06.06.07Quítate del medio
Por Jorge Elías
Lo cortés no quita lo caliente; lo caliente del debate. Lo planteó Evo Morales apenas asumió la presidencia de Bolivia, en enero de 2006: "Estamos sometidos por algunos periodistas y medios de comunicación a un terrorismo mediático, como si fuéramos animales, como si fuéramos salvajes". Lo redondeó casi un año y medio después con una distinción poco honrosa entre periodistas leales a su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), y propietarios de medios de comunicación, "enemigos" a secas que se prestan a "manipulaciones, provocaciones e intimidaciones". De ahí, una idea brillante: crear una red de intelectuales y artistas que evalúe y juzgue a los periodistas y los medios.
Una idea brillante, insisto: que esa red, integrada por bolivianos, cubanos, venezolanos y ecuatorianos, legitime la censura. La nacionalidad de los miembros coincide con el perfil ideológico de los gobiernos, enfrentados, en su mayoría, con los propietarios de los medios de sus países. Excepto en Cuba, donde el Estado regentea todos los canales de comunicación. No contento con ello, el régimen provisional de Raúl Castro aumentó la represión contra los periodistas independientes (28 están en prisión) e intentó domar a los corresponsales con el Reglamento para el ejercicio de la prensa extranjera , dictado por la Cancillería.
Tres corresponsales (César González Calero, del diario El Universal , de México; Gary Marx, del diario Chicago Tribune , de los Estados Unidos, y Stephen Gibbs, de la cadena británica BBC) perdieron sus licencias por "haber faltado a la ética periodística" y por "no haberse ajustado a la objetividad". La no renovación de licencias, precisamente, derivó en Venezuela en el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), "canal golpista" a los ojos de Hugo Chávez, y en su reemplazo por la señal oficial, u oficialista, Televisora Venezolana Social (TVes).
En una disyuntiva quedaron entonces los medios y los periodistas: hacer proselitismo, sinónimo de "patriotismo", o ejercer el periodismo, sinónimo de "oposición". Lo había advertido Chávez, víctima usual de las conspiraciones de los "enemigos de la patria", así como su par argentino, Néstor Kirchner, más cómodo con los fotógrafos, "porque no preguntan", que con los periodistas, y su vecino de Uruguay, Tabaré Vázquez, molesto con "la escalada orquestada por la derecha y por sus medios contra el Gobierno" para "cuestionarlo" y "descalificarlo". Lo confirmó el presidente de Ecuador, Rafael Correa: "La prensa tiene que cambiar, porque tiene una gran dosis de mediocridad, de corrupción y de intereses creados".
Eso: la prensa tiene que cambiar. ¿Cómo? El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, acosado por "los propietarios de los medios, grupos de mucho poder económico con intereses particulares que se dedican a explotar los problemas políticos y sociales con el fin de llevar agua a su molino", descubrió una fórmula un poco más drástica, y quizá más efectiva, que el monitoreo previsto por Morales: decidió obligar a las estaciones de televisión y de radio a emitir dos horas diarias de propaganda oficial, de modo de contrarrestar la "desinformación" sobre su gestión y el "clima de inseguridad" generado por la prensa.
Es verdad: la prensa crea climas. Clima de inseguridad, clima de insatisfacción, clima de autoritarismo. Le encanta expandir el mal humor y alentar fantasmas, así como denunciar actos de corrupción. Le encanta difundir estadísticas oficiales que reflejan progresos poco claros, como la baja del desempleo por el aumento de los subsidios estatales o la baja de la pobreza por el aumento de la población. Le encanta buscarle la quinta pata al gato: el mayor índice de asaltos, por ejemplo, no se debe a la delincuencia, sino a la bonanza.
Es un buen signo, pues. La prensa no debería dudar de la honestidad de los presidentes. Gente proba, elegida como los medios y los periodistas por la voluntad popular. La prensa debería transmitir mansamente el mensaje oficial. "No podemos pensar diferente de los medios porque somos autoritarios o porque dicen que se viola la libertad de prensa -dijo Kirchner-. ¡Cuántas plumas serias, responsables y fundadas le hacen falta al país para poder ayudar a generar esa visión de verdades relativas, que estén desprovistas del odio y provistas de la calidad investigativa e intelectual que este país necesita!".
Eso: ¿cuántas? La crítica no es novedosa ni proviene de presidentes con un perfil ideológico en particular. En Mar del Plata, durante la IV Cumbre de las Américas, realizada en 2005, el entonces presidente de México, Vicente Fox, conservador, me dijo que no había ido a "presenciar el espectáculo de un futbolista", en alusión al show montado por Diego Maradona con Chávez, Morales y compañía en la III Cumbre de los Pueblos. Kirchner, agregó, no debía responder a "presiones de la calle o temas internos". Estaba indignado por las proclamas contra los Estados Unidos y el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Tan indignado estaba Fox, que, supongo, no midió sus palabras. "En manos del presidente Kirchner está hacer de esto una cumbre exitosa", señaló, ceñudo. Le pregunté por el revuelo que había armado Chávez. "Revuelo que ustedes, los medios, encuentran divertido", repuso, como si todo hubiera sido un invento de los medios.
De los medios, no obstante ello, Fox se valió en los días siguientes para culparlos de sus discrepancias con Kirchner y Chávez: "La confrontación la hacen los medios, no yo -declaró a una radio mexicana-. Yo no traigo ninguna diferencia con el presidente Kirchner, ninguna en lo absoluto. Para mí, es asunto concluido; terminó la cumbre, y tantán. El tema de la cumbre ya terminó, y yo, a otra cosa, mariposa".
¿A otra cosa, mariposa? Libre de culpa no está la prensa, renuente a admitir, en muchos casos, el quiebre de la deontología profesional, la manipulación de la información en beneficio de intereses particulares (a veces, propios), la falta de transparencia, la fragilidad laboral y los magros salarios. Libre de culpa no está la prensa por depender de la publicidad estatal, distribuida con discrecionalidad como si de un botín de guerra se tratara. Libre de culpa no está la prensa, pero nunca antes la puja con el poder había llegado tan lejos y en tantos países a la vez.
En todos ellos, la independencia informativa es proporcional con la solvencia económica. La fragilidad crea resquicios para la corrupción. En América latina terminó la era de las dictaduras militares, pero, por varias razones, no terminó la cultura autoritaria. Que las sociedades se hayan modernizado no implica que sean modernas. Y que los presidentes sean elegidos en forma democrática no implica que sean democráticos.
En la región han sido asesinados 316 periodistas entre noviembre de 1987 y diciembre de 2006. En la puerta del diario Tabasco Hoy , de México, dejaron en mayo la cabeza de un funcionario municipal con la intención de intimidar al medio y los periodistas. Otro diario mexicano, Cambio Sonora , de Hermosillo, dejó de editarse en forma provisional por haber recibido amenazas y ataques.
Son datos menores, acaso marginales, como la exhortación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a los gobiernos de todo el mundo: que garanticen la seguridad de los periodistas; que puedan trabajar sin peligro. Peligro de censura y de autocensura. Peligro de presión. Peligro de muerte. En ello, que yo sepa, no reparó ninguno de los presidentes que ven distorsionadas sus imágenes y sus gestiones en el espejo deformante y dañino de los medios y los periodistas, confundidos adrede con la oposición. La real, la política, ausente con aviso en varios países.
Causa, en definitiva, de la tirantez con aquellos que se arrogan el derecho de permitir o de vetar la libertad de prensa, cuestionada como los medios y los periodistas por auspiciar el "terrorismo mediático" que emprenden los "enemigos de la patria". Lo cortés no quita lo caliente; lo caliente del debate. Un debate al "rojo, rojito" vivo.
Jorge Elías es Secretario de Redacción del diario La Nación y autor del libro "Maten al cartero - Posdata del asedio a la prensa durante las dictaduras militares del Cono Sur" (CADAL, 2005).
Fuente: La Nación (Buenos Aires)
Lo cortés no quita lo caliente; lo caliente del debate. Lo planteó Evo Morales apenas asumió la presidencia de Bolivia, en enero de 2006: "Estamos sometidos por algunos periodistas y medios de comunicación a un terrorismo mediático, como si fuéramos animales, como si fuéramos salvajes". Lo redondeó casi un año y medio después con una distinción poco honrosa entre periodistas leales a su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), y propietarios de medios de comunicación, "enemigos" a secas que se prestan a "manipulaciones, provocaciones e intimidaciones". De ahí, una idea brillante: crear una red de intelectuales y artistas que evalúe y juzgue a los periodistas y los medios.
Una idea brillante, insisto: que esa red, integrada por bolivianos, cubanos, venezolanos y ecuatorianos, legitime la censura. La nacionalidad de los miembros coincide con el perfil ideológico de los gobiernos, enfrentados, en su mayoría, con los propietarios de los medios de sus países. Excepto en Cuba, donde el Estado regentea todos los canales de comunicación. No contento con ello, el régimen provisional de Raúl Castro aumentó la represión contra los periodistas independientes (28 están en prisión) e intentó domar a los corresponsales con el Reglamento para el ejercicio de la prensa extranjera , dictado por la Cancillería.
Tres corresponsales (César González Calero, del diario El Universal , de México; Gary Marx, del diario Chicago Tribune , de los Estados Unidos, y Stephen Gibbs, de la cadena británica BBC) perdieron sus licencias por "haber faltado a la ética periodística" y por "no haberse ajustado a la objetividad". La no renovación de licencias, precisamente, derivó en Venezuela en el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), "canal golpista" a los ojos de Hugo Chávez, y en su reemplazo por la señal oficial, u oficialista, Televisora Venezolana Social (TVes).
En una disyuntiva quedaron entonces los medios y los periodistas: hacer proselitismo, sinónimo de "patriotismo", o ejercer el periodismo, sinónimo de "oposición". Lo había advertido Chávez, víctima usual de las conspiraciones de los "enemigos de la patria", así como su par argentino, Néstor Kirchner, más cómodo con los fotógrafos, "porque no preguntan", que con los periodistas, y su vecino de Uruguay, Tabaré Vázquez, molesto con "la escalada orquestada por la derecha y por sus medios contra el Gobierno" para "cuestionarlo" y "descalificarlo". Lo confirmó el presidente de Ecuador, Rafael Correa: "La prensa tiene que cambiar, porque tiene una gran dosis de mediocridad, de corrupción y de intereses creados".
Eso: la prensa tiene que cambiar. ¿Cómo? El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, acosado por "los propietarios de los medios, grupos de mucho poder económico con intereses particulares que se dedican a explotar los problemas políticos y sociales con el fin de llevar agua a su molino", descubrió una fórmula un poco más drástica, y quizá más efectiva, que el monitoreo previsto por Morales: decidió obligar a las estaciones de televisión y de radio a emitir dos horas diarias de propaganda oficial, de modo de contrarrestar la "desinformación" sobre su gestión y el "clima de inseguridad" generado por la prensa.
Es verdad: la prensa crea climas. Clima de inseguridad, clima de insatisfacción, clima de autoritarismo. Le encanta expandir el mal humor y alentar fantasmas, así como denunciar actos de corrupción. Le encanta difundir estadísticas oficiales que reflejan progresos poco claros, como la baja del desempleo por el aumento de los subsidios estatales o la baja de la pobreza por el aumento de la población. Le encanta buscarle la quinta pata al gato: el mayor índice de asaltos, por ejemplo, no se debe a la delincuencia, sino a la bonanza.
Es un buen signo, pues. La prensa no debería dudar de la honestidad de los presidentes. Gente proba, elegida como los medios y los periodistas por la voluntad popular. La prensa debería transmitir mansamente el mensaje oficial. "No podemos pensar diferente de los medios porque somos autoritarios o porque dicen que se viola la libertad de prensa -dijo Kirchner-. ¡Cuántas plumas serias, responsables y fundadas le hacen falta al país para poder ayudar a generar esa visión de verdades relativas, que estén desprovistas del odio y provistas de la calidad investigativa e intelectual que este país necesita!".
Eso: ¿cuántas? La crítica no es novedosa ni proviene de presidentes con un perfil ideológico en particular. En Mar del Plata, durante la IV Cumbre de las Américas, realizada en 2005, el entonces presidente de México, Vicente Fox, conservador, me dijo que no había ido a "presenciar el espectáculo de un futbolista", en alusión al show montado por Diego Maradona con Chávez, Morales y compañía en la III Cumbre de los Pueblos. Kirchner, agregó, no debía responder a "presiones de la calle o temas internos". Estaba indignado por las proclamas contra los Estados Unidos y el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Tan indignado estaba Fox, que, supongo, no midió sus palabras. "En manos del presidente Kirchner está hacer de esto una cumbre exitosa", señaló, ceñudo. Le pregunté por el revuelo que había armado Chávez. "Revuelo que ustedes, los medios, encuentran divertido", repuso, como si todo hubiera sido un invento de los medios.
De los medios, no obstante ello, Fox se valió en los días siguientes para culparlos de sus discrepancias con Kirchner y Chávez: "La confrontación la hacen los medios, no yo -declaró a una radio mexicana-. Yo no traigo ninguna diferencia con el presidente Kirchner, ninguna en lo absoluto. Para mí, es asunto concluido; terminó la cumbre, y tantán. El tema de la cumbre ya terminó, y yo, a otra cosa, mariposa".
¿A otra cosa, mariposa? Libre de culpa no está la prensa, renuente a admitir, en muchos casos, el quiebre de la deontología profesional, la manipulación de la información en beneficio de intereses particulares (a veces, propios), la falta de transparencia, la fragilidad laboral y los magros salarios. Libre de culpa no está la prensa por depender de la publicidad estatal, distribuida con discrecionalidad como si de un botín de guerra se tratara. Libre de culpa no está la prensa, pero nunca antes la puja con el poder había llegado tan lejos y en tantos países a la vez.
En todos ellos, la independencia informativa es proporcional con la solvencia económica. La fragilidad crea resquicios para la corrupción. En América latina terminó la era de las dictaduras militares, pero, por varias razones, no terminó la cultura autoritaria. Que las sociedades se hayan modernizado no implica que sean modernas. Y que los presidentes sean elegidos en forma democrática no implica que sean democráticos.
En la región han sido asesinados 316 periodistas entre noviembre de 1987 y diciembre de 2006. En la puerta del diario Tabasco Hoy , de México, dejaron en mayo la cabeza de un funcionario municipal con la intención de intimidar al medio y los periodistas. Otro diario mexicano, Cambio Sonora , de Hermosillo, dejó de editarse en forma provisional por haber recibido amenazas y ataques.
Son datos menores, acaso marginales, como la exhortación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a los gobiernos de todo el mundo: que garanticen la seguridad de los periodistas; que puedan trabajar sin peligro. Peligro de censura y de autocensura. Peligro de presión. Peligro de muerte. En ello, que yo sepa, no reparó ninguno de los presidentes que ven distorsionadas sus imágenes y sus gestiones en el espejo deformante y dañino de los medios y los periodistas, confundidos adrede con la oposición. La real, la política, ausente con aviso en varios países.
Causa, en definitiva, de la tirantez con aquellos que se arrogan el derecho de permitir o de vetar la libertad de prensa, cuestionada como los medios y los periodistas por auspiciar el "terrorismo mediático" que emprenden los "enemigos de la patria". Lo cortés no quita lo caliente; lo caliente del debate. Un debate al "rojo, rojito" vivo.
Jorge Elías es Secretario de Redacción del diario La Nación y autor del libro "Maten al cartero - Posdata del asedio a la prensa durante las dictaduras militares del Cono Sur" (CADAL, 2005).
Fuente: La Nación (Buenos Aires)
