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26.09.03

EMPLEO PÚBLICO EN BOLIVIA

Sistemáticamente, los años en los cuales cayó la inversión pública, la economía mostró tasas de crecimiento positivas; mientras que en los periodos en los cuales aumentó la inversión pública, el crecimiento de la economía se redujo.
Por Alejandro F. Mercado

Fundación Milenio presentó su informe sobre el comportamiento de la economía boliviana durante el primer semestre del 2003. En dicho informe se señala que el crecimiento económico, medido por el Valor Bruto de Producción de la actividad económica, habría crecido en un 2.11 por ciento. Lo que no se destaca es que éste crecimiento se logró gracias a la caída de la inversión pública, que durante el primer semestre se contrajo en un 21.8 por ciento en comparación con similar periodo del año anterior. Lo sorprendente es que mi estimado colega Napoleón Pacheco, Director de la Fundación, llega a la conclusión de que, en la práctica, no queda otro camino que el estímulo fiscal para reactivar la economía. Probablemente sus conclusiones serían distintas si revisara todos los anteriores informes de la fundación, ya que constaría que, sistemáticamente, los años en los cuales cayó la inversión pública, la economía mostró tasas de crecimiento positivas; mientras que en los periodos en los cuales aumentó la inversión pública, el crecimiento de la economía se redujo.

Parece que no se entiende o, con mayor precisión, no se quiere aceptar, que un dólar más gastado por el gobierno es un dólar menos en los bolsillos de los ciudadanos, que un dólar más de inversión pública es, inexorablemente, un dólar menos de inversión y consumo de las empresas privadas y de los hogares. Es evidente que cuando el Estado gasta más los resultados se los pueden mostrar en cuñas publicitarias, por ejemplo mujeres trasladando piedras, así se muestra al Estado creando empleos; sin embargo, lo que no se ve son los costos que la sociedad tuvo que pagar para que el Estado genere dichos empleos. Si solamente reflexionáramos un poco, podríamos imaginarnos a muchas más mujeres trabajando en mejores condiciones si estos recursos, que fueron gastados por el Estado, lo hubiésemos invertido nosotros mismos. En otros palabras, por cada empleo que crea el Estado, destruye al menos la misma cantidad de empleos en el sector privado.

Cabe destacar una falacia que ha sido aceptada casi por todos los economistas, es que el Estado crea Empleos. Basta con reflexionar un poco para darse cuenta que para crear empleos se requiere hacer gastos de inversión y, dado que el Estado no genera ni un centavo de riqueza, los “empleos que crea” son, en última instancia, creados gracias al esfuerzo privado. De allí cuando un burócrata va a inaugurar por ejemplo un puente, como si fuese el regalo del gobierno a la sociedad, debemos darnos cuenta que ese puente ha estado financiado por nosotros, que ese puente nos ha costado menos exportaciones, menos inversión en microempresas o, probablemente, menos panes para nuestros hijos.

Como el objetivo del Estado, desde la óptica de los intervensionistas, es crear empleo,  cuando más ineficiente sea el uso de la mano de obra, léase más baja productividad, se generarán más empleos, con lo que la sociedad no habrá ganado, sino que habremos perdido.

 

Alejandro F. Mercado es director del Instituto de Investigaciones Socio Económicas de la Universidad Católica Boliviana. E-mail: amercado@ucb.edu.bo