LA COOPERACION PARA LA DEMOCRACIA DESTINADA A CASTRO NO FUNCIONA
Por Erik Jennische y Fredrik Malm
Del 16 al 19 de enero, la Corriente Socialista Democrática de Cuba (CSDC), un partido socialdemócrata en Cuba, debería celebrar su primer congreso. Cuarenta representantes de diferentes distritos, veinte delegados de otras organizaciones democráticas del interior de la isla y diez comisionados de partidos socialdemócratas de otras partes del mundo, deberían reunirse en la provincia de Pinar del Río para discutir una nueva política de izquierda hacia Cuba.
Sin embargo semana antes del congreso la policía política cubana comunicó que no aceptaría reunión alguna que acogiese a más de diez personas, o que durase más de un día. Con ello las premisas para realizar la reunión, sin arriesgar la seguridad de los participantes, desaparecían. La CSDC informó por ende que el congreso se suspendía.
La CSDC fue fundada hace diez años atrás, siendo hoy junto con uno de los partidos hermanos en Cuba del Partido Liberal Sueco, el Partido Solidaridad Democrática, (PSD, liberal), una de las fuerzas más importantes en el cada vez más pujante movimiento democrático. La razón por la cual la CSDC decidió realizar su asamblea ahora, descansa en que el PSD logró celebrar su primer congreso nacional en julio del 2001, con unos 40 representantes y muchos huéspedes, entre ellos tres del Partido Liberal Sueco.
Los últimos años las organizaciones que trabajar por la democracia y los derechos humanos se han fortalecido y estructurado. Este desarrollo es una premisa para que los cubanos mismos puedan crear su propio futuro, algo que el régimen de La Habana obstaculiza por todos los medios posibles. Este último ha incrementado por ejemplo la represión contra los activistas pro democracia. Vladimiro Roca, líder del otro partido socialdemócrata de Cubaestá encarcelado, entre otros, desde julio de 1997.
Sin embargo mientras el movimiento democrático busca reconocimiento internacional y apoyo a su labor, la cooperación sueca con Cuba continúa su antiguo curso. Anna Lindh, [Ministro de Relaciones Exteriores], ha hecho muchas meritorias declaraciones los últimos años, pero la política de cooperación da todavía por sentado que es desde dentro del régimen que los cambios comenzarán. Esto implica por su parte que sea a proyectos dentro del régimen y a organizaciones oficiosas a los que la cooperación finalmente va a parar.
¿Pero para qué invertir el poco dinero destinado a la cooperación para la democracia en Cuba - entre 10 y 12 millones de coronas suecas al año-- un régimen que durante más de 40 años ha mostrado que no quiere democracia? Como es sabido, hay miles de cubanos que a través de su membresía en organizaciones han tomado activamente posición mostrando su apoyo al proyecto de democratización. ¿No es entonces a ellos en primer lugar a quiénes debemos respaldar?
Suecia tiene un nuevo ministro de cooperación. La cuestión es si Jan O. Karlsson se atreve a reconsiderar la antigua cooperación y posicionarse ante todo al lado de los demócratas. Sin éstos se sabe que nunca habrá democracia en Cuba. 40 años de expectativas incumplidas por parte de Castro deberían ser suficientes para una revalorización.
Erik Jennische, Swedish International Liberal Center, SILC Fredrik Malm, vice presidente de la Asociación de Jóvenes Liberales.
Nota del traductor: El artículo anterior fue publicado en la página de debate del diario Västerbottens Kuriren, del norte de Suecia, el 1ro de febrero de 2002. Dicho diario tiene una edición de alrededor de 50 mil ejemplares al día. Erik Jennische (erik.jennische@liberal.se) trabaja actualmente en el Swedish International Liberal Center (www.silc.liberal.se), donde responde, entre otros, por el Programa Cuba. Fredrik Malm, (fredrik.malm@liberal.se),segundo vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Liberales, formó parte de la delegación del Partido Liberal Sueco que visitase a Cuba a finales de junio de 2001 con el fin de presenciar el Congreso del partido Solidaridad Democrática de Cuba. Traducción del sueco a cargo de Alexis Gainza Solenzal.
Del 16 al 19 de enero, la Corriente Socialista Democrática de Cuba (CSDC), un partido socialdemócrata en Cuba, debería celebrar su primer congreso. Cuarenta representantes de diferentes distritos, veinte delegados de otras organizaciones democráticas del interior de la isla y diez comisionados de partidos socialdemócratas de otras partes del mundo, deberían reunirse en la provincia de Pinar del Río para discutir una nueva política de izquierda hacia Cuba.
Sin embargo semana antes del congreso la policía política cubana comunicó que no aceptaría reunión alguna que acogiese a más de diez personas, o que durase más de un día. Con ello las premisas para realizar la reunión, sin arriesgar la seguridad de los participantes, desaparecían. La CSDC informó por ende que el congreso se suspendía.
La CSDC fue fundada hace diez años atrás, siendo hoy junto con uno de los partidos hermanos en Cuba del Partido Liberal Sueco, el Partido Solidaridad Democrática, (PSD, liberal), una de las fuerzas más importantes en el cada vez más pujante movimiento democrático. La razón por la cual la CSDC decidió realizar su asamblea ahora, descansa en que el PSD logró celebrar su primer congreso nacional en julio del 2001, con unos 40 representantes y muchos huéspedes, entre ellos tres del Partido Liberal Sueco.
Los últimos años las organizaciones que trabajar por la democracia y los derechos humanos se han fortalecido y estructurado. Este desarrollo es una premisa para que los cubanos mismos puedan crear su propio futuro, algo que el régimen de La Habana obstaculiza por todos los medios posibles. Este último ha incrementado por ejemplo la represión contra los activistas pro democracia. Vladimiro Roca, líder del otro partido socialdemócrata de Cubaestá encarcelado, entre otros, desde julio de 1997.
Sin embargo mientras el movimiento democrático busca reconocimiento internacional y apoyo a su labor, la cooperación sueca con Cuba continúa su antiguo curso. Anna Lindh, [Ministro de Relaciones Exteriores], ha hecho muchas meritorias declaraciones los últimos años, pero la política de cooperación da todavía por sentado que es desde dentro del régimen que los cambios comenzarán. Esto implica por su parte que sea a proyectos dentro del régimen y a organizaciones oficiosas a los que la cooperación finalmente va a parar.
¿Pero para qué invertir el poco dinero destinado a la cooperación para la democracia en Cuba - entre 10 y 12 millones de coronas suecas al año-- un régimen que durante más de 40 años ha mostrado que no quiere democracia? Como es sabido, hay miles de cubanos que a través de su membresía en organizaciones han tomado activamente posición mostrando su apoyo al proyecto de democratización. ¿No es entonces a ellos en primer lugar a quiénes debemos respaldar?
Suecia tiene un nuevo ministro de cooperación. La cuestión es si Jan O. Karlsson se atreve a reconsiderar la antigua cooperación y posicionarse ante todo al lado de los demócratas. Sin éstos se sabe que nunca habrá democracia en Cuba. 40 años de expectativas incumplidas por parte de Castro deberían ser suficientes para una revalorización.
Erik Jennische, Swedish International Liberal Center, SILC Fredrik Malm, vice presidente de la Asociación de Jóvenes Liberales.
Nota del traductor: El artículo anterior fue publicado en la página de debate del diario Västerbottens Kuriren, del norte de Suecia, el 1ro de febrero de 2002. Dicho diario tiene una edición de alrededor de 50 mil ejemplares al día. Erik Jennische (erik.jennische@liberal.se) trabaja actualmente en el Swedish International Liberal Center (www.silc.liberal.se), donde responde, entre otros, por el Programa Cuba. Fredrik Malm, (fredrik.malm@liberal.se),segundo vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Liberales, formó parte de la delegación del Partido Liberal Sueco que visitase a Cuba a finales de junio de 2001 con el fin de presenciar el Congreso del partido Solidaridad Democrática de Cuba. Traducción del sueco a cargo de Alexis Gainza Solenzal.
