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13.08.03

Colombia: la independencia de la banca central en peligro

En un gesto algo sorpresivo, la comisión tercera del Senado rechazó el informe semestral que el Banco de la República presenta a las comisiones económicas del Congreso, sobre la etérea base de que dicho informe “no se ajusta a la realidad económica del país”.
Por Andrés Mejía-Vergnaud

En un gesto algo sorpresivo, la comisión tercera del Senado rechazó el informe semestral que el Banco de la República presenta a las comisiones económicas del Congreso, sobre la etérea base de que dicho informe “no se ajusta a la realidad económica del país”. Además, ordenó al Banco la redacción de un nuevo informe, el cual sí debe satisfacer las expectativas de los congresistas. Muy activos en este debate estuvieron los senadores Camilo Sánchez y Luis Guillermo Vélez, quien a pesar de no pertenecer a la citada comisión, asistió a la reunión y la aprovechó para reiterar sus ya conocidas críticas al desempeño del Banco de la República y al régimen constitucional que prescribe su independencia. Acto seguido, el citado senador arremetió con fuerza contra el Banco de la República en su columna del diario Portafolio (Mayo 28), y recordó que, pese a que la constitución consagra que el banco central es un organismo autónomo e independiente, este no puede convertirse en una “rueda suelta”.
Quienes hemos seguido de cerca los debates económicos nacionales, sabemos que las prudentes palabras de Vélez son ellas mismas un eufemismo, tras el cual se esconde la intención de reformar el régimen de la banca central para acabar con su independencia y autonomía. Quienes se oponen a este régimen frecuentemente apuntan a la presunta y discutible responsabilidad del Banco de la República en la crisis económica de 1999; pero este argumento, además de contener una exageración, sufre de una gran debilidad: es un exabrupto proponer una reforma de las dimensiones planteadas sólo porque el banco central no ha seguido las políticas económicas defendidas por sus críticos. Es decir, que se cambien sus principios básicos porque no me gustan sus decisiones.
El hecho ocurrido en el Senado de la República se suma a otros, también recientes, y que deben servir como alarma para que los colombianos nos preparemos para defender el régimen de independencia del banco central. Hace pocas semanas, unos comentarios del Presidente de la República sobre lo que el banco debería hacer con respecto a la tasa de cambio hicieron sonar las primeras alarmas. Posteriormente, la zozobra se agravó al conocerse que se prepara un proyecto de acto legislativo destinado a acabar con la independencia del Banco de la República.
Entre los muy pocos aciertos de la Constitución colombiana de 1991 está el régimen de autonomía del banco central. Varios estudiosos han conceptuado que dicho régimen es uno de los más avanzados del mundo. Y su razón de ser es muy simple y sensata: evitar que la moneda nacional se convierta en instrumento de las políticas de los gobiernos de turno.
Los gobernantes van y vienen, y generalmente, sus intereses giran más en torno a la política electoral y a los resultados de corto plazo, prestando muy poca atención a los verdaderos intereses del país. Lo mismo ocurre con los congresistas. Estos, como políticos profesionales en su mayoría, viven de ganar elecciones, y esto sólo es posible si pueden mostrar a sus electores resultados aparentemente buenos en el corto plazo. Cuando la política monetaria no goza de un manejo independiente puede ser utilizada como arma política, y eso ha ocurrido en el pasado en muchos países, incluido por supuesto Colombia.
Cuando la política económica se maneja de forma irresponsable y con fines políticos y electorales, la economía sufre graves alteraciones, que terminan castigando especialmente a los más pobres. Típicamente, las emisiones monetarias (por las que tanto aboga Luis Guillermo Vélez) han sido utilizadas para inducir resultados aparentes en el corto plazo. El precio de esto es la inflación, que castiga como ningún otro mal al trabajador pobre.
Cuando usted se sienta tentado a apoyar a quienes desean quitarle independencia al Banco de la República, piense por un momento en lo siguiente: imagínese a Samper manejando la política monetaria con el mero fin de permanecer en el poder (así manejó la política fiscal); imagínese a Pastrana haciendo política monetaria a favor de su absurdo proceso de paz, y seguramente presionado por la contraparte. Con seguridad, tan aterradores pero muy posibles escenarios le harán reflexionar y cambiar de opinión.

Andrés Mejía Vergnaud es Director General de la Fundación DL www.fundaciondl.org y Director de Inteligencia Económica www.inteligenciaeconomica.com