08.01.04LOS PIQUETEROS: POR QUIENES DOBLAN LAS CAMPANAS
La agitación producida por la crisis económica y política exacerbó los postergados problemas sociales y la sociedad argentina sigue en pugna. La burbuja de la década del 90 se reventó, dejando el piso muy resbaladizo para que muchos caigan en la pobreza y la desocupación. Este malestar social ha cobrado forma en organizaciones denominadas piqueteras. De todas formas, cabe añadir que el piquete como forma de protesta social ha existido en Argentina desde hace mucho tiempo; lo que llama la atención es que en cien años poco ha cambiado.
Por Magdalena Irigaray
La agitación producida por la crisis económica y política exacerbó los postergados problemas sociales y la sociedad argentina sigue en pugna. Durante los diez años de mandato del ex presidente Carlos Saúl Menem, muchos disfrutaron de la aparente estabilidad que daba la ecuación 1 peso=1 U$S, mientras que otros sectores continuaron su descenso. La burbuja de la década del 90 se reventó, dejando el piso muy resbaladizo para que muchos caigan en la pobreza y la desocupación.
Lamentablemente, Argentina siempre ha carecido de una verdadera conducción de gobierno. El país, y consecuentemente su gente, han sufrido el oportunismo, la falta de visión, la corrupción, los excesos y los desatinos. Los últimos cincuenta años han sido un hacedero de crisis, pobreza y malestar social. Este malestar social ha cobrado forma en organizaciones denominadas Piqueteras. Cabe añadir que el piquete como forma de protesta social ha existido en Argentina desde hace mucho tiempo. Lo que llama la atención es que en cien años poco ha cambiado.
Los grupos piqueteros son una cruel llamada de atención de una parte de la población que ha sido desatendida por décadas. Sus reclamos brotan desde el pueblo que no tiene para alimentarse, vestirse, educarse, etc. Estos grupos han surgido en momentos de mucha necesidad y desesperanza y, de a poco, van cobrando legitimidad ante el resto de la sociedad. Los piqueteros tienen una base de organización de asambleas comunitarias. Sus miembros se reúnen una vez por semana y todas las decisiones son a través del voto. Algunas organizaciones sostienen comedores escolares, guarderías y proveen servicios básicos en comunidades extremadamente pobres y/o aisladas. De 10 centros piqueteros, 8 han sido formados por mujeres. Ellas son muy importantes en sus comunidades, y pueden cocinar para un piquete como también marchar con un palo en la mano. Los centros piqueteros por lo general exigen una contribución de $5 a $10 por miembro, lo cual se utiliza para cubrir gastos de organización, incluyendo pagarles la cuenta del teléfono celular a sus dirigentes.
Son varias las organizaciones piqueteras y sus bases de poder difieren en variante ideológica y planes de acción. Sus dirigentes provienen de los partidos de izquierda, de la militancia sindical y del Partido Justicialista. Los principales actores son: (1) CTA – Corriente Clasista Combativa, (2) Bloque Piquetero y (3) Aníbal Verón.
(1) La CTA esta dirigida por Luis D’Elia y Juan Carlos Alderete. Este grupo es el más cercano al diálogo con el gobierno de Kirchner. Se estima que ésta organización cuenta con 130 mil miembros. Su perfil político destaca la ocupación de cargos políticos y buscan alianzas con la clase media y sindicatos combativos. Su plan de acción incluye piquetes parciales. Por lo general, dejan paso en los cortes de calles o rutas para no enfrentarse a la clase media.
(2) El Bloque Piquetero es liderado por Néstor Pitrola (Polo Obrero) y Roberto Martino (Movimiento Teresa Rodríguez). Cuentan con aproximadamente 35 mil miembros y están divididos en su política de acercamiento al diálogo con el gobierno. El Polo Obrero esta dispuesto a participar en elecciones, mientras que el grupo Teresa Rodríguez toma una posición intransigente en cuanto a obtener legitimidad política. Los piquetes realizados por este bloque son totales, no dejan pasar a nadie. Reciben apoyo de otras dos organizaciones: el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, y Barrios de Pie.
(3) El Aníbal Verón es el más radicalizado de estos movimientos. Juan Cruz Dalfunchino (Movimiento de Trabajadores Desocupados) y Nicolás Lista (Coordinadora de Trabajadores Desocupados) encabezan esta organización. Su posición es totalmente antisistema. Se niegan a participar legítimamente en elecciones. Buscan alianzas con otros sectores, aspirando a una revolución popular a largo plazo. Los piquetes realizados por este grupo son totales y generalmente los más duros. Ocasionalmente, y últimamente cada vez más, se han enfrentado con las fuerzas policiales, ocasionando heridos y muertos.
Se observa que poco a poco el movimiento piquetero se organiza, se institucionaliza como opción de protesta y en algunos casos, de violencia. El gobierno de Kirchner ha tenido paciencia con los piqueteros y ha prometido no recurrir a la represión (como en muchas otras ocasiones de la historia argentina) para solucionar el problema. Básicamente se convierte en un problema de disensión en un incipiente sistema democrático. Unos de los interrogantes más grandes reside en como el gobierno y la sociedad en general reaccionarán si los piquetes continúan indefinidamente. ¿Qué pasa si no se llega a un acuerdo? ¿Cómo balancear el derecho a expresarse en una sociedad democrática y el infringir el derecho de seguridad de los otros al producirse hechos violentos?
El presidente Kirchner ha declarado que está cansado de intentar negociar racionalmente con estos grupos y los ha tratado de deslegitimar y desvalorizar públicamente. Se ha comprometido a no reprimir porque “nunca los palos trajeron ningún tipo de soluciones al país, sino dolores”, expresó a mediados de diciembre de 2003. Agregó que la “salida no pasa por enfrentarnos unos con otros, sino por lograr un marco conjunto y solidario para salir de la profunda crisis.” Las intenciones son buenas, pero poco creativas. Los piqueteros, hasta los más realistas y dialoguistas, son reticentes a negociar. Lo que ellos hacen es ejercitar su derecho a disentir y reclamar cosas realmente justas: trabajo, educación, salud, seguridad. Lo negativo de los piqueteros -aparte de la violencia- es que al institucionalizarse, sus dirigentes se convierten en un político más, otro lobo entre las ovejas.
Para el resto de la sociedad, se trata de una disyuntiva el estilo River-Boca. Hay quienes añoran épocas pasadas y hablan de revolución y compañeros sin darse cuenta que la revolución no existió y que compañeros nunca han sido. Y luego están los otros, apáticos frente a esta realidad, completamente ajenos a la necesidad de mantener una sociedad civil fuerte. Al no demandar un cambio de actitud, una reversión del asistencialismo perverso y un corte del círculo vicioso de dependencia, la apatía seguirá reinando y la democracia se irá debilitando.
El gobierno, en su tarea de generador y administrador de recursos, podría empezar a priorizar la tremenda carencia social y parar de dar, para empezar a generar ya que las organizaciones piqueteras reciben cerca de 20 millones de pesos anuales del Gobierno en planes de asistencia social. Promover políticas públicas que sean acordes con las necesidades sociales y generar un cambio general a este sistema parchado y maltrecho
*Magdalena Irigaray es Bachelor of Arts, International Studies, Mayo 2003, Universidad de Wisconsin-Milwaukee, Milwaukee, WI, USA.
La agitación producida por la crisis económica y política exacerbó los postergados problemas sociales y la sociedad argentina sigue en pugna. Durante los diez años de mandato del ex presidente Carlos Saúl Menem, muchos disfrutaron de la aparente estabilidad que daba la ecuación 1 peso=1 U$S, mientras que otros sectores continuaron su descenso. La burbuja de la década del 90 se reventó, dejando el piso muy resbaladizo para que muchos caigan en la pobreza y la desocupación.
Lamentablemente, Argentina siempre ha carecido de una verdadera conducción de gobierno. El país, y consecuentemente su gente, han sufrido el oportunismo, la falta de visión, la corrupción, los excesos y los desatinos. Los últimos cincuenta años han sido un hacedero de crisis, pobreza y malestar social. Este malestar social ha cobrado forma en organizaciones denominadas Piqueteras. Cabe añadir que el piquete como forma de protesta social ha existido en Argentina desde hace mucho tiempo. Lo que llama la atención es que en cien años poco ha cambiado.
Los grupos piqueteros son una cruel llamada de atención de una parte de la población que ha sido desatendida por décadas. Sus reclamos brotan desde el pueblo que no tiene para alimentarse, vestirse, educarse, etc. Estos grupos han surgido en momentos de mucha necesidad y desesperanza y, de a poco, van cobrando legitimidad ante el resto de la sociedad. Los piqueteros tienen una base de organización de asambleas comunitarias. Sus miembros se reúnen una vez por semana y todas las decisiones son a través del voto. Algunas organizaciones sostienen comedores escolares, guarderías y proveen servicios básicos en comunidades extremadamente pobres y/o aisladas. De 10 centros piqueteros, 8 han sido formados por mujeres. Ellas son muy importantes en sus comunidades, y pueden cocinar para un piquete como también marchar con un palo en la mano. Los centros piqueteros por lo general exigen una contribución de $5 a $10 por miembro, lo cual se utiliza para cubrir gastos de organización, incluyendo pagarles la cuenta del teléfono celular a sus dirigentes.
Son varias las organizaciones piqueteras y sus bases de poder difieren en variante ideológica y planes de acción. Sus dirigentes provienen de los partidos de izquierda, de la militancia sindical y del Partido Justicialista. Los principales actores son: (1) CTA – Corriente Clasista Combativa, (2) Bloque Piquetero y (3) Aníbal Verón.
(1) La CTA esta dirigida por Luis D’Elia y Juan Carlos Alderete. Este grupo es el más cercano al diálogo con el gobierno de Kirchner. Se estima que ésta organización cuenta con 130 mil miembros. Su perfil político destaca la ocupación de cargos políticos y buscan alianzas con la clase media y sindicatos combativos. Su plan de acción incluye piquetes parciales. Por lo general, dejan paso en los cortes de calles o rutas para no enfrentarse a la clase media.
(2) El Bloque Piquetero es liderado por Néstor Pitrola (Polo Obrero) y Roberto Martino (Movimiento Teresa Rodríguez). Cuentan con aproximadamente 35 mil miembros y están divididos en su política de acercamiento al diálogo con el gobierno. El Polo Obrero esta dispuesto a participar en elecciones, mientras que el grupo Teresa Rodríguez toma una posición intransigente en cuanto a obtener legitimidad política. Los piquetes realizados por este bloque son totales, no dejan pasar a nadie. Reciben apoyo de otras dos organizaciones: el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, y Barrios de Pie.
(3) El Aníbal Verón es el más radicalizado de estos movimientos. Juan Cruz Dalfunchino (Movimiento de Trabajadores Desocupados) y Nicolás Lista (Coordinadora de Trabajadores Desocupados) encabezan esta organización. Su posición es totalmente antisistema. Se niegan a participar legítimamente en elecciones. Buscan alianzas con otros sectores, aspirando a una revolución popular a largo plazo. Los piquetes realizados por este grupo son totales y generalmente los más duros. Ocasionalmente, y últimamente cada vez más, se han enfrentado con las fuerzas policiales, ocasionando heridos y muertos.
Se observa que poco a poco el movimiento piquetero se organiza, se institucionaliza como opción de protesta y en algunos casos, de violencia. El gobierno de Kirchner ha tenido paciencia con los piqueteros y ha prometido no recurrir a la represión (como en muchas otras ocasiones de la historia argentina) para solucionar el problema. Básicamente se convierte en un problema de disensión en un incipiente sistema democrático. Unos de los interrogantes más grandes reside en como el gobierno y la sociedad en general reaccionarán si los piquetes continúan indefinidamente. ¿Qué pasa si no se llega a un acuerdo? ¿Cómo balancear el derecho a expresarse en una sociedad democrática y el infringir el derecho de seguridad de los otros al producirse hechos violentos?
El presidente Kirchner ha declarado que está cansado de intentar negociar racionalmente con estos grupos y los ha tratado de deslegitimar y desvalorizar públicamente. Se ha comprometido a no reprimir porque “nunca los palos trajeron ningún tipo de soluciones al país, sino dolores”, expresó a mediados de diciembre de 2003. Agregó que la “salida no pasa por enfrentarnos unos con otros, sino por lograr un marco conjunto y solidario para salir de la profunda crisis.” Las intenciones son buenas, pero poco creativas. Los piqueteros, hasta los más realistas y dialoguistas, son reticentes a negociar. Lo que ellos hacen es ejercitar su derecho a disentir y reclamar cosas realmente justas: trabajo, educación, salud, seguridad. Lo negativo de los piqueteros -aparte de la violencia- es que al institucionalizarse, sus dirigentes se convierten en un político más, otro lobo entre las ovejas.
Para el resto de la sociedad, se trata de una disyuntiva el estilo River-Boca. Hay quienes añoran épocas pasadas y hablan de revolución y compañeros sin darse cuenta que la revolución no existió y que compañeros nunca han sido. Y luego están los otros, apáticos frente a esta realidad, completamente ajenos a la necesidad de mantener una sociedad civil fuerte. Al no demandar un cambio de actitud, una reversión del asistencialismo perverso y un corte del círculo vicioso de dependencia, la apatía seguirá reinando y la democracia se irá debilitando.
El gobierno, en su tarea de generador y administrador de recursos, podría empezar a priorizar la tremenda carencia social y parar de dar, para empezar a generar ya que las organizaciones piqueteras reciben cerca de 20 millones de pesos anuales del Gobierno en planes de asistencia social. Promover políticas públicas que sean acordes con las necesidades sociales y generar un cambio general a este sistema parchado y maltrecho
*Magdalena Irigaray es Bachelor of Arts, International Studies, Mayo 2003, Universidad de Wisconsin-Milwaukee, Milwaukee, WI, USA.
