27.01.04PARAGUAY Y LA ILUSIÓN DEL MERCOSUR
Por Porfirio Cristaldo Ayala
Paraguay no tiene futuro en el Mercosur. Ingresar al mismo fue un error. La obtención de beneficios especiales en el régimen de origen y aranceles externos más bajos por diez años, que consiguió Paraguay en la cumbre de Montevideo, Uruguay, como país de menor desarrollo, no acabará las desigualdades y desventajas frente a los demás miembros del bloque. Lo único que puede lograrlo es el libre comercio.
El Paraguay necesita del inmenso mercado del Brasil y la Argentina, de cerca de 200 millones de habitantes. Su reducido mercado interno frena su crecimiento. El país debe crecer hacia fuera, mediante las exportaciones. La ventaja de acceder al inmenso mercado de Brasil y Argentina, sin embargo, ha sido al precio de perder su soberanía sobre los aranceles externos o impuestos a la importación con terceros países.
El Mercosur no es un tratado de libre comercio (TLC), como el NAFTA, entre México, Canadá y Estados Unidos, o como pretende ser el ALCA, en todo el continente. Los TLC establecen el libre flujo de bienes y servicios entre los países miembros, pero dejando a los mismos negociar libremente con terceros países sus propios acuerdos comerciales. México puede tener un TLC con Japón, sin afectar su relación en el NAFTA. Chile tiene un TLC con Estados Unidos y la Unión Europea.
En el Mercosur eso no es posible. La unión aduanera obliga a sus miembros a aplicar el mismo impuesto o arancel externo común (AEC) a los bienes importados de extrazona o países fuera del bloque. El mercado común establece el flujo de mercaderías libre de aranceles, pero no permite a sus miembros adoptar una política comercial independiente con terceros países.
Por eso Chile y Bolivia no son miembros plenos del Mercosur. Chile tiene un comercio exterior muy libre y su prosperidad depende de ello. Sus aranceles son muy bajos, del orden del 6%, y pretende reducirlos a cero. Para ingresar al Mercosur tendría que abandonar el libre comercio y aceptar el elevado arancel externo común, AEC, que establecen Brasil y Argentina, de acuerdo a sus intereses.
Por la misma razón Paraguay no debería ser miembro pleno del Mercosur, sino país asociado como Bolivia, Chile y Perú. Paraguay antes del Mercosur tenía un comercio más libre que en el presente. El Mercosur le obligó a elevar sus aranceles hasta el nivel deseado por Brasil y Argentina. En cambio, estos países, ya industrializados y proteccionistas, debieron bajar sus elevados aranceles hasta el AEC vigente.
Pero la situación de Paraguay es enteramente diferente al Brasil, Argentina y Uruguay. Es un país agrícola, no industrializado y sin litoral marítimo. Para industrializarse Paraguay debe importar bienes de capital, y para competir en el Mercosur, debe importarlo de terceros países, con tecnologías más avanzadas. Pero la falta de litoral marítimo le significa elevados costos de transporte fluvial y terrestre, costos que sus vecinos no tienen.
Los altos fletes que enfrenta Paraguay en su comercio exterior tienen el mismo efecto que los impuestos y aranceles que los países imponen a la importación y exportación de sus productos. La importación de bienes de extrazona se encarecen tanto por el AEC como por los fletes marítimo, fluvial o terrestre, incluyendo los obstáculos para el paso por la Argentina y Brasil hasta los puertos marítimos.
Por no tener costas sobre el mar, la importación desde maquinarias hasta petróleo provenientes de terceros países le cuestan a Paraguay el AEC obligatorio, el flete marítimo, más el alto costo del transporte fluvial o terrestre. Las mismas maquinarias y combustibles le cuestan al Brasil, Argentina y Uruguay solo el AEC y el flete marítimo.
¿Cómo competirá Paraguay si su comercio exterior tiene costos más elevados? Una posibilidad es que le permitan aplicar un AEC menor, como se decidió en la cumbre de Montevideo, para algunos bienes y durante diez años. Otra es compensar los mayores costos del transporte, bajando al mínimo los impuestos internos que pesan sobre la producción.
Muy pronto, sin embargo, el Mercosur buscará uniformar sus impuestos internos y acabará la competencia tributaria. Paraguay no tendrá entonces otra alternativa que dejar el Mercosur y abrazar el libre comercio. En lugar de esperar lo inevitable, el país debería negociar un TLC con Estados Unidos y el resto del mundo, como lo están haciendo otros países, incluso más pequeños.
Paraguay no tiene futuro en el Mercosur. Ingresar al mismo fue un error. La obtención de beneficios especiales en el régimen de origen y aranceles externos más bajos por diez años, que consiguió Paraguay en la cumbre de Montevideo, Uruguay, como país de menor desarrollo, no acabará las desigualdades y desventajas frente a los demás miembros del bloque. Lo único que puede lograrlo es el libre comercio.
El Paraguay necesita del inmenso mercado del Brasil y la Argentina, de cerca de 200 millones de habitantes. Su reducido mercado interno frena su crecimiento. El país debe crecer hacia fuera, mediante las exportaciones. La ventaja de acceder al inmenso mercado de Brasil y Argentina, sin embargo, ha sido al precio de perder su soberanía sobre los aranceles externos o impuestos a la importación con terceros países.
El Mercosur no es un tratado de libre comercio (TLC), como el NAFTA, entre México, Canadá y Estados Unidos, o como pretende ser el ALCA, en todo el continente. Los TLC establecen el libre flujo de bienes y servicios entre los países miembros, pero dejando a los mismos negociar libremente con terceros países sus propios acuerdos comerciales. México puede tener un TLC con Japón, sin afectar su relación en el NAFTA. Chile tiene un TLC con Estados Unidos y la Unión Europea.
En el Mercosur eso no es posible. La unión aduanera obliga a sus miembros a aplicar el mismo impuesto o arancel externo común (AEC) a los bienes importados de extrazona o países fuera del bloque. El mercado común establece el flujo de mercaderías libre de aranceles, pero no permite a sus miembros adoptar una política comercial independiente con terceros países.
Por eso Chile y Bolivia no son miembros plenos del Mercosur. Chile tiene un comercio exterior muy libre y su prosperidad depende de ello. Sus aranceles son muy bajos, del orden del 6%, y pretende reducirlos a cero. Para ingresar al Mercosur tendría que abandonar el libre comercio y aceptar el elevado arancel externo común, AEC, que establecen Brasil y Argentina, de acuerdo a sus intereses.
Por la misma razón Paraguay no debería ser miembro pleno del Mercosur, sino país asociado como Bolivia, Chile y Perú. Paraguay antes del Mercosur tenía un comercio más libre que en el presente. El Mercosur le obligó a elevar sus aranceles hasta el nivel deseado por Brasil y Argentina. En cambio, estos países, ya industrializados y proteccionistas, debieron bajar sus elevados aranceles hasta el AEC vigente.
Pero la situación de Paraguay es enteramente diferente al Brasil, Argentina y Uruguay. Es un país agrícola, no industrializado y sin litoral marítimo. Para industrializarse Paraguay debe importar bienes de capital, y para competir en el Mercosur, debe importarlo de terceros países, con tecnologías más avanzadas. Pero la falta de litoral marítimo le significa elevados costos de transporte fluvial y terrestre, costos que sus vecinos no tienen.
Los altos fletes que enfrenta Paraguay en su comercio exterior tienen el mismo efecto que los impuestos y aranceles que los países imponen a la importación y exportación de sus productos. La importación de bienes de extrazona se encarecen tanto por el AEC como por los fletes marítimo, fluvial o terrestre, incluyendo los obstáculos para el paso por la Argentina y Brasil hasta los puertos marítimos.
Por no tener costas sobre el mar, la importación desde maquinarias hasta petróleo provenientes de terceros países le cuestan a Paraguay el AEC obligatorio, el flete marítimo, más el alto costo del transporte fluvial o terrestre. Las mismas maquinarias y combustibles le cuestan al Brasil, Argentina y Uruguay solo el AEC y el flete marítimo.
¿Cómo competirá Paraguay si su comercio exterior tiene costos más elevados? Una posibilidad es que le permitan aplicar un AEC menor, como se decidió en la cumbre de Montevideo, para algunos bienes y durante diez años. Otra es compensar los mayores costos del transporte, bajando al mínimo los impuestos internos que pesan sobre la producción.
Muy pronto, sin embargo, el Mercosur buscará uniformar sus impuestos internos y acabará la competencia tributaria. Paraguay no tendrá entonces otra alternativa que dejar el Mercosur y abrazar el libre comercio. En lugar de esperar lo inevitable, el país debería negociar un TLC con Estados Unidos y el resto del mundo, como lo están haciendo otros países, incluso más pequeños.
