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13.08.03

REGRESO AL SUPPLYSIDE

Uno de mis Profesores en el Tec en Monterrey solía disparar una frase que siempre me cautivaba: “La economía es como un red, si alguien mueve uno de sus hilos, la red entera se estremece.” Ello fue antes de que Laffer en los años 80 expulsara la suya: “La única economía cerrada hoy día, es la economía mundial.”
Por Ricardo Valenzuela
Uno de mis Profesores en el Tec en Monterrey solía disparar una frase que siempre me cautivaba: “La economía es como un red, si alguien mueve uno de sus hilos, la red entera se estremece.” Ello fue antes de que Laffer en los años 80 expulsara la suya: “La única economía cerrada hoy día, es la economía mundial.” El mensaje era claro, al ritmo que el mundo se encoge producto de la tecnología, las comunicaciones y en especial el Internet, las economías se abrazan, se vuelven más interdependientes y se alejan de las manipulaciones de sus gobiernos. Sin embargo, la gran red mundial tejida durante años, se sostiene y aferra de un grueso cable en el centro de su anatomía; el de los EE.UU.
El Congreso americano aprobó un recorte de impuestos de cerca de 400,000 millones de dólares, y le dió así a Bush motivo de celebración en el largo fin de semana del “memorial day.” Durante meses demócratas y republicanos se batieron tintos en sangre unos a favor y otros en contra de esta propuesta del Presidente. Ante una pálida y raquítica economía, un dólar debilitado y el fantasma deflacionario cabalgando por el mundo, los mercados han recibido la noticia con especial agrado luego de repasar en la historia del país, cómo los capítulos de crecimiento acelerado, siempre son el corolario de recortes impositivos.
George W. afirma así el contenido de su agenda para el futuro preparando al votante para las elecciones del próximo año. Aun cuando un recorte de esa magnitud nos parece mínimo ante una economía de más de 11 Trillones de dólares, es una señal que apunta hacia el destino adecuado. En el periodo de implementación de esta pieza legislativa, el gobierno de los EE.UU. habrá exprimido cerca de 30 Trillones de dólares del bolsillo de sus ciudadanos, manteniendo su exagerada participación en el ingreso nacional. Ahora Bush en otro arranque de audacia, se propone el privatizar más del 50% de la burocracia federal enviándolos a competir.
El evento cobra importancia primordial ante la economía de la cual depende gran parte del mundo, sobre todo cuando la red presenta síntomas preocupantes a nivel global. Alemania y Japón coquetean con una recesión. En el antes vibrante Hong Kong, hoteles, casinos y centros comerciales permanecen desiertos cortesía de la nueva epidemia de SARS que lo aflige. En nuestro continente aun ante una competencia feroz, hay premio especial para Argentina y Venezuela como los “poster countries” del irresponsable manejo económico y político. Frente a una economía mundial en retirada, los EE.UU. es la única locomotora con la potencia para detenerla y luego reorientarla hacia la ansiada prosperidad.
En México después de largas décadas pretendiendo tejer nuestra propia red con manuales de la CEPAL, finalmente decidimos no pelear mas con la cocinera y después de un acto de contrición, abordamos el tren ahora conducido por los herederos de Reagan. Esta nueva generación de líderes entendía claramente la inconveniencia para los E. U. de seguir controlando un porcentaje exagerado de la riqueza mundial, de la cual llegaran a contabilizar hasta un 40%. Liberación de los mercados, democratización de los mercados de capital, libre comercio y la matra de Coolidge: “El negocio de los EE.UU. son los negocios,” serían ahora nuevas estrategias para compartir el pastel de la riqueza generada expandiendo los mercados.
Pero a diez años de distancia el resultado de la aventura es algo que, si se pudiera regresar a la vida a Bastiat, John Locke y Adam Smith, provocaría el que espantados regresaran a sus tumbas ante el inepto manoseo de sus ideas. Pero ¿Pueden los gobiernos democráticos recetar amargas purgas sin ser depuestos? El paso dado por la clase política mexicana para explorar las avenidas liberales, contemplaba un doloroso camino en el cual deberían arrancarse las raíces neotomistas de culto al Estado. Pero ante gobiernos indecisos permanecen firmes, nos siguen esclavizando, nos mantienen atados y amenazan el futuro.
El presidente Fox amargamente se queja cómo el desgano de la economía americana no permite el que la nuestra navegue por las dulces aguas del crecimiento. Esgrime luego un acuerdo de libre comercio con Perú como pieza de su novedosa estrategia, para así lograr la independencia del tutelaje allende el rió Bravo. Es decir, México ahora buscará su desarrollo lejos de las oficinas de Wall Street y Park Av., para tratar de encontrarlo en las selvas del Perú, los cafetales de Colombia, en los salones de tango en Buenos Aires, o en las cumbres masoquistas de Hugo Chávez con Fidel Castro.
Es claro que el Presidente no comulga con el liberalismo de Bush y confundido busca otra avenida. ¡Pero cuidado! El inmortal Peter Berger escribió ampliamente sobre países subdesarrollados y durante toda su vida, fue un ardiente opositor de lo que tanto ha seducido a nuestros políticos; “la tercera vía.” Afirmaba Berger ser esta una fantasía sostenida por la izquierda no marxista de la cual sufren ya una adicción progresiva e incontrolable. En especial señalaba, “ha sido una plaga nefasta en América Latina promovida por los pensadores católicos conservadores, expresando una miope visión del concepto de justicia y equidad.” Fox con su nueva retórica continental, parece estarse preparando para una vez mas colgarnos de la nefasta economía mixta.
Tonqueville en su magna obra escribió: “Los americanos combinan la noción de Cristianismo y libertad tan íntimamente en sus mentes, que sería imposible el concebir uno sin la otra. Yo siempre había mirado el espíritu de la religión y de la libertad marchando en direcciones opuestas. Pero encontré que en América están íntimamente ligados y reinan en armoniosa sociedad sobre el mismo país.”
La intención de Fox de reventar la reata del país que absorbe millones de nuestros desempleados, nos envía luego 11,000 millones de dólares de sus remesas, nos compra más de 130,000 millones y nos vende otro tanto, nos ha rescatado de las garras de la quiebra durante los últimos 30 años, su turismo nos deja 10,000 millones de dólares, y nos hace inversiones directas por otros 15,000 millones anuales, me parece inconsciente y peligrosa.
Me parece también que a partir de estos momentos Bush y Fox inician una nueva relación bilateral: “Aquí se rompió una taza, cada quien para su casa.” Nada más que la de Bush está pagada, no tiene goteras ni termitas que la devoren.—ah, el servicio de la corriente eléctrica le cuesta la mitad que a Fox.

Ricardo Valenzuela es analista político mexicano
Este artículo fue originalmente Publicado en Perfiles del siglo XXI.