mitad de los salvadoreños se inclinen hoy por un nuevo gobierno arenero. La respuesta es múltiple e involucra a más de un factor, así que vamos por partes.
EL BUEN MOMENTO DEL GOBIERNO
Las encuestas coinciden en que luego de enfrentar un año difícil, Francisco Flores culmina su mandato con un importante nivel de aprobación por parte de la opinión pública. La imagen del gobierno, que comenzó a transitar un camino ascendente luego de las elecciones legislativas y municipales, hoy plantea un dilema para la oposición, ya que el cambio ha dejado de ser prioridad para el electorado salvadoreño y el presidente parece estar transitando una segunda luna de miel mientras prepara la transición y la salida.
El primer respiro lo tuvo el ejecutivo a mediados de junio, con la finalización negociada del conflicto de salud. Después de casi nueve meses de huelga, el presidente Flores y los sindicatos del Seguro Social negociaron el levantamiento del paro y la consecuente normalización de los servicios en los hospitales. El segundo paso importante que dio Flores fue el lanzamiento de una agresiva y cuestionada campaña –conocida como el Plan Mano Dura– para combatir la delincuencia y las pandillas juveniles. Los salvadoreños opinan hoy que la inseguridad en el país ha disminuido, y la percepción que tienen es que el candidato de ARENA es el más capacitado para continuar la lucha iniciada por el actual presidente.
EL PROCESO INTERNO DE ARENA
Después del revés electoral de marzo pasado, el partido de derecha se tomó unos meses para procesar su duelo y reposicionarse de cara a los próximos comicios presidenciales. Tarea nada sencilla, considerando que ARENA enfrenta el desgaste lógico de un partido con una trayectoria de quince años sin alternancia en el poder. El electorado salvadoreño ha castigado a ARENA en las últimas tres elecciones municipales y legislativas –la clase media de la capital y de los principales centros urbanos ha resultado ser el segmento más crítico al proyecto arenero– pero el partido ha demostrado una envidiable habilidad para reponerse de los sucesivos traspiés electorales intermedios y rearmar su aceitada maquinaria al servicio de cada nueva elección.
En esta ocasión, el gran acierto de ARENA fue elegir a su candidato presidencial en primarias cerradas por primera vez en su historia. El partido demostró signos de madurez al abrir el proceso de selección interno a las bases en todo el país, y logró un arranque promisorio de Tony Saca, cuya indiscutida victoria rápidamente lo posicionó como el candidato legítimamente elegido por todos los areneros. “Ustedes han producido al primer candidato que nace de las bases de ARENA”, afirmaba Saca en su discurso de celebración la noche del 13 de julio.
La elección de Saca resultó ser un acierto en dos frentes: el interno y el externo. Las bases areneras se rearmaron entusiasmadas detrás de su candidato, mientras que los salvadoreños vieron con buenos ojos el perfil de hombre común del aspirante presidencial. Con treinta y nueve años recién cumplidos, a Tony Saca le gusta referirse a sí mismo como un ciudadano más, una persona luchadora que debió comenzar desde abajo. Periodista deportivo y más tarde empresario de medios, la popularidad de su figura descansa en el hecho de que es hoy un modelo a seguir para muchos salvadoreños. En un país cuyos habitantes se definen a sí mismos con orgullo como trabajadores, nada mejor que un candidato hecho a su imagen y semejanza.
EL CANDIDATO DEL FMLN
La nominación del candidato efemelenista ha sido para muchos el gran error del partido opositor. Jugada equivocada que hoy amenaza con costarle la elección presidencial. Schafik Handal es uno de los principales exponentes de la facción ortodoxa dentro del FMLN. Líder histórico y uno de los fundadores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, fue comandante general de la organización armada durante la guerra en El Salvador, y en 1992 participó del proceso que llevó a la firma de los acuerdos de paz y a la inclusión del FMLN en el sistema político electoral salvadoreño. Handal y los duros dentro del partido han venido sosteniendo un enfrentamiento interno con las líneas renovadoras a lo largo de los últimos años. La derrota electoral de Facundo Guardado –exponente de la renovación efemelenista– en las elecciones presidenciales pasadas, fortaleció a los ortodoxos al tiempo que inició el tránsito de los líderes descontentos hacia opciones que se definen de centro, y que hoy no logran quebrar la polarización entre los dos principales partidos.
Contra la mayoría de los pronósticos, Handal ha mantenido hasta ahora la disciplina estratégica que le recomiendan sus asesores con el objetivo de suavizar su imagen negativa y presentarse como un candidato que con los años se ha vuelto moderado. Pero la transformación no resulta fácil, y la campaña arenera ha sabido instalar con éxito la discusión ideológica en el centro del escenario. A más de doce años de firmada la paz, el miedo de los salvadoreños a volver al pasado ha vuelto a ser hoy un issue de campaña.
A pesar de las repetidas muestras de buena voluntad hacia los Estados Unidos, la afinidad del candidato de izquierda con el modelo cubano, su discurso encendido en contra de la política económica impulsada por ARENA, y algunas de sus declaraciones –“si gano la presidencia voy a restablecer lazos con Cuba, con Vietnam y con la China Popular”– no hacen más que sembrar dudas acerca de sus verdaderas intenciones. El descontento invade incluso a los grupos que tradicionalmente han apoyado a este partido, quienes argumentan con razón que entre el cambio y el candidato, el FMLN escogió el candidato.
CENTRO, ¿QUÉ CENTRO?
Héctor Silva, la tercera figura de peso en estos comicios, forma parte del grupo de emigrados políticos del FMLN. Silva fue dos veces alcalde de San Salvador, y el año pasado desistió de postularse por tercera vez a la contienda municipal para integrar la comisión mediadora en el conflicto de salud entre el gobierno y los trabajadores del Seguro Social. Se trata de una de las figuras políticas con mejor imagen entre los salvadoreños, y muchos coinciden en que otro hubiese sido el destino del FMLN con un candidato presidencial como Silva.
Después de varias idas y venidas, el ex alcalde de la capital decidió finalmente entrar a la carrera electoral como candidato de una coalición de partidos de centro. Si bien las expectativas generadas por su ingreso provocaron efectos inmediatos en su intención de voto, la dinámica polarizadora del proceso jugó luego en contra de su promisorio arranque. Héctor Silva llegó tarde y sin los recursos suficientes para hacerles frente a los dos grandes partidos. Pero todavía hay un elevado porcentaje de votantes que aún no han definido su voto, y que pueden ubicarlo a Silva en una posición interesante de cara a una eventual segunda vuelta.
En todo caso, el 21 de marzo próximo los salvadoreños deberán decidir si se entregan unas semanas más a los colores electorales, o si le otorgan a ARENA la cuarta victoria presidencial consecutiva. Triunfo que encaminaría al partido en el gobierno a un récord de veinte años de permanencia ininterrumpida en el poder.
