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13.08.03

KIRCHNER, ANTE SU MOMENTO DE CONSTRUIR PODER POLÍTICO

El contexto político de la llegada de Néstor Kirchner al poder es bastante particular, y requiere por lo tanto una mirada particular. No necesariamente las metáforas del pasado nos van a ayudar a comprender un presente inédito.
Por Julio Burdman
El contexto político de la llegada de Néstor Kirchner al poder es bastante particular, y requiere por lo tanto una mirada particular. No necesariamente las metáforas del pasado nos van a ayudar a comprender un presente inédito.

Es cierto que enfrenta un escenario complejo. Asume la Presidencia con sólo el 22% de los votos, y la mayoría de ese caudal lo obtiene ‘de prestado’ de parte del duhaldismo. Y también es cierto que el ‘kirchnerismo’ no tiene apoyos propios en las Cámaras legislativas. Pero otras características superavitarias de su llegada pueden compensar el déficit de su partida.

En primer lugar, llega con un "clima de apoyo adicional". En un momento dominado por el "antimenemismo", por las encuestas de ballottage que le anticipaban 65-70% de los votos, y por la sensación de un giro ideológico anti-mercado continental que lo abarca (las estrellas de la asunción presidencial fueron Castro, Chávez y Lula, y todos tuvieron elogios para él), Kirchner aparece como arrastrado por una corriente de opinión mayoritaria y virtual -de la que buena parte del periodismo se hace eco- que hoy no tiene mejor representante que él. Aunque ello no se haya materializado en votos, tiene un valor agregado inicial.

A su vez, hoy no hay una oposición organizada en Argentina. Las caras visibles de la nueva oposición son Ricardo López Murphy (MFR) y en menor medida Elisa Carrió (ARI), ambos con escasa presencia legislativa y sin gobernaciones o intendencias. Mientras Kirchner no logre un acuerdo con el Fondo, a Carrió le costará hacer oposición por izquierda a Kirchner, así como le costó hacérsela a Duhalde. El peronismo menemista es minoritario y continuará decreciendo. El peronismo provincial, marginado de este proceso, alzará su voz pero no en lo inmediato. Más bien, Kirchner tiene una gran coalición potencial. Dentro del propio peronismo (que tiene casi la mitad de los diputados y mayoría absoluta en el Senado), la influencia de Duhalde -el duhaldismo presidirá el bloque PJ y la Cámara baja- y otros distritos grandes que acompañarán -sin respaldarlo incondicionalmente- a Kirchner en el Congreso y muchas gobernaciones, se ampliará su base de sustentación. Buena parte de los radicales y frepasistas que permanecen en el Congreso (representan más del 30% en Diputados) lo podría acompañar al principio. Es decir, que el eje Duhalde-Alfonsín podría ser clave para la aprobación de las leyes en el Congreso.

Este superávit de Kirchner, que puede disimular sus problemas teóricos de gobernabilidad, también tiene que ver con que el poder político, a nivel nacional e institucional, se encuentra fragmentado en Argentina. Este factor no se puede separar de los dos anteriores, pero es lo que explica el proceso general que estamos viviendo. Como decíamos en otra oportunidad, tenemos una política provincializada y un sistema de partidos desarticulado, y en este marco, la gobernabilidad es otra cosa. Como nadie puede arrogarse el liderazgo de un partido mayoritario ni el apoyo genuino de una mayoría de legisladores y gobernadores (porque los mecanismos que hacían que ese liderazgo perdure y sea genuino, como los casos de Roca, Yrigoyen, Perón o Menem, ya no están), la clave de la gobernabilidad ya no pasa por el capital político que tengo, sino por el gerenciamiento de los recursos políticos que hay.

Todas estas razones explican por qué, pese a ser el Presidente menos votado de la historia, Kirchner se siente y actúa como un Presidente fuerte. Y a su vez, Kirchner aprovechará todas estas condiciones para fortalecerse y construir su coalición política, con vistas al año electoral que tiene por delante que le permitirá sumar nuevos triunfos. Ciertos gestos sobreactuados, que han causado alarma en muchos sectores por su ropaje ideológico, deben ser entendidos también en este contexto: el de la afirmación y construcción de poder. La purga que precipitó en las FF.AA. y próximamente en la Policía Federal se explican, en buena parte, por este proceso de construcción. En la Justicia -en la Corte y en buena parte del fuero federal-, en el plantel de embajadores y en las líneas intermedias de la administración pública, vamos a asistir a nuevos recambios de autoridades en el corto plazo. Con vistas a la renovación política del año electoral, es prioritario para el nuevo gobierno de Kirchner ir sumando apoyos propios en las elecciones de todos los niveles.

Quedan dudas abiertas sobre lo que sucederá con el ministerio de Economía, que es la única área del gobierno donde Kirchner no está ejerciendo su influencia directa -junto con Salud. Dos fuerzas podrán entrar en colisión en los próximos meses: la voluntad de Lavagna de aumentar su poder (como en el caso de la comisión de reforma del sistema financiero, creada en los últimos días de Duhalde, que avanza sobre las atribuciones en el BCRA, lo que también vemos en los miembros del directorio del Banco que están más vinculados a Lavagna que a Prat-Gay) y la de Kirchner de limitarlo (la creación del Ministerio de Planificación Federal puede dar paso a otros movimientos, como segundas líneas dentro de Economía o la creciente participación personal de Néstor Kirchner en la orientación de la política económica). Lavagna no será un superministro mientras Kirchner sea Presidente, lo que anticipa una relación donde todo está por verse y hacerse.