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13.08.03Luego de casi un mes de huelga del magisterio, finalmente se llegó a un acuerdo para ponerle fin. Sin embargo, lo que ahora corresponde es reflexionar acerca de cuáles serán las consecuencias de este acuerdo, conjuntamente con el firmado con los sindicatos del ICE. Desde mi modesto punto de vista, nada positivo para el futuro del país.
¿UNA NUEVA FORMA DE HACER POLITICA?
Luego de casi un mes de huelga del magisterio, finalmente se llegó a un acuerdo para ponerle fin. Sin embargo, lo que ahora corresponde es reflexionar acerca de cuáles serán las consecuencias de este acuerdo, conjuntamente con el firmado con los sindicatos del ICE. Desde mi modesto punto de vista, nada positivo para el futuro del país.Por Randall Arias S.
Luego de casi un mes de huelga del magisterio, finalmente se llegó a un acuerdo para ponerle fin. Sin embargo, lo que ahora corresponde es reflexionar acerca de cuáles serán las consecuencias de este acuerdo, conjuntamente con el firmado con los sindicatos del ICE. Desde mi modesto punto de vista, nada positivo para el futuro del país.
Debe reconocerse que el Gobierno tuvo una actitud mucho más acertada en el manejo de esta huelga, que con respecto a la del ICE. Precisamente, esta huelga no hubiera llegado a los niveles alcanzados, si el Gobierno hubiera tenido una posición firme con el ICE, como finalmente la tuvo en esta ocasión. Desafortunadamente, una vez más concedió impunidad a los profesores que incumplieron su deber de educar, y que violentaron uno de los derechos fundamentales más importantes: el derecho a la educación de la niñez. Aunque el portillo se cerró bastante, aún queda abierto.
Al menos, no se doblegó ante las injustas e ilegales pretensiones del magisterio, que exigía que se violara la ley y el orden constitucional. Debo mencionar que aún no logro reponerme del golpe psicológico que representa darme cuenta que los educadores se lanzan a la calle para exigir al Gobierno que viole la ley. Francamente, lo que ahora me provoca es una profunda preocupación de saber en manos de quiénes está la formación de nuestros hijos.
El mensaje sigue siendo claro y muy peligroso, para otros grupos con intereses particulares: si se lanza a la calle y violenta los derechos de los individuos será escuchado, y aunque el Gobierno ya no esté dispuesto a concederles casi todo, ahora son los grupos políticos de corte social populista de la Asamblea Legislativa los que, con no poco disimulado interés electoral, estarán dispuestos a satisfacer sus demandas para garantizar una base electoral.
Esta huelga deja muchas consecuencias y lecciones. Primero, ensancha la brecha entre la educación pública y la privada. Así, mientas quienes sí tienen dinero para pagar la educación privada de sus hijos no tuvieron ninguna afectación, quienes no tienen ese dinero, que son la gran mayoría, se encuentran a merced de los caprichos sindicales. No siendo suficiente que la educación pública es hoy de menor calidad con respecto a la privada, tiene menos días lectivos considerando los amplios e intocables congresos de educadores, cuenta con menos recursos, ahora debe soportar ser la carne de cañón de los sindicatos. Qué mejor recurso que utilizar a los estudiantes y su educación como amenaza para procurar los intereses propios? Pero, es ético?
En Costa Rica tenemos una nueva forma de hacer política: se manifiesta por la fuerza en las calles violando derechos fundamentales (libertad de tránsito, de comercio, educación, etc.), y es acogida con los brazos abiertos por los grupos políticos en la Asamblea legislativa, interesados más en el caudal político electoral y olvidando su mandato de representación popular de las mayorías, para beneficiarse ellos mismos y a unas minorías privilegiadas. Hoy Costa Rica avanza como el cangrejo.
Este artículo fue originalmente publicado por la Asociación Nacional de Fomento Económico.
Por Randall Arias S.
Luego de casi un mes de huelga del magisterio, finalmente se llegó a un acuerdo para ponerle fin. Sin embargo, lo que ahora corresponde es reflexionar acerca de cuáles serán las consecuencias de este acuerdo, conjuntamente con el firmado con los sindicatos del ICE. Desde mi modesto punto de vista, nada positivo para el futuro del país.
Debe reconocerse que el Gobierno tuvo una actitud mucho más acertada en el manejo de esta huelga, que con respecto a la del ICE. Precisamente, esta huelga no hubiera llegado a los niveles alcanzados, si el Gobierno hubiera tenido una posición firme con el ICE, como finalmente la tuvo en esta ocasión. Desafortunadamente, una vez más concedió impunidad a los profesores que incumplieron su deber de educar, y que violentaron uno de los derechos fundamentales más importantes: el derecho a la educación de la niñez. Aunque el portillo se cerró bastante, aún queda abierto.
Al menos, no se doblegó ante las injustas e ilegales pretensiones del magisterio, que exigía que se violara la ley y el orden constitucional. Debo mencionar que aún no logro reponerme del golpe psicológico que representa darme cuenta que los educadores se lanzan a la calle para exigir al Gobierno que viole la ley. Francamente, lo que ahora me provoca es una profunda preocupación de saber en manos de quiénes está la formación de nuestros hijos.
El mensaje sigue siendo claro y muy peligroso, para otros grupos con intereses particulares: si se lanza a la calle y violenta los derechos de los individuos será escuchado, y aunque el Gobierno ya no esté dispuesto a concederles casi todo, ahora son los grupos políticos de corte social populista de la Asamblea Legislativa los que, con no poco disimulado interés electoral, estarán dispuestos a satisfacer sus demandas para garantizar una base electoral.
Esta huelga deja muchas consecuencias y lecciones. Primero, ensancha la brecha entre la educación pública y la privada. Así, mientas quienes sí tienen dinero para pagar la educación privada de sus hijos no tuvieron ninguna afectación, quienes no tienen ese dinero, que son la gran mayoría, se encuentran a merced de los caprichos sindicales. No siendo suficiente que la educación pública es hoy de menor calidad con respecto a la privada, tiene menos días lectivos considerando los amplios e intocables congresos de educadores, cuenta con menos recursos, ahora debe soportar ser la carne de cañón de los sindicatos. Qué mejor recurso que utilizar a los estudiantes y su educación como amenaza para procurar los intereses propios? Pero, es ético?
En Costa Rica tenemos una nueva forma de hacer política: se manifiesta por la fuerza en las calles violando derechos fundamentales (libertad de tránsito, de comercio, educación, etc.), y es acogida con los brazos abiertos por los grupos políticos en la Asamblea legislativa, interesados más en el caudal político electoral y olvidando su mandato de representación popular de las mayorías, para beneficiarse ellos mismos y a unas minorías privilegiadas. Hoy Costa Rica avanza como el cangrejo.
Este artículo fue originalmente publicado por la Asociación Nacional de Fomento Económico.
Debe reconocerse que el Gobierno tuvo una actitud mucho más acertada en el manejo de esta huelga, que con respecto a la del ICE. Precisamente, esta huelga no hubiera llegado a los niveles alcanzados, si el Gobierno hubiera tenido una posición firme con el ICE, como finalmente la tuvo en esta ocasión. Desafortunadamente, una vez más concedió impunidad a los profesores que incumplieron su deber de educar, y que violentaron uno de los derechos fundamentales más importantes: el derecho a la educación de la niñez. Aunque el portillo se cerró bastante, aún queda abierto.
Al menos, no se doblegó ante las injustas e ilegales pretensiones del magisterio, que exigía que se violara la ley y el orden constitucional. Debo mencionar que aún no logro reponerme del golpe psicológico que representa darme cuenta que los educadores se lanzan a la calle para exigir al Gobierno que viole la ley. Francamente, lo que ahora me provoca es una profunda preocupación de saber en manos de quiénes está la formación de nuestros hijos.
El mensaje sigue siendo claro y muy peligroso, para otros grupos con intereses particulares: si se lanza a la calle y violenta los derechos de los individuos será escuchado, y aunque el Gobierno ya no esté dispuesto a concederles casi todo, ahora son los grupos políticos de corte social populista de la Asamblea Legislativa los que, con no poco disimulado interés electoral, estarán dispuestos a satisfacer sus demandas para garantizar una base electoral.
Esta huelga deja muchas consecuencias y lecciones. Primero, ensancha la brecha entre la educación pública y la privada. Así, mientas quienes sí tienen dinero para pagar la educación privada de sus hijos no tuvieron ninguna afectación, quienes no tienen ese dinero, que son la gran mayoría, se encuentran a merced de los caprichos sindicales. No siendo suficiente que la educación pública es hoy de menor calidad con respecto a la privada, tiene menos días lectivos considerando los amplios e intocables congresos de educadores, cuenta con menos recursos, ahora debe soportar ser la carne de cañón de los sindicatos. Qué mejor recurso que utilizar a los estudiantes y su educación como amenaza para procurar los intereses propios? Pero, es ético?
En Costa Rica tenemos una nueva forma de hacer política: se manifiesta por la fuerza en las calles violando derechos fundamentales (libertad de tránsito, de comercio, educación, etc.), y es acogida con los brazos abiertos por los grupos políticos en la Asamblea legislativa, interesados más en el caudal político electoral y olvidando su mandato de representación popular de las mayorías, para beneficiarse ellos mismos y a unas minorías privilegiadas. Hoy Costa Rica avanza como el cangrejo.
Este artículo fue originalmente publicado por la Asociación Nacional de Fomento Económico.
