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29.03.09

El castrismo: un régimen de contrastes

Por Pablo Alfonso

Cuba es un país de contrastes. Vale decir, en este caso, que la dictadura castrista es un régimen cargado de contradicciones.

El país destina millones de dólares para brindar educación gratuita a miles de estudiantes universitarios asiáticos, africanos y latinoamericanos. Pero en las aulas cubanas los estudiantes carecen de materiales y hay que recurrir a “maestros emergentes” que a duras penas traspasan conocimientos y casi nunca educación.

En Cuba no hay iletrados pero un número significativo de ciudadanos (no hay censos oficiales que registran la cifra) son analfabetos formales, carentes de información básica y de formación adecuada a las realidades del mundo moderno. En la lista negra de la censura aparece un buen número de obras y autores. Muchas escuelas tienen computadoras para la enseñanza y hasta existe una Universidad de Ciencias Informáticas, pero los cubanos de a pie tienen prohibido el acceso a Internet.

Miles de médicos y profesionales de la salud son enviados en “misiones solidarias” (remuneradas o gratuitas) a inhóspitas regiones del mundo; el régimen lleva la cuenta de las cirugías y las consultas que sus galenos practican en el extranjero y se ufana de su espíritu humanitario. Pero en los hospitales cubanos los pacientes esperan meses para una cirugía, tienen que llevar su propia ropa de cama y utensilios de aseo personal, las salas de cirugía no son siempre son asépticas, los médicos carecen de recursos y en las farmacias faltan medicinas.

Cuba importa el 80 por ciento de los productos que consume, mientras casi ese mismo por ciento de sus tierras agrícolas están ociosas. La agricultura controlada por el Estado es ineficiente y los productos agropecuarios, apenas alcanzan para satisfacer los requerimientos mínimos de la población.

El flamante general-presidente Raúl Castro concibió una nueva estrategia para abastecer a la población: Entregar en usufructo a los ciudadanos que lo soliciten, “y reúnan las condiciones”, parcelas de tierras agrícolas invadidas de marabú para ponerlas a producir alimentos. El plan está en marcha pero la prensa oficial ha dado reciente cuenta de ineficientes contrastes.

En un país que siempre fue agrícola, los nuevos agricultores ignoran las técnicas de cultivo. Necesitan aprender cómo y cuándo se siembra un bejuco de boniato, se trasplanta una hortaliza o se entierra un cangre de yuca. Centenares de agrónomos, graduados en universidades, y campesinos de tradición, resultan insuficientes para transmitir un conocimiento que antes se heredaba con la costumbre.

Quienes han recibido sus parcelas de tierra agrícola se enfrentan a simples dificultades que sólo la burocracia y la ineficiencia del Estado paternalista es capaz de convertir en obstáculos insalvables: No hay utensilios de trabajo, ni fertilizantes, y mucho menos insecticidas o pesticidas. En las tiendas de divisas se venden algunos machetes, botas de trabajo y otros enseres menores; pero la moneda nacional no sirve para comprarlos. El regadío sería un lujo por eso es mejor mirar al cielo y esperar por las lluvias.

Pensar en la maquinaria agrícola es un sueño. Los equipos existentes pertenecen a los grandes complejos agroindustriales, controlados por el Estado y el pequeño número restante está en manos de las cooperativas de campesinos, que carecen en la mayoría de los casos del combustible necesario para el trabajo.

Un excelente reportaje periodístico del diario Juventud Rebelde, publicado el pasado domingo 22 de marzo, puso el dedo en la llaga (otra llaga más) por supuesto sólo para mostrarla, sin adelantar posibles soluciones, que ya sería mucho pedir.

Reproduzco los comentarios sobre lo que enfrentan estos cubanos que quieren convertirse en productivos agricultores:

“En el municipio especial de la Isla de la Juventud, Fermina Rodríguez Pantoja (Mina) muestra sus manos maltratadas por el rudo trabajo de desbrozar. Con un machete y un hacha ha derribado casi el 75 por ciento del marabú que infestaba sus cinco hectáreas recién adquiridas”.

“Olga Cabrales, de Palma Soriano: Empecé yo solita y sin ningún instrumento de trabajo. Solo contaba con la última mocha con la que había hecho zafra y que luego se me partió, y un machete que me regalaron. Estuve aproximadamente ocho días dando mocha, tumbando palos sin guantes, sin nada, halando a mano o haciendo garabatos para arrastrar los troncos; creo que hasta debajo de las uñas tenía espinas. “Estuve así hasta que mi esposo, que no estaba de acuerdo con que yo diera este paso, pues estoy operada de varices en las dos piernas, se me unió”.

“Manuel Márquez recibió 3,22 hectáreas en el paraje palmero de El Sitio, y es de los más adelantados en el acondicionamiento de su área”. Aunque sea con un pico nosotros vamos a sembrar; pero hace falta un poco más de apoyo de la CCS y de la Empresa de Cultivos Varios, que las visitas sean para algo más que para preguntarle a uno cuándo va a entregar.

El santiaguero Ramón Rodríguez expuso que la falta de alambre es lo que más lo golpea. “Por ahora buscamos alternativas como el uso de la malla, la cardona o el bambú, pero todo eso requiere aunque sea de un pelo de alambre para poder sostenerse. Si tuviésemos la posibilidad de que se nos asegurara al menos en una parte, eso ayudaría mucho”.

En el municipio de Ciro Redondo, en Ciego de Ávila, quienes se dedican a la ganadería enfrentan el mismo problema.

Es un dolor de cabeza —aseguró Glendis Pernas, de El Mijial— porque el alambre para cercar no aparece por ningún lado. Estoy esperando que lleguen las lluvias para hacer una cerca con piña de ratón. Cuesta menos.

Julio Xenón, de la granja genética El Abra, de Cumanayagua, en Cienfuegos, reveló a JR que en los últimos meses han ocurrido varios robos de alambre.

“En muchos lugares se tira una cerca y cuando vas a ver al otro día, se llevaron un pelo o dos de alambre; y eso nunca se sabe quién fue, porque alambre por alambre es alambre”.

Hasta aquí las citas del reportaje. El rosario de penas es largo. Tengo sólo un par de preguntas. ¿Qué tan costoso resulta para el régimen castrista comprar los utensilios que necesitan estos agricultores para trabajar? ¿Qué es más importante para la población cubana; contar con un excelente equipo nacional de béisbol, tener miles de médicos regalando cirugías en el extranjero, invertir millones de dólares ofreciendo educación gratuita a jóvenes extranjeros, o disponer de los recursos mínimos necesarios para mejorar su calidad de vida?

Fuente: Diario Las Americas, 28 de marzo de 2009.