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11.02.08

Las metas de Chávez

Los altos niveles de abstención que se presentaron en los barrios pobres de Venezuela, donde Chávez había ganado en elecciones previas, mostraron claramente que la revolución de Chávez había traicionado sus metas de corregir los males de anteriores gobiernos venezolanos democráticos, que habían hecho muy poco por los pobres.
Por Susan Kaufman Purcell

A un mes de la derrota de su intento por modi­ficar la Constitución venezolana, con la intención de concentrar mayor poder político y económico en sus manos y permitir su reelección ilimitada, el presidente Hugo Chávez ha anunciado un cambio de curso. Ahora reducirá el ritmo de su marcha hacia el “socialismo del siglo XXI”, con el fin de responder a algunas de las demandas de sus descontentos seguidores.

Al principio, Chávez culpó de su derrota a todo y a todos, menos a sí mismo. Entre los presuntos culpables se incluía al “imperio” estadounidense –en especial su presidente, George W. Bush–; los supuestamente mimados estudiantes venezolanos de clase media –quienes organizaron protestas masivas contra el referéndum y animaron a votar en lugar de abstenerse a aquellos que se oponían a Chávez y sus reformas–, así como variados “trai­dores” de su revolución, como el antiguo segui­dor de Chávez, el general Raúl Baduel. Análisis subsecuentes de los resultados de la votación, sin embargo, demostraron que la derrota en el refe­réndum se debió a los altos niveles de abstención que se presentaron en los barrios pobres, donde Chávez había ganado en elecciones previas.

Estos votantes de clase baja, subsecuentemente, mostraron claramente las razones de su abstencio­nismo: la revolución de Chávez había traicionado sus metas de corregir los males de anteriores gobiernos venezolanos democráticos, que habían hecho muy poco por los pobres. Por el contrario, de muchas maneras, las vidas de los pobres habían empeorado durante los nueve años de revolución bolivariana. El crimen y la corrupción, así como la inflación, habían aumentado; la infraestructura se había deteriorado; las calles se habían llenado de basura y se había presentado una amplia escasez de bienes básicos como leche, carne, huevos y azúcar. Aunque el petróleo había aumentado desde los US$ 12 por barril –cuando Chávez asumió– hasta los casi US$ 100 por barril al momento del referéndum de diciembre, la mayor proporción de la bonanza petrolera se había utilizado para fondear ambiciosos proyectos internacionales más que para mejorar los estándares de vida en Vene­zuela. Dentro del país se había creado una nueva clase de ricos burócratas y empresarios.

El hecho de que el presidente venezolano ahora intente ser más sensible a las demandas de sus seguidores no significa que intentará abandonar sus más ambiciosas metas domésticas e interna­cionales. Como ha dicho, “este será el año de... revisión, rectificación y relanzamiento”. Esto im­plica que una vez que haya resuelto algunos de los problemas que han vuelto menos seguidores a sus seguradores, Chávez planea reanudar su marcha hacia el “socialismo del siglo XXI”.

Los esfuerzos de Chávez para responder a parte de las críticas que se han apuntado contra él plantean la pregunta de por qué su poder se ve más limitado –incluso con altos precios del petró­leo– que el que alguna vez vivió Fidel Castro. Una posible respuesta es que Chávez llegó al poder a través de elecciones democráticas, a diferencia del uso de la violencia por parte de Castro. A pesar de que Chávez ha utilizado procedimientos democráticos para socavar a las instituciones de Venezuela, ha sustentado su legitimidad sobre el factor de haber sido elegido democráticamente y eso ha limitado su capacidad para actuar de una manera totalmente arbitraria, algo que Castro pudo hacer desde el principio. Chávez no podía seguir el ejemplo de Castro y ejecutar a miembros del ejér­cito o líderes políticos que podrían –o lo habrían hecho– oponerse a él. Tampoco se podía mover tan rápido como Castro en la expropiación.

La experiencia de Venezuela con la democra­cia, a pesar de sus deficiencias, también parece ha­ber creado una mayor cultura política democrática en el país, incluso entre los pobres, de la que había en Cuba, cuya experiencia con la democracia fue más corta y menos satisfactoria, probablemente porque careció de la riqueza petrolera de Venezue­la. Esta cultura ayuda a explicar la movilización de los estudiantes y la voluntad de las clases bajas para demandar un mejor trato por parte del gobier­no, situaciones que no ocurrieron en la isla.

Finalmente, el hecho de que EE.UU. se desen­ganchara de la guerra de palabras con Chávez y mantuviera un bajo perfil durante el año pasado, le complicó a Chávez el uso del nacionalismo como una excusa para desacreditar a sus oponentes.

Nada de esto significa que Chávez estará satisfecho con aceptar el statu quo post referéndum, o que aquellos que se le oponen se mantendrán a salvo y prosperarán. Pero lo que sí significa es que con una cuidada planificación y una continua voluntad de participar en la política –en lugar de abstraerse de ella–, Venezuela podría ser capaz de evitar la triste suerte de la Cuba de Fidel Castro.

Susan Kaufman Purcell es Directora del Centro de Política Hemisférica en la Universidad de Miami.
Fuente: AméricaEconomía, 21 de enero de 2008.