15.03.07Bush en Latinoamérica: un primer balance
Por Angel Soto
Acaba de concluir la visita del Presidente Bush a Latinoamérica, y tras su paso y sus anuncios, muchos se preguntarán: ¿cuál fue el objetivo del viaje? ¿Frenar la expansión chavista o colaborar genuinamente con la región?
Su deteriorada imagen por la guerra en Irak, el rechazo a la política inmigratoria y al proteccionismo agrícola, como su relativo olvido del “patio trasero” tras el atentado del 2001, hicieron que sus detractores encontraran el terreno propicio para atacarlo. Digo relativo olvido, porque debe reconocerse que la ayuda exterior desde Estados Unidos se ha duplicado desde que asumió Bush. Al inicio era de US$ 860 millones anuales, en tanto que durante el 2006 alcanzó los US$ 1.600 millones.
Históricamente, el viaje podría no tener grandes novedades si no se tiene un cambio de actitud. Sirvió para enfrentar una crisis y tuvo un propósito asistencial en su respuesta a los problemas políticos y económicos. A mediados del siglo XX, considerando las deterioradas relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica, el presidente Eisenhower envió a su hermano Milton, quien en su informe propuso aumentar la asistencia económica, pues entendía que sólo así se solucionaría la pobreza. Kennedy en los 60 anunció la Alianza para el Progreso, ofreciendo US$ 20 mil millones en 10 años. El dinero no llegó, y sólo tuvimos una cooperación militar inspirada en la Doctrina de Seguridad Nacional. Johnson acabó con el programa económico y Nixon en 1969 puso en marcha la “misión Rockefeller” que concluyó que la miseria y la inestabilidad que llevaría a los latinoamericanos a preferir las “vías marxistas” aislando a los Estados Unidos.
Entonces, la pregunta de fondo debiera ser: ¿Es efectivamente Chávez la amenaza para Estados Unidos? Augusto Zamora afirma que el verdadero peligro es la Unión Europea y/o China, con su creciente penetración comercial, por tanto si Estados Unidos no hace algo para reencantar a la región, cada vez irá perdiendo más aliados.
Persiste el error histórico de creer que su contribución asistencial permitirá acabar con nuestros males. Por el contrario, esta gira debiera ser la oportunidad para cambiar la asistencia por las oportunidades y endosar parte de la responsabilidad a los propios latinoamericanos. Los programas de becas para estudiar en las universidades norteamericanas, la capacitación de profesores, la libertad de comercio y el apoyo a instituciones estables, son más perdurables que las remesas de dinero que a veces se quedan en burocracias intermedias.
Bush recordaba antes de la visita que los lazos entre las dos Américas se multiplican gracias a que las empresas norteamericanas invierten y comercian en la región. Al inicio de su mandato había acuerdos de TLC con dos país, hoy hay más de diez. Pero la mayor ayuda proviene de las oportunidades que tienen los trabajadores latinos en Estados Unidos, quienes envían anualmente casi US$ 45 mil millones en giros a sus familias en los países de origen. Efectivamente, uno de los programas privados de mayor envergadura en el mundo, y la prueba que solo una colaboración recíproca que contenga un cambio de actitud –ajena a las desconfianzas y los asistencialismos- nos puede llevar a mejorar nuestras relaciones y superar los problemas.
Ángel Soto es profesor de la Universidad de los Andes (Chile) e Investigador Asociado de CADAL.
Fuente: La Tercera, 15 de marzo de 2007
Acaba de concluir la visita del Presidente Bush a Latinoamérica, y tras su paso y sus anuncios, muchos se preguntarán: ¿cuál fue el objetivo del viaje? ¿Frenar la expansión chavista o colaborar genuinamente con la región?
Su deteriorada imagen por la guerra en Irak, el rechazo a la política inmigratoria y al proteccionismo agrícola, como su relativo olvido del “patio trasero” tras el atentado del 2001, hicieron que sus detractores encontraran el terreno propicio para atacarlo. Digo relativo olvido, porque debe reconocerse que la ayuda exterior desde Estados Unidos se ha duplicado desde que asumió Bush. Al inicio era de US$ 860 millones anuales, en tanto que durante el 2006 alcanzó los US$ 1.600 millones.
Históricamente, el viaje podría no tener grandes novedades si no se tiene un cambio de actitud. Sirvió para enfrentar una crisis y tuvo un propósito asistencial en su respuesta a los problemas políticos y económicos. A mediados del siglo XX, considerando las deterioradas relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica, el presidente Eisenhower envió a su hermano Milton, quien en su informe propuso aumentar la asistencia económica, pues entendía que sólo así se solucionaría la pobreza. Kennedy en los 60 anunció la Alianza para el Progreso, ofreciendo US$ 20 mil millones en 10 años. El dinero no llegó, y sólo tuvimos una cooperación militar inspirada en la Doctrina de Seguridad Nacional. Johnson acabó con el programa económico y Nixon en 1969 puso en marcha la “misión Rockefeller” que concluyó que la miseria y la inestabilidad que llevaría a los latinoamericanos a preferir las “vías marxistas” aislando a los Estados Unidos.
Entonces, la pregunta de fondo debiera ser: ¿Es efectivamente Chávez la amenaza para Estados Unidos? Augusto Zamora afirma que el verdadero peligro es la Unión Europea y/o China, con su creciente penetración comercial, por tanto si Estados Unidos no hace algo para reencantar a la región, cada vez irá perdiendo más aliados.
Persiste el error histórico de creer que su contribución asistencial permitirá acabar con nuestros males. Por el contrario, esta gira debiera ser la oportunidad para cambiar la asistencia por las oportunidades y endosar parte de la responsabilidad a los propios latinoamericanos. Los programas de becas para estudiar en las universidades norteamericanas, la capacitación de profesores, la libertad de comercio y el apoyo a instituciones estables, son más perdurables que las remesas de dinero que a veces se quedan en burocracias intermedias.
Bush recordaba antes de la visita que los lazos entre las dos Américas se multiplican gracias a que las empresas norteamericanas invierten y comercian en la región. Al inicio de su mandato había acuerdos de TLC con dos país, hoy hay más de diez. Pero la mayor ayuda proviene de las oportunidades que tienen los trabajadores latinos en Estados Unidos, quienes envían anualmente casi US$ 45 mil millones en giros a sus familias en los países de origen. Efectivamente, uno de los programas privados de mayor envergadura en el mundo, y la prueba que solo una colaboración recíproca que contenga un cambio de actitud –ajena a las desconfianzas y los asistencialismos- nos puede llevar a mejorar nuestras relaciones y superar los problemas.
Ángel Soto es profesor de la Universidad de los Andes (Chile) e Investigador Asociado de CADAL.
Fuente: La Tercera, 15 de marzo de 2007
