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Artículos

17.03.09

Alternancia en El Salvador

Hasta ahora las declaraciones de Funes son tranquilizadoras. Habla más de Lula y Bachelet que de Chávez, Morales y Correa. El Salvador necesita pasar página de la larga guerra que sufrió el país, así como de una profunda renovación política. La alternancia es la condición necesaria, pero no suficiente. Fuente: Infolatam
Por Carlos Malamud

(Infolatam). Finalmente las encuestas acertaron y a la cuarta fue la vencida. Mauricio Funes, el candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), fue elegido presidente de El Salvador. El resultado de la elección fue muy reñido, como igualmente se esperaba, tal como prueban lo ajustado de los guarismos obtenidos por unos y otros. La mejor noticia que pudimos tener, junto con el hecho de la alternancia, fue que después de una horrible y dura campaña electoral, marcada por la bajeza de las acusaciones y lo insustancial de los argumentos esgrimidos por ambas partes, los ciudadanos no cayeron en la provocación y votaron según sus intereses.

El recuerdo de la guerra civil fue aireado permanentemente por los dos candidatos y sus seguidores. Mientras uno, Rodrigo Ávila, el candidato de ARENA, apelaba al Altísimo para enmarcar su cruzada anticomunista; el otro, Funes, recordaba, o imaginaba, las inequidades cometidas por la derecha y advertía sobre el monstruoso fraude que se iba a cometer en su contra. Así y todo, el FMLN obtuvo con Funes casi medio millón de votos más que en anteriores ocasiones.

El Salvador y Chile eran los dos únicos casos, hasta la fecha, en que la alternancia no se había producido en América Latina desde el inicio de los procesos de transición a la democracia. Veinte años de gobiernos ininterrumpidos de un mismo color político son demasiados, y lo son todavía más si la mediocridad se instala como estilo de gobierno o los logros conseguidos son escasos. Desde esta última perspectiva se puede señalar que en lo relativo al combate contra la pobreza y la inseguridad ciudadana los resultados cosechados en El Salvador han sido más bien magros.

De ahí la importancia del cambio, que sin duda alguna introducirá un soplo de aire fresco en el sistema político salvadoreño y permitirá, o debería permitir, una cierta renovación, imprescindible, en las elites políticas, especialmente de la derecha política pero también en la izquierda. En ambos campamentos todavía moran grandes especimenes de anquilosados representantes de tiempos pretéritos, de cuando se libraban algunas guerras frías y otras mucho más calientes. Sin embargo, sería buena cosa que la derecha económica, especialmente la empresarial, tomara nota del deseo de cambio de su pueblo y acompañara, o al menos no boicoteara, las necesarias reformas que requiere el país, comenzando por la fiscal.

El resultado electoral disipó la principal incertidumbre de la fecha: el nombre del futuro presidente. Pese a ello, siguen abiertas una gran cantidad de incógnitas, que afectan directamente la gobernabilidad del país y su futuro inmediato, y que sólo serán resueltas con el tiempo y con el ejercicio del poder. Como ocurre en otros países de América Latina, el nuevo gobierno carecerá de mayoría parlamentaria y deberá hacer un gran esfuerzo para obtener los consensos necesarios, salvo que quiera echarse al monte y apostar por la ruptura y la reforma constitucional, siguiendo la estela del ecuatoriano Rafael Correa. Parece no ser el caso, dada la actual "correlación de fuerzas" y lo ajustado del resultado electoral, que habla de un país polarizado en torno a dos grandes opciones políticas.

Los problemas no terminan en la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo y van algo más allá. Durante años, el FMLN no había podido ganar la presidencia por lo impresentable de su cartel electoral, encabezado por el ínclito comandante Shafik Handal, de corte claramente estalinista. Fue necesaria una renovación profunda de la candidatura del Frente, a efectos de poner en ella a un periodista, de origen independiente y no afiliado al FMLN, en lugar de los antiguos, ortodoxos y aburguesados comandantes. El punto de conflicto radica allí, ya que son ellos los que todavía mantienen el control del partido, tras múltiples purgas de descontentos y disidentes.

¿Quién mandará en el país en los próximos años, Funes, el presidente electo, el mismo que se proclamó el presidente de todos los salvadoreños, o los ex comandantes guerrilleros, comenzando por el vicepresidente Salvador Sánchez Cerén? La pregunta no es inocente, ya que tiene múltiples connotaciones a futuro, tanto en lo que respecta a la situación interna como a las relaciones internacionales de El Salvador. ¿Cuál será la influencia de Hugo Chávez, bien directamente o bien a través de Petrocaribe? ¿Qué relaciones se mantendrán con Estados Unidos, teniendo en cuenta que es el principal socio comercial del país, el principal destino de sus emigrantes y la principal fuente de las remesas? ¿Cuál será la actitud del nuevo gobierno en el proceso de negociación de un Acuerdo de Asociación de América central con la Unión Europea (UE)?

Hasta ahora El Salvador había sido un firme defensor de la integración centroamericana y de la negociación con Europa. Por el contrario, Nicaragua simboliza, en el vecindario, la postura opuesta, contraria a avanzar en esa dirección, lo que debería permitir en mayo de 2010, coincidiendo con la próxima Cumbre Unión Europea, América Latina y El Caribe, a celebrar en Madrid durante la presidencia española de la UE, la firma de dicho acuerdo. ¿Seguirá el gobierno de Funes la estela trazada por la mayoría de los políticos regionales o se sumará a la postura nicaragüense y hará guiños al ALBA?

Hasta ahora las declaraciones de Funes son tranquilizadoras. Habla más de Lula y Bachelet que de Chávez, Morales y Correa. Sus palabras de éxito han sido de paz y lo mismo se puede decir de las pronunciadas por Ávila en medio de la derrota. El Salvador necesita pasar página de la larga guerra que sufrió el país, así como de una profunda renovación política. La alternancia es la condición necesaria, pero no suficiente, para comenzar a transitar por ese camino. Esperemos que unos y otros sepan estar a la altura.

Fuente: Infolatam, Madrid, 16 de marzo 2009