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13.08.03EL INFORTUNADO MERCOSUR
La cumbre de jefes de estado del Mercosur en Asunción resultó un fiasco, como era de esperar. Ninguno estaba interesado en encontrar la fórmula para resurgir la unión aduanera. Lo único que podría vigorizar el bloque e impulsar su crecimiento no figuraba en la agenda: el libre comercio.Por Porfirio Cristaldo Ayala
La cumbre de jefes de estado del Mercosur en Asunción resultó un fiasco, como era de esperar. Ninguno estaba interesado en encontrar la fórmula para resurgir la unión aduanera. Lo único que podría vigorizar el bloque e impulsar su crecimiento no figuraba en la agenda: el libre comercio.
Los presidentes se fastidiaron repitiendo viejos discursos sobre las bondades de la integración. Pero no todo fue aburrido. El venezolano Hugo Chávez, invitado especial, salvó el espectáculo. Fue más popular que Lula. En sus largas alocuciones Chávez dictó cátedra sobre política económica, historia paraguaya y literatura, despotricó contra el colonialismo y la globalización, marcó nuevos rumbos estatistas para el bloque, propuso la creación del FMI latinoamericano, recalcó su deseo de ingresar al Mercosur y aclaró que el neoliberalismo es el camino del infierno.
Chávez, ex golpista fracasado, conoce bien el camino del infierno. En Venezuela, la ineptitud de su gobierno provocó una terrible crisis económica. Más del 70% de las familias está a dieta y solo la mitad de los venezolanos comen tres veces al día. El 20% de los trabajadores está sin empleo y 40% trabaja en el sector informal. La “revolución Bolivariana” socialista arruinó la industria, violó la libertad de prensa y pisoteó los derechos de propiedad. Este año la producción podría caer en más del 15%. A Chávez le espera un referéndum y su aceptación popular es mínima.
Pero si la Venezuela de Chávez puede aportar poco al Mercosur, no es mucho más lo que pueden hacer Brasil y Argentina, con sus gobiernos proteccionistas.
El argentino Nestor Kirchner, que llegó al poder con el 20% de los votos, solo ofrece las fracasadas recetas de la social democracia: el dirigismo estatal y proteccionismo. Parece olvidar que el estatismo del socialdemócrata Fernando de la Rúa, llevó a la Argentina a la quiebra, el caos y la miseria. No obstante, Kirchner prometió combatir la corrupción, renovar la Corte Suprema, dar en concesión privada las obras públicas, liberalizar el sindicalismo y negociar la deuda con el FMI.
Kirchner y Lula tienen urgentes reformas que hacer, en contra de sus propios partidos. Es casi imposible que en esas condiciones abandonen sus instintos proteccionistas y trabajen por una verdadera liberalización del Mercosur, que es lo que el bloque precisa para salir del pozo. El Mercosur aún no se recuperó del colapso que siguió a la devaluación del Real en 1999 y la suspensión por Argentina de los aranceles comunes en 2001. El desplome monetario y la proliferación de trabas comerciales también arruinaron a Paraguay y Uruguay.
A Chile, el único país sudamericano de economía abierta, no se le dejó aportar nada para mejorar el Mercosur. El populismo del cono sur rechaza el próspero modelo chileno. Y si el presidente Bush persiste en el proteccionismo y el anti-dumping y los subsidios a la agricultura, tampoco el ALCA – área de libre comercio de 34 países americanos que impulsa Estados Unidos – podrá revivir el Mercosur. Los productos agrícolas, las exportaciones más competitivas del Mercosur, son los más afectados por el proteccionismo de Estados Unidos, que en esos rubros supera al proteccionismo brasileño.
En el maremagno proteccionista, el Paraguay tiene todas las de perder. Es el único país del bloque que para llegar a los aranceles comunes alza sus tarifas medias, perdiendo competitividad y volviéndose más proteccionista, pese a carecer de industrias que “proteger”. En una unión aduanera, la falta de costas sobre el mar es una desventaja insalvable para el Paraguay, por los mayores costos de transporte para sus exportaciones e importaciones a terceros países, en relación a los otros miembros del bloque.
Paraguay, para impulsar su progreso debiera, no pedir un trato preferencial en el Mercosur, que ahora le arrebató la maquila, ni seguir los consejos estatistas de Hugo Chávez, sino abandonar el bloque como miembro pleno y abrir su economía, bajando sus aranceles a cero, unilateralmente. Al igual que Chile, podrá entonces firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el mayor mercado mundial, y preservar su relación comercial con el Mercosur.
El comercio es la fuerza más poderosa para lograr la riqueza de las naciones. Para ello, sin embargo, el comercio debe ser libre, libre de aranceles, trabas burocráticas, subsidios, protecciones e injerencias estatales. La libertad económica pone la prosperidad al alcance de la mano.
Por Porfirio Cristaldo Ayala
La cumbre de jefes de estado del Mercosur en Asunción resultó un fiasco, como era de esperar. Ninguno estaba interesado en encontrar la fórmula para resurgir la unión aduanera. Lo único que podría vigorizar el bloque e impulsar su crecimiento no figuraba en la agenda: el libre comercio.
Los presidentes se fastidiaron repitiendo viejos discursos sobre las bondades de la integración. Pero no todo fue aburrido. El venezolano Hugo Chávez, invitado especial, salvó el espectáculo. Fue más popular que Lula. En sus largas alocuciones Chávez dictó cátedra sobre política económica, historia paraguaya y literatura, despotricó contra el colonialismo y la globalización, marcó nuevos rumbos estatistas para el bloque, propuso la creación del FMI latinoamericano, recalcó su deseo de ingresar al Mercosur y aclaró que el neoliberalismo es el camino del infierno.
Chávez, ex golpista fracasado, conoce bien el camino del infierno. En Venezuela, la ineptitud de su gobierno provocó una terrible crisis económica. Más del 70% de las familias está a dieta y solo la mitad de los venezolanos comen tres veces al día. El 20% de los trabajadores está sin empleo y 40% trabaja en el sector informal. La “revolución Bolivariana” socialista arruinó la industria, violó la libertad de prensa y pisoteó los derechos de propiedad. Este año la producción podría caer en más del 15%. A Chávez le espera un referéndum y su aceptación popular es mínima.
Pero si la Venezuela de Chávez puede aportar poco al Mercosur, no es mucho más lo que pueden hacer Brasil y Argentina, con sus gobiernos proteccionistas.
El argentino Nestor Kirchner, que llegó al poder con el 20% de los votos, solo ofrece las fracasadas recetas de la social democracia: el dirigismo estatal y proteccionismo. Parece olvidar que el estatismo del socialdemócrata Fernando de la Rúa, llevó a la Argentina a la quiebra, el caos y la miseria. No obstante, Kirchner prometió combatir la corrupción, renovar la Corte Suprema, dar en concesión privada las obras públicas, liberalizar el sindicalismo y negociar la deuda con el FMI.
Kirchner y Lula tienen urgentes reformas que hacer, en contra de sus propios partidos. Es casi imposible que en esas condiciones abandonen sus instintos proteccionistas y trabajen por una verdadera liberalización del Mercosur, que es lo que el bloque precisa para salir del pozo. El Mercosur aún no se recuperó del colapso que siguió a la devaluación del Real en 1999 y la suspensión por Argentina de los aranceles comunes en 2001. El desplome monetario y la proliferación de trabas comerciales también arruinaron a Paraguay y Uruguay.
A Chile, el único país sudamericano de economía abierta, no se le dejó aportar nada para mejorar el Mercosur. El populismo del cono sur rechaza el próspero modelo chileno. Y si el presidente Bush persiste en el proteccionismo y el anti-dumping y los subsidios a la agricultura, tampoco el ALCA – área de libre comercio de 34 países americanos que impulsa Estados Unidos – podrá revivir el Mercosur. Los productos agrícolas, las exportaciones más competitivas del Mercosur, son los más afectados por el proteccionismo de Estados Unidos, que en esos rubros supera al proteccionismo brasileño.
En el maremagno proteccionista, el Paraguay tiene todas las de perder. Es el único país del bloque que para llegar a los aranceles comunes alza sus tarifas medias, perdiendo competitividad y volviéndose más proteccionista, pese a carecer de industrias que “proteger”. En una unión aduanera, la falta de costas sobre el mar es una desventaja insalvable para el Paraguay, por los mayores costos de transporte para sus exportaciones e importaciones a terceros países, en relación a los otros miembros del bloque.
Paraguay, para impulsar su progreso debiera, no pedir un trato preferencial en el Mercosur, que ahora le arrebató la maquila, ni seguir los consejos estatistas de Hugo Chávez, sino abandonar el bloque como miembro pleno y abrir su economía, bajando sus aranceles a cero, unilateralmente. Al igual que Chile, podrá entonces firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el mayor mercado mundial, y preservar su relación comercial con el Mercosur.
El comercio es la fuerza más poderosa para lograr la riqueza de las naciones. Para ello, sin embargo, el comercio debe ser libre, libre de aranceles, trabas burocráticas, subsidios, protecciones e injerencias estatales. La libertad económica pone la prosperidad al alcance de la mano.
Los presidentes se fastidiaron repitiendo viejos discursos sobre las bondades de la integración. Pero no todo fue aburrido. El venezolano Hugo Chávez, invitado especial, salvó el espectáculo. Fue más popular que Lula. En sus largas alocuciones Chávez dictó cátedra sobre política económica, historia paraguaya y literatura, despotricó contra el colonialismo y la globalización, marcó nuevos rumbos estatistas para el bloque, propuso la creación del FMI latinoamericano, recalcó su deseo de ingresar al Mercosur y aclaró que el neoliberalismo es el camino del infierno.
Chávez, ex golpista fracasado, conoce bien el camino del infierno. En Venezuela, la ineptitud de su gobierno provocó una terrible crisis económica. Más del 70% de las familias está a dieta y solo la mitad de los venezolanos comen tres veces al día. El 20% de los trabajadores está sin empleo y 40% trabaja en el sector informal. La “revolución Bolivariana” socialista arruinó la industria, violó la libertad de prensa y pisoteó los derechos de propiedad. Este año la producción podría caer en más del 15%. A Chávez le espera un referéndum y su aceptación popular es mínima.
Pero si la Venezuela de Chávez puede aportar poco al Mercosur, no es mucho más lo que pueden hacer Brasil y Argentina, con sus gobiernos proteccionistas.
El argentino Nestor Kirchner, que llegó al poder con el 20% de los votos, solo ofrece las fracasadas recetas de la social democracia: el dirigismo estatal y proteccionismo. Parece olvidar que el estatismo del socialdemócrata Fernando de la Rúa, llevó a la Argentina a la quiebra, el caos y la miseria. No obstante, Kirchner prometió combatir la corrupción, renovar la Corte Suprema, dar en concesión privada las obras públicas, liberalizar el sindicalismo y negociar la deuda con el FMI.
Kirchner y Lula tienen urgentes reformas que hacer, en contra de sus propios partidos. Es casi imposible que en esas condiciones abandonen sus instintos proteccionistas y trabajen por una verdadera liberalización del Mercosur, que es lo que el bloque precisa para salir del pozo. El Mercosur aún no se recuperó del colapso que siguió a la devaluación del Real en 1999 y la suspensión por Argentina de los aranceles comunes en 2001. El desplome monetario y la proliferación de trabas comerciales también arruinaron a Paraguay y Uruguay.
A Chile, el único país sudamericano de economía abierta, no se le dejó aportar nada para mejorar el Mercosur. El populismo del cono sur rechaza el próspero modelo chileno. Y si el presidente Bush persiste en el proteccionismo y el anti-dumping y los subsidios a la agricultura, tampoco el ALCA – área de libre comercio de 34 países americanos que impulsa Estados Unidos – podrá revivir el Mercosur. Los productos agrícolas, las exportaciones más competitivas del Mercosur, son los más afectados por el proteccionismo de Estados Unidos, que en esos rubros supera al proteccionismo brasileño.
En el maremagno proteccionista, el Paraguay tiene todas las de perder. Es el único país del bloque que para llegar a los aranceles comunes alza sus tarifas medias, perdiendo competitividad y volviéndose más proteccionista, pese a carecer de industrias que “proteger”. En una unión aduanera, la falta de costas sobre el mar es una desventaja insalvable para el Paraguay, por los mayores costos de transporte para sus exportaciones e importaciones a terceros países, en relación a los otros miembros del bloque.
Paraguay, para impulsar su progreso debiera, no pedir un trato preferencial en el Mercosur, que ahora le arrebató la maquila, ni seguir los consejos estatistas de Hugo Chávez, sino abandonar el bloque como miembro pleno y abrir su economía, bajando sus aranceles a cero, unilateralmente. Al igual que Chile, podrá entonces firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el mayor mercado mundial, y preservar su relación comercial con el Mercosur.
El comercio es la fuerza más poderosa para lograr la riqueza de las naciones. Para ello, sin embargo, el comercio debe ser libre, libre de aranceles, trabas burocráticas, subsidios, protecciones e injerencias estatales. La libertad económica pone la prosperidad al alcance de la mano.
