13.08.03GATO POR LIEBRE
De acuerdo con la lectura que hacen los críticos al denominado “modelo neoliberal”, a partir de la promulgación del D.S. 21060 se habría cerrado el camino que nos estaba conduciendo al paraíso y con las denominadas reformas de segunda generación – léase las “Leyes malditas” – nuestro futuro estaría condenado al fracaso.Por Alejandro F. Mercado
De acuerdo con la lectura que hacen los críticos al denominado “modelo neoliberal”, a partir de la promulgación del D.S. 21060 se habría cerrado el camino que nos estaba conduciendo al paraíso y con las denominadas reformas de segunda generación – léase las “Leyes malditas” – nuestro futuro estaría condenado al fracaso.
Transcurridas casi dos décadas de aplicación del denominado “nuevo modelo”, los resultados son, para beneplácito de los críticos, ciertamente modestos, especialmente si se los compara con las ilusiones y esperanzas que nos forjamos cuando el ex – Presidente Víctor Paz Estenssoro nos decía que “…el socialismo está perimido, las nacionalizaciones son absurdas, el discurso antiimperialista grotesco”. El liberalismo es la necesidad histórica de nuestro tiempo, y esto será así, según Paz, para los treinta o cuarenta años venideros. Esta nueva lógica, decía, exige suprimir todo déficit del Estado y del sector público. Las distintas gestiones que siguieron a Paz Estenssoro – matices más, matices menos – continuaron con el discurso iniciado en 1985, y quienes creímos, probablemente de manera ingenua, en un discurso supuestamente liberal, al parecer terminamos comprando gato por liebre.
De 1985 a la fecha el Estado no ha hecho otra cosa que crecer. A pesar de la fachada “liberal/neoliberal” con que los gobiernos han disfrazado sus acciones, el Estado no ha cedido. Si observamos la serie de los datos correspondientes a los gastos del sector público en la última década veremos que su comportamiento es monotónicamente creciente, es decir que todos los años el sector público se ha hecho más grande, inclusive después del proceso de capitalización. En la actualidad la intervención del Estado en la economía alcanza a algo más de una tercera parte de la actividad económica. Curioso “modelo neoliberal” el que hemos creado.
La actual crisis económica se caracteriza, sin lugar a dudas, por una crisis de las finanzas públicas. Si el sector privado presenta signos de contracción, ello no es otra cosa que el efecto de un déficit del sector público que ha alcanzado niveles insostenibles y ha deteriorado la confianza de los inversores. Que en algún momento, más temprano que tarde, se tendrán que aplicar políticas de ajuste para disminuir el mencionado déficit, no nos quepa duda, como también no debería quedarnos duda de que no será el Estado quien ajustará sus gastos para reducir la brecha sino, por el contrario, quienes tendremos que pagar la factura seremos los agentes privados.
En pasados días el ministro de Hacienda admitió que durante el primer semestre del año el gobierno recurrió al endeudamiento interno para cubrir sus gastos, es decir que los meses que van de este año se habrían reducido las posibilidades de inversión privada y, por ende, de las posibilidades de reactivación económica, para cubrir los gatos del sector público. En suma, el Estado nos cuesta cada vez más caro.
Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana.
De acuerdo con la lectura que hacen los críticos al denominado “modelo neoliberal”, a partir de la promulgación del D.S. 21060 se habría cerrado el camino que nos estaba conduciendo al paraíso y con las denominadas reformas de segunda generación – léase las “Leyes malditas” – nuestro futuro estaría condenado al fracaso.
Transcurridas casi dos décadas de aplicación del denominado “nuevo modelo”, los resultados son, para beneplácito de los críticos, ciertamente modestos, especialmente si se los compara con las ilusiones y esperanzas que nos forjamos cuando el ex – Presidente Víctor Paz Estenssoro nos decía que “…el socialismo está perimido, las nacionalizaciones son absurdas, el discurso antiimperialista grotesco”. El liberalismo es la necesidad histórica de nuestro tiempo, y esto será así, según Paz, para los treinta o cuarenta años venideros. Esta nueva lógica, decía, exige suprimir todo déficit del Estado y del sector público. Las distintas gestiones que siguieron a Paz Estenssoro – matices más, matices menos – continuaron con el discurso iniciado en 1985, y quienes creímos, probablemente de manera ingenua, en un discurso supuestamente liberal, al parecer terminamos comprando gato por liebre.
De 1985 a la fecha el Estado no ha hecho otra cosa que crecer. A pesar de la fachada “liberal/neoliberal” con que los gobiernos han disfrazado sus acciones, el Estado no ha cedido. Si observamos la serie de los datos correspondientes a los gastos del sector público en la última década veremos que su comportamiento es monotónicamente creciente, es decir que todos los años el sector público se ha hecho más grande, inclusive después del proceso de capitalización. En la actualidad la intervención del Estado en la economía alcanza a algo más de una tercera parte de la actividad económica. Curioso “modelo neoliberal” el que hemos creado.
La actual crisis económica se caracteriza, sin lugar a dudas, por una crisis de las finanzas públicas. Si el sector privado presenta signos de contracción, ello no es otra cosa que el efecto de un déficit del sector público que ha alcanzado niveles insostenibles y ha deteriorado la confianza de los inversores. Que en algún momento, más temprano que tarde, se tendrán que aplicar políticas de ajuste para disminuir el mencionado déficit, no nos quepa duda, como también no debería quedarnos duda de que no será el Estado quien ajustará sus gastos para reducir la brecha sino, por el contrario, quienes tendremos que pagar la factura seremos los agentes privados.
En pasados días el ministro de Hacienda admitió que durante el primer semestre del año el gobierno recurrió al endeudamiento interno para cubrir sus gastos, es decir que los meses que van de este año se habrían reducido las posibilidades de inversión privada y, por ende, de las posibilidades de reactivación económica, para cubrir los gatos del sector público. En suma, el Estado nos cuesta cada vez más caro.
Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas (IISEC) de la Universidad Católica Boliviana.
