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10.09.03

UNA LECTURA IMPRESCINDIBLE PARA
LOS REVOLUCIONARIOS CUBANOS

Juan Antonio Blanco es un intelectual cubano comprometido con la revolución. Historiador, ensayista, ex profesor universitario en La Habana, diplomático, analista de asuntos norteamericanos en el Comité Central, y hasta hace relativamente poco tiempo militante del PC. Hoy vive en Canadá y se ocupa de cuestiones relacionadas con los Derechos Humanos.
Por Carlos Alberto Montaner
Juan Antonio Blanco es un intelectual cubano comprometido con la revolución. Historiador, ensayista, ex profesor universitario en La Habana, diplomático, analista de asuntos norteamericanos en el Comité Central, y hasta hace relativamente poco tiempo militante del PC. Hoy vive en Canadá y se ocupa de cuestiones relacionadas con los Derechos Humanos. Tal vez es una de las cabezas más lúcidas de cuantas han estado al servicio del gobierno de La Habana.
Lo conocí en Halifax, Canadá, en 1988, durante un seminario sobre Cuba. Él formaba parte de la delegación oficial, y yo, junto a otros exiliados, defendía el punto de vista liberal y democrático, es decir, adversario. En algunos momentos conversamos fuera del marco de las discusiones públicas, y aunque teníamos puntos de vista opuestos, y él defendía los suyos con firmeza, me agradó su talante amable y respetuoso. Debo decir, claro, que no fue el único que adoptó esa actitud, porque hasta hubo quien llamó a mi habitación de noche para darme un abrazo, compartir un poco de café y explicarme su completa desilusión con el sistema que se veía obligado a aplaudir. En todo caso, Blanco fue quien más curiosidad me provocó en toda la delegación cubana, incluido Ricardo Alarcón, que era el que la presidía.
Ahora acabo de leer en la revista Encuentro el ensayo Cuba y la Izquierda. Vale la pena analizarlo cuidadosamente. Juan Antonio Blanco lo ha escrito pensando en sus compañeros comunistas o, simplemente, "revolucionarios" que no han renunciado al sentido crítico y, si se quiere, al sentido común. Es decir, gentes que se consideran de izquierda, pero que tienen la suficiente lucidez como para advertir que Fidel Castro y la línea conservadora del PC han llevado el país y a sus propios simpatizantes a un callejón sin salida, deslegitimando en el trayecto a la opción ideológica de la izquierda.
Juan Antonio Blanco no quiere eso. Pretende dotar a la izquierda cubana de un discurso político que le permita sobrevivir, luchar y mantener o ganar el poder limpiamente dentro de un sistema democrático como al que inevitablemente arribará Cuba a medio o largo plazo. Blanco sabe que es imposible que Cuba siga siendo permanentemente la excepción comunista en un planeta que abandonó o está en vías de abandonar ese modelo de organización de la sociedad, pero cree que una izquierda moderna no debe renunciar a perfilar una nueva identidad y a buscar su espacio dentro de las preferencias del pueblo cubano.
Naturalmente, yo no estoy de acuerdo con el recetario que Blanco desea aplicar a los problemas que afectan y afectarán a nuestro pueblo, pero me parece magnífico que en nuestro país exista una izquierda respetuosa del Estado de Derecho, tolerante con otras ideologías y dispuesta a convivir con ellas pacífica y respetuosamente dentro de las instituciones que libremente se dé la nación cubana cuando llegue la hora de la democracia.
La verdad es que Cuba necesita de todo el espectro político democrático. Necesita una izquierda como la que Blanco describe, y necesita una derecha civilizada y dialogante. Y entre ambos extremos del arco ideológico, tampoco debe prescindir de ningún grupo dispuesto a colocarse bajo la autoridad de la ley: liberales, democristianos, socialdemócratas, conservadores o comunistas. La pregunta obvia es si seremos capaces de construir ese tipo de sociedad abierta y dialogante tras la amarga experiencia de la larga dictadura de Castro, antecedida por el nefasto periodo batistiano: más de medio siglo de gobiernos contrarios a los valores democráticos.
Yo creo que sí. Si los españoles superaron el trauma de la Guerra Civil y el franquismo, los chilenos el de la dictadura de Pinochet, y todos los países de Europa del Este la etapa comunista, no veo por qué los cubanos seremos incapaces de transitar pacífica y ordenadamente hacia una apertura democrática que desemboque en un modelo abierto y con garantías para todas las partes. Pero para que ocurra ese proceso es vital que la actual clase dirigente cubana comience a ver con claridad cómo puede reorganizarse, bajo qué premisas y con cuáles objetivos. Por eso me parece tan notoriamente importante lo que acaba de escribir Juan Antonio Blanco.