08.12.03EL ENGAÑO POPULISTA EN LATINOAMÉRICA
Las devaluaciones, inflación, proteccionismo, corrupción, elevados impuestos, clientelismo, el “corralito”, el default y los subsidios a sectores privilegiados que han empobrecido a los pueblos latinoamericanos nada tienen que ver con el capitalismo.Por Porfirio Cristaldo Ayala
En el lenguaje mágico latinoamericano los engaños del populismo se sustentan en ideas increíblemente torpes, aunque no por ello menos efectivas. En el Foro Social los socialistas insistieron hasta el hartazgo que el capitalismo neoliberal fundió a Bolivia y empobreció a muchos países, incluyendo a la Argentina, Brasil y Paraguay. No es así.
Lo que fundió a Bolivia, Argentina y otras infortunadas naciones del barrio latino es el estatismo, sistema económico predominante en América Latina. Esta absurda confusión ha permitido a los socialistas culpar al capitalismo de la pobreza y el atraso causados por el estatismo durante décadas.
En Latinoamérica el capitalismo es una curiosidad. En este sistema de cooperación social basado en la libertad económica los gobiernos velan por la seguridad de las personas y sus bienes, y solo arbitran la economía para evitar el fraude y coerción. Las devaluaciones, inflación, proteccionismo, corrupción, elevados impuestos, clientelismo, el "corralito", el default y los subsidios a sectores privilegiados que han empobrecido a los pueblos latinoamericanos nada tienen que ver con el capitalismo.
La confusión sobre cuáles gobiernos son capitalistas y cuáles no, surge, en parte, por el hecho que ningún país es enteramente capitalista o estatista. Algunos son más estatistas que otros, dependiendo de sus restricciones a la libertad económica. Aún en Cuba hay algo de capitalismo, como hay socialismo en Estados Unidos. Es una cuestión de grados. Pero ahora es posible precisar objetivamente el nivel de estatismo y capitalismo de los países. La medición de la libertad económica se ha sistematizado. El Fraser Institute de Canadá y la Heritage Foundation de Estados Unidos, publican todos los años un Índice de Libertad Económica de una centena de países.
La libertad económica de los países es mayor cuanto más se protegen los derechos de propiedad. La protección de la propiedad implica no solo descartar las expropiaciones, sino garantizar la libre competencia, seguridad jurídica, disciplina fiscal, moneda sana, bajos impuestos, nula corrupción, mercados abiertos y ausencia de subsidios, trabas al comercio y monopolios estatales. Los pueblos ahorran, invierten, crecen y prosperan cuando se protege la propiedad; en caso contrario, se hunden.
Los países de mayor libertad económica, como Suiza, Singapur, Canadá, Nueva Zelanda, Irlanda, Holanda, Estados Unidos, Australia, Inglaterra, Dinamarca, Finlandia, Chile, son los más capitalistas y prósperos. Los países de menor libertad económica, como Paraguay que ocupa el puesto 64, entre 123 países (Informe Anual 2003 del Fraser Institute), Bolivia el 50, Argentina el 56, Haití el 77, Brasil el 82, Venezuela el 103, son los más estatistas y atrasados.
El estatismo causó el estallido social en Bolivia. Este país ha sido asfixiado por las excesivas regulaciones, politización y un gasto público desmesurado que el FMI recomendó equilibrar, no profundizando las reformas, sino aplicando mayores impuestos. Del mismo modo, Paraguay es pobre a causa de la falta de libertad económica caracterizada por la corrupción, expropiaciones y regulaciones arbitrarias, clientelismo, inseguridad, informalidad y monopolios.
Los devotos del Estado repiten con fanatismo las denuncias de la izquierda sobre el "capitalismo neoliberal", sin importarles el absurdo que supone hablar de capitalismo en países eminentemente estatistas. Pero en el barrio latino todo es discutible. En lo único que no hay discusión es en el hecho que las libertades económicas determinan, sin excepción, que algunos pueblos progresen y otros se eternicen en la miseria.
En el lenguaje mágico latinoamericano los engaños del populismo se sustentan en ideas increíblemente torpes, aunque no por ello menos efectivas. En el Foro Social los socialistas insistieron hasta el hartazgo que el capitalismo neoliberal fundió a Bolivia y empobreció a muchos países, incluyendo a la Argentina, Brasil y Paraguay. No es así.
Lo que fundió a Bolivia, Argentina y otras infortunadas naciones del barrio latino es el estatismo, sistema económico predominante en América Latina. Esta absurda confusión ha permitido a los socialistas culpar al capitalismo de la pobreza y el atraso causados por el estatismo durante décadas.
En Latinoamérica el capitalismo es una curiosidad. En este sistema de cooperación social basado en la libertad económica los gobiernos velan por la seguridad de las personas y sus bienes, y solo arbitran la economía para evitar el fraude y coerción. Las devaluaciones, inflación, proteccionismo, corrupción, elevados impuestos, clientelismo, el "corralito", el default y los subsidios a sectores privilegiados que han empobrecido a los pueblos latinoamericanos nada tienen que ver con el capitalismo.
La confusión sobre cuáles gobiernos son capitalistas y cuáles no, surge, en parte, por el hecho que ningún país es enteramente capitalista o estatista. Algunos son más estatistas que otros, dependiendo de sus restricciones a la libertad económica. Aún en Cuba hay algo de capitalismo, como hay socialismo en Estados Unidos. Es una cuestión de grados. Pero ahora es posible precisar objetivamente el nivel de estatismo y capitalismo de los países. La medición de la libertad económica se ha sistematizado. El Fraser Institute de Canadá y la Heritage Foundation de Estados Unidos, publican todos los años un Índice de Libertad Económica de una centena de países.
La libertad económica de los países es mayor cuanto más se protegen los derechos de propiedad. La protección de la propiedad implica no solo descartar las expropiaciones, sino garantizar la libre competencia, seguridad jurídica, disciplina fiscal, moneda sana, bajos impuestos, nula corrupción, mercados abiertos y ausencia de subsidios, trabas al comercio y monopolios estatales. Los pueblos ahorran, invierten, crecen y prosperan cuando se protege la propiedad; en caso contrario, se hunden.
Los países de mayor libertad económica, como Suiza, Singapur, Canadá, Nueva Zelanda, Irlanda, Holanda, Estados Unidos, Australia, Inglaterra, Dinamarca, Finlandia, Chile, son los más capitalistas y prósperos. Los países de menor libertad económica, como Paraguay que ocupa el puesto 64, entre 123 países (Informe Anual 2003 del Fraser Institute), Bolivia el 50, Argentina el 56, Haití el 77, Brasil el 82, Venezuela el 103, son los más estatistas y atrasados.
El estatismo causó el estallido social en Bolivia. Este país ha sido asfixiado por las excesivas regulaciones, politización y un gasto público desmesurado que el FMI recomendó equilibrar, no profundizando las reformas, sino aplicando mayores impuestos. Del mismo modo, Paraguay es pobre a causa de la falta de libertad económica caracterizada por la corrupción, expropiaciones y regulaciones arbitrarias, clientelismo, inseguridad, informalidad y monopolios.
Los devotos del Estado repiten con fanatismo las denuncias de la izquierda sobre el "capitalismo neoliberal", sin importarles el absurdo que supone hablar de capitalismo en países eminentemente estatistas. Pero en el barrio latino todo es discutible. En lo único que no hay discusión es en el hecho que las libertades económicas determinan, sin excepción, que algunos pueblos progresen y otros se eternicen en la miseria.
