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12.09.03

FALACIAS EN CANCÚN

Por Ronald Bailey

Subsidios agrícolas causan la muerte de miles de personas

Cancún, México-El 5to encuentro ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) dará comienzo mañana en este balneario del caribe rodeado de playas de arena blanca. Apenas salido del avión, me apresuro a cruzar las barreras policiales para no perderme el "curso" antiglobalización organizado por el International Forum on Globalization (IFG). Estoy ansioso por escuchar lo que estos apasionados detractores de la globalización tienen que decir acerca de los subsidios agrícolas. ¿Y Ud. se preguntará por qué tanta ansiedad?
Porque el logro más importante de este encuentro de la OMC podría ser un claro avance en las negociaciones en torno a un verdadero libre comercio de productos agrícolas. Ese es el compromiso central de la llamada ronda del desarrollo iniciada en Doha, Qatar, hace dos años. La liberación global del comercio agrícola es de fundamental importancia dado que la mayoría de los habitantes de los países más pobres del mundo son agricultores. La integración de dichos agricultores al sistema mundial de comercio, les permitiría dar los primeros pasos hacia el desarrollo económico. De los dos mil millones de pobres que viven hoy en el mundo con menos de 2 dólares al día, la gran mayoría habita en comunidades rurales.
Sin embargo, su acceso a los mercados mundiales se encuentra bloqueado por las políticas proteccionistas de los países más ricos del mundo: los miembros de la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón. Dichos países gastan más de 300 mil millones de dólares por año en subsidios a sus agricultores. Semejante inversión dinero equivale a que la vaca europea promedio reciba un subsidio equivalente a 2,5 dólares por día.
De este modo, los agricultores de los países menos desarrollados sufren un doble perjuicio: en primer lugar los subsidios de los países ricos bajan artificialmente los precios del cereal en el mundo logrando de este modo que los agricultores de países pobres no puedan competir con ellos y en segundo lugar, los países ricos logran invadir los mercados de los países pobres con sus productos agrícolas subsidiados. El New York Times recientemente, y con toda razón, ha afirmado en sus editoriales que dicha situación no sólo es injusta sino que además es inmoral.
Y es claramente inmoral porque la falta de acceso al libre comercio y los subsidios agrícolas de los países desarrollados, están matando literalmente a muchas personas según lo indica un reporte reciente del Center for a New Europe (CNE) con sede en Bruselas. El CNE ha concluido que "6.000 personas mueren diariamente en el mundo victimas de las reglas comerciales establecidas por la Unión Europea (UE)". Esto implica matar unas 275 personas por hora, el equivalente de estrellar un Boeing 747 cargado de gente por hora, las 24 horas al día.
Pero la UE esta lejos de ser la única culpable de esta tragedia comercial. Cuando los precios del cereal bajaron, la administración Bush decidió descontinuar el programa de Libertad agrícola que consistía en eliminar la mayor parte de los subsidios agrícolas en los Estados Unidos. Con el objetivo de satisfacer a los grupos de presión agrícolas y a cambio de su apoyo electoral, Bush aumentó los subsidios destinados a tal actividad en un monto de 174 mil millones de dólares a gastarse en los próximos diez años.
El Food Policy Research Institute de Washington, DC, afirma que "el proteccionismo y los subsidios de las naciones desarrolladas, cuestan a los países en vías de desarrollo unos 24 mil millones de dólares por año, por las pérdidas sufridas en sus mercados agrícola y agroindustrial". Para poder apreciar mejor estas cifras, debemos recordar que la OMC estima que los 40 países menos desarrollados del mundo han exportado en el año 2002, la escuálida cifra total de 38 mil millones de dólares. Una porción ínfima de las exportaciones totales del mundo, considerando que en el mismo año, estas totalizaron un monto de 6.240 miles de millones de dólares.
El reporte del CNE concluye en particular que el continente africano sufre gracias a los subsidios agrícolas de los países desarrollados. El grado de desesperación de la gente que habita la región al sur del desierto del Sahara puede verse claramente en el cálculo realizado por el demógrafo británico Angus Maddison: el producto bruto per cápita de la región es de tan sólo 450 dólares anuales. Maddison explica que dicha cifra equivale al ingreso promedio de un ciudadano común en tiempos del imperio romano. Esto permite concluir que al sur del Sahara no ha habido progreso económico alguno en los últimos 2.000 años de su historia.
En este contexto uno piensa que los activistas medioambientales de la reunión del IFG tenderían a juntar esfuerzos con los activistas que apoyan el libre comercio, recomendando a los ministros congregados en Cancún la eliminación de los perniciosos subsidios de los países ricos. Pero, en lugar de eso, muchos de los que participaron de la reunión del IFG propusieron al mundo dar marcha atrás en la utilización de tecnología y volver a la agricultura para la subsistencia. Vandana Shiva, medioambientalista de la India, dijo a los activistas del IFG en un claro intervalo lúcido: "La agricultura doméstica de la India ha sido destruida gracias a los subsidios agrícolas y el dumping de los países desarrollados". Pero dicha propuesta constituyó una rara excepción a su discurso habitual ya que rápidamente pasó de esta razonable observación a repetir sus irracionales dogmas medioambientales. Su propuesta no consiste ni en eliminar los subsidios ni en abrir el comercio de alimentos. En lugar de eso, quiere que los agricultores de la India rechacen la revolución verde que logró cuadruplicar la producción de cereales en las últimas cuatro décadas y que regresen a la producción de pequeña escala, una excelente receta para condenarlos al hambre.
Will Allen, un agricultor Americano especializado en productos orgánicos, explicó en la reunión del IFG que en los Estados Unidos, el 9% de los granjeros recibe casi el 80% de los subsidios, por ende, lo que se logra con éstos no es precisamente ayudar a los pequeños productores. Pero en lugar de proponer la eliminación de los subsidios, Allen afirma: "Somos partidarios de la aplicación de subsidios en todo el mundo para lograr convertir a la agricultura tradicional en agricultura sostenible". Claro que para Allen, agricultura sostenible es tan sólo la dedicada a productos orgánicos, mucho menos productiva que la tradicional o la que se vale de las ventajas de la biotecnología. Menor productividad implica menor disponibilidad de alimentos y mayores extensiones de bosques talados para ser convertidos en granjas agrícolas. De acuerdo con el Consultative Group on International Agricultural Research, el primer factor que impulsa la deforestación en los países en desarrollo son los "agricultores pobres que para alimentar a sus familias no tienen mas opción que talar y quemar porciones de bosque. Y esta actividad de cortado y quemado de árboles tiene como resultado la pérdida o degradación de 25 millones de acres de tierra cada año".
Aparentemente muchos activistas medioambientales prefieren que los agricultores más pobres y sus familias se avoquen a la agricultura para la subsistencia, tarea que sabemos requiere un esfuerzo sobrehumano y logra alienar la mente de quien la realiza. El agricultor Americano especializado en productos orgánicos, Will Allen relató con evidente nostalgia el hecho de que en 1848, cuando los químicos aprendieron como utilizar fertilizantes para impulsar la producción cerealera, el 90 por ciento de los americanos vivían del producto de sus granjas. Según Allen, un siglo después, el 37 por ciento de los americanos trabajaban en sus granjas. Hoy en día, tan sólo el 1 por ciento de los americanos continúa haciéndolo. ¿Qué fue lo que ocurrió?. ¿Los americanos se han empobrecido por haber huido de sus granjas? De ninguna manera. Pasaron de ser un país de meros agricultores a ser la economía más rica y sofisticada en cuanto a avances tecnológicos en la historia de la humanidad. Hace mucho tiempo que los países más ricos debieron eliminar las barreras que impiden a los países más pobres recorrer su mismo camino hacia la prosperidad. Esta conferencia de la OMC en Cancún es la oportunidad perfecta para dar los primeros pasos en dicho sentido.

Ronald Bailey es corresponsal científico de la revista Reason y becario de International Policy Network
Traducción: Eneas Biglione - Hispanic American Center for Economic Research www.hacer.org