11.01.04NACIONALISMO, ESTATISMO Y DEMAGOGIA EN LATINOAMÉRICA
Efectivamente, durante el 2003 hemos visto el afianzamiento de figuras "robinhoodianas" que acusan al "liberalismo salvaje" impuesto por EEUU de todos los males que nos acosan. La lista es conocida, pero, sin duda, es encabezada por Hugo Chávez y Evo Morales.Por Angel Soto
La prestigiosa revista Perfiles Liberales ha advertido que para quienes creemos en la supremacía del individuo por encima del colectivismo, el escenario latinoamericano es cada vez más preocupante. Efectivamente, durante el 2003 hemos visto el afianzamiento de figuras "robinhoodianas" que acusan al "liberalismo salvaje" impuesto por EEUU de todos los males que nos acosan. La lista es conocida, pero, sin duda, es encabezada por Hugo Chávez y Evo Morales, a quienes se acaba de sumar un nuevo integrante, el peruano Antauro Humala.
En los tres, el discurso es demagógicamente el mismo: el neoliberalismo atenta contra la soberanía, el desarrollo sustentable, la identidad de los pueblos, las conquistas sociales y los derechos humanos, agudizando cada vez más la pobreza. Una clara reedición del "populismo mágico" de antaño, que al mismo tiempo pone en peligro la democracia.
En ese sentido, Chávez no sólo ha de preocuparnos por sus declaraciones sobre la política exterior chilena y nuestro modelo de desarrollo, sino también por la situación interna que tiene a Venezuela bajo una verdadera dictadura. Su amigo Morales persiste en desestabilizar Bolivia alimentando los odios raciales y sociales a fin de conformar un movimiento social que lo lleve al poder, aunque eso signifique atentar contra la democracia. Cuestión que también causa simpatía en Perú, donde Toledo tiene el 10,3% de popularidad, la más baja desde que asumió el poder el 2001, y donde Antauro Humala, cabecilla del neoestatismo peruano, ha reconocido que sus referentes son el líder boliviano y el "mítico" subcomandante Marcos de México, y a quien -según declaró en La Tercera el 14 de diciembre pasado- evidentemente tampoco le importa respetar la democracia, ya que su movimiento no descarta la movilización social como una forma de alcanzar la presidencia, costumbre que, al parecer, se ha puesto de moda tras los sucesos ocurridos al otro lado de los Andes.
El asunto no pasaría de ser una más de las tantas "excentricidades" de la política latinoamericana si no fuera porque, más allá del éxito editorial que tiene el tabloide quincenal Ollanta, que vende unos 140.000 ejemplares en Perú, Ecuador y Bolivia, el verdadero líder del ultranacionalismo peruano es Ollanta Humala, hermano de Antauro y actualmente agregado militar de Perú en Francia. Detalle que no es menor, pues quienes nos dedicamos a la historia latinoamericana sabemos -como se ha encargado de recordar Enrique Ghersi- que los últimos tres dictadores militares en Perú ocuparon el mismo cargo: Oscar Benavides, Luis Sánchez Cerro y Juan Velasco Alvarado. ¿Será un requisito previo?
Por estos días, no sin sorpresa he notado la indiferencia de la opinión pública chilena frente al tema. Quizás porque estamos más preocupados de hacer las compras de fin de año que de los asuntos exteriores, la verdad es que nunca nos ha importado demasiado lo que pasa más allá de las fronteras y que no sea Europa o Estados Unidos, al tiempo que nos creemos invulnerables y sólo nos hemos reído bastante con el deseo de Chávez de bañarse en playas bolivianas. Claro, como somos "capitalistas salvajes entregados al mercado", más de alguno le ha ofrecido construirle una en el propio centro de Caracas. A Evo Morales lo menospreciamos, le decimos despectivamente "cocalero", pero no hemos dimensionado el verdadero éxito internacional que está teniendo su campaña de reivindicación territorial, que ya suma como aliados a Kofi Annan, Lula y Jimmy Carter; en tanto que Humala -en este mismo diario- declaró: "Si yo voy a Arica, voy en un tanque".
Es cierto, no hay que ser alarmista, y en el futuro inmediato las posibilidades de un conflicto bélico en la región son mínimas, pero la permanente hostilidad hacia Chile afecta nuestra imagen. Basta revisar la prensa internacional para darse cuenta cómo se recuerda que Perú fue el aliado de Bolivia en una guerra del Pacífico que tuvo su origen en un problema económico; claro está que, como en tantas otras oportunidades, es evidente que ambos -Perú y Bolivia- nuevamente agitan su antichilenismo para contener sus propios problemas internos. Quizás es demasiado pronto para medir la simpatía al movimiento de Humala antes de las elecciones del 2006, pero en Bolivia, Morales está conformando un movimiento amplio que lo puede llevar al Palacio Quemado, aunque eso no augura una estabilidad en un futuro gobierno.
Roberto Ampuero se preguntaba recientemente: ¿Por qué en lugar de fomentar esas odiosidades no se dedican a atraer a inversionistas chilenos para aprovechar su know-how? ¿Por qué no envían a sus hijos a estudiar en nuestras universidades para que conozcan las iniciativas económicas que aquí han fructificado?
La respuesta es clara: por la enquistada mentalidad "antiliberal" que agobia cada día más a Latinoamérica y que encuentra su raíz en la absurda lucha de clases propugnada por el socialismo y el nacionalismo estatista.
Angel Soto, Ph.D., es profesor Facultad de Comunicación, Universidad de los Andes.
Este artículo fue originalmente publicado el miércoles 24 de diciembre de 2003 en el diario La Tercera (Chile
La prestigiosa revista Perfiles Liberales ha advertido que para quienes creemos en la supremacía del individuo por encima del colectivismo, el escenario latinoamericano es cada vez más preocupante. Efectivamente, durante el 2003 hemos visto el afianzamiento de figuras "robinhoodianas" que acusan al "liberalismo salvaje" impuesto por EEUU de todos los males que nos acosan. La lista es conocida, pero, sin duda, es encabezada por Hugo Chávez y Evo Morales, a quienes se acaba de sumar un nuevo integrante, el peruano Antauro Humala.
En los tres, el discurso es demagógicamente el mismo: el neoliberalismo atenta contra la soberanía, el desarrollo sustentable, la identidad de los pueblos, las conquistas sociales y los derechos humanos, agudizando cada vez más la pobreza. Una clara reedición del "populismo mágico" de antaño, que al mismo tiempo pone en peligro la democracia.
En ese sentido, Chávez no sólo ha de preocuparnos por sus declaraciones sobre la política exterior chilena y nuestro modelo de desarrollo, sino también por la situación interna que tiene a Venezuela bajo una verdadera dictadura. Su amigo Morales persiste en desestabilizar Bolivia alimentando los odios raciales y sociales a fin de conformar un movimiento social que lo lleve al poder, aunque eso signifique atentar contra la democracia. Cuestión que también causa simpatía en Perú, donde Toledo tiene el 10,3% de popularidad, la más baja desde que asumió el poder el 2001, y donde Antauro Humala, cabecilla del neoestatismo peruano, ha reconocido que sus referentes son el líder boliviano y el "mítico" subcomandante Marcos de México, y a quien -según declaró en La Tercera el 14 de diciembre pasado- evidentemente tampoco le importa respetar la democracia, ya que su movimiento no descarta la movilización social como una forma de alcanzar la presidencia, costumbre que, al parecer, se ha puesto de moda tras los sucesos ocurridos al otro lado de los Andes.
El asunto no pasaría de ser una más de las tantas "excentricidades" de la política latinoamericana si no fuera porque, más allá del éxito editorial que tiene el tabloide quincenal Ollanta, que vende unos 140.000 ejemplares en Perú, Ecuador y Bolivia, el verdadero líder del ultranacionalismo peruano es Ollanta Humala, hermano de Antauro y actualmente agregado militar de Perú en Francia. Detalle que no es menor, pues quienes nos dedicamos a la historia latinoamericana sabemos -como se ha encargado de recordar Enrique Ghersi- que los últimos tres dictadores militares en Perú ocuparon el mismo cargo: Oscar Benavides, Luis Sánchez Cerro y Juan Velasco Alvarado. ¿Será un requisito previo?
Por estos días, no sin sorpresa he notado la indiferencia de la opinión pública chilena frente al tema. Quizás porque estamos más preocupados de hacer las compras de fin de año que de los asuntos exteriores, la verdad es que nunca nos ha importado demasiado lo que pasa más allá de las fronteras y que no sea Europa o Estados Unidos, al tiempo que nos creemos invulnerables y sólo nos hemos reído bastante con el deseo de Chávez de bañarse en playas bolivianas. Claro, como somos "capitalistas salvajes entregados al mercado", más de alguno le ha ofrecido construirle una en el propio centro de Caracas. A Evo Morales lo menospreciamos, le decimos despectivamente "cocalero", pero no hemos dimensionado el verdadero éxito internacional que está teniendo su campaña de reivindicación territorial, que ya suma como aliados a Kofi Annan, Lula y Jimmy Carter; en tanto que Humala -en este mismo diario- declaró: "Si yo voy a Arica, voy en un tanque".
Es cierto, no hay que ser alarmista, y en el futuro inmediato las posibilidades de un conflicto bélico en la región son mínimas, pero la permanente hostilidad hacia Chile afecta nuestra imagen. Basta revisar la prensa internacional para darse cuenta cómo se recuerda que Perú fue el aliado de Bolivia en una guerra del Pacífico que tuvo su origen en un problema económico; claro está que, como en tantas otras oportunidades, es evidente que ambos -Perú y Bolivia- nuevamente agitan su antichilenismo para contener sus propios problemas internos. Quizás es demasiado pronto para medir la simpatía al movimiento de Humala antes de las elecciones del 2006, pero en Bolivia, Morales está conformando un movimiento amplio que lo puede llevar al Palacio Quemado, aunque eso no augura una estabilidad en un futuro gobierno.
Roberto Ampuero se preguntaba recientemente: ¿Por qué en lugar de fomentar esas odiosidades no se dedican a atraer a inversionistas chilenos para aprovechar su know-how? ¿Por qué no envían a sus hijos a estudiar en nuestras universidades para que conozcan las iniciativas económicas que aquí han fructificado?
La respuesta es clara: por la enquistada mentalidad "antiliberal" que agobia cada día más a Latinoamérica y que encuentra su raíz en la absurda lucha de clases propugnada por el socialismo y el nacionalismo estatista.
Angel Soto, Ph.D., es profesor Facultad de Comunicación, Universidad de los Andes.
Este artículo fue originalmente publicado el miércoles 24 de diciembre de 2003 en el diario La Tercera (Chile
