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20.11.03

Las enseñanzas del altiplano

En vez de considerar su explotación como una vía para generar fuentes de riqueza y empleo, demasiada gente lo ve como un juego de suma cero. Para ellos, explotar un recurso natural significa perderlo. Esto explica por qué muchos opositores al proyecto prefieren dejar el gas enterrado.
Por Susan Kaufman Purcell

El reciente desalojo del presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada por los opositores a su plan de exportar gas natural a través de Chile es un vivo ejemplo de las dificultades que enfrentan los defensores de la globalización en América Latina. A pesar de la pobreza en Bolivia, los dirigentes de la oposición fueron capaces de movilizar a campesinos indígenas, dirigentes sindicales y otros que estaban en contra del proyecto, que hubiera aportado aproximadamente US$ 500 millones anuales al país.
¿Por qué fue tan fácil derrotar un proyecto destinado a atraer la inversión extranjera a un país hambriento de capital? La respuesta a la pregunta constituye un mapa de ruta de lo que se debe realizar para que la región sea capaz de atraer más capital extranjero, incrementar su competitividad global y hacer crecer sus economías.
El problema básico fue la incapacidad de grandes sectores de la población, específicamente los grupos indígenas, para creer o confiar en que ellos serían beneficiados por el proyecto. Este escepticismo fue, lamentablemente, un resultado directo de la experiencia. Aunque los proyectos de privatizaciones de los 90 trajeron importantes dividendos a Bolivia, los grupos descontentos creyeron que una minoría privilegiada recibió la mayoría de los beneficios, y que la experiencia se repetiría si el proyecto gasífero era aprobado. Aquí también estaba involucrado el tema de la corrupción, que sigue socavando la confianza en el gobierno, no sólo en Bolivia sino en la mayor parte de América Latina, específicamente en los países menos desarrollados.
Un tema relacionado es la manera como la población entiende los recursos naturales, en este caso, el gas. En vez de considerar su explotación como una vía para generar fuentes de riqueza y empleo, demasiada gente lo ve como un juego de suma cero. Para ellos, explotar un recurso natural significa perderlo. Esto explica por qué muchos opositores al proyecto prefieren dejar el gas enterrado.
La incapacidad de olvidar el pasado y pensar de manera pragmática en el presente también ayudó a frustrar el proyecto. Exportar el gas por Chile y no por Perú, claramente tiene una mejor relación entre costo y beneficio. El hecho de que Bolivia haya perdido una guerra y sus costas con Chile a fines del siglo XIX, hizo que esa opción fuera imposible de digerir para muchos bolivianos. Si Japón, Alemania o México, por ejemplo, se hubieran comportado del mismo modo hacia los países que los vencieron en guerras del pasado, hoy serían considerablemente menos prósperos.
Además, la debilidad de las instituciones políticas en Bolivia hizo que la movilización de grupos descontentos en contra del presidente fuera mucho más tentadora para los dirigentes antiglobalizadores. De hecho, juzgando a partir de los recientes sucesos en Ecuador, Perú y Argentina, la expulsión de presidentes elegidos constitucionalmente por grupos movilizados parece ser el equivalente funcional a los golpes de Estado de antaño en América Latina.
Finalmente, las políticas estadounidenses para luchar contra el narcotráfico redujeron los ingresos de los ya pobres campesinos y ex mineros que dependían del cultivo de la hoja de coca como medio de subsistencia. Como Washington es un defensor de la globalización, los dirigentes de oposición pudieron  transformar opiniones antiestadounidenses en sentimientos antiglobalizadores.
¿Qué conclusiones se pueden sacar del caso de Bolivia con respecto a las maneras de debilitar las fuerzas antiglobalizadoras en América Latina? Lo más importante es implementar la segunda etapa de reformas para fortalecer el "imperio de la ley", luchando contra la corrupción y aumentando la transparencia y responsabilidad gubernamental. Deben hacerse mayores esfuerzos para asegurar que los beneficios de la globalización sean distribuidos con más equidad. Washington necesita repensar sus políticas antidrogas. Y por último, pero no menos importante, se necesitan reformas educativas para que haya mejor comprensión de los posibles beneficios de la globalización y cómo lograrlos.

Este artículo fue originalmente publicado en la revista América Economía http://www.americaeconomia.com