BRASIL O LA ENCRUCIJADA DE LA ESPERANZA
Ni el mundo de las finanzas ni los analistas políticos quieren recordar hoy las críticas que adelantaron contra Luis Inacio Lula da Silva, cuando aún faltaba un largo trecho para la conclusión de la carrera presidencial el pasado año.Por Miguel Cabrera Peña
Ni el mundo de las finanzas ni los analistas políticos quieren recordar hoy las críticas que adelantaron contra Luis Inacio Lula da Silva, cuando aún faltaba un largo trecho para la conclusión de la carrera presidencial el pasado año. En contra de las previsiones, la moneda no ha ido cuesta abajo, no se han producido fugas de inversiones ni la democracia se ha desestabilizado. Entre los pitonisos se encontraba nada menos que el director ejecutivo del FMI, Horst Köhler, quien de enemigo pasó a proponerle a Argentina el ejemplo del presidente brasileño como vía de solución a sus problemas financieros.
Lo que pocos sabían era que el líder surgido entre las algaradas del sindicalismo metalúrgico tenía perfectamente claro un concepto fundamental de la política: una cosa es ser martillo, o sea, oposición, y otra bien distinta regir los destinos de un país. Siguiendo este punto, el tono populista tan grato a las campañas de izquierda redujo muy pronto sus decibeles y las posturas sectarias desaparecieron, al tiempo que se rodeaba de expertos en economía y finanzas, considerados unánimemente como pragmáticos, y creaba alianzas con más de 500 relevantes empresarios.
A sólo seis meses de su ascenso al poder, no es poco lo que enseña el mandato de este hijo de labradores analfabetos que se ha granjeado el respeto de la banca internacional por su política fiscal disciplinada y sus programas de reactivación económica, única forma de dar respuesta, duradera en el tiempo, a la pobreza y a las demandas sociales de un país que recibió con 50 millones de personas con déficit alimentario y 12 millones de desocupados.
Una personalidad carismática, capaz de imponerse a las invitaciones engañosas, al triunfo efímero del dispendio en políticas públicas sin cimientos firmes de compensación en la dinámica económica, habría de ganarse el apoyo de sectores muy diversos de la sociedad carioca, lo cual, a su vez, coopera en la estabilidad nacional, factor imprescindible del crecimiento.
La política contingente, tan propicia al error de cálculo, no lo ha llevado, por otra parte, a dar pasos que pudieran enturbiar sus relaciones con Estados Unidos. Lo mismo sucede respecto a sus vecinos, entre los cuales impulsa negociaciones para la conformación definitiva del Mercosur. Esta entidad, de lánguido marasmo antes de Lula, cuenta hoy con el acuerdo de los cinco miembros de la Comunidad Andina de Naciones, encabezados por la petrolera Venezuela. El 31 de diciembre próximo es la fecha tope que se propuso para la integración comercial al Mercosur.
El liderazgo brasileño se va definiendo y no únicamente en lo que atañe a su poderío económico, sólo comparable al de México en la región, sino por una estrategia que ata en vez de desunir, que ofrece alianzas en vez de epítetos. Y esto lo ratifica su reciente encuentro con George W. Bush en la Casa Blanca y la invitación que, junto a México como el otro país latinoamericano, le cursara el Grupo de los Ocho para participar en la reunión en el balneario francés de Evian. La interesantísima propuesta de Da Silva para acabar con el hambre en el planeta dominó gran parte del cónclave y obtuvo incluso adhesiones inmediatas, como la de Jacques Chirac, su homólogo galo.
Lula y las reformas
Las reformas del sistema de previsión social y la tributaria, dos de las más grandes que el presidente brasileño se proponía para este año, parecen tener el camino despejado. El pasado abril, Lula alcanzó un acuerdo al respecto con los gobernadores de los 26 Estados y el distrito federal de Brasilia, mientras existen muchas probabilidades de que el próximo agosto la Cámara de Diputados las apruebe.
Reducir las pensiones concedidas a partir de la aprobación del acuerdo y terminar con la jubilación de sueldo íntegro para los funcionarios que ingresen al servicio público después de la reforma; gravar los beneficios percibidos por los jubilados que ganan hasta 350 dólares mensuales y aumentar en siete años la edad mínima para el retiro remunerado; y colocar un techo de 800 dólares a la jubilación pagada por el sistema público, son algunas de las propuestas del Gobierno. Ello, según las estimaciones, afectaría a 600.000 funcionarios y trabajadores federales, además de los empleados de las administraciones provinciales y de los 5500 municipios brasileños.
La nueva presidencia, que liberó el cambio y entregó la jefatura del Banco Central a un ex presidente mundial del BankBoston, ha anunciado que el Estado otorgará créditos a aquellos jóvenes que, tras cumplir una etapa inicial de capacitación en las compañías, quieran conformar cooperativas o iniciar negocios por cuenta propia. Un proyecto que sería sustentado por el Tesoro, Fondo de Amparo al Trabajador, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, con desembolsos iniciales de 166,6 millones de dólares.
Este artículo fue originalmente publicado por www.cubaencuentro.com
Ni el mundo de las finanzas ni los analistas políticos quieren recordar hoy las críticas que adelantaron contra Luis Inacio Lula da Silva, cuando aún faltaba un largo trecho para la conclusión de la carrera presidencial el pasado año. En contra de las previsiones, la moneda no ha ido cuesta abajo, no se han producido fugas de inversiones ni la democracia se ha desestabilizado. Entre los pitonisos se encontraba nada menos que el director ejecutivo del FMI, Horst Köhler, quien de enemigo pasó a proponerle a Argentina el ejemplo del presidente brasileño como vía de solución a sus problemas financieros.
Lo que pocos sabían era que el líder surgido entre las algaradas del sindicalismo metalúrgico tenía perfectamente claro un concepto fundamental de la política: una cosa es ser martillo, o sea, oposición, y otra bien distinta regir los destinos de un país. Siguiendo este punto, el tono populista tan grato a las campañas de izquierda redujo muy pronto sus decibeles y las posturas sectarias desaparecieron, al tiempo que se rodeaba de expertos en economía y finanzas, considerados unánimemente como pragmáticos, y creaba alianzas con más de 500 relevantes empresarios.
A sólo seis meses de su ascenso al poder, no es poco lo que enseña el mandato de este hijo de labradores analfabetos que se ha granjeado el respeto de la banca internacional por su política fiscal disciplinada y sus programas de reactivación económica, única forma de dar respuesta, duradera en el tiempo, a la pobreza y a las demandas sociales de un país que recibió con 50 millones de personas con déficit alimentario y 12 millones de desocupados.
Una personalidad carismática, capaz de imponerse a las invitaciones engañosas, al triunfo efímero del dispendio en políticas públicas sin cimientos firmes de compensación en la dinámica económica, habría de ganarse el apoyo de sectores muy diversos de la sociedad carioca, lo cual, a su vez, coopera en la estabilidad nacional, factor imprescindible del crecimiento.
La política contingente, tan propicia al error de cálculo, no lo ha llevado, por otra parte, a dar pasos que pudieran enturbiar sus relaciones con Estados Unidos. Lo mismo sucede respecto a sus vecinos, entre los cuales impulsa negociaciones para la conformación definitiva del Mercosur. Esta entidad, de lánguido marasmo antes de Lula, cuenta hoy con el acuerdo de los cinco miembros de la Comunidad Andina de Naciones, encabezados por la petrolera Venezuela. El 31 de diciembre próximo es la fecha tope que se propuso para la integración comercial al Mercosur.
El liderazgo brasileño se va definiendo y no únicamente en lo que atañe a su poderío económico, sólo comparable al de México en la región, sino por una estrategia que ata en vez de desunir, que ofrece alianzas en vez de epítetos. Y esto lo ratifica su reciente encuentro con George W. Bush en la Casa Blanca y la invitación que, junto a México como el otro país latinoamericano, le cursara el Grupo de los Ocho para participar en la reunión en el balneario francés de Evian. La interesantísima propuesta de Da Silva para acabar con el hambre en el planeta dominó gran parte del cónclave y obtuvo incluso adhesiones inmediatas, como la de Jacques Chirac, su homólogo galo.
Lula y las reformas
Las reformas del sistema de previsión social y la tributaria, dos de las más grandes que el presidente brasileño se proponía para este año, parecen tener el camino despejado. El pasado abril, Lula alcanzó un acuerdo al respecto con los gobernadores de los 26 Estados y el distrito federal de Brasilia, mientras existen muchas probabilidades de que el próximo agosto la Cámara de Diputados las apruebe.
Reducir las pensiones concedidas a partir de la aprobación del acuerdo y terminar con la jubilación de sueldo íntegro para los funcionarios que ingresen al servicio público después de la reforma; gravar los beneficios percibidos por los jubilados que ganan hasta 350 dólares mensuales y aumentar en siete años la edad mínima para el retiro remunerado; y colocar un techo de 800 dólares a la jubilación pagada por el sistema público, son algunas de las propuestas del Gobierno. Ello, según las estimaciones, afectaría a 600.000 funcionarios y trabajadores federales, además de los empleados de las administraciones provinciales y de los 5500 municipios brasileños.
La nueva presidencia, que liberó el cambio y entregó la jefatura del Banco Central a un ex presidente mundial del BankBoston, ha anunciado que el Estado otorgará créditos a aquellos jóvenes que, tras cumplir una etapa inicial de capacitación en las compañías, quieran conformar cooperativas o iniciar negocios por cuenta propia. Un proyecto que sería sustentado por el Tesoro, Fondo de Amparo al Trabajador, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, con desembolsos iniciales de 166,6 millones de dólares.
Este artículo fue originalmente publicado por www.cubaencuentro.com
