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13.08.03

SALVANDO AL ESTATISMO

La situación en Paraguay es tan patética que hasta la izquierda parece creer que el FMI salvará al país de su deuda externa y le abrirá las puertas al desarrollo. Otros tienen la ilusión de que el FMI obligará al gobierno a desmantelar la corrupción y hacer las reformas. Pero los únicos que pisan tierra son los estatistas que saben que el FMI salvará al estatismo preservando el status quo con sus privilegios, derroche y corrupción.
Por Porfirio Cristaldo Ayala

La situación en Paraguay es tan patética que hasta la izquierda parece creer que el FMI salvará al país de su deuda externa y le abrirá las puertas al desarrollo. Otros tienen la ilusión de que el FMI obligará al gobierno a desmantelar la corrupción y hacer las reformas. Pero los únicos que pisan tierra son los estatistas que saben que el FMI salvará al estatismo preservando el status quo con sus privilegios, derroche y corrupción.
La misión del FMI que llegó al país elaboró un atareado programa de evaluación macroeconómica que incluye la verificación de las empresas estatales de electricidad, teléfono, agua, la seguridad social (IPS), la banca pública y Hacienda, ¡como si no supieran el estado ruinoso del sector público! Esta exhaustiva investigación, supuestamente, determinará las medidas a aplicar para impulsar el crecimiento de la economía. ¡Mentiras!
Los técnicos del Fondo saben perfectamente lo que precisa el Paraguay para salir del pozo: liberalización de la economía. Pero harán todo lo contrario. Al igual que hacen siempre, le concederán al gobierno un salvataje financiero que permitirá a los estatistas seguir postergando las reformas de mercado que el país precisa con urgencia para volver a crecer y crear empleos.
Los duros condicionamientos que acompañan a los créditos de salvataje nunca se cumplen. Las exigencias de austeridad, disciplina fiscal, transparencia y reformas de mercado, son pura retórica del FMI. Es por eso que en más de medio siglo el Fondo no ha logrado impulsar el crecimiento sostenido en país alguno. Lo único que ha conseguido es preservar las estructuras estatistas que postraron a los pueblos en el endeudamiento y atraso. Sin los créditos de ayuda del FMI los gobiernos habrían encarado las reformas muchos antes.
El estatismo y la cleptocracia en Paraguay se han consolidado gracias a los préstamos del FMI, el BID y el Banco Mundial. Estas y otras entidades multilaterales de créditos que perpetuaron el estatismo son las responsables de que el país esté sumido en la desgracia, acogotado por deudas, subsidios, desfalcos y déficit fiscal, asfixiado por monopolios estatales obsoletos, sumergido en el favoritismo y clientelismo político, y sojuzgados por la corrupción.
Los burócratas del FMI, sin importarles sus continuos fracasos, siguen facilitando préstamos a los gobiernos corruptos y derrochadores de los países pobres. Los empleados del FMI deben hacerlo, aunque entiendan la inutilidad o el perjuicio de sus intervenciones, pues si dejaran de conceder créditos perderían sus empleos. Esta es una realidad que los gobernantes que mantienen el poder y se enriquecen gracias a los créditos del Fondo entienden muy bien.
El FMI siempre aplica la solución estatista: si un gobierno despilfarra se debe alzar los impuestos y si una institución fracasa se le asigna más fondos. Nunca cortar los gastos. En Paraguay, desde 1995, el Banco Central ha fallado repetidas veces en solucionar la crisis bancaria. Uno tras otro van cayendo los bancos en quiebras fraudulentas que pulverizan el ahorro de la gente y los fondos públicos, ante la total impotencia del Banco Central. Peor aún, el control del BC solo ha servido para engañar a los ahorristas sobre la solidez de bancos al borde de la quiebra.
No hace falta ser un genio para comprender que lo mejor para un país con gobiernos irresponsables es dolarizar la moneda y jubilar a los expertos del Banco Central, convirtiendo sus lujosas instalaciones en centros culturales y comerciales para el provecho de los ciudadanos. El FMI sin embargo razona que la solución a la crisis financiera es darle todavía más fondos al Banco Central, pues su fracaso se debe a la falta de fondos. A las instituciones falladas el estatismo comúnmente les asigna más recursos y poder.
Se engañan los que piensan que el FMI podría obligar a los gobernantes estatistas a limpiar la administración pública, eliminar los monopolios estatales y realizar las reformas de mercado que requiere el país para volver a progresar. Por el contrario, el Fondo protegerá el estatismo y mandará realizar algunos cambios para no cambiar nada. La deuda seguirá creciendo, los bancos seguirán cayendo, seguirán los robos y el país permanecerá en el pozo.
El FMI es parte del problema, no de la solución. Sin sus créditos los gobernantes estatistas no tendrían otra opción que sanear el estado y liberalizar la economía.