26.09.03MODELO TDK: EL PERONISMO SIGUE AL FRENTE, PERO CON OTRA AGENDA
La dirigencia, pese a las demandas de fines de 2001, se ha renovado poco y nada. De las 14 elecciones de gobernador realizadas hasta la fecha, el oficialismo se impone en todos lados salvo en Tierra del Fuego -provincia cuya población sólo representa el 0,3% del total nacional.Por Julio Burdman
Sin dudas, el peronismo gobernante es el partido predominante de la Argentina. Se expande y se fortalece como fuerza política: en las elecciones legislativas, provinciales y municipales, el conjunto del peronismo obtiene las mayorías más aplastantes que ningún otro partido lograra desde 1983.
La dirigencia, pese a las demandas de fines de 2001, se ha renovado poco y nada. De las 14 elecciones de gobernador realizadas hasta la fecha, el oficialismo se impone en todos lados salvo en Tierra del Fuego -provincia cuya población sólo representa el 0,3% del total nacional. Fueron reelegidos 5 mandatarios: en Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, La Rioja y Jujuy. Y donde el gobernador no se reelige, ascienden las "manos derechas" del caudillo, que no renuevan los liderazgos sino que los continúan. En las nueve elecciones restantes, lo probable es que otros cinco gobernadores sigan en el poder. Como también lo hará casi la mitad de los intendentes bonaerenses, incluyendo a los "barones duhaldistas" del Conurbano.
Pero carece de liderazgo nacional, precisamente porque el poder se encuentra fragmentado entre líderes provinciales que mantienen el poder. La competencia entre sus principales accionistas -hoy, Kirchner y Duhalde- parece inexorable.
Sin embargo, aunque sean otra vez las mismas las estructuras políticas y las personas quienes están a cargo del gobierno en Argentina, lo que sí experimenta un cambio -o, más bien, una profundización del cambio- es la orientación general del movimiento. El peronismo "algo más liberal", que podía haber ocupado -con distancias y diferencias- el espacio de "centroderecha" que deja vacante el menemismo, ha perdido frente al peronismo de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Los dos protagonistas casi excluyentes, hoy, del nivel nacional de la política.
Kirchner y Duhalde podrán tener diferentes visiones de la política y del poder. Y, por sobre todas las cosas, intereses en pugna. Pero comparten una misma visión general sobre la orientación de la economía.
Esta orientación en la que convergen Kirchner y Duhalde cobra forma a través de los cuatro meses de Kirchner, y con el acuerdo de ambos. Esa una orientación que, en principio, se construye con referencia a los noventa. Cambia, respecto de aquellos años, en el discurso del gasto público -la ejecución aún está por verse-, en la relación con los mercados, y en las relaciones económicas internacionales. En que las reformas estructurales que demanda la economía, se subordinan sin dudarlo al "timing" que marca la política. En un tipo de cambio "productivista", y en una visión más nacionalista y mercantilista sobre el rol del Estado en la economía, interviniendo a favor de algunos actores en desmedro de otros. La política social, es para ambos un instrumento económico para la construcción de coaliciones políticas.
Este giro ya se ha visto expresado en un conjunto de medidas y posicionamientos. En el coyunturalismo de crisis, en el presupuesto 2004, en la negociación con el FMI y en la propuesta de Dubai. También, en la revisión y renegociación de privatizaciones que se viene por delante.
Todos estos elementos casi conforman otro "modelo". Las denominaciones varían: Duhalde se refería al mismo como "modelo productivo" y Kirchner habló, desde el 25 de mayo, de "capitalismo nacional". Frepasistas y "transversales" prefieren pensar en un "neodesarrollismo". Analistas económicos y políticos hablan de "neokeynesianismo" o "populismo moderado", en busca de una definición más acorde con escuelas de
pensamiento o experiencias pasadas.
Una lectura más propia de historiadores -pensando en términos de períodos- seguramente distinguirá entre una década del noventa, caracterizada por una sólida gobernabilidad dedicada a implementar un programa más o menos coherente -aunque con fuertes inconsistencias de implementación-, y una posterior, que rompe e intenta romper el modelo anterior. Los libros de historia probablemente hablarán de los "noventa de Menem", y de los "antinoventa" de quienes lo siguieron.
Este giro hacia el "otro modelo", lleva varios capítulos y avanza paulatinamente. Primero intentaron llevarlo a cabo los hoy llamados "Transversales": los aliancistas de centroizquierda, que chocaron con De la Rúa hasta la ruptura de la coalición. Duhalde inaugura el segundo capítulo del intento, en sus 17 meses de transición. Y ahora Kirchner desde la Presidencia, tal vez tiene la oportunidad más concreta. No será un giro del blanco al negro, ya que este "modelo TDK" -Transversales, Duhalde y Kirchner- incluirá elementos moderados que provocarán fugas por izquierda, como una relación estrecha con los Estados Unidos -más allá del discurso encendido- o cierta ortodoxia fiscal.
Ya más cerca del 2004, este modelo TDK parece afianzarse. Se coloca dentro del vector de preferencias de la opinión pública, y se consolida como el consenso dentro de un peronismo predominante. Golpeado el "centroderecha" en las elecciones provinciales de septiembre, el conflicto político del mediano plazo tendrá más que ver con el poder y los espacios, que con los programas y las ideas. Ya como expresión de su afianzamiento, veremos también en los próximos meses que el modelo TDK se convierte en el centro de la política: habrá críticas "por izquierda" -a la relación con EE.UU., a la moderación de su heterodoxia, a la hegemonía santacruceña- y "por derecha" -al setentismo testimonial, a la ausencia de un clima de negocios, a la falta de una estrategia para reinsertarnos en el mundo.
Así, en estos cuatro meses, gracias al influjo de los ex aliancistas transversales, de Duhalde desde el peronismo bonaerense, y del propio Kirchner desde la Presidencia, se ha fortalecido un justicialismo territorializado pero que, a nivel del gobierno nacional, ha consensuado este "modelo TDK", que sintetiza los intentos de ruptura realizados desde 1999 y lo ha plasmado en las diversas medidas y posicionamientos de la política económica. La batalla por delante, en el marco de un nuevo modelo que se afianza, será la del poder.
Las semejanzas entre Kirchner y Menem no son pocas: ambos comparten, por los menos, la tradición y cultura política del peronismo. Ahora, el modelo TDK busca una gobernabilidad como la que gozó Menem, pero para implementar una agenda distinta.
Julio Burdman es Director del Observatorio Electoral Latinoamericano.
Sin dudas, el peronismo gobernante es el partido predominante de la Argentina. Se expande y se fortalece como fuerza política: en las elecciones legislativas, provinciales y municipales, el conjunto del peronismo obtiene las mayorías más aplastantes que ningún otro partido lograra desde 1983.
La dirigencia, pese a las demandas de fines de 2001, se ha renovado poco y nada. De las 14 elecciones de gobernador realizadas hasta la fecha, el oficialismo se impone en todos lados salvo en Tierra del Fuego -provincia cuya población sólo representa el 0,3% del total nacional. Fueron reelegidos 5 mandatarios: en Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, La Rioja y Jujuy. Y donde el gobernador no se reelige, ascienden las "manos derechas" del caudillo, que no renuevan los liderazgos sino que los continúan. En las nueve elecciones restantes, lo probable es que otros cinco gobernadores sigan en el poder. Como también lo hará casi la mitad de los intendentes bonaerenses, incluyendo a los "barones duhaldistas" del Conurbano.
Pero carece de liderazgo nacional, precisamente porque el poder se encuentra fragmentado entre líderes provinciales que mantienen el poder. La competencia entre sus principales accionistas -hoy, Kirchner y Duhalde- parece inexorable.
Sin embargo, aunque sean otra vez las mismas las estructuras políticas y las personas quienes están a cargo del gobierno en Argentina, lo que sí experimenta un cambio -o, más bien, una profundización del cambio- es la orientación general del movimiento. El peronismo "algo más liberal", que podía haber ocupado -con distancias y diferencias- el espacio de "centroderecha" que deja vacante el menemismo, ha perdido frente al peronismo de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Los dos protagonistas casi excluyentes, hoy, del nivel nacional de la política.
Kirchner y Duhalde podrán tener diferentes visiones de la política y del poder. Y, por sobre todas las cosas, intereses en pugna. Pero comparten una misma visión general sobre la orientación de la economía.
Esta orientación en la que convergen Kirchner y Duhalde cobra forma a través de los cuatro meses de Kirchner, y con el acuerdo de ambos. Esa una orientación que, en principio, se construye con referencia a los noventa. Cambia, respecto de aquellos años, en el discurso del gasto público -la ejecución aún está por verse-, en la relación con los mercados, y en las relaciones económicas internacionales. En que las reformas estructurales que demanda la economía, se subordinan sin dudarlo al "timing" que marca la política. En un tipo de cambio "productivista", y en una visión más nacionalista y mercantilista sobre el rol del Estado en la economía, interviniendo a favor de algunos actores en desmedro de otros. La política social, es para ambos un instrumento económico para la construcción de coaliciones políticas.
Este giro ya se ha visto expresado en un conjunto de medidas y posicionamientos. En el coyunturalismo de crisis, en el presupuesto 2004, en la negociación con el FMI y en la propuesta de Dubai. También, en la revisión y renegociación de privatizaciones que se viene por delante.
Todos estos elementos casi conforman otro "modelo". Las denominaciones varían: Duhalde se refería al mismo como "modelo productivo" y Kirchner habló, desde el 25 de mayo, de "capitalismo nacional". Frepasistas y "transversales" prefieren pensar en un "neodesarrollismo". Analistas económicos y políticos hablan de "neokeynesianismo" o "populismo moderado", en busca de una definición más acorde con escuelas de
pensamiento o experiencias pasadas.
Una lectura más propia de historiadores -pensando en términos de períodos- seguramente distinguirá entre una década del noventa, caracterizada por una sólida gobernabilidad dedicada a implementar un programa más o menos coherente -aunque con fuertes inconsistencias de implementación-, y una posterior, que rompe e intenta romper el modelo anterior. Los libros de historia probablemente hablarán de los "noventa de Menem", y de los "antinoventa" de quienes lo siguieron.
Este giro hacia el "otro modelo", lleva varios capítulos y avanza paulatinamente. Primero intentaron llevarlo a cabo los hoy llamados "Transversales": los aliancistas de centroizquierda, que chocaron con De la Rúa hasta la ruptura de la coalición. Duhalde inaugura el segundo capítulo del intento, en sus 17 meses de transición. Y ahora Kirchner desde la Presidencia, tal vez tiene la oportunidad más concreta. No será un giro del blanco al negro, ya que este "modelo TDK" -Transversales, Duhalde y Kirchner- incluirá elementos moderados que provocarán fugas por izquierda, como una relación estrecha con los Estados Unidos -más allá del discurso encendido- o cierta ortodoxia fiscal.
Ya más cerca del 2004, este modelo TDK parece afianzarse. Se coloca dentro del vector de preferencias de la opinión pública, y se consolida como el consenso dentro de un peronismo predominante. Golpeado el "centroderecha" en las elecciones provinciales de septiembre, el conflicto político del mediano plazo tendrá más que ver con el poder y los espacios, que con los programas y las ideas. Ya como expresión de su afianzamiento, veremos también en los próximos meses que el modelo TDK se convierte en el centro de la política: habrá críticas "por izquierda" -a la relación con EE.UU., a la moderación de su heterodoxia, a la hegemonía santacruceña- y "por derecha" -al setentismo testimonial, a la ausencia de un clima de negocios, a la falta de una estrategia para reinsertarnos en el mundo.
Así, en estos cuatro meses, gracias al influjo de los ex aliancistas transversales, de Duhalde desde el peronismo bonaerense, y del propio Kirchner desde la Presidencia, se ha fortalecido un justicialismo territorializado pero que, a nivel del gobierno nacional, ha consensuado este "modelo TDK", que sintetiza los intentos de ruptura realizados desde 1999 y lo ha plasmado en las diversas medidas y posicionamientos de la política económica. La batalla por delante, en el marco de un nuevo modelo que se afianza, será la del poder.
Las semejanzas entre Kirchner y Menem no son pocas: ambos comparten, por los menos, la tradición y cultura política del peronismo. Ahora, el modelo TDK busca una gobernabilidad como la que gozó Menem, pero para implementar una agenda distinta.
Julio Burdman es Director del Observatorio Electoral Latinoamericano.
