UN PROBLEMA DE DIFICIL SOLUCION PARA COLOMBIA (tercera parte)
Con referencia al Plan Colombia, en la revista The Economist se alude a que es preciso amoldarlo "a una política más balanceada, con una intención más clara de fortalecer el estado democrático." Pero, Estados Unidos tiene pocas herramientas para hacerlo.
Por Doug Bandow
En septiembre, Brasil inició la Operación Cobra, con unos 12.000 militares, para mejorar la seguridad en la frontera. "El mundo entero hablaba del Plan Colombia. Teníamos que hacer algo", explicó Mauro Sposito, jefe de la fuerza de la policía federal. Los oficiales locales también se preocuparon por un influjo de refugiados.
Brasil no sólo está preocupado por la política sino también por el ambiente, y ha criticado el impacto ambiental de las planeadas operaciones de deforestación y el inevitable destierro. Y ha legitimado la causa de su preocupación: un reporte de la armada colombiana advierte "un daño ecológico...de proporciones insospechadas" debido a la contaminación con petróleo producida por la destrucción de los conductos, derramamiento de químicos provenientes de la producción de droga y la deforestación originada por las operaciones de erradicación de coca. El rociamiento aéreo también ha provocado la destrucción de cosechas legales, como bananas, maíz y yuca, y es denunciado por parte de los residentes ya que ocasiona varios trastornos a la salud.
Quizás el más vulnerable sea Ecuador, empobrecido económicamente y políticamente inestable. Michael Radu, del Instituto de Investigación de Política Exterior, observa: "Simplificándolo, el país es ingobernable. Ha tenido cinco presidentes en muchos años y presenta una estructura militar dividida, de dudosa lealtad a la democracia y al gobierno electo. Además, hay grandes segmentos de la población que simplemente no tienen la voluntad de comprender o de aceptar realidades económicas simples: que el gobierno está en banca rota, que no puede mantener subsidios y que el país no puede más vivir más allá de sus propios recursos."
Washington está gastando $62 millones en hangares y en pistas de aterrizaje en un aeropuerto fuera de la ciudad de Manta. El Mayor Jorge Zambrano lo denomina "una posición de avance para combatir el narcotráfico" más que una "base", pero eso podría no satisfacer a las guerrillas. Las FARC, el grupo guerrillero líder, amenazaron con vengarse si Quito se vinculaba con las operaciones anti-droga americanas. Los insurgentes colombianos secuestraron a 10 trabajadores petroleros extranjeros en octubre. El congresista de izquierda, Antonio Posso, se queja: "Nuestro conducto de petróleo ya ha sido atacado por las guerrillas colombianas, y los grupos paramilitares están asesinando gente en el territorio ecuatoriano, por lo tanto, sólo hay que imaginarse como una instalación militar como esta actúa como una forma de inducir." Tal facilidad, añade, "es una provocación para todas las fuerzas irregulares en Colombia." En verdad, el año último, un líder guerrillero colombiano expresó que la construcción de la base aérea americana en Manta era una "declaración de guerra."
Máximo Abad Jaramillo, Mayor de Lago Agrio -una ciudad en la frontera de Ecuador- ha visto como la violencia colombiana se ha expandido hacia su ciudad natal: "Si Colombia va a ser otro Vietnam, como todos dicen, entonces Ecuador va a convertirse en la Camboya de esta guerra. No estamos preparados para esta guerra, no queremos ser parte de ella, pero nos están empujando hacia el conflicto contra nuestra voluntad."
Aunque se han registrado largas luchas entre colombianos en Lago Agrio, la activista del vecindario, Amparo de Cordova, nota una importante diferencia: "Ahora su violencia es política y subversiva, y nuestras autoridades parecen tener menos poder para frenarla." Más de 20 colombianos murieron en las primeras seis semanas del 2001.
Quito ha puesto 5.000 soldados adicionales a lo largo de la frontera con Colombia. Pero eso no ha frenado a los laboratorios de cocaína y a los ecuatorianos familiarizados con la cocaína (una vez empleados en esos laboratorios) de irse de Colombia nuevamente hacia Ecuador.
Unos 7.000 refugiados han escapado a través de la frontera hacia el Ecuador. Los oficiales dicen que a ellos les falta dinero, balas y gasolina. "Nos han dejado desprotegidos aquí", un líder cívico expuso su queja al New York Times.
Los extranjeros también están en riesgo: ocho trabajadores petroleros fueron secuestrados el año pasado, uno de los cuales fue asesinado en enero por no pagar por su liberación.
El aumento de la presencia militar de América ha generado una importante preocupación en toda la región. Algunos se refieren a Ecuador como el "nuevo Panamá", sujeto a la poderosa influencia de los Estados Unidos como el "estado nº 51". El congresista ecuatoriano, Enrique Llanes, se queja: "Nosotros estamos comprometiendo nuestra neutralidad en el conflicto colombiano con la base Manta, involucrándonos en una guerra entre los americanos y sus enemigos en Colombia." En verdad, Ecuador está convirtiéndose en un "país destruido, sin nada", le dijo al Washington Post. La política de Washington amenaza a esta torturada tierra con una futura desestabilización, lo que en consecuencia va a debilitar a su política con respecto a la droga.
Aún los oficiales estadounidenses se apresuran a asegurar que no hay un barril sin fondo en Colombia. El Secretario de Defensa, Cohen, el año pasado declaró: "No vamos a ser involucrados en ningún conflicto en Colombia o en cualquier otro sitio de América Central o del Sur." El general retirado del cuerpo de la Marina, Charles Wilhelm, primer comandante de las fuerzas estadounidenses en el Comando del Sur, el cual incluye a Colombia, también trata de reasegurarlo y, por ello, le dice al Congreso: "Los tenientes y los capitanes, como yo, quiénes lucharon y sufrieron por lo de Vietnam, se han convertido en los generales de hoy. Yo sé que vamos a ser una voz contraria a cualquier tipo de medida que condujese a repetir o implique un riesgo de repetir la experiencia de Vietnam. Cuando visito Colombia, yo no percibo un problema de difícil solución. Yo, voluntariamente, expongo una reputación de 36 años como militar profesional, cuando digo categóricamente que Colombia no es otro Vietnam."
Además, cada paso en el lodo requiere de otro, y luego de otro. Como parte del Plan Colombia, el Congreso le dio a Ecuador $40 millones para proyectos de "infraestructura social." No pasó mucho tiempo para que el ministro del Exterior de Ecuador fuese a Washington para pedir otros $300 millones.
Aún Washington no puede encontrar la cooperación regional que tan desesperadamente desea. Los oficiales sospechan que Venezuela -a pesar de las protestas en contra de Hugo Chávez- está ayudando a los insurgentes colombianos. Por su parte, Brasil ha mostrado su oposición al Plan Colombia. En tanto, Panamá ha rechazado el acceso a la base de las fuerzas militares estadounidenses. En realidad, varias naciones sospechan que Washington desea utilizar la crisis colombiana como una excusa para instalar fuerzas militares en toda la región.
Algunos colombianos desesperanzados quieren que los Estados Unidos directamente comprometan a las guerrillas en conversaciones de paz. El Presidente Pastrana instó a Estados Unidos a aceptar la invitación de las FARC para asistir a su encuentro a comienzos de marzo. El gobierno dijo que no, explicando que no iba a hablar con el grupo hasta que los asesinos de tres trabajadores de ayuda americanos -hecho que ocurrió en 1999- fueran al gobierno para ser enjuiciados.
¿Pero qué pasaba si las FARC llegaban a un arreglo? Es difícil de imaginar lo que Washington diría a las guerrillas en conversaciones de paz: ¿dejen de ser comunistas y ríndanse?. Hasta la solución más obvia, no necesita de la participación de Washington. Bogotá podría negociar ese acuerdo.
El cambio en el gobierno le da a Washington una oportunidad de reconsiderar su política actual. Georges Fauriol, director del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales y consejero de Bush, predice: "El liderazgo que ingresa instará a una claro replantamiento de su estrategia colombiana. Va a significar una entrada desde todas las agencias de inteligencia." Aún, el Presidente Bush parece dispuesto a apoyar la conducción de la política actual.
En agosto pasado, él aprobó el envío de los $1.3 billones del paquete de ayuda, el cual sería destinado a desarrollar las aptitudes de las fuerzas armadas colombianas: "Nuestro apoyo ayudará al gobierno colombiano a proteger a su gente, luchar contra el comercio de la droga, frenar la veloz actividad de las guerrillas y va a ayudar a brindar una resolución sensata y pacífica al conflicto."
El Secretario de Estado, Colin Powell, hizo el mismo pedido cuando le dijo a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado que "el nuevo gobierno va a solventar el Plan Colombia." Como él explicó: "Nosotros creemos que este dinero... debería ser utilizado para ayudar al gobierno colombiano para proteger a su gente, luchar contra el comercio ilícito de la droga, frenar la veloz actividad de las guerrillas y, finalmente, brindar una resolución sensata y pacífica al conflicto."
Supuestamente se utilizará para ello, ¿pero será utilizado para eso?.
CARTELES DE LA DROGA E INSURGENTES. Desdichadamente, la administración de Bush parece más inclinada al riesgo y hasta a un involucramiento más profundo si el dinero no hace el trabajo. En realidad, el Secretario Rumsfeld admite que la producción de droga es conducida por la demanda americana, y que el "éxito" en Colombia va a girar alrededor de la producción.
Pero, en diciembre último, Robert Zoellick -que en ese momento era consejero de Bush- argumentó: "No podemos continuar haciendo una falsa distinción entre la contrainsurgencia y los esfuerzos en contra de los narcóticos", desde que "los narcotraficantes y las guerrillas componen un escenario peligroso." Aunque Colombia no está formalmente dentro de los asuntos que le competen como el jefe de las negociaciones relativas al comercio en el gobierno de Bush, Zoellick es una voz republicana influyente en lo que respecta a política exterior.
Y a fines del año pasado, Anne Patterson, la embajadora estadounidense en Colombia, y Barry McCaffrey, el zar de la droga de Clinton, comenzaron a referirse a las FARC como un cartel de la droga. En realidad, el último acusó a las FARC de ser "la principal entidad organizada de producción de coca en el mundo."
Las implicaciones de la política en esta instancia son obvias. Adam Isaacson, del Centro para la Política Internacional de Washington, se preocupa: "Ellos están usando estas nuevas acusaciones para vender a los americanos con la idea de que la ayuda estadounidense a Colombia es buena, aun si empieza a dirigirse hacia el lado de la contrainsurgencia."
Como Zoellick argumentó en un discurso dirigido al Consejo de Relaciones Exteriores: "Si los líderes colombianos electos legítimamente manifiestan que lo político va a quitar de su país a los asesinos y a quienes están involucrados con la droga y, además, si los colombianos desean luchar por su país, entonces los Estados Unidos deberían ofrecer sustento serio, sostenido y financiable." Al menos, el nuevo gobierno se inclina menos por preocuparse acerca de las líneas trazadas entre los esfuerzos anti-droga y los de anti-insurgencia. Bernard Aronson, bajo la Secretaría de Estado de Latinoamérica en la primera administración Bush, hasta habla de prestar el mismo grado de atención hacia Colombia que el que fue aplicado a los Balcanes y al Medio Oriente.
El presidente Bush parece reconocer los riesgos. Él le dijo al diario La República de Bogotá: "Debemos ser cautos, por lo que no debemos mandar demasiadas tropas e involucrarlas en el combate. Existe una línea muy delgada entre el entrenamiento y el combate. Yo apoyo el entrenamiento y la ayuda." Luego, agregó: "Sería muy cauto con respecto al envío de tropas estadounidenses en este momento."
La precaución tendría que ser la palabra clave. Todos los ingredientes de Vietnam están presentes: Aliado corrupto e inefectivo. Insurgencia popular y violenta. Involucramiento ineficiente e insuficiente de los Estados Unidos. Vecinos vulnerables y preocupados.
La política de Washington -casi certeramente- va a fallar, no sólo en el corto plazo, sino también en el período de tres a cinco años, dentro del cual la administración de Clinton prometió lograr el éxito. Sin embargo, durante esos años Estados Unidos será confusamente identificado con un gobierno corrupto que maltrata a su propia gente. Los consejeros estadounidenses van a ser heridos o asesinados y el equipo estadounidense será destruido. El combate se va a expandir. El tráfico de la droga va a continuar.
La pregunta entonces es por qué motivo el Presidente Bush -quien instó a "un compromiso fundamental"- para mejorar las relaciones estadounidenses con Latinoamérica durante la campaña presidencial- lo hará.
UNA MALA SITUACION QUE EMPEORO. Muchos de los problemas colombianos son propios: estatismo, ineficiencia y corrupción. La nación vive en una mala vecindad y sufre de una historia de inestabilidad que perjudica a todos los países latinoamericanos. No hay respuestas fáciles a sus problemas.
Pero la política estadounidense generó, sin lugar a dudas, situaciones mucho peores. Millones de americanos quieren usar drogas. El intento de Washington de suprimir esos deseos ha creado un monstruoso mercado ilícito que amenaza no sólo a nuestra libertad nacional, sino también a la estabilidad de sociedades extranjeras.
Al haber ayudado a la conformación de una guerra real, Estados Unidos ha respondido asfixiando a Bogotá con dinero, convirtiéndola en la tercera más grande receptora de ayuda, después de Israel y Egipto. Además, este flujo financiero creará una nueva serie de problemas consecutivos.
La revista The Economist instó a amoldar al "Plan Colombia a una política más balanceada, con una intención más clara de fortalecer el estado democrático." Desgraciadamente, Estados Unidos tiene pocas herramientas para hacerlo. El enviar grandes sumas de dinero a Colombia, aun por diferentes propósitos, no va a funcionar. Para ser efectivo, las reformas deben ser generadas localmente a través de instituciones locales y tienen que ser apoyadas por ciudadanos locales.
Una alternativa obvia se sugiere. Las FARC han mostrado su voluntad de cooperar con un programa de erradicación de la droga si América sigue el camino de países como Holanda y Portugal en cuanto a la legalización del uso de la droga y se concentra en el tratamiento de la droga. El Comandante de las FARC, Iván Ríos, observa: "Nosotros nos damos cuenta de que la cocaína es mala y hace mucho daño a la gente pobre en los Estados Unidos. Pero decimos que simplemente el perseguir a los pobres campesinos que cosechan la coca, no es la respuesta. En vez de bombardear y fumigar a Colombia, Estados Unidos debe hacer sus propios sacrificios."
Aun si las FARC no responden, la legalización va a destruir el mercado ilícito y entonces va a ser que sea innecesaria la cooperación de las FARC. Algunos latinoamericanos están empezando a pensar lo que una vez fue impensable. El congresista opositor colombiano, Julio Ángel Restrepo, intentó, sin éxito, introducir la legalización de la droga a la agenda de un encuentro del Foro Interparlamentario de las Américas, en el mes de marzo, en Ottawa, Canadá.
Más significativamente, preparándose para asistir al Encuentro de las Américas, en abril -en la ciudad de Quebec, Canadá- el presidente mexicano, Vicente Fox, le dijo a los periodistas mexicanos que la legalización era la única vía para ganar la guerra contra las drogas. Su Ministro de Seguridad Pública y su Ministro del Exterior, claramente respaldaron tal acercamiento. El presidente uruguayo, Jorge Batlle Ibañez, dijo que él quería abrir un debate sobre el tema en el encuentro. Pero Washington se pone en el camino de cualquier país que intenta tener la conducción.
A través de promesas de ayuda extranjera, amenazas de sanciones económicas, presión diplomática, y hasta el uso de la burocracia de las Naciones Unidas, Washington presiona para una prohibición aún más dura. Hasta los estados industrializados más ricos como Australia, han cambiado la dirección de la voluntad de Washington cuando Estados Unidos denunció hasta modestos pasos para atemperar los controles sobre el uso de droga. Los estados pobres del tercer mundo, como Colombia, son particularmente vulnerables a la presión de EE.UU.
¿Qué es lo que va a hacer el Presidente Bush? Él pudo aceptar la verdadera vergüenza pública de retractarse. Y, convenientemente, pudo culpar de todo a su predecesor, hasta de otra política mal dirigida de un gobierno mal guiado.
O, percibiendo la "luz al final del túnel", como muchos oficiales de la era Vietnam, pudo escalar, parte por parte, proclamando la inminente victoria a cada paso del camino. Capturado por el llamado de que la credibilidad americana está en riesgo, porque fue innecesariamente puesta en riesgo, él pudo comprometer a las fuerzas estadounidenses en una larga y difícil guerra y, en última instancia, ser forzado a pedir "paz con honor". Entonces -demasiado tarde- será evidente que Colombia se habrá convertido, verdaderamente, en Vietnam.
Doug Bandow es miembro del Cato Institute y se desempeña como Profesor Adjunto en The Future of Freedom Foundation.
Traducción de Marina L. Esposito.
Brasil no sólo está preocupado por la política sino también por el ambiente, y ha criticado el impacto ambiental de las planeadas operaciones de deforestación y el inevitable destierro. Y ha legitimado la causa de su preocupación: un reporte de la armada colombiana advierte "un daño ecológico...de proporciones insospechadas" debido a la contaminación con petróleo producida por la destrucción de los conductos, derramamiento de químicos provenientes de la producción de droga y la deforestación originada por las operaciones de erradicación de coca. El rociamiento aéreo también ha provocado la destrucción de cosechas legales, como bananas, maíz y yuca, y es denunciado por parte de los residentes ya que ocasiona varios trastornos a la salud.
Quizás el más vulnerable sea Ecuador, empobrecido económicamente y políticamente inestable. Michael Radu, del Instituto de Investigación de Política Exterior, observa: "Simplificándolo, el país es ingobernable. Ha tenido cinco presidentes en muchos años y presenta una estructura militar dividida, de dudosa lealtad a la democracia y al gobierno electo. Además, hay grandes segmentos de la población que simplemente no tienen la voluntad de comprender o de aceptar realidades económicas simples: que el gobierno está en banca rota, que no puede mantener subsidios y que el país no puede más vivir más allá de sus propios recursos."
Washington está gastando $62 millones en hangares y en pistas de aterrizaje en un aeropuerto fuera de la ciudad de Manta. El Mayor Jorge Zambrano lo denomina "una posición de avance para combatir el narcotráfico" más que una "base", pero eso podría no satisfacer a las guerrillas. Las FARC, el grupo guerrillero líder, amenazaron con vengarse si Quito se vinculaba con las operaciones anti-droga americanas. Los insurgentes colombianos secuestraron a 10 trabajadores petroleros extranjeros en octubre. El congresista de izquierda, Antonio Posso, se queja: "Nuestro conducto de petróleo ya ha sido atacado por las guerrillas colombianas, y los grupos paramilitares están asesinando gente en el territorio ecuatoriano, por lo tanto, sólo hay que imaginarse como una instalación militar como esta actúa como una forma de inducir." Tal facilidad, añade, "es una provocación para todas las fuerzas irregulares en Colombia." En verdad, el año último, un líder guerrillero colombiano expresó que la construcción de la base aérea americana en Manta era una "declaración de guerra."
Máximo Abad Jaramillo, Mayor de Lago Agrio -una ciudad en la frontera de Ecuador- ha visto como la violencia colombiana se ha expandido hacia su ciudad natal: "Si Colombia va a ser otro Vietnam, como todos dicen, entonces Ecuador va a convertirse en la Camboya de esta guerra. No estamos preparados para esta guerra, no queremos ser parte de ella, pero nos están empujando hacia el conflicto contra nuestra voluntad."
Aunque se han registrado largas luchas entre colombianos en Lago Agrio, la activista del vecindario, Amparo de Cordova, nota una importante diferencia: "Ahora su violencia es política y subversiva, y nuestras autoridades parecen tener menos poder para frenarla." Más de 20 colombianos murieron en las primeras seis semanas del 2001.
Quito ha puesto 5.000 soldados adicionales a lo largo de la frontera con Colombia. Pero eso no ha frenado a los laboratorios de cocaína y a los ecuatorianos familiarizados con la cocaína (una vez empleados en esos laboratorios) de irse de Colombia nuevamente hacia Ecuador.
Unos 7.000 refugiados han escapado a través de la frontera hacia el Ecuador. Los oficiales dicen que a ellos les falta dinero, balas y gasolina. "Nos han dejado desprotegidos aquí", un líder cívico expuso su queja al New York Times.
Los extranjeros también están en riesgo: ocho trabajadores petroleros fueron secuestrados el año pasado, uno de los cuales fue asesinado en enero por no pagar por su liberación.
El aumento de la presencia militar de América ha generado una importante preocupación en toda la región. Algunos se refieren a Ecuador como el "nuevo Panamá", sujeto a la poderosa influencia de los Estados Unidos como el "estado nº 51". El congresista ecuatoriano, Enrique Llanes, se queja: "Nosotros estamos comprometiendo nuestra neutralidad en el conflicto colombiano con la base Manta, involucrándonos en una guerra entre los americanos y sus enemigos en Colombia." En verdad, Ecuador está convirtiéndose en un "país destruido, sin nada", le dijo al Washington Post. La política de Washington amenaza a esta torturada tierra con una futura desestabilización, lo que en consecuencia va a debilitar a su política con respecto a la droga.
Aún los oficiales estadounidenses se apresuran a asegurar que no hay un barril sin fondo en Colombia. El Secretario de Defensa, Cohen, el año pasado declaró: "No vamos a ser involucrados en ningún conflicto en Colombia o en cualquier otro sitio de América Central o del Sur." El general retirado del cuerpo de la Marina, Charles Wilhelm, primer comandante de las fuerzas estadounidenses en el Comando del Sur, el cual incluye a Colombia, también trata de reasegurarlo y, por ello, le dice al Congreso: "Los tenientes y los capitanes, como yo, quiénes lucharon y sufrieron por lo de Vietnam, se han convertido en los generales de hoy. Yo sé que vamos a ser una voz contraria a cualquier tipo de medida que condujese a repetir o implique un riesgo de repetir la experiencia de Vietnam. Cuando visito Colombia, yo no percibo un problema de difícil solución. Yo, voluntariamente, expongo una reputación de 36 años como militar profesional, cuando digo categóricamente que Colombia no es otro Vietnam."
Además, cada paso en el lodo requiere de otro, y luego de otro. Como parte del Plan Colombia, el Congreso le dio a Ecuador $40 millones para proyectos de "infraestructura social." No pasó mucho tiempo para que el ministro del Exterior de Ecuador fuese a Washington para pedir otros $300 millones.
Aún Washington no puede encontrar la cooperación regional que tan desesperadamente desea. Los oficiales sospechan que Venezuela -a pesar de las protestas en contra de Hugo Chávez- está ayudando a los insurgentes colombianos. Por su parte, Brasil ha mostrado su oposición al Plan Colombia. En tanto, Panamá ha rechazado el acceso a la base de las fuerzas militares estadounidenses. En realidad, varias naciones sospechan que Washington desea utilizar la crisis colombiana como una excusa para instalar fuerzas militares en toda la región.
Algunos colombianos desesperanzados quieren que los Estados Unidos directamente comprometan a las guerrillas en conversaciones de paz. El Presidente Pastrana instó a Estados Unidos a aceptar la invitación de las FARC para asistir a su encuentro a comienzos de marzo. El gobierno dijo que no, explicando que no iba a hablar con el grupo hasta que los asesinos de tres trabajadores de ayuda americanos -hecho que ocurrió en 1999- fueran al gobierno para ser enjuiciados.
¿Pero qué pasaba si las FARC llegaban a un arreglo? Es difícil de imaginar lo que Washington diría a las guerrillas en conversaciones de paz: ¿dejen de ser comunistas y ríndanse?. Hasta la solución más obvia, no necesita de la participación de Washington. Bogotá podría negociar ese acuerdo.
El cambio en el gobierno le da a Washington una oportunidad de reconsiderar su política actual. Georges Fauriol, director del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales y consejero de Bush, predice: "El liderazgo que ingresa instará a una claro replantamiento de su estrategia colombiana. Va a significar una entrada desde todas las agencias de inteligencia." Aún, el Presidente Bush parece dispuesto a apoyar la conducción de la política actual.
En agosto pasado, él aprobó el envío de los $1.3 billones del paquete de ayuda, el cual sería destinado a desarrollar las aptitudes de las fuerzas armadas colombianas: "Nuestro apoyo ayudará al gobierno colombiano a proteger a su gente, luchar contra el comercio de la droga, frenar la veloz actividad de las guerrillas y va a ayudar a brindar una resolución sensata y pacífica al conflicto."
El Secretario de Estado, Colin Powell, hizo el mismo pedido cuando le dijo a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado que "el nuevo gobierno va a solventar el Plan Colombia." Como él explicó: "Nosotros creemos que este dinero... debería ser utilizado para ayudar al gobierno colombiano para proteger a su gente, luchar contra el comercio ilícito de la droga, frenar la veloz actividad de las guerrillas y, finalmente, brindar una resolución sensata y pacífica al conflicto."
Supuestamente se utilizará para ello, ¿pero será utilizado para eso?.
CARTELES DE LA DROGA E INSURGENTES. Desdichadamente, la administración de Bush parece más inclinada al riesgo y hasta a un involucramiento más profundo si el dinero no hace el trabajo. En realidad, el Secretario Rumsfeld admite que la producción de droga es conducida por la demanda americana, y que el "éxito" en Colombia va a girar alrededor de la producción.
Pero, en diciembre último, Robert Zoellick -que en ese momento era consejero de Bush- argumentó: "No podemos continuar haciendo una falsa distinción entre la contrainsurgencia y los esfuerzos en contra de los narcóticos", desde que "los narcotraficantes y las guerrillas componen un escenario peligroso." Aunque Colombia no está formalmente dentro de los asuntos que le competen como el jefe de las negociaciones relativas al comercio en el gobierno de Bush, Zoellick es una voz republicana influyente en lo que respecta a política exterior.
Y a fines del año pasado, Anne Patterson, la embajadora estadounidense en Colombia, y Barry McCaffrey, el zar de la droga de Clinton, comenzaron a referirse a las FARC como un cartel de la droga. En realidad, el último acusó a las FARC de ser "la principal entidad organizada de producción de coca en el mundo."
Las implicaciones de la política en esta instancia son obvias. Adam Isaacson, del Centro para la Política Internacional de Washington, se preocupa: "Ellos están usando estas nuevas acusaciones para vender a los americanos con la idea de que la ayuda estadounidense a Colombia es buena, aun si empieza a dirigirse hacia el lado de la contrainsurgencia."
Como Zoellick argumentó en un discurso dirigido al Consejo de Relaciones Exteriores: "Si los líderes colombianos electos legítimamente manifiestan que lo político va a quitar de su país a los asesinos y a quienes están involucrados con la droga y, además, si los colombianos desean luchar por su país, entonces los Estados Unidos deberían ofrecer sustento serio, sostenido y financiable." Al menos, el nuevo gobierno se inclina menos por preocuparse acerca de las líneas trazadas entre los esfuerzos anti-droga y los de anti-insurgencia. Bernard Aronson, bajo la Secretaría de Estado de Latinoamérica en la primera administración Bush, hasta habla de prestar el mismo grado de atención hacia Colombia que el que fue aplicado a los Balcanes y al Medio Oriente.
El presidente Bush parece reconocer los riesgos. Él le dijo al diario La República de Bogotá: "Debemos ser cautos, por lo que no debemos mandar demasiadas tropas e involucrarlas en el combate. Existe una línea muy delgada entre el entrenamiento y el combate. Yo apoyo el entrenamiento y la ayuda." Luego, agregó: "Sería muy cauto con respecto al envío de tropas estadounidenses en este momento."
La precaución tendría que ser la palabra clave. Todos los ingredientes de Vietnam están presentes: Aliado corrupto e inefectivo. Insurgencia popular y violenta. Involucramiento ineficiente e insuficiente de los Estados Unidos. Vecinos vulnerables y preocupados.
La política de Washington -casi certeramente- va a fallar, no sólo en el corto plazo, sino también en el período de tres a cinco años, dentro del cual la administración de Clinton prometió lograr el éxito. Sin embargo, durante esos años Estados Unidos será confusamente identificado con un gobierno corrupto que maltrata a su propia gente. Los consejeros estadounidenses van a ser heridos o asesinados y el equipo estadounidense será destruido. El combate se va a expandir. El tráfico de la droga va a continuar.
La pregunta entonces es por qué motivo el Presidente Bush -quien instó a "un compromiso fundamental"- para mejorar las relaciones estadounidenses con Latinoamérica durante la campaña presidencial- lo hará.
UNA MALA SITUACION QUE EMPEORO. Muchos de los problemas colombianos son propios: estatismo, ineficiencia y corrupción. La nación vive en una mala vecindad y sufre de una historia de inestabilidad que perjudica a todos los países latinoamericanos. No hay respuestas fáciles a sus problemas.
Pero la política estadounidense generó, sin lugar a dudas, situaciones mucho peores. Millones de americanos quieren usar drogas. El intento de Washington de suprimir esos deseos ha creado un monstruoso mercado ilícito que amenaza no sólo a nuestra libertad nacional, sino también a la estabilidad de sociedades extranjeras.
Al haber ayudado a la conformación de una guerra real, Estados Unidos ha respondido asfixiando a Bogotá con dinero, convirtiéndola en la tercera más grande receptora de ayuda, después de Israel y Egipto. Además, este flujo financiero creará una nueva serie de problemas consecutivos.
La revista The Economist instó a amoldar al "Plan Colombia a una política más balanceada, con una intención más clara de fortalecer el estado democrático." Desgraciadamente, Estados Unidos tiene pocas herramientas para hacerlo. El enviar grandes sumas de dinero a Colombia, aun por diferentes propósitos, no va a funcionar. Para ser efectivo, las reformas deben ser generadas localmente a través de instituciones locales y tienen que ser apoyadas por ciudadanos locales.
Una alternativa obvia se sugiere. Las FARC han mostrado su voluntad de cooperar con un programa de erradicación de la droga si América sigue el camino de países como Holanda y Portugal en cuanto a la legalización del uso de la droga y se concentra en el tratamiento de la droga. El Comandante de las FARC, Iván Ríos, observa: "Nosotros nos damos cuenta de que la cocaína es mala y hace mucho daño a la gente pobre en los Estados Unidos. Pero decimos que simplemente el perseguir a los pobres campesinos que cosechan la coca, no es la respuesta. En vez de bombardear y fumigar a Colombia, Estados Unidos debe hacer sus propios sacrificios."
Aun si las FARC no responden, la legalización va a destruir el mercado ilícito y entonces va a ser que sea innecesaria la cooperación de las FARC. Algunos latinoamericanos están empezando a pensar lo que una vez fue impensable. El congresista opositor colombiano, Julio Ángel Restrepo, intentó, sin éxito, introducir la legalización de la droga a la agenda de un encuentro del Foro Interparlamentario de las Américas, en el mes de marzo, en Ottawa, Canadá.
Más significativamente, preparándose para asistir al Encuentro de las Américas, en abril -en la ciudad de Quebec, Canadá- el presidente mexicano, Vicente Fox, le dijo a los periodistas mexicanos que la legalización era la única vía para ganar la guerra contra las drogas. Su Ministro de Seguridad Pública y su Ministro del Exterior, claramente respaldaron tal acercamiento. El presidente uruguayo, Jorge Batlle Ibañez, dijo que él quería abrir un debate sobre el tema en el encuentro. Pero Washington se pone en el camino de cualquier país que intenta tener la conducción.
A través de promesas de ayuda extranjera, amenazas de sanciones económicas, presión diplomática, y hasta el uso de la burocracia de las Naciones Unidas, Washington presiona para una prohibición aún más dura. Hasta los estados industrializados más ricos como Australia, han cambiado la dirección de la voluntad de Washington cuando Estados Unidos denunció hasta modestos pasos para atemperar los controles sobre el uso de droga. Los estados pobres del tercer mundo, como Colombia, son particularmente vulnerables a la presión de EE.UU.
¿Qué es lo que va a hacer el Presidente Bush? Él pudo aceptar la verdadera vergüenza pública de retractarse. Y, convenientemente, pudo culpar de todo a su predecesor, hasta de otra política mal dirigida de un gobierno mal guiado.
O, percibiendo la "luz al final del túnel", como muchos oficiales de la era Vietnam, pudo escalar, parte por parte, proclamando la inminente victoria a cada paso del camino. Capturado por el llamado de que la credibilidad americana está en riesgo, porque fue innecesariamente puesta en riesgo, él pudo comprometer a las fuerzas estadounidenses en una larga y difícil guerra y, en última instancia, ser forzado a pedir "paz con honor". Entonces -demasiado tarde- será evidente que Colombia se habrá convertido, verdaderamente, en Vietnam.
Doug Bandow es miembro del Cato Institute y se desempeña como Profesor Adjunto en The Future of Freedom Foundation.
Traducción de Marina L. Esposito.
