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16.01.26

Jan Palach, la antorcha humana

En el Memorial que lleva su nombre, en Praga, siempre hay velas encendidas para recordar a un joven que dio la vida utilizando su propio cuerpo como expresión de resistencia al totalitarismo.
Por Gabriel C. Salvia
Memorial Jan Palach, Praga

Un 16 de enero de 1969, el estudiante de historia, Jan Palach, se inmolaba en Praga prendiéndose fuego en protesta ante la invasión soviética a Checoslovaquia. En efecto, el 21 de agosto de 1968 las tropas del Pacto de Varsovia, conducidas por la Unión Soviética, ingresaron en Checoslovaquia para acabar con las reformas del “socialismo con rostro humano” impulsadas por el gobierno de Alexander Dubček, poniendo fin a la “Primavera de Praga”.

Fue un hecho histórico que, por ejemplo, implicó el quiebre de una parte importante de la intelectualidad progresista europea y latinoamericana con la revolución cubana, dado el apoyo de Fidel Castro a la intervención militar soviética. Contrariamente, desde el Senado de Chile, Salvador Allende se opuso a la intervención soviética en la entonces Checoslovaquia.

El símbolo de la protesta a dicha intervención, Jan Palach, estuvo internado tres días y falleció el 19 de enero de 1969 producto de las quemaduras. En el lugar donde se inmoló Palach, la Plaza de Wenceslao, se encuentra un Memorial que lleva su nombre, en el cual siempre hay velas encendidas para recordar a un joven que dio la vida utilizando su propio cuerpo como expresión de resistencia al totalitarismo.   

Luego de la mayor protesta contra la invasión soviética, que se produjo durante el entierro de Palach, otro joven checo, Jan Zajíc, se inmoló el 25 de febrero de 1969 de la misma manera y en el mismo lugar. La historia de Palach y Zajíc fue llevada a la pantalla mediante la producción de una miniserie de HBO dirigida por la cineasta polaca Agnieszka Holland.

Con la Revolución de Terciopelo en 1989 y el fin del comunismo en Checoslovaquia surgieron varias iniciativas que recuerdan a Palach y Zajíc, tanto en la República Checa como en otros lugares de Europa, desde espacios públicos hasta el nombre de un asteroide.

La historia de Palach recuerda que siempre habrá personas dispuestas a jugarse la vida frente a la violencia autoritaria, como también lo hicieron el ciudadano chino que un 5 de junio de 1989 se paró frente a los tanques en la Plaza de Tiananmén; los budistas tibetanos que al igual que el estudiante checo se inmolan prendiéndose fuego, en este caso ante la ocupación china en el Tíbet; el joven violinista venezolano que enfrentó a las tanquetas en Caracas; las mujeres y hombres que desafían a la teocracia iraní; y lo propio en muchos lugares que, al día de hoy, padecen tanto regímenes dictatoriales como brutales ocupaciones militares.

Jan Palach y todos los héroes y heroínas que enfrentaron a la injusticia, entre ellas las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, recuerdan que, como diría Václav Havel, “debemos hacer mucho más por nuestra libertad y por la de los demás”.