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31.08.03CHILE ES UN BUEN EJEMPLO
Paraguay fue el más perjudicado por el Mercosur. No obstante, se aferra fuertemente al mismo. Los políticos paraguayos piensan que Brasil y Argentina defenderán sus intereses en las negociaciones con Estados Unidos y con la Unión EuropeaPor Porfirio Cristaldo Ayala
Paraguay fue el más perjudicado por el Mercosur. No obstante, se aferra fuertemente al mismo. Los políticos paraguayos piensan que Brasil y Argentina defenderán sus intereses en las negociaciones con Estados Unidos y con la Unión Europea. Olvidan que las economías brasileña y argentina tienen muy poco en común con Paraguay, y se niegan a desarrollar una política comercial propia, independiente, que atienda sus genuinos intereses. De nada le sirvió el ejemplo de Chile que, pese a estar asociado al Mercosur, firmó un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y con la Unión Europea.
El Congreso de Estados Unidos aprobó días atrás el Tratado de Libre Comercio con Chile, aumentando enormemente las oportunidades comerciales de ambos países. A Estados Unidos ello le permitirá avanzar en su política de consolidación de la democracia, el estado de derecho y la estabilidad en América Latina. Cinco meses antes Chile puso en vigencia un TLC con la Unión Europea. Este país tendrá acceso a los dos mercados más grandes y atractivos del mundo. Chile es una nación latinoamericana digna de imitar.
El gobierno socialista chileno no se lanzó en contra de la globalización o el ALCA, ni perdió el tiempo en corear la absurda retórica populista que rechaza el neoliberalismo y las multinacionales. Lagos no se alineó con Lula y Kirchner, en busca de la “armonización económica” en el Mercosur, y menos con Chávez y Castro, en defensa de la opresión y pobreza compartida. El presidente Lagos optó por defender los intereses de Chile.
Más sorprendente, Lagos no condicionó la firma del TLC a la eliminación de los subsidios agrícolas de Estados Unidos. Si bien estos subsidios afectarán a Chile, el TLC eliminará los aranceles de un 87% del comercio bilateral, liberando un inmenso mercado. Chile entendió que al igual que México, Canadá, Jordania, Israel y Singapur, países que acordaron TLC similares, el libre comercio es la fuerza más poderosa para impulsar su desarrollo. México produce hoy el doble de riqueza que Brasil gracias al TLC con Estados Unidos.
Chile es un país serio, el único en América Latina que tiene posibilidades de entrar al primer mundo en los próximos diez o quince años. Ya en los años 80, la apertura unilateral de su economía, reduciendo drásticamente sus aranceles aduaneros, las regulaciones y el proteccionismo, sin esperar reciprocidad de otros países, le llevó, no al caos como temen los estatistas, sino a un increíble crecimiento económico sostenido, de un promedio del 7% anual, llegando a reducir la pobreza a la mitad. La apertura comercial le aseguró una alta competitividad (está entre los 20 países más competitivos del mundo) indispensable para expandir sus exportaciones y mantener un alto crecimiento.
El Mercosur es distinto. Tenía la posibilidad de ser un área de libre comercio, pero se convirtió en un área de proteccionismo. La unión aduanera asumió la estrategia de un bloque proteccionista, con beneficios, quizá, para Brasil y Argentina, países industrializados, pero no para Paraguay que carece de industrias. Antes de la unión aduanera Paraguay tenía un mercado más abierto, pero luego debió alzar sus aranceles para adecuarse al Mercosur. ¿Cómo competirá Paraguay con Brasil y Argentina si solo puede adquirir bienes de capital de estos países?
El Mercosur fue violado unilateralmente en varias ocasiones en perjuicio de Paraguay, como en la devaluación del Real por el Brasil en 1999, y las excepciones arancelarias impuestas por la Argentina en 2000-2001. Pero lo que es peor, el fortalecimiento interno y la expansión que impulsan Lula y Kirchner, pretende eliminar la competencia interna, estableciendo profusas regulaciones, elevados aranceles externos, subsidios, mercados laborales rígidos, políticas tributarias, fiscales y económicas comunes, que restringirán la posibilidad de los países individuales de competir con políticas económicas propias.
Paraguay, para salir de la pobreza, debe ofrecer a la inversión impuestos más bajos, economía abierta, austeridad fiscal, seguridad jurídica, protección de la propiedad, baja corrupción, leyes laborales flexibles, moneda sana y fuerte, en síntesis, condiciones más atractivas que Brasil y Argentina. De lo contrario, no habría razón para que algún inversionista acepte los riesgos de enterrar su capital en el país. Paraguay no puede dejar en manos de Brasilia o Buenos Aires la decisión de su futuro económico, debe abrirse unilateralmente al mundo, liberalizar su economía y seguir los pasos de Chile.
Por Porfirio Cristaldo Ayala
Paraguay fue el más perjudicado por el Mercosur. No obstante, se aferra fuertemente al mismo. Los políticos paraguayos piensan que Brasil y Argentina defenderán sus intereses en las negociaciones con Estados Unidos y con la Unión Europea. Olvidan que las economías brasileña y argentina tienen muy poco en común con Paraguay, y se niegan a desarrollar una política comercial propia, independiente, que atienda sus genuinos intereses. De nada le sirvió el ejemplo de Chile que, pese a estar asociado al Mercosur, firmó un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y con la Unión Europea.
El Congreso de Estados Unidos aprobó días atrás el Tratado de Libre Comercio con Chile, aumentando enormemente las oportunidades comerciales de ambos países. A Estados Unidos ello le permitirá avanzar en su política de consolidación de la democracia, el estado de derecho y la estabilidad en América Latina. Cinco meses antes Chile puso en vigencia un TLC con la Unión Europea. Este país tendrá acceso a los dos mercados más grandes y atractivos del mundo. Chile es una nación latinoamericana digna de imitar.
El gobierno socialista chileno no se lanzó en contra de la globalización o el ALCA, ni perdió el tiempo en corear la absurda retórica populista que rechaza el neoliberalismo y las multinacionales. Lagos no se alineó con Lula y Kirchner, en busca de la “armonización económica” en el Mercosur, y menos con Chávez y Castro, en defensa de la opresión y pobreza compartida. El presidente Lagos optó por defender los intereses de Chile.
Más sorprendente, Lagos no condicionó la firma del TLC a la eliminación de los subsidios agrícolas de Estados Unidos. Si bien estos subsidios afectarán a Chile, el TLC eliminará los aranceles de un 87% del comercio bilateral, liberando un inmenso mercado. Chile entendió que al igual que México, Canadá, Jordania, Israel y Singapur, países que acordaron TLC similares, el libre comercio es la fuerza más poderosa para impulsar su desarrollo. México produce hoy el doble de riqueza que Brasil gracias al TLC con Estados Unidos.
Chile es un país serio, el único en América Latina que tiene posibilidades de entrar al primer mundo en los próximos diez o quince años. Ya en los años 80, la apertura unilateral de su economía, reduciendo drásticamente sus aranceles aduaneros, las regulaciones y el proteccionismo, sin esperar reciprocidad de otros países, le llevó, no al caos como temen los estatistas, sino a un increíble crecimiento económico sostenido, de un promedio del 7% anual, llegando a reducir la pobreza a la mitad. La apertura comercial le aseguró una alta competitividad (está entre los 20 países más competitivos del mundo) indispensable para expandir sus exportaciones y mantener un alto crecimiento.
El Mercosur es distinto. Tenía la posibilidad de ser un área de libre comercio, pero se convirtió en un área de proteccionismo. La unión aduanera asumió la estrategia de un bloque proteccionista, con beneficios, quizá, para Brasil y Argentina, países industrializados, pero no para Paraguay que carece de industrias. Antes de la unión aduanera Paraguay tenía un mercado más abierto, pero luego debió alzar sus aranceles para adecuarse al Mercosur. ¿Cómo competirá Paraguay con Brasil y Argentina si solo puede adquirir bienes de capital de estos países?
El Mercosur fue violado unilateralmente en varias ocasiones en perjuicio de Paraguay, como en la devaluación del Real por el Brasil en 1999, y las excepciones arancelarias impuestas por la Argentina en 2000-2001. Pero lo que es peor, el fortalecimiento interno y la expansión que impulsan Lula y Kirchner, pretende eliminar la competencia interna, estableciendo profusas regulaciones, elevados aranceles externos, subsidios, mercados laborales rígidos, políticas tributarias, fiscales y económicas comunes, que restringirán la posibilidad de los países individuales de competir con políticas económicas propias.
Paraguay, para salir de la pobreza, debe ofrecer a la inversión impuestos más bajos, economía abierta, austeridad fiscal, seguridad jurídica, protección de la propiedad, baja corrupción, leyes laborales flexibles, moneda sana y fuerte, en síntesis, condiciones más atractivas que Brasil y Argentina. De lo contrario, no habría razón para que algún inversionista acepte los riesgos de enterrar su capital en el país. Paraguay no puede dejar en manos de Brasilia o Buenos Aires la decisión de su futuro económico, debe abrirse unilateralmente al mundo, liberalizar su economía y seguir los pasos de Chile.
El Congreso de Estados Unidos aprobó días atrás el Tratado de Libre Comercio con Chile, aumentando enormemente las oportunidades comerciales de ambos países. A Estados Unidos ello le permitirá avanzar en su política de consolidación de la democracia, el estado de derecho y la estabilidad en América Latina. Cinco meses antes Chile puso en vigencia un TLC con la Unión Europea. Este país tendrá acceso a los dos mercados más grandes y atractivos del mundo. Chile es una nación latinoamericana digna de imitar.
El gobierno socialista chileno no se lanzó en contra de la globalización o el ALCA, ni perdió el tiempo en corear la absurda retórica populista que rechaza el neoliberalismo y las multinacionales. Lagos no se alineó con Lula y Kirchner, en busca de la “armonización económica” en el Mercosur, y menos con Chávez y Castro, en defensa de la opresión y pobreza compartida. El presidente Lagos optó por defender los intereses de Chile.
Más sorprendente, Lagos no condicionó la firma del TLC a la eliminación de los subsidios agrícolas de Estados Unidos. Si bien estos subsidios afectarán a Chile, el TLC eliminará los aranceles de un 87% del comercio bilateral, liberando un inmenso mercado. Chile entendió que al igual que México, Canadá, Jordania, Israel y Singapur, países que acordaron TLC similares, el libre comercio es la fuerza más poderosa para impulsar su desarrollo. México produce hoy el doble de riqueza que Brasil gracias al TLC con Estados Unidos.
Chile es un país serio, el único en América Latina que tiene posibilidades de entrar al primer mundo en los próximos diez o quince años. Ya en los años 80, la apertura unilateral de su economía, reduciendo drásticamente sus aranceles aduaneros, las regulaciones y el proteccionismo, sin esperar reciprocidad de otros países, le llevó, no al caos como temen los estatistas, sino a un increíble crecimiento económico sostenido, de un promedio del 7% anual, llegando a reducir la pobreza a la mitad. La apertura comercial le aseguró una alta competitividad (está entre los 20 países más competitivos del mundo) indispensable para expandir sus exportaciones y mantener un alto crecimiento.
El Mercosur es distinto. Tenía la posibilidad de ser un área de libre comercio, pero se convirtió en un área de proteccionismo. La unión aduanera asumió la estrategia de un bloque proteccionista, con beneficios, quizá, para Brasil y Argentina, países industrializados, pero no para Paraguay que carece de industrias. Antes de la unión aduanera Paraguay tenía un mercado más abierto, pero luego debió alzar sus aranceles para adecuarse al Mercosur. ¿Cómo competirá Paraguay con Brasil y Argentina si solo puede adquirir bienes de capital de estos países?
El Mercosur fue violado unilateralmente en varias ocasiones en perjuicio de Paraguay, como en la devaluación del Real por el Brasil en 1999, y las excepciones arancelarias impuestas por la Argentina en 2000-2001. Pero lo que es peor, el fortalecimiento interno y la expansión que impulsan Lula y Kirchner, pretende eliminar la competencia interna, estableciendo profusas regulaciones, elevados aranceles externos, subsidios, mercados laborales rígidos, políticas tributarias, fiscales y económicas comunes, que restringirán la posibilidad de los países individuales de competir con políticas económicas propias.
Paraguay, para salir de la pobreza, debe ofrecer a la inversión impuestos más bajos, economía abierta, austeridad fiscal, seguridad jurídica, protección de la propiedad, baja corrupción, leyes laborales flexibles, moneda sana y fuerte, en síntesis, condiciones más atractivas que Brasil y Argentina. De lo contrario, no habría razón para que algún inversionista acepte los riesgos de enterrar su capital en el país. Paraguay no puede dejar en manos de Brasilia o Buenos Aires la decisión de su futuro económico, debe abrirse unilateralmente al mundo, liberalizar su economía y seguir los pasos de Chile.
