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13.08.03

HERIDAS QUE NO CICATRIZAN

El “canje de deuda” monopolizó el debate y la información económica entre marzo y mayo. ¿Y ahora qué? Ahora que se logró despejar el camino de vencimientos por un plazo prudente, las expectativas están en las posibilidades de crecimiento económico.
Por Nelson Fernández Salvidio
El “canje de deuda” monopolizó el debate y la información económica entre marzo y mayo. ¿Y ahora qué? Ahora que se logró despejar el camino de vencimientos por un plazo prudente, las expectativas están en las posibilidades de crecimiento económico.
Pero a la recesión de más de cuatro años, con el costo social que ello implica, hay que agregar la sensación de estancamiento del Uruguay, que se genera porque todo parece inconcluso, porque se escucha discutir sobre las mismas cosas, porque todo aparece congelado.
Aún cuando el canje no estaba liquidado (aunque sí definido) surgió un revival de una canción vieja, que siempre reaparece con música adaptada, pero casi la misma letra: la refinanciación de deudas en dólares. Todavía estaban frescas las discusiones sobre refinanciación de deudas por la devaluación del ´82, cuando brotan otras “nuevas” por la devaluación de 2002. Pero es apenas un caso.
El problema no es sólo que los uruguayos sufrimos por escuchar rancios debates, sino que el país mantiene heridas abiertas que no cicatrizan.
La economía no logra encarrilarse si no se ordenan los problemas, se abordan y se solucionan, aún cuando la forma de hacerlo no sea la óptima.
La salida de la crisis bancaria de 2002 ha dejado lecciones importantes. Cuando uno recuerda el clima del jueves 1 y viernes 2 de agosto, con saqueos a almacenes y el temor a que eso se extendiera, en pleno feriado bancario y la incertidumbre total, cuesta convencerse de la calma con que se recorrió ese camino. Eso supuso concesiones al sindicato de trabajadores y a los ahorristas, que no es intención comentar en esta columna.
Pero el costo de esa salida en calma, no puede ser el estancamiento eterno. La sensación de que están “todas las carpetas abiertas” es amarga (como cuando se quiere activar decenas de archivos en una computadora, hasta que la misma “se cuelga” y hay que reiniciar la máquina).
El país precisa inversiones y no es fácil que ello ocurra cuando la sensación es de estancamiento. Cuando los problemas pendientes no terminan de despejar incertidumbre. Y cuando además falta poco para el tiempo electoral. Y esto no es un fenómeno nuevo.
Durante mucho tiempo, la discusión sobre “rendición de cuentas” acaparaba la atención política varios meses del año. Uno sentía que “la rendición” era “el” tema de los uruguayos. Un mecanismo pensado para que el Poder Legislativo ejerza su función de “aprobar o reprobar las cuentas” del Poder Ejecutivo, se había transformado en una angustia periódica.
El Presupuesto de ingresos y gastos se hace para un quinquenio y todos los años hay que “rendir cuentas”. Como se permite hacer ajustes en el Presupuesto, eso se usaba para retocar todo el planillado. Entonces las reparticiones estatales y los sindicatos aprovechaban que se abría “la caja” para reclamar (y presionar) por mayores partidas. Una imagen de congelación de ideas, de estancamiento.
Otro ejemplo. La reforma de ANCAP se comenzó a discutir en el Parlamento a mediados de 2001 y la ley fue promulgada el 4 de enero de 2002. El sindicato del ente ejerció su derecho de impugnar la ley mediante la recolección de firmas, presentó las papeletas, que la Corte Electoral debe chequear para comprobar si hay voluntades como para convocar a un referéndum y determinar si la ley sigue vigente o es derogada. En realidad, está vigente pero no lo está: en los hechos no se aplica. Claro, si no se sabe si va a quedar o no. Para asociarse con ANCAP se habían presentado siete empresas extranjeras, pero ya dos (una norteamericana y otras española) desistieron por el paso del tiempo. Y la propia ANCAP paró su reforma a la espera del referéndum…que se haría dentro de unos meses…Dos años y medio después de iniciada la discusión.
Mientras ese tiempo transcurre, la discusión se prolonga pero con poco de sustancia y mucho de consigna, de caricaturización del tema. La gente se aburre y pierde noción de la importancia del asunto. Y los potenciales inversores dudan. ¿Será conveniente colocar dinero en este país para generar fuentes de trabajo, desarrollar un negocio a largo plazo y poder recoger una ganancia que justifique la inversión realizada?
La salida de la crisis bancaria no será exitosa sólo por haberse hecho en calma, sino porque permita efectivamente despejar el camino de incertidumbre financiera, asumir los costos dolorosos pero inevitables, y permitir que el sistema vuelva a funcionar con cierta normalidad. O sea no sólo que los bancos capten depósitos, sino que también vuelvan a dar crédito. Y que haya empresarios dispuestos a tomar crédito para invertir.
Aparentemente, las autoridades están dispuestas a tomar medidas para dar punto final a los problemas ligados a la crisis. Si no es así, las expectativas de crecimiento quedan limitadas al empuje que venga de Argentina y Brasil.
En ese caso, el crecimiento no será vigoroso ni sustentable. Porque la economía, el país, no puede andar con tantas heridas abiertas que no cicatrizan.

Nelson Fernández es periodista, docente de Periodismo en la Universidad Católica del Uruguay y profesor de Economía de la Universidad ORT de Montevideo. Preside el Capítulo Uruguayo de la Asociación Interamericana de Periodistas de Economía y Finanzas (AIPEF). Esta columna fue publicada en la revista Búsqueda de Montevideo.