04.10.03EL MUNDO AL REVÉS
La idea de favorecer la exportación y restringir la importación parece sensata. No lo es. Es al revés. Lo importante para un país es la importación, no la exportación. La razón de ser de la producción es el consumo. Se produce para poder consumir e intercambiar lo producido.Por Porfirio Cristaldo Ayala
Uno de los pocos temas en el que están de acuerdo los economistas de todas las ideologías es en los beneficios del libre comercio. No ocurre lo mismo con los políticos que en su inmensa mayoría, de derecha y de izquierda, defienden el proteccionismo. Viven en un mundo al revés.
Para los políticos, un país debe exportar lo máximo posible e importar lo mínimo posible. Por eso favorecen las elevadas tarifas que frenan la importación. Están dispuestos a reducir las tarifas y trabas a la importación de productos de otra nación, solo si sus gobernantes acceden a realizar el mismo sacrificio, bajando tarifas y eliminando trabas a sus productos de exportación.
La idea de favorecer la exportación y restringir la importación parece sensata. No lo es. Es al revés. Lo importante para un país es la importación, no la exportación. La razón de ser de la producción es el consumo. Se produce para poder consumir e intercambiar lo producido. Del mismo modo, se exporta para poder importar otros productos que son más valorados que los que se exportan. La exportación es el pago de la importación.
Lo más lógico sería importar lo máximo posible, exportando lo mínimo posible. Es mejor pagar por la importación de un tractor con la exportación de 100 toneladas de soja que con 200. Y para importar lo máximo posible, nada mejor que eliminar los aranceles a la importación. Un arancel del 60% encarece una maquinaria que cuesta 100 en 160. Si elevamos los aranceles a los tractores, ¿a quién perjudicamos? A nuestros agricultores que tendrán que trabajar más para comprar un tractor, o seguir arando con bueyes. Y también a los fabricantes de tractores del exterior que no podrán vendernos (ni comprar nuestros productos a cambio).
Los agricultores rara vez se percatan que lo que encarece su producción (tractores, combustibles, fertilizantes), son los aranceles aduaneros que fijan nuestros propios gobernantes. Si estos se eliminan los agricultores comprarán tractores al mismo precio que en el exterior, más el flete. Lo mismo se aplica a las maquinarias e insumos que utilizan las industrias, las computadoras y bienes de capital que requiere la producción. Los aranceles paraguayos solo encarecen nuestros productos y nos resta competitividad.
Los fabricantes de bienes de capital que forman poderosos grupos de presión exigen a sus gobernantes negociar la reducción de nuestros aranceles. A cambio nuestros gobernantes les solicitan la reducción de los aranceles a los bienes que pretendemos exportarles, a pedido de grupos de presión, como los agroexportadores. Las empresas con privilegios y mercados cautivos dirigen el proteccionismo de países ricos y pobres, a menudo, gracias a sus contribuciones políticas. Pero la mayor fuerza del proteccionismo surge del voto de los trabajadores beneficiados.
Pero, si bien lo mejor sería importar lo máximo, y en pago, exportar lo mínimo, ello no es posible. Importaciones y exportaciones siempre se igualan, pese al mito de las balanzas comerciales. Por eso, cuanto más importamos, o cuanto más los mercados se ven "invadidos" con productos foráneos, más se logrará exportar, y viceversa. Nada mejor para aumentar nuestras exportaciones y crecer, que bajar nuestros impuestos a la importación.
Los aranceles son un costo. A nuestro país, por ejemplo, le arruinaría el cierre de las rutas internacionales por que encarecería el transporte. Los aranceles son como un "costo adicional" de transporte que paga nuestra gente en los bienes importados y los fabricados localmente. Los aranceles encarecen las maquinarias y materia prima de la industria local. Eliminar todos los aranceles tendría el mismo efecto que conseguir un litoral marítimo o reducir el flete hasta los mercados internacionales.
Los países pobres y sin costas sobre el mar enfrentan un dilema de hierro: ¿cómo dejar de ser víctimas del proteccionismo de otros países? Las trabas de Brasil y Argentina, aún en el Mercosur, han sido más nocivas para el Paraguay que las naciones desarrolladas, aunque el mayor daño padecen brasileños y argentinos, dado que los aranceles benefician a unos pocos a expensas del resto. Y esos pocos condenan a todos al atraso. En el mundo al revés de la política, Paraguay puede dejar de ser víctima del proteccionismo eliminando unilateralmente sus aranceles. Ello tendrá un alto costo para algunos sectores, pero el beneficio será la prosperidad general. Otros lo lograron.
Porfirio Cristaldo Ayala es columnista del diario ABC de Paraguay.
Uno de los pocos temas en el que están de acuerdo los economistas de todas las ideologías es en los beneficios del libre comercio. No ocurre lo mismo con los políticos que en su inmensa mayoría, de derecha y de izquierda, defienden el proteccionismo. Viven en un mundo al revés.
Para los políticos, un país debe exportar lo máximo posible e importar lo mínimo posible. Por eso favorecen las elevadas tarifas que frenan la importación. Están dispuestos a reducir las tarifas y trabas a la importación de productos de otra nación, solo si sus gobernantes acceden a realizar el mismo sacrificio, bajando tarifas y eliminando trabas a sus productos de exportación.
La idea de favorecer la exportación y restringir la importación parece sensata. No lo es. Es al revés. Lo importante para un país es la importación, no la exportación. La razón de ser de la producción es el consumo. Se produce para poder consumir e intercambiar lo producido. Del mismo modo, se exporta para poder importar otros productos que son más valorados que los que se exportan. La exportación es el pago de la importación.
Lo más lógico sería importar lo máximo posible, exportando lo mínimo posible. Es mejor pagar por la importación de un tractor con la exportación de 100 toneladas de soja que con 200. Y para importar lo máximo posible, nada mejor que eliminar los aranceles a la importación. Un arancel del 60% encarece una maquinaria que cuesta 100 en 160. Si elevamos los aranceles a los tractores, ¿a quién perjudicamos? A nuestros agricultores que tendrán que trabajar más para comprar un tractor, o seguir arando con bueyes. Y también a los fabricantes de tractores del exterior que no podrán vendernos (ni comprar nuestros productos a cambio).
Los agricultores rara vez se percatan que lo que encarece su producción (tractores, combustibles, fertilizantes), son los aranceles aduaneros que fijan nuestros propios gobernantes. Si estos se eliminan los agricultores comprarán tractores al mismo precio que en el exterior, más el flete. Lo mismo se aplica a las maquinarias e insumos que utilizan las industrias, las computadoras y bienes de capital que requiere la producción. Los aranceles paraguayos solo encarecen nuestros productos y nos resta competitividad.
Los fabricantes de bienes de capital que forman poderosos grupos de presión exigen a sus gobernantes negociar la reducción de nuestros aranceles. A cambio nuestros gobernantes les solicitan la reducción de los aranceles a los bienes que pretendemos exportarles, a pedido de grupos de presión, como los agroexportadores. Las empresas con privilegios y mercados cautivos dirigen el proteccionismo de países ricos y pobres, a menudo, gracias a sus contribuciones políticas. Pero la mayor fuerza del proteccionismo surge del voto de los trabajadores beneficiados.
Pero, si bien lo mejor sería importar lo máximo, y en pago, exportar lo mínimo, ello no es posible. Importaciones y exportaciones siempre se igualan, pese al mito de las balanzas comerciales. Por eso, cuanto más importamos, o cuanto más los mercados se ven "invadidos" con productos foráneos, más se logrará exportar, y viceversa. Nada mejor para aumentar nuestras exportaciones y crecer, que bajar nuestros impuestos a la importación.
Los aranceles son un costo. A nuestro país, por ejemplo, le arruinaría el cierre de las rutas internacionales por que encarecería el transporte. Los aranceles son como un "costo adicional" de transporte que paga nuestra gente en los bienes importados y los fabricados localmente. Los aranceles encarecen las maquinarias y materia prima de la industria local. Eliminar todos los aranceles tendría el mismo efecto que conseguir un litoral marítimo o reducir el flete hasta los mercados internacionales.
Los países pobres y sin costas sobre el mar enfrentan un dilema de hierro: ¿cómo dejar de ser víctimas del proteccionismo de otros países? Las trabas de Brasil y Argentina, aún en el Mercosur, han sido más nocivas para el Paraguay que las naciones desarrolladas, aunque el mayor daño padecen brasileños y argentinos, dado que los aranceles benefician a unos pocos a expensas del resto. Y esos pocos condenan a todos al atraso. En el mundo al revés de la política, Paraguay puede dejar de ser víctima del proteccionismo eliminando unilateralmente sus aranceles. Ello tendrá un alto costo para algunos sectores, pero el beneficio será la prosperidad general. Otros lo lograron.
Porfirio Cristaldo Ayala es columnista del diario ABC de Paraguay.
