09.12.03Colombia: perspectivas politicas actuales
Algunos episodios recientes, como el colapso del referendo promovido por el gobierno y los cambios en algunas de las más importantes posiciones de la administración central, han despertado dudas en algunos observadores sobre el presente y el futuro político del mandato del actual presidente colombiano, Alvaro Uribe. ¿Cuál es el futuro de programas que, casi por consenso, se consideraban necesarios y urgentes en la Colombia actual, como es el caso de la recuperación de la seguridad y el combate a los grupos armados? Y ¿cuál es la posición en la que queda el propio gobierno de Álvaro Uribe de cara al futuro?
Por Andrés Mejía-Vergnaud
Algunos episodios recientes, como el colapso del referendo promovido por dicha administración y los cambios en algunas de las más importantes posiciones de la administración central, han despertado dudas en algunos observadores sobre el presente y el futuro político del mandato del actual presidente colombiano, Alvaro Uribe. Dichas dudas cobran más urgencia si se tiene en cuenta que esta administración ha venido adelantando programas que, casi por consenso, se consideraban necesarios y urgentes en la Colombia actual, como es el caso de la recuperación de la seguridad y el combate a los grupos armados. Además, el hecho de que Uribe llegó a la presidencia luego de unas elecciones con una votación sin precedentes y que haya mantenido altísimos márgenes de popularidad, hacen que muchos observadores no logren explicarse el fracaso del referendo que él mismo promovió. Los cambios en los ministerios, por otro lado, han cobrado la cabeza de varios funcionarios que se consideraban vitales para Uribe, lo que también hace que muchos analistas se sientan confundidos. Similares dudas han causado otros hechos políticos, como la victoria en las elecciones para la alcaldía de Bogotá de un connotado opositor de Uribe. En este artículo trataré de arrojar luz sobre dichos temas.
El colapso del referendo
Desde los tiempos de la campaña presidencial, Álvaro Uribe había prometido adelantar un referendo para reformar las costumbres y las instituciones políticas de Colombia. La propuesta respondía a un clamor generalizado que se había frustrado en innumerables ocasiones y que se dirigía sobre todo a la reforma del Congreso y a las costumbres y prácticas de los congresistas. Varios intentos de reforma política habían naufragado en el órgano legislativo, entonces se pensó que el único medio de llevar a término este anhelo era mediante un referendo popular.
Este referendo, que de cualquier modo debía ser convocado por una ley del Congreso, fue haciéndose más complejo a medida que surtía su trámite en las cámaras legislativas. Por un lado, el gobierno incluyó temas de orden fiscal, respondiendo a la ya casi desesperada situación de las finanzas públicas. Por otro lado, se hicieron diversas modificaciones y adiciones que desembocaron en un texto extenso, difícil de entender y heterogéneo en sus propósitos. Ante estas dificultades, el presidente fue obligado por las circunstancias a asumir personalmente las banderas del referendo. Por eso, cuando el pasado 26 de octubre esta iniciativa fracasó en las urnas, muchos creyeron que este era un fracaso en el que Uribe también se hundiría.
¿Por qué colapsó el referendo? En primer lugar, hay que aclarar que el fracaso del referendo no consistió en un triunfo del NO. Por el contrario, el SI se impuso con márgenes superiores al 70% en todas las preguntas y en algunos casos superiores al 90%. Lo que ocurrió fue que, de acuerdo con nuestra constitución, para que un referendo tenga validez debe participar el 25% de las personas habilitadas para votar. Ninguna de las preguntas del referendo alcanzó tal umbral. Esto se conoció en medio de denuncias según las cuales el censo electoral oficial no está bien actualizado. El resultado hizo celebrar a los opositores de Uribe quienes pregonaban la “abstención activa”, es decir, un llamado a la gente a no votar para provocar el hundimiento del referendo.
Lo primero que hay que considerar al leer estos resultados es que el margen de abstención que reflejó el referendo es el mismo -incluso menor- que el que normalmente se presenta en todos los procesos electorales colombianos. Por lo tanto, no tiene sentido proclamar un triunfo de la “abstención activa”. En segundo lugar, el resultado no indica, como han afirmado muchos, un rechazo a las políticas de Álvaro Uribe, pues tanto estas como el presidente mismo conservan un muy alto margen de popularidad.
Por otra parte, la victoria de Luis Eduardo Garzón, candidato de la izquierda e importante opositor de Uribe, en la alcaldía de Bogotá fue interpretada como un debilitamiento de Uribe y su administración.
La abrumadora aprobación que gozan las políticas de Álvaro Uribe, en especial en materia de lucha contra el terrorismo, hace improbable que el resultado del referendo se deba a una manifestación popular de rechazo a sus ideas. Este resultado se debió a una desafortunada combinación de factores. El primero, sin duda, fue la complejidad del texto del referendo, que impidió que se lograra una mayor comprensión de su importancia, lo cual era necesario para superar los niveles tradicionales de abstención de los colombianos. En segundo lugar, la campaña y la votación del referendo coincidieron con un gran deterioro de la gestión del equipo de Uribe en materia de manejo político interno, deterioro del cual es responsable el entonces Ministro del Interior, Fernando Londoño Hoyos. En tercer lugar, las organizaciones privadas que promovieron el referendo lo hicieron en forma muy poco efectiva.
En cuanto al triunfo de Luis Eduardo Garzón, este tampoco obedece a un rechazo contra las políticas de Uribe. El electorado colombiano, en especial el de Bogotá, ha madurado notablemente en un aspecto: su capacidad para separar los temas de la agenda local de aquellos de la agenda nacional. Esto, sumado a la ausencia de un competidor de peso, logró que un opositor de Uribe se impusiera por una gran mayoría gracias a un electorado que a su vez respalda al presidente.
Perspectivas políticas de la administración Uribe
Pese a todas las razones que he expuesto, no se puede negar que el fracaso del referendo tuvo un muy alto impacto en el presidente, tanto a nivel personal como político. Y este resultado lo obligó a tomar una serie de medidas de orden político y económico.
En primer lugar, el gobierno aprovechó la coyuntura para remover de sus cargos a los ministros del Interior y de Defensa. El primero había hecho una muy pobre gestión y su estilo litigioso estaba resultando muy perjudicial en términos de gobernabilidad. La ministra de Defensa había hecho una buena gestión, pero una acumulación de incomprensiones entre ella y el estamento militar hizo necesaria una renovación.
En segundo lugar están los efectos económicos de lo ocurrido con el referendo. Esta iniciativa contenía una serie de medidas muy necesarias para estabilizar la economía colombiana, dirigidas todas ellas a la reducción del desmedido gasto público. Al no poder contar con estas herramientas, el gobierno se ha visto obligado a presentar un muy polémico proyecto de reforma tributaria que ha tenido una recepción muy hostil en el Congreso y en la opinión pública.
¿Qué espera ahora a la administración de Álvaro Uribe? En lo político, será sólo cuestión de tomar aire tras la caída y mantener las políticas que han hecho que este gobierno sea tan popular. En particular, Uribe y su equipo deben persistir en sus políticas de seguridad, que deben ahora pasar a una fase más ofensiva. Uribe debe también trabajar para recomponer sus relaciones con el Congreso y garantizar así la gobernabilidad. Esta labor la está desarrollando el nuevo ministro del Interior.
Es en el ámbito económico en donde están las mayores dificultades. Colombia necesita con urgencia balancear sus finanzas públicas y, aunque en el corto plazo es necesario aumentar los ingresos fiscales, hay que buscar fórmulas de cambio estructural que permitan reducir el gasto y hacer más racional la estructura tributaria. Ahora bien, tras años de reformas tributarias improvisadas, ya no hay mucho de donde echar mano para aumentar el ingreso y las propuestas del gobierno en este sentido -como impuestos a las pensiones y al patrimonio- no han sido bien recibidas. El presidente ha pedido también al Banco Central que le permita usar parte de las reservas internacionales del país para pagar la deuda. Pero la respuesta del banco, que afirmó estar dispuesto a hacerlo hasta por un monto de tan sólo U$S 500 millones, han apagado esta perspectiva.
Colombia sigue contando con el respaldo de los mercados y del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero como no se adopten medidas de fondo en las finanzas públicas, ese respaldo se perderá, y al hacerse frágil la economía se podrían hacer frágiles también otras áreas de la política. Por lo pronto, lo que sin duda más ayudaría a Uribe sería un golpe visible y contundente contra algún grupo terrorista. Pero, incluso si esto no ocurre, la progresiva mejoría en materia de seguridad seguirá consolidando el apoyo del que goza.
*Andrés Mejía Vergnaud es Director General del Instituto Desarrollo y Libertad de Bogotá, Colombia.
Algunos episodios recientes, como el colapso del referendo promovido por dicha administración y los cambios en algunas de las más importantes posiciones de la administración central, han despertado dudas en algunos observadores sobre el presente y el futuro político del mandato del actual presidente colombiano, Alvaro Uribe. Dichas dudas cobran más urgencia si se tiene en cuenta que esta administración ha venido adelantando programas que, casi por consenso, se consideraban necesarios y urgentes en la Colombia actual, como es el caso de la recuperación de la seguridad y el combate a los grupos armados. Además, el hecho de que Uribe llegó a la presidencia luego de unas elecciones con una votación sin precedentes y que haya mantenido altísimos márgenes de popularidad, hacen que muchos observadores no logren explicarse el fracaso del referendo que él mismo promovió. Los cambios en los ministerios, por otro lado, han cobrado la cabeza de varios funcionarios que se consideraban vitales para Uribe, lo que también hace que muchos analistas se sientan confundidos. Similares dudas han causado otros hechos políticos, como la victoria en las elecciones para la alcaldía de Bogotá de un connotado opositor de Uribe. En este artículo trataré de arrojar luz sobre dichos temas.
El colapso del referendo
Desde los tiempos de la campaña presidencial, Álvaro Uribe había prometido adelantar un referendo para reformar las costumbres y las instituciones políticas de Colombia. La propuesta respondía a un clamor generalizado que se había frustrado en innumerables ocasiones y que se dirigía sobre todo a la reforma del Congreso y a las costumbres y prácticas de los congresistas. Varios intentos de reforma política habían naufragado en el órgano legislativo, entonces se pensó que el único medio de llevar a término este anhelo era mediante un referendo popular.
Este referendo, que de cualquier modo debía ser convocado por una ley del Congreso, fue haciéndose más complejo a medida que surtía su trámite en las cámaras legislativas. Por un lado, el gobierno incluyó temas de orden fiscal, respondiendo a la ya casi desesperada situación de las finanzas públicas. Por otro lado, se hicieron diversas modificaciones y adiciones que desembocaron en un texto extenso, difícil de entender y heterogéneo en sus propósitos. Ante estas dificultades, el presidente fue obligado por las circunstancias a asumir personalmente las banderas del referendo. Por eso, cuando el pasado 26 de octubre esta iniciativa fracasó en las urnas, muchos creyeron que este era un fracaso en el que Uribe también se hundiría.
¿Por qué colapsó el referendo? En primer lugar, hay que aclarar que el fracaso del referendo no consistió en un triunfo del NO. Por el contrario, el SI se impuso con márgenes superiores al 70% en todas las preguntas y en algunos casos superiores al 90%. Lo que ocurrió fue que, de acuerdo con nuestra constitución, para que un referendo tenga validez debe participar el 25% de las personas habilitadas para votar. Ninguna de las preguntas del referendo alcanzó tal umbral. Esto se conoció en medio de denuncias según las cuales el censo electoral oficial no está bien actualizado. El resultado hizo celebrar a los opositores de Uribe quienes pregonaban la “abstención activa”, es decir, un llamado a la gente a no votar para provocar el hundimiento del referendo.
Lo primero que hay que considerar al leer estos resultados es que el margen de abstención que reflejó el referendo es el mismo -incluso menor- que el que normalmente se presenta en todos los procesos electorales colombianos. Por lo tanto, no tiene sentido proclamar un triunfo de la “abstención activa”. En segundo lugar, el resultado no indica, como han afirmado muchos, un rechazo a las políticas de Álvaro Uribe, pues tanto estas como el presidente mismo conservan un muy alto margen de popularidad.
Por otra parte, la victoria de Luis Eduardo Garzón, candidato de la izquierda e importante opositor de Uribe, en la alcaldía de Bogotá fue interpretada como un debilitamiento de Uribe y su administración.
La abrumadora aprobación que gozan las políticas de Álvaro Uribe, en especial en materia de lucha contra el terrorismo, hace improbable que el resultado del referendo se deba a una manifestación popular de rechazo a sus ideas. Este resultado se debió a una desafortunada combinación de factores. El primero, sin duda, fue la complejidad del texto del referendo, que impidió que se lograra una mayor comprensión de su importancia, lo cual era necesario para superar los niveles tradicionales de abstención de los colombianos. En segundo lugar, la campaña y la votación del referendo coincidieron con un gran deterioro de la gestión del equipo de Uribe en materia de manejo político interno, deterioro del cual es responsable el entonces Ministro del Interior, Fernando Londoño Hoyos. En tercer lugar, las organizaciones privadas que promovieron el referendo lo hicieron en forma muy poco efectiva.
En cuanto al triunfo de Luis Eduardo Garzón, este tampoco obedece a un rechazo contra las políticas de Uribe. El electorado colombiano, en especial el de Bogotá, ha madurado notablemente en un aspecto: su capacidad para separar los temas de la agenda local de aquellos de la agenda nacional. Esto, sumado a la ausencia de un competidor de peso, logró que un opositor de Uribe se impusiera por una gran mayoría gracias a un electorado que a su vez respalda al presidente.
Perspectivas políticas de la administración Uribe
Pese a todas las razones que he expuesto, no se puede negar que el fracaso del referendo tuvo un muy alto impacto en el presidente, tanto a nivel personal como político. Y este resultado lo obligó a tomar una serie de medidas de orden político y económico.
En primer lugar, el gobierno aprovechó la coyuntura para remover de sus cargos a los ministros del Interior y de Defensa. El primero había hecho una muy pobre gestión y su estilo litigioso estaba resultando muy perjudicial en términos de gobernabilidad. La ministra de Defensa había hecho una buena gestión, pero una acumulación de incomprensiones entre ella y el estamento militar hizo necesaria una renovación.
En segundo lugar están los efectos económicos de lo ocurrido con el referendo. Esta iniciativa contenía una serie de medidas muy necesarias para estabilizar la economía colombiana, dirigidas todas ellas a la reducción del desmedido gasto público. Al no poder contar con estas herramientas, el gobierno se ha visto obligado a presentar un muy polémico proyecto de reforma tributaria que ha tenido una recepción muy hostil en el Congreso y en la opinión pública.
¿Qué espera ahora a la administración de Álvaro Uribe? En lo político, será sólo cuestión de tomar aire tras la caída y mantener las políticas que han hecho que este gobierno sea tan popular. En particular, Uribe y su equipo deben persistir en sus políticas de seguridad, que deben ahora pasar a una fase más ofensiva. Uribe debe también trabajar para recomponer sus relaciones con el Congreso y garantizar así la gobernabilidad. Esta labor la está desarrollando el nuevo ministro del Interior.
Es en el ámbito económico en donde están las mayores dificultades. Colombia necesita con urgencia balancear sus finanzas públicas y, aunque en el corto plazo es necesario aumentar los ingresos fiscales, hay que buscar fórmulas de cambio estructural que permitan reducir el gasto y hacer más racional la estructura tributaria. Ahora bien, tras años de reformas tributarias improvisadas, ya no hay mucho de donde echar mano para aumentar el ingreso y las propuestas del gobierno en este sentido -como impuestos a las pensiones y al patrimonio- no han sido bien recibidas. El presidente ha pedido también al Banco Central que le permita usar parte de las reservas internacionales del país para pagar la deuda. Pero la respuesta del banco, que afirmó estar dispuesto a hacerlo hasta por un monto de tan sólo U$S 500 millones, han apagado esta perspectiva.
Colombia sigue contando con el respaldo de los mercados y del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero como no se adopten medidas de fondo en las finanzas públicas, ese respaldo se perderá, y al hacerse frágil la economía se podrían hacer frágiles también otras áreas de la política. Por lo pronto, lo que sin duda más ayudaría a Uribe sería un golpe visible y contundente contra algún grupo terrorista. Pero, incluso si esto no ocurre, la progresiva mejoría en materia de seguridad seguirá consolidando el apoyo del que goza.
*Andrés Mejía Vergnaud es Director General del Instituto Desarrollo y Libertad de Bogotá, Colombia.
