27.10.08Nuevo golpe a las FARC
La liberación de Lizcano deja en evidencia dos claves de la lucha que actualmente desarrollan las fuerzas armadas y de seguridad colombianas contra el narcoterrorismo: un eficiente manejo de la inteligencia, hábilmente combinada con la presión militar, y la descomposición interna de los cuadros de la organización, con un número creciente de deserciones.Por Carlos Malamud
(Infolatam) El pasado domingo 26 de octubre se hizo pública la liberación de Óscar Tulio Lizcano, político de origen conservador y ex congresista que llevaba ocho años secuestrado por las FARC, en condiciones totalmente infrahumanas. La liberación de Lizcano deja en evidencia dos claves de la lucha que actualmente desarrollan las fuerzas armadas y de seguridad colombianas contra el narcoterrorismo: un eficiente manejo de la inteligencia, hábilmente combinada con la presión militar, y la descomposición interna de los cuadros de la organización, con un número creciente de deserciones.
Tras localizar el emplazamiento del campamento donde retenían a Lizcano, el ejército colombiano cercó a los terroristas y limitó sus canales de aprovisionamiento, tornando cada vez más crítica las condiciones de vida de sus carceleros. El aumento de la presión sobre el grupo que lo custodiaba y el convencimiento de que iba a ser fusilado llevaron al político conservador a fugarse en compañía de Isaza, o Isaías, el jefe de la partida que lo vigilaba.
Su liberación mina aún más la credibilidad de las FARC, que no pasan precisamente por su mejor momento. El reemplazo de Marulanda por Alfonso Cano no se ha traducido, hasta ahora, en signos evidentes de una mejora de la situación. Las escasas expectativas depositadas tras su ocupación de la máxima jerarquía terrorista fueron rápidamente olvidadas. Por diversas razones, Cano ni quiere ni puede cambiar las líneas maestras que definen el accionar de las FARC y la apuesta guerrerista se mantiene. De un lado, según ha informado recientemente la inteligencia militar, hace dos meses fue herido de bala en una mano durante un combate con efectivos del ejército. Del otro, se han intensificado algunas acciones armadas en centros urbanos, especialmente con bombas sembradas indiscriminadamente con el único propósito de decir: aquí estamos y aquí vamos a seguir.
La cuestión de fondo es poder determinar cuál es el futuro de las FARC. Está claro que en los últimos meses han recibido golpes durísimos que han tocado puntos vitales de su estructura. Las muertes de Manuel Marulanda, Raúl Reyes (junto con sus famosos ordenadores y los torrentes de información que albergaban) y de Iván Ríos, todos miembros del secretariado, y las liberaciones de Clara Rojas e Ingrid Betancourt, son sólo algunos ejemplos de cómo la organización terrorista camina hacia el abismo. Si a esto le agregamos, como señalaba más arriba, el goteo incesante de deserciones, la situación es muy complicada, como evidencia la falta de actividad de varios de los frentes más representativos.
Pero las FARC siguen siendo una organización temible, capaz de movilizar a varios miles de combatientes. Su presencia sigue complicando la vida diaria de cientos de miles de colombianos a lo largo y ancho del país y gracias al cobijo que reciben en algunos países vecinos a Colombia su capacidad de supervivencia y de aprovisionamiento sigue siendo importante. En base a estas cuestiones y con el ánimo de enfrentarse abiertamente con las fuerzas colombianas, los terroristas de las FARC han apostado por retornar a la guerrilla urbana, donde el cobijo frente a las embestidas gubernamentales puede ser mayor. Así se ha detectado recientemente un creciente interés de las FARC por infiltrarse en las universidades.
Frente a ellos se levanta una sociedad que tiene cada vez menos paciencia con sus excesos y ninguna comprensión. El reconocimiento de la labor del ejército fue generalizado. Ingrid Betancourt, desde Austria (no ha vuelto a Colombia desde su liberación) señaló: "Estamos compartiendo con ellos (los Lizcano) cada instante de felicidad. Gracias al Ejército otra vez más, es otra cosa extraordinaria". El senador Gustavo Petro, uno de los líderes del opositor Polo Democrático y uno de los más encarnizados rivales de Álvaro Uribe también fue concluyente tras pedir a las FARC la liberación incondicional de todos los rehenes que todavía mantiene en su poder: "El ejército de Colombia está escribiendo unas páginas de antología en la historia de Colombia".
En los próximos meses tendremos la respuesta de la verdadera capacidad de las FARC de resistir los continuos ataques que sufren y la posibilidad de implementar algún tipo de contraofensiva. De momento, y a la vista de lo ocurrido, la riada de malas noticias que hablan de su creciente descomposición no cesa. Sin embargo, el gobierno de Uribe se enfrenta a crecientes problemas en otros frentes, como el de la justicia, sin hablar de las consecuencias de la crisis internacional sobre la economía nacional. Por eso sería conveniente que el presidente se concentre en gobernar, dejando de lado sus veleidades reeleccionistas que lo único que hacen es introducir más ruidos en la gobernanza del país y retardan la emergencia de nuevos liderazgos.
(Infolatam) El pasado domingo 26 de octubre se hizo pública la liberación de Óscar Tulio Lizcano, político de origen conservador y ex congresista que llevaba ocho años secuestrado por las FARC, en condiciones totalmente infrahumanas. La liberación de Lizcano deja en evidencia dos claves de la lucha que actualmente desarrollan las fuerzas armadas y de seguridad colombianas contra el narcoterrorismo: un eficiente manejo de la inteligencia, hábilmente combinada con la presión militar, y la descomposición interna de los cuadros de la organización, con un número creciente de deserciones.
Tras localizar el emplazamiento del campamento donde retenían a Lizcano, el ejército colombiano cercó a los terroristas y limitó sus canales de aprovisionamiento, tornando cada vez más crítica las condiciones de vida de sus carceleros. El aumento de la presión sobre el grupo que lo custodiaba y el convencimiento de que iba a ser fusilado llevaron al político conservador a fugarse en compañía de Isaza, o Isaías, el jefe de la partida que lo vigilaba.
Su liberación mina aún más la credibilidad de las FARC, que no pasan precisamente por su mejor momento. El reemplazo de Marulanda por Alfonso Cano no se ha traducido, hasta ahora, en signos evidentes de una mejora de la situación. Las escasas expectativas depositadas tras su ocupación de la máxima jerarquía terrorista fueron rápidamente olvidadas. Por diversas razones, Cano ni quiere ni puede cambiar las líneas maestras que definen el accionar de las FARC y la apuesta guerrerista se mantiene. De un lado, según ha informado recientemente la inteligencia militar, hace dos meses fue herido de bala en una mano durante un combate con efectivos del ejército. Del otro, se han intensificado algunas acciones armadas en centros urbanos, especialmente con bombas sembradas indiscriminadamente con el único propósito de decir: aquí estamos y aquí vamos a seguir.
La cuestión de fondo es poder determinar cuál es el futuro de las FARC. Está claro que en los últimos meses han recibido golpes durísimos que han tocado puntos vitales de su estructura. Las muertes de Manuel Marulanda, Raúl Reyes (junto con sus famosos ordenadores y los torrentes de información que albergaban) y de Iván Ríos, todos miembros del secretariado, y las liberaciones de Clara Rojas e Ingrid Betancourt, son sólo algunos ejemplos de cómo la organización terrorista camina hacia el abismo. Si a esto le agregamos, como señalaba más arriba, el goteo incesante de deserciones, la situación es muy complicada, como evidencia la falta de actividad de varios de los frentes más representativos.
Pero las FARC siguen siendo una organización temible, capaz de movilizar a varios miles de combatientes. Su presencia sigue complicando la vida diaria de cientos de miles de colombianos a lo largo y ancho del país y gracias al cobijo que reciben en algunos países vecinos a Colombia su capacidad de supervivencia y de aprovisionamiento sigue siendo importante. En base a estas cuestiones y con el ánimo de enfrentarse abiertamente con las fuerzas colombianas, los terroristas de las FARC han apostado por retornar a la guerrilla urbana, donde el cobijo frente a las embestidas gubernamentales puede ser mayor. Así se ha detectado recientemente un creciente interés de las FARC por infiltrarse en las universidades.
Frente a ellos se levanta una sociedad que tiene cada vez menos paciencia con sus excesos y ninguna comprensión. El reconocimiento de la labor del ejército fue generalizado. Ingrid Betancourt, desde Austria (no ha vuelto a Colombia desde su liberación) señaló: "Estamos compartiendo con ellos (los Lizcano) cada instante de felicidad. Gracias al Ejército otra vez más, es otra cosa extraordinaria". El senador Gustavo Petro, uno de los líderes del opositor Polo Democrático y uno de los más encarnizados rivales de Álvaro Uribe también fue concluyente tras pedir a las FARC la liberación incondicional de todos los rehenes que todavía mantiene en su poder: "El ejército de Colombia está escribiendo unas páginas de antología en la historia de Colombia".
En los próximos meses tendremos la respuesta de la verdadera capacidad de las FARC de resistir los continuos ataques que sufren y la posibilidad de implementar algún tipo de contraofensiva. De momento, y a la vista de lo ocurrido, la riada de malas noticias que hablan de su creciente descomposición no cesa. Sin embargo, el gobierno de Uribe se enfrenta a crecientes problemas en otros frentes, como el de la justicia, sin hablar de las consecuencias de la crisis internacional sobre la economía nacional. Por eso sería conveniente que el presidente se concentre en gobernar, dejando de lado sus veleidades reeleccionistas que lo único que hacen es introducir más ruidos en la gobernanza del país y retardan la emergencia de nuevos liderazgos.
